jueves, 11 de julio de 2019

CRISIS DEL MODELO POLÍTICO: ESTO NO ES HACER POLÍTICA


Anhelábamos una democracia, un modelo político al estilo de lo que había en países próximos. Algunos nos la jugábamos, algunos cayeron, fueron encarcelados, algunos, incluso, murieron por creer y luchar por la libertad y la igualdad, pensando que la democracia era el camino. ¿Con qué tipo de democracia soñábamos? Desde el PCE se hablaba de “Ruptura democrática” con la Dictadura. ¿La democracia como medio?, ¿la democracia como fin?. Los países políticamente más avanzados de Europa funcionaban, desde el final de la Segunda guerra mundial, con ese modelo que tanto deseábamos para nuestro país. La larga Dictadura, la represión, el miedo, nos convertía en analfabetos políticos, tal vez proyectado a otras dimensiones intelectuales. El consuelo de algunos era la lectura de libros editados en otros países. Aunque algunos se escandalicen al leer esto, las obras de Marx, Lenin, Puolantzas, Althusser, Marta Harnecker y otros y otras eran nuestro refugio intelectual y nuestros maestros. Las reuniones clandestinas y la lucha en los lugares de trabajo y en las calles era hacer política en un entorno de represión. Eso si era hacer política, aunque una gran parte de la sociedad permanecía indiferente, cuando no aplaudían, en muchos casos, las políticas de represión de la Dictadura. Contestación y lucha de unos convivían con el seguimiento y el aplauso de otros a un régimen sanguinario, en un país con un enorme atraso intelectual, cultural y tecnológico. No cabe la menor duda de que esta herencia se ha proyectado sobre los tiempos posteriores, haciéndose extremadamente visible en la actualidad.

La transición calmó los deseos de cambio en amplias capas sociales de progreso y, entonces, pasaron a ser protagonistas los políticos. Sin ser percibido, debido a la euforia de la muerte del Dictador, se inició la formación de una casta, aunque los primeros representantes de la conocida vulgarmente como izquierda eran personas más cercanas, menos contaminadas.
Desde aquel inicio hasta la actualidad, hemos asistido a un proceso de deterioro político que afecta tanto a los “profesionales” como al pueblo llano que les elige. Es tal esa degeneración que nos atrevemos a decir que esto a lo que asistimos ahora no es hacer política. Pienso que el estado actual, preocupa, incluso, a los que tienen las riendas, comprobando cómo se les agotan las estrategias para seguir dominando.   

La alternancia bipartidista entró en crisis, aproximadamente, a comienzos de esta década, tanto en este país como en el resto de Europa. Desapareció por completo lo poco que quedaba de ideología, deterioro que se inició en las últimas décadas del siglo pasado. El modelo político al uso se hace inservible en una escala irreversible.
La casta política se fue transformando en mafia, y la corrupción ha alcanzado cotas, posiblemente, insuperables. La política, en manos de profesionales, se ha convertido en una actividad muy atractiva, lo que origina la aparición de nuevas formaciones, que no ofrecen alternativas diferentes, aunque engañan a la gente ubicándose, por una cuestión de oportunismo, en algunas de las opciones del manoseado y virtual trinomio izquierda-centro-derecha, en ese esquema de ficción, cuando desde la óptica de una política real, la división debería establecerse en términos de integración en el sistema o, por el contrario, de lucha contra el sistema con una propuesta alternativa de igualdad, libertad y justicia. No cabe la menor duda de que todos los grupos del Congreso se encuadran en la opción primera.
Estos nuevos políticos recurren a un usual comportamiento humano que consiste en jugar con la hipocresía y ofrecer una falsa imagen para captar a determinados individuos o sectores sociales, y una vez captados presentar su verdadera cara. La ingenuidad y la ignorancia de los captados juegan, desde el otro lado, una función de histéresis, es decir, algunos se dan cuenta de la jugada y abandonan al estratega, pero otros tantos por ignorancia o por pereza permanecen fieles al impostor, grupo o instrumento. Son casos ejemplares  que materializan de forma flagrante este comportamiento, los siguientes: El PSOE de los ’80 y su jefe González, La Sexta TV o Pablo Iglesias y sus adláteres. No merecen mi consideración, ni para la crítica, individuos que lideran formaciones reaccionarias o neofascistas.
Los comportamientos de estos falsos políticos de nuevo cuño, incluso ellos mismos, son fruto de esa crisis del modelo político. Esto da lugar a una situación desquiciada y, en consecuencia, inestable.

