lunes, 1 de agosto de 2022

LOS DEPREDADORES DE LA HUMANIDAD Entre la realidad y la distopía

 

Tal vez todo sea un entramado destinado a eliminar, por cualquier modo, a los humanos, pero la cara visible son los esbirros de los medios de comunicación, algunos muestran sus rostros, otros utilizan la pluma o la voz. En esta tarea depredadora hay que añadir a los tertulianos y todos los programas basura de los canales de ámbito estatal. Decimos depredadores porque la destrucción comienza con anular la mente y, una vez conseguido, es posible, incluso, la autodestrucción.

Alguien me dijo una vez que había oído que en este planeta sobrábamos unos mil quinientos millones de personas. Por el contrario, hubo una época en la que el desarrollo industrial, en la zona más industrializada, estaba necesitado de mano de obra, tratada como una mercancía más. La tecnología ha sustituido la mano de obra por medios automáticos o informáticos. Los habitantes de lo que se conoce como países desarrollados solo les servimos al sistema para consumir, pero a pesar de ello debemos sobrar, y, en esa contradicción, se inclinan por reducir la plantilla. Si no fuera así, no entenderíamos la tortura a la que nos someten de forma continua, a través de los medios.

 Los grandes centros de poder deciden, de forma unilateral, cuándo estamos en crisis y cuando no. Las crisis se declaran cuando los beneficios no son crecientes, cuando la acumulación se estanca, respondiendo, así, a la más pura regla del capitalismo.

 Una panda de “informadores”, con escasa materia gris, repartidos por los diferentes medios de comunicación, son la mano tonta  de esa tarea de eliminar, por la vía del desgaste físico (hambre) o psicológico (tortura, idiotez extrema) a los seres de la Tierra, al menos en países como este. Tal vez ni ellos mismos lo sepan, son meros instrumentos elegidos, pero así es. Ellos son el preámbulo de lo que será la manipulación cibernética a través de máquinas. Desde luego, ya han conseguido atontar a más de media humanidad, y anular la poca o mucha conciencia del propio ser de los individuos. Los más concienciados también caerán. Estos ya no ven ni oyen los informativos, pero el mero hecho de saber que existe tal situación los llevará al abismo. Tal vez sean los primeros en desaparecer por desesperación.

Estos “comunicadores” utilizan, sin que ellos lo sepan, la técnica que los psicólogos llaman la profecía autocumplida, lo que en palabras llanas podría ser eso de “piensa mal y acertarás”, es decir, nos anuncian, de antemano, los futuros desastres, y el pueblo llano se los toma al pie de la letra: nos dicen, ahora, en verano, que el otoño será horroroso que habrá una nueva crisis. Y poco a poco van introduciendo cambios a peor que van minando a las clases con mayores problemas, a los más débiles. Lo que pasa es que la marea se extiende y cada vez se ven involucrados sectores más pudientes. Esto nos recuerda aquello que se le atribuye a Bertolt Brecht, aunque ahora se dice que es de otro: primero vinieron a por los comunistas, pero yo no era comunista…

Son los portavoces del desastre y profetas del caos. Contabilizadas!!!, son, a veces, hasta siete noticias seguidas de calamidades las de los informativos televisivos, con sus imágenes de fuego, de inundaciones, de altas temperaturas con unos mapas con colores agresivos que te acojonan. Luego viene la amenaza: mañana será peor. Te lo dicen como haciéndote a ti responsable, como si un humilde ciudadano pudiera remediarlo.

Según estos genios de la información, este verano, aquí en este país, y por extensión, en el mundo entero, este año es el más caluroso de la historia, por lo que estamos abocados al desastre final, porque el cambio climático es el vehículo que nos lleva a ese ocaso. Tal vez por confirmar esos tristes destinos de la humanidad, o por acabar con ella a base de disgustos, niegan cualquier información que diga que en tiempos pasados también los veranos eran calurosos. Es más, hacen del cambio climático la bandera del progresismo y su negación lo ubican en la extrema derecha. Pero nada más lejos de la realidad. Hay una crítica desde las posiciones más progresistas que piden explicaciones de lo que se ha convertido en un cajón de sastre en el que todo cabe. Cualquier acción que los humanos de a pie lleven a cabo dicen que perjudica el medio, y le hacen responsable  de potenciar el cambio climático. Pero en el fondo, los individuos son meros consumidores, imbuidos por la propaganda, que compran coches contaminantes, consumen energía eléctrica, gas y gas-oíl para tener una vida algo más confortable. Son las grandes corporaciones y las productoras de combustibles fósiles las que incitan al consumo, y, en consecuencia, los responsables de ese cambio climático, que, en el fondo, no sabemos, de una manera científica, en qué consiste. Por cierto, es la extrema derecha la que está detrás de los más poderosos. Tal vez esta sea la razón por lo que niegan ese cambio, o lo que sea.

 La audiencia de estos depredadores de la especie se limita a un sector ya un tanto envejecido, del cual algunos nos escapamos. Para la niñez y la juventud tienen otros instrumentos anulatorios de su propio ser. La electrónica, junto a la informática, han cogido un camino que les anula el pensamiento a través de esos sofisticados dispositivos que se multiplican y perfeccionan día a día.

 Las noticias amenazantes las sueltan sin ningún tipo de reflexión, e incluso como presumiendo de darla. En aras de esa profecía autocumplida, intentan crear situaciones horribles que tendrán lugar, aunque sin el apoyo técnico adecuado. Hoy me dicen que un diario, de tantos de los que circulan, anuncia  una “Filomena” de verano, lo que supongo que quieren decir, que es una ola de calor, pero como con el caso de la Filomena real nos castigan de forma extensa e intensa, se trata de meter el miedo en el cuerpo. Lo peor es que el pueblo llano se identifica con la noticia y se convierte en amplificador para propagarlo. Aparece la dimensión agorera de este ser nuestro, un sentimiento que se pone siempre en lo peor.

En el desmadre de la manipulación, haciendo zapping, pillé el final de un programa en el que el presentador, un imbécil convertido en filósofo, intentaba auto justificar su mísera existencia insultando a toda la humanidad diciendo que todos somos una piltrafa cargados de todos los defectos que no caben en el diccionario del insulto. Un miserable con suerte que el sistema ha hecho rico a base de embrutecer y enajenar a una masa perdida para una causa de mejora de la razón. Un ignorante que tira por tierra la lucha, el sufrimiento, el esfuerza e. incluso, la pérdida de la vida de muchos por la igualdad, la verdadera libertad y la justicia.

Estos son los estómagos agradecidos que ha elegido el sistema para deshumanizar, maltratar e, incluso, destruir a unas sociedades ya de por si castigadas durante décadas. Serán ellos los primeros en sucumbir. Por dinero han perdido lo poco que les quedaba de esa condición de la que erróneamente presumimos. Por eso, no son el espejo en el que mirarnos, porque ya no existen, son la basura que terminará en el vertedero más putrefacto de la historia.