En este país, después de una estable y larga etapa de alternancia con Gobiernos formados por el partido más votado, aunque apoyados por partidos nacionalistas, la crisis se deja notar con meridiana claridad a partir de 2015, cuando el Presidente del partido más votado fue incapaz de formar Gobierno, lo que dio lugar a nuevas elecciones en 2016. Los resultados fueron semejantes a los anteriores. Para que Rajoy fuera elegido, la mayoría de los Diputados del otro partido, el PSOE (grupo de la oposición, supuestamente), tuvieron que abstenerse. El Gobierno resultante era frágil, sobre todo, por los abundantes casos de corrupción. En el 2018, a media legislatura, triunfó, por primera vez en España, una Moción de Censura. El mandato de los socialistas se limitó a nueve meses. Por la falta de consenso para aprobar los Presupuestos Generales, tuvieron que convocar nuevas elecciones el 28 de abril del presente año.
Ningún partido o grupo de partidos tienen ahora suficientes votos en el Congreso para investir al candidato propuesto. Por otro lado, los tres partidos reaccionarios tampoco tienen mayoría. Todo apunta, en un marco de inseguridad e inestabilidad, a que pudieran convocarse nuevas elecciones para su celebración en el mes de noviembre.
Desde 2015, tres convocatorias electorales y una moción de censura, con la posibilidad de nuevas elecciones antes de que acabe el año. ¿No es esto una prueba inequívoca de un modelo político agotado?

Nuevos jóvenes políticos que, de espaldas a la sociedad,  han perdido todo tipo de respeto al electorado. Su ineptitud y su incapacidad intelectual les convierten en defensores de sus propios intereses personales. Su comportamiento se ajusta a lo expuesto anteriormente: jugar con la hipocresía, abusando de la ignorancia y la ingenuidad de los ciudadanos.
Los de arriba, como digo, desorientados porque las estrategias se les agotan. Los políticos, con ese bajo perfil intelectual, y faltos de los más elementales principios éticos, se debaten bajo el insulto y la mentira para buscar su mejor acomodo personal. Los de a pie, indiferentes, recibiendo mensajes a través de las diferentes pantallas de TV, en espera de que les convoquen para asistir como autómatas a los colegios electorales. Es de suponer que por todo este desastroso proceso, en el que la manipulación se convierte en protagonista, los ciudadanos reaccionen, y veamos la próxima vez las urnas más vacías. Ya que no somos capaces de tomar las riendas, no nos dejemos utilizar, y que sean ellos, los de arriba, los que propongan nuevas fórmulas.


domingo, 9 de junio de 2019

¿QUIÉN HARÁ LA REVOLUCIÓN?


Guía: Recorrido por algunos momentos históricos en los que se han frustrado los deseos de progreso social a favor de los más desfavorecidos, y en contra de la desigualdad, para concluir en que Podemos, como grupo político, es un nuevo fraude, y nunca protagonizará la “revolución”.

Cada vez que las corrientes sociales más progresistas han repuntado, algún hecho viene a frustrar esos deseos de cambio a mejor. Dejando atrás la represión brutal del levantamiento fascista en 1936 contra el Frente Popular, es en esta nueva etapa posterior a la Dictadura, en la que queremos centrarnos: en eso que se conoce como Democracia, modelo con lo que la mayoría ciudadana se conforma.

I, Antes
Fue el PSOE de 1982 quien acaparó electoralmente el deseo de cambio que tantas y tantos deseaban. Un impostor y un grupo de secuaces frustraron esos deseos de cambio. Los ciudadanos, ingenuos, les mantuvieron gobernando 14 años con la esperanza de que algo bueno ocurriera. Ahí les tenemos ahora formando parte del sector más reaccionario de este país: González, Guerra, Leguina, Abel Caballero, Corcuera y un largo etc.

II, Después
A finales de los años 90 del anterior siglo, IU, con J. Anguita a la cabeza, presentaba una verdadera oposición a un gobierno del PSOE que, en connivencia con el PP, llevaron a cabo acuerdos antipopulares. IU se convirtió, como digo, en la verdadera oposición. Los periódicos, en particular El País, se cebaron en su crítica con el Coordinador General de la Coalición. Pero cuando IU se convirtió en una fuerza con implantación social, en su propio seno, apareció una corriente que se autodefinía como Nueva Izquierda (NI), más tarde PDNI que, luego, se integró en el PSOE por un plato de lentejas. Esta operación diezmó las Asambleas Locales y, en consecuencia, la afiliación y el apoyo electoral. En la VI Asamblea del año 2000, con una organización política hecha trizas, fue elegido Llamazares como Coordinador General quien, en un proceso de pérdida progresiva, consiguió la mínima representación parlamentaria, siendo él, en las elecciones de 2008, el único Diputado de IU en el Congreso, más otro de Iniciativa por Cataluña.

III, Ahora
Las protestas que tuvieron lugar a comienzos de 2011 culminaron en el conocido como movimiento 15M. En 2014 apareció una formación política  que capitalizó las movilizaciones que comenzaron unos tres años antes. Podemos fue incrementando de forma exponencial el apoyo popular de lo que vulgarmente se conoce como izquierdas. En 2016 consiguió 72 diputados junto a IU y las convergencias. Ante la amenaza de mantener su poder parlamentario o, incluso, incrementarlo, era necesario llevar a cabo alguna operación para evitarlo. Iñigo Errejón, uno de sus fundadores, decidió abandonar esa formación y formar un nuevo partido junto a Manuela Carmena, anterior Alcaldesa de Madrid. La operación ha dado lugar a la división entre “Pablistas” (Pablo Iglesias) y “Errejonistas”(Iñigo Errejón) en una torpe visión presidencialista de formaciones que deberían tener un carácter democrático, y apoyarse en estrategias e ideas colectivas mejor que en individuos concretos.
El resultado: desastroso. Por una parte, pérdida significativa de Diputados en el Congreso, en la Comunidad de Madrid y de Concejales en el Ayuntamiento: pérdida de la Alcaldía y de la Comunidad. Por otro lado, peleas internas, ceses y dimisiones en el seno de Podemos. No tenemos demasiados datos para augurar la destrucción total del grupo, pero sí es fácil pronosticar un feo futuro de esta formación, futuro oscuro que arrastra a IU, también con sus propios problemas internos.

IV, ¿Quién hará ahora la revolución?
Permítaseme el tono desenfadado. Podemos prometía “asaltar el cielo”, pero el fracaso y el pesimismo se han adueñado de sus militantes, de los inscritos y de sus votantes. Y, tal vez, no sea este el final del desastre.

No son estos tiempos de revoluciones, pero, en este marco político, muchas y muchos desearían algo diferente y apoyarían a un grupo que defendiera los intereses de los más débiles. Un papel que, en algún momento, algunos pensaron que podría jugar Podemos. ¡Ingenuos!
Pero Podemos se desmorona, y hay más que sobrados motivos. Gran parte de mis reflexiones se las he dedicado a Podemos, intentando, tal vez pecando de ingenuo, influir, en la medida de mis posibilidades, para engrandecer a esta formación. Incluso intenté mantener algún tipo de conversación con algunos de sus dirigentes, pero ¡quién es un simple ciudadano de a pie como yo, un anónimo, para ser atendido por un famoso y engreído político, aunque sea de nuevo cuño!
Gran parte de mis últimos escritos, como digo, han estado dedicados a Podemos o, al menos, he hecho algún tipo de referencia a la formación. Destacaré aquí una de esas referencias que ahora viene a cuento. Me preguntaba, ya el 12 de octubre de 2015, si Podemos formaba parte de este juego político: “pero ahora ya no estoy seguro de que éstos no sean una pieza más de este juego”. En estos momentos, pasados unos pocos años, no tengo la menor duda de que son una parte más del sistema.
Podemos no hará la Revolución. Sus dirigentes máximos, procedentes de un estrato social pequeño burgués, se han integrado plenamente en el sistema, ¿o ya lo estaban?, mintiéndonos con soflamas y puños en alto. El sistema es como un “agujero negro” y se traga a todo lo que se le pone por el medio, sobre todo cuando la ideología es frágil y el compromiso es fungible.
Podemos no hará la Revolución y defrauda a quienes recurren al voto útil para frenar la avalancha de las facciones más reaccionarias. Pero es que la ingenuidad y ese deseo de transformación nos ciega, aunque el sueño se desvanece cuando se impone la triste realidad.


martes, 21 de mayo de 2019

CARLOS VALERO GIL: MÉDICO


El sábado 18 de mayo pusimos a una calle de Villaviciosa de Odón el nombre de mi médico y amigo Carlos Valero Gil. Médico de varias generaciones durante unos 40 años de ejercicio. Ha sido el pediatra de mis hijas y de mis nietos. Pero, por encima de todo, ha sido mi amigo, una amistad limpia y profunda. Nunca tomamos ni un café ni una cerveza en bares, pero siempre estábamos dispuestos a comentar cualquier tema y, sobre todo, a escucharnos. Confesaré aquí un secreto: cuando era necesario, él asistía a mi casa cuando alguien estaba indispuesta y no podía asistir a la consulta. Algo a lo que no le obligaba su tarea.
Una calle pequeña, estrecha, pero su nombre en ambas esquinas la engrandecerá. A partir de ahora me haré más presente en ese lugar y miraré la placa en la que figura su nombre, una mirada que me hará recordar tantos momentos, tanto tiempo en el que coincidíamos sobre todo en su consulta, en la que me dada soluciones a mis males, pero donde la conversación en esa estancia transcendía lo puramente sanitario.
Compartimos, además, eso que se conoce como una larga enfermedad. La aparición, casi a la vez, de un cáncer. Comentábamos los tratamientos de cada uno, la evolución. El teléfono móvil jugó entonces un importante papel para comunicarnos. A veces él ingresado, otras veces yo. Los encuentros fortuitos en el “híper” eran la sala de espera donde nos contábamos nuestro estado. Las últimas informaciones las recibí de Angelines, su compañera. Él estaba hospitalizado por un tiempo demasiado prolongado.
El día 22 de diciembre, cuando la mayoría de los españoles estaban pegados a la radio o la TV para ver si la diosa fortuna  se acordaba de ellos, recibí un “WhatsApp” en el que su familia me decía que Carlos se encontraba en el Tanatorio de Alcorcón. Aunque ya nos temíamos un trágico desenlace, la desesperación se apoderó de mí y, desde entonces, como dijo el poeta alicantino, “siento más su muerte que mi vida”.
Carlos era en el buen sentido de la palabra bueno, como decía A. Machado. Discreto, modesto y entregado a su tarea. No he oído nunca una crítica, por el contrario todo han sido elogios, incluso en vida, lo que tiene de verdad mérito. De una forma natural escuchaba a sus pacientes, pero, además, se formaba para adentrarse en la psicología y el trato humano. No le importaba ampliar su horario y atender a todos lo que asistían a la consulta, fuera la hora que fuera. Algún día le decía; “Carlos que ya son las nueve de la noche y tienes aún un par de personas en la sala de espera”. Con esa tranquilidad que le caracterizaba, asentía y me respondía algo así como “qué le vamos a hacer, hay que hacer el trabajo”.
Un hombre paciente y, como digo, entregado, por lo que tiene más que merecido su presencia en esa pequeña calle, próxima al lugar donde comenzó su trabajo.

Hoy he abierto el buzón de correos y he cogido una revista de ámbito local en la que aparece una relación de personas premiadas, sin que se mencionen los méritos de cada cual. Tengo que decir que, a pesar de llevar en este municipio 40 años, y de haber tenido cierta actividad política y social, no conozco a la mayoría de los premiados e, incluso, a los que otorgan los premios. Mi sorpresa inicial se convirtió, posteriormente, en indignación al observar que no se encuentra en esa relación Carlos Valero Gil, al que, por otra parte, se le ha considerado digno de poner su nombre a una calle. ¿Ignorancia, descuido, indiferencia, desprecio, falta de consideración…? En cualquier caso, un error imperdonable, lo que descalifica a esta publicación, y le resta el rigor y la objetividad que se le pide a un medio de comunicación. 

domingo, 5 de mayo de 2019

DESPUÉS DEL 28A


Quiero comenzar haciendo autocrítica porque en el apunte del día 16 de abril, y la nota del 18, en mi Blog, me he equivocado al señalar que la abstención sería elevada, pero ese sector al que yo denomino abstención activa ha actuado ante la amenaza, supongo, de la unión de los tres grupos: PP, C’s y Vox. Una abstención de las más bajas de este periodo “democrático”.
Como señalé en el escrito del día 5 de abril, me arrepiento de haber tachado de “masa” (el 12 de marzo) a quienes pudieran cambiar la correlación de lo que se conoce como derecha-izquierda, sobre todo cuando pienso que ha sido esa abstención activa la que se ha movilizado, votando a la izquierda, grupo en el que me incluido yo mismo.
En ese escrito de mi Blog del 12 de marzo, establecía todas las combinaciones posibles después del escrutinio, señalando que el voto nacionalista (Cataluña, País Vasco), con esos veintitantos escaños, sería decisivo. Afortunadamente, la suma del conocido como “trifachito” no supera la mayoría, lo que impedirá que formen Gobierno.
Por lo tanto, en lo que vulgarmente se denomina izquierda hay una moderada satisfacción, a la espera de que se constituya un Gobierno de carácter progresista, dentro de lo que cabe. Pero, después de este relativo “éxito”, llega el momento de valorar la repercusión real que esta situación política tiene sobre la clase trabajadora.
Las artimañas del poder real han logrado que los trabajadores hayan perdido su identidad como clase, haciéndoles creer que este tipo de democracia sea la mejor forma de convivencia, en la que, de una u otra manera, se alternan dos organizaciones políticas o, como últimamente, dos agrupaciones que siguen respondiendo a izquierdas y derechas.
Una manera de convivencia, esta, basada en la desigualdad. Un modelo en putrefacción, pero que se ha hecho endémico sin que se vislumbre alternativa. Un modelo creado por el sistema capitalista con el fin de proteger la riqueza de una minoría.
La aceptación del modelo y la creencia de que alguna de las opciones políticas al uso puede cambiar las diferencias entre ricos y pobres, evita que se entable una verdadera lucha por la igualdad.
Siento finalizar con una conclusión poco halagüeña, pero, una vez pasada la jornada electoral, y superado el temor a que la ultraderecha pueda influir en las tareas de gobierno, volvemos a pisar el terreno, reconociendo que, en lo básico, todo seguirá igual.
La sociedad, en su mayoría, asume la desigualdad y el modelo político. La codicia se ajusta, como siempre, a la regla de que el afán de enriquecimiento es proporcional a la riqueza de cada cual: quien más tiene, más quiere. Seguirán los paraísos fiscales en los que se almacena dinero improductivo. El poder real ha conseguido la anulación del pensamiento propio, de la rebeldía y de la voluntad. El adoctrinamiento continuado ha conseguido que hagamos lo que otros quieren que hagamos.
La transformación de un sistema, que se ha implantado a nivel planetario, requiere actuaciones que van más allá de unas simples victorias electorales. El sistema, con esa útil capacidad de adaptación se ha convertido en un monstruo que ya funciona de manera autónoma, que, a estas alturas, sólo requiere que se le alimente con un bajo coste por parte de las minorías privilegiadas.

jueves, 18 de abril de 2019

APUNTE MATEMÁTICO


Lo que pretendo cada vez que escribo algo es que cada uno de los que tengan a bien leerlo haga sus propias aportaciones y sean sus ideas las que prevalezcan. Por eso, cada escrito se presta a interpretaciones y, por supuesto, a todo tipo de críticas y comentarios. En el anterior artículo, por olvido o intencionadamente, he omitido algunos datos que son de sentido común, y porque no es un documento de carácter cuantitativo sino conceptual.
No obstante, hay un dato, sin entrar en profundidades, que puede aportar algo de claridad a lo que quiero decir. Las encuestas, con esa intención manipuladora que he señalado, carecen del carácter científico que deberían tener.
Vamos a ver, en el caso más próximo, en las encuestas de las elecciones del 28A, declaran que quienes no votarán se encuentran entre el 13 y el 14%; sin embargo, luego, la abstención real se aproxima al 40%. Por lo tanto, ¿dónde se ubica esa diferencia entre ese 40 y el 13-14? Mi conclusión es que en las encuestas les incluyen en ese 40% que llaman indecisos porque falsean la realidad y no quieren declarar una abstención masiva. ¿Forma esto parte de lo que llaman cocinar los datos? Que cada cual haga sus propias cuentas.
  

martes, 16 de abril de 2019

40% DE INDECISOS


Como en anteriores ocasiones, los medios, en particular las cadenas de TV, nos torturan con encuestas sobre la intención de voto de la ciudadanía. Una información cansina y manipuladora. Una manifestación del poder real con el propósito de perjudicar a quienes les puedan restar un ápice de poder y de beneficiar a los que defienden sus intereses, a aquellos que les sirven de barrera de contención.
Cada vez que hemos asistido a las convocatorias electorales  la abstención ha sido importante, hasta el punto de superar, en muchas ocasiones, al partido político más votado, como ocurrirá el próximo 28A. El hastío, la indiferencia, el desencanto y la profesionalización de los políticos han ido minando la participación.  Con una especie de diente de sierra, la línea media de ese zigzag es descendiente. Por poner el caso más reciente, en Andalucía, la abstención superó el 41% en las últimas elecciones autonómicas.
La abstención es un grupo heterogéneo. Además de aquellos que residen fuera del país, a los que les resulta prácticamente imposible votar, están los que anteponen cualquier otra actividad dominguera o los que se abstienen, sencillamente, porque el clima no acompaña. Pero, sobre todo, está la abstención activa. Es la formada por personas comprometidas, que en ocasiones han votado a alguno de los grupos que compiten o han competido, mayormente a partidos de izquierdas. Esas son las desencantadas. Este es el sector que va en aumento, aunque suelen ser personas que participan en tareas de carácter social o humanitario. Personas solidarias que luchan por un mundo mejor. Son aquellas y aquellos a quienes no les convence eso de que hay que votar sea a quien sea, pero votar: consigna que viene de arriba. Tal vez sean quienes cuestionan el modelo, piensan y concluyen en que esto es una democracia fingida desde el comienzo, y observan que se está produciendo un deterioro progresivo de la actividad política respecto a los inicios.   

Encuestas todas cargadas de intencionalidad que nunca aciertan. Encuestas en las que nunca se incluye la abstención. Se incluye a los que llaman indecisos. Un 40% de indecisos, dicen, en las encuestas de esta convocatoria. Suelen decir que se lo están pensando. En realidad, un gran número de los que erróneamente se incluyen en ese grupos de indecisos lo tienen muy pensado, tal vez los que más pensado lo tienen. Una parte de esos “indecisos” se ubican en la abstención.
Lo que de verdad puede hacer variar los resultados respecto a las encuestas son aquellos y aquellas que dicen que van a votar a un partido y luego votan a otro. Es decir los que no se lo piensan. Porque pensar no es lo que creen los encuestadores. Pensar (Nickerson y otros, 1987) es reflexionar, ponderar, razonar, deliberar y discernir y, según los mismos autores, opinar, recordar o creer no es pensar. Si no se piensa, es fácil dejarse llevar por opiniones de otros, ser embaucados, manipulados y engañados.   
Los resultados reales que se obtengan el día 28 de abril, y en sucesivas convocatorias, estarán marcados por los que no piensan, por los indecisos, que no son los que se abstienen de manera activa. Indecisos son quienes votan al enemigo a través de partidos políticos instrumentales que sirven a la oligarquía y destruyen derechos sociales. Indecisos o ignorantes son, a mi entender, el 40%, o muchos más.

viernes, 5 de abril de 2019

NUNCA MÁS UTILIZARÉ LA PALABRA MASA


He utilizado bastantes veces el término masa para referirme a grupos sociales, a sociedades completas o, en general, a colectivos que se dejan engatusar por los poderes, grupos enajenados, que hacen lo que otros quieren que hagan. Que, desgraciadamente, los hay. Lo he utilizado en sentido despectivo. Grupos que se dejan llevar, que se pegan al televisor para tragar basura, que se enfrentan hasta llegar a la pelea física por diferencias futboleras. Enfrentamientos que se trasladan al terreno político, hasta llegar a odiar a determinados conciudadanos  de semejante condición social por ser de otras regiones del mismo país (caso catalán, por ejemplo). Pero nunca más lo utilizaré salvo que me refiera a la masa de un pastel, al pan antes de hornearlo o a la relación entre una fuerza y la aceleración, conforme a la segunda ley de Newton. ¿Y por qué digo que nunca más lo utilizaré cuando hable de personas?
Permitidme un preámbulo antes de dar la respuesta. Asistimos al acontecimiento político, y digo político intencionadamente, más significativo de lo que va de siglo, inmerso éste en otro que trasciende los límites temporales de estos últimos veinte años. Me estoy refiriendo al juicio de los políticos catalanes. Permítaseme, también, opinar y decir que técnicamente me parece un juicio de tercera con un presidente autoritario, lo que deteriora y degrada el proceso.
Un largo proceso en el que el número de testigos ha sido excesivo hasta ahora, ¡Y lo que queda! Demasiados guardias civiles propuestos como testigos por la Fiscalía y la Abogacía del Estado. Declaraciones que se repiten con el mismo soniquete. Testificaciones innecesarias en su mayoría. Es en esas intervenciones donde la palabra “masa” se repite en cada una de las declaraciones de individuos poco ilustrados y de torpe discurso.
Se refieren con la palabra masa a los manifestantes concentrados en los centros de votación  del Referéndum convocado el uno de octubre de 2017 en Cataluña. Llaman masa a los activistas que se enfrentaron a la policía que se arriesgaban a ser detenidos y a recibir porrazos, como así ocurrió. ¿Habrá mayor contradicción?

Por eso, por el rechazo a lo desatinado por parte de esos declarantes o por el tono despectivo y contradictorio del uso del término, he borrado de mi léxico el término masa cuando me refiera, en adelante, a grupos de personas por muy deleznable que me parezca su actitud de pasividad o su indiferencia.   


miércoles, 27 de marzo de 2019

MISERIAS



Hechos a los que estamos asistiendo, como es el caso del macrojuicio de los políticos catalanes encausados, le  invitan a uno a la reflexión y el análisis del ejercicio del poder y, en general, de las miserias de la especie nuestra. Aunque, supongo que al común de los mortales se la trae al pairo. La indiferencia se ha hecho endémica. Al principio puede que llamara la atención, pero luego, después de un mes, pasa a engrosar ese cúmulo de noticias olvidadas. Noticias con las que nos acribillan día a día. Luego, cuando se dicten las sentencias, esto volverá a ser noticia. Y vendrá el llanto y el crujir de dientes para unos por el dolor y para otros por el miedo. Porque habrá sentencia condenatoria, de lo contrario sería un acto revolucionario, y no está el patio para revoluciones. ¿Puede ser que las condenas estén ya en las mentes de algunos, o de muchos? Si así fuera, me pregunto: ¿Para que este teatrillo?
Para muchos estos son presos políticos que se han limitado a defender sus ideas y a propagarlas, pero el poder trata de enmascararlo con una expresión de nuevo cuño como es lo de “político preso”.  Según recientes definiciones,  “un preso político o prisionero político es cualquier persona física a la que se mantenga en la cárcel o detenida de otro modo, por ejemplo bajo arresto, sin haber cometido un delito tipificado, sino porque sus ideas supongan un desafío o una amenaza para el sistema político establecido, sea este de la naturaleza que sea”.
Por otra parte, en las clases de Derecho nos decían eso de “Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege” que se traduce como "ningún delito, ninguna pena sin ley previa."
Las acciones llevadas a cabo por los acusados no guardan correspondencia con ninguno de los tipos del Código Penal. Ni organizar un Referéndum, ni siquiera proclamar de manera unilateral la independencia de Cataluña -sin que, en realidad, la cosa no fuera más allá del simple pronunciamiento- son delitos tipificados. A lo sumo, se parece a eso de “desafío o amenaza para el sistema político establecido”

En consecuencia, aquí lo que nos encontramos es un conflicto de poderes: el poder político catalán con el soporte de una masa movilizada, sin que sepamos si otros poderes de mayor rango están detrás, y el poder territorial del Estado español con el sentimiento imperialista y los poderes oligárquicos de telón de fondo.
En la mayoría de los casos, cuando se ha producido una segregación o se ha conquistado un nuevo territorio, ha sido a través de guerras. Lo que denota una cierta ingenuidad por parte de los catalanes si buscan alcanzar sus metas, tal como lo han planteado, o hay algo que se nos escapa.

El poder, sea personal o colegiado, es una pasión destructora, con un fuerte protagonismo en los comportamientos de nuestra especie. Pero hay más miserias que se muestran como algo habitual, más desapercibidas, aunque no menos crueles y primarias. Contravalores que degradan a esta especie nuestra.
Mi reflexión surge cuando veo a esas doce personas en el banquillo con una actitud tan pacífica, sonrientes, a pesar de su injusta situación y la amenaza de una sentencia que puede arruinar lo que les queda de vida. Gentes que no merecen el calificativo de delincuentes, ni siquiera presuntos. No son de los que agreden a sus congéneres, no se merecen el calificativo de criminales, que tan lejos les queda. Sin embargo, se les está tratando como tales. Y observas el papel de los “acusadores” buscando con todas las artimañas la manera de joderles la vida a estas personas. Todo lo contrario a lo que debería ser en estos casos. Algo opuesto a la fraternidad, que debería ser el bálsamo que engrasara las relaciones humanas. ¡Qué feo el papel de los fiscales en casos como estos¡ Uno no sabe si la maldad, unida a la fealdad, de quien la ejerce es algo intrínseco o hay que trabajárselo. En cualquier caso, todos estos comportamientos nos alejan de una sociedad más justa y más humana.



martes, 12 de marzo de 2019

LO QUE NOS ESPERA



Puede que lo que ocurra en abril y mayo, los resultados electorales, nos sorprenda, pero casi seguro que no. Hay varias formas de enunciar este escrito: el expuesto en el título, “¡La que nos espera!” o “¿Lo que nos espera?”
Con la interrogación albergo la esperanza de que haya una mínima reacción de la masa y podamos avanzar hacia posiciones de progreso. Esta es la versión optimista, frente a la otra, la pesimista, con ese enunciado de “¡La que nos espera!”, en la creencia generalizada de que sea la alianza de extrema derecha, de los tres grupos neofascistas, la que nos lleve a posiciones del tardofranquismo.
Reconozco que esta versión última está impregnada de ese pesimismo histórico, producto de la trayectoria política de los dos últimos siglos en los que se han ido alternando levantamientos militares con revueltas populares, en el marco de monarquías débiles de ida y vuelta. En ambos casos el ejército ha sido, casi siempre, el protagonista de los cambios.
Trienio liberal, Década ominosa, Bienio progresista, La Gloriosa, Proclamación de la I República, Dictadura de Manuel Pavía, Dictadura de Primo de Rivera y “Dictablanda” de Berenguer, II República o derrocamientos y restauraciones monárquicas, son hechos y períodos que pueblan el siglo XIX y parte del XX, con el colofón de la sangrienta y criminal Dictadura del 36. Si se cuantifican los periodos progresistas concluiremos en aquello de “qué poco dura lo bueno”.
 Esta trayectoria ha ido fraguando un sentimiento de frustración y de perdedores en los sectores más avanzados políticamente y, de manera más acentuada, en la masa. Por eso, ahora, ante los oscuros nubarrones, se piensa en clave de derrota y de políticas de extrema derecha de corte fascista como si fuera Vox el grupo hegemónico que obtendría mayoría suficiente como para gobernar.  
Además, la ausencia de práctica democrática durante tanto tiempo, propicia que en las urnas se decida por proximidad ideológica y no por intereses, en el marco de una sociedad masivamente ignorante. Ideología fascista heredada de la anterior dictadura, que en esta última etapa de cuarenta y tantos años no se ha conseguido disipar. Por eso, cada vez que se convocan elecciones aparece el fantasma de la involución, no sin razones ya que esta derecha española mantiene fuertes vínculos con la Dictadura, como hemos podido comprobar en los periodos en los que han gobernado Aznar o Rajoy, etapas en los que se ha conjugado la corrupción con los recortes de derechos y libertades. Ahora, la amenaza viene de la mano de dos “yupis”, manipulados desde el poder económico, alentados por ese grupo emergente como salido de un huevo de dinosaurio encontrado en la caverna.

A toda esa historia de represión y miedo hay que añadir la mentira y la impostura de los gobiernos socialistas, con especial atención a ese primer periodo de 14 años en el que un amplio sector social puso todas las esperanzas de cambio y progreso. En estos momentos da asco escuchar a aquellos que tuvieron cargos de responsabilidad. Elementos despreciables que no merecen ser nombrados. Una vez enriquecidos, deben pasar al más absoluto ostracismo.  

Los sectores sociales intelectualmente más avanzados, desencantados, van abandonando este modelo político y se van incorporando a la abstención, lo que, se dice, perjudica a las izquierdas parlamentarias. Ellos, sus dirigentes, sabrán. Si quisieran recuperarles sería necesario ofrecer propuestas más “agresivas” con el actual sistema, y convencer de que se llevarían a cabo. Pero parece que esto no va a ocurrir, por lo que, volviendo a la cabecera, puede ocurrir que la yuxtaposición de las tres derechas, o extremas derechas, puedan formar gobierno. Aunque lo más probable es que no se pueda obtener mayoría ni por un lado, ni por el otro, lo que abundaría en esa ambigüedad que ya venimos observando desde el 2015. Tal como señalé hace unos cuantos años, los grupos nacionalistas, hoy separatistas en su mayoría, podrían jugar un papel esencial en esa formación de alianzas para alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento. Pero se pierden en quimeras, y su empeño en una pelea imposible de ganar, les enredan y les aleja de las políticas de ámbito estatal.
Sea lo que sea en lo que se pueda concluir, incluso en nuevas convocatorias, la realidad es el fracaso de un modelo obsoleto, alejado de lo que requiere la actividad productiva, del desarrollo tecnológico y de la organización social que permita progresar con un mínimo de sensatez.


lunes, 28 de enero de 2019

DESMONTANDO EL AMOR


Si habláramos de sentir calor, todo el mundo entendería que en el entorno hay un cierto nivel de temperatura, aunque la sensibilidad de cada cual al calor difiera. El calor es una sensación concreta y medible mediante la temperatura. Sin embargo, hay palabras que se emplean con demasiada frecuencia sin reparar en su significado. Términos tales como amor y felicidad se usan a menudo, a modo de cajón de sastre, por el beneficio que proporcionan al discurso o al comentario.
En estos tiempos que corren a sobresaltos y entre tinieblas, quienes desean un mundo mejor, recurren al “amor” como el mejor remedio para salvar la hecatombe hacia la que nos dirigimos por un camino errático. E. Fromm, hace ya más de 60 años, decía aquello de que el amor, frente al poder y la sumisión, es la única pasión que satisface la necesidad que siente el hombre de unirse con el mundo y de tener al mismo tiempo una sensación de integridad e individualidad.
Pero el amor –definido, en los diccionarios, como conjunto de sentimientos- es un término ambiguo a falta de análisis y de descubrir lo que se esconde detrás cuando se utiliza en tan variadas ocasiones.
Lo que se llama amor entre miembros de una pareja puede ser, en realidad, atracción, deseo o admiración, sentimientos que pueden ser mutuos o asimétricos. La parte más espiritual de esa relación es el deseo de bienestar del otro. Un claro ejemplo lo constituye la búsqueda del placer máximo de la otra parte en una relación genital, aunque no siempre es así. En muchos casos, pues, los sentimientos son asimétricos y, entonces, pueden aparecer esas nocivas pasiones de poder y sumisión, lo que suele acabar en fracaso. Ese cúmulo de pasiones y sentimientos puede dar lugar a otros nefastos, tales como el deseo de posesión, los celos y, como consecuencia, el mal trato y la agresión.

En el caso de ese “amor” hacia descendientes es, en realidad, protección, cariño y ternura. En algunos casos el cariño es recíproco.

La Revolución burguesa de 1789 no ensalzaba el amor como uno de los valores fundamentales. En realidad, proclama la igualdad como meta de la especie y de fraternidad como herramienta para luchar de forma solidaria. Aunque, como hemos visto, el acontecimiento solo sirvió para que los ricos cambiaran de nombre.
El fracaso de todas las intentonas de transformación hacia mejor es una constante histórica, lo que pone de manifiesto que no todos los miembros de la especie piensan igual y que no existe un sentimiento común que nos conduzca hacia ese mundo ideal, a esa arcadia, que sólo existe en la mente de algunos.

La amistad también es uno de esos términos llamados a revisión o análisis. La búsqueda de afecto,  y la gratuidad de la conexión, permiten que la mayoría de esta especie nuestra, sobre todo los sectores sociales pseudointelectuales, presuman de tener muchos amigas y amigos, sin reparar en los sentimientos en juego que liguen un vínculo profundo y sincero entre especímenes.  Pero, ¿es posible una fraternal y desinteresada amistad?

El amor, por la ambigüedad del término, nunca puede ser un elemento de unión entre individuos de la especie. Siento discrepar, aquí y ahora, con mi admirado E. Fromm, después de haberle citado varias veces y de haber tomado como referencia su visión sobre lo que él considera las tres grandes pasiones de la especie: el poder, la sumisión y el amor.

Pero ¿entonces, qué posibilidades hay de llegar a unas auténticas relaciones sociales más humanas? A mi juicio pocas, y cada vez más alejadas de ese mundo soñado por algunos. El sistema capitalista es un nefasto caldo de cultivo para avanzar hacia la superación de la especie. Pero no somos capaces de transformarlo. En consecuencia, se establece una especie de círculo vicioso: el estado intelectual y la ausencia de capacidad revolucionaria de los individuos no permite el cambio, por lo que la permanencia del actual sistema potencia la ausencia de los valores que permitieran la transformación.
Por lo tanto, en una imaginaria, inviable hoy por hoy, sociedad más avanzada, alejada de un sistema como el vigente, la persona se encontraría realizada en un trabajo elegido, sintiéndose libre y útil. Liberarse de la enajenación, de la desigualdad, de la rivalidad y de las tensiones potenciaría el respeto, la solidaridad (ayuda y colaboración) y la fraternidad (relación de igual a igual). Actitudes y sentimientos más que suficientes para convivir de una manera más razonable.


martes, 18 de diciembre de 2018

RESUMEN



DINÁMICA CAPITALISTA. EL MUNDO DE HOY
-El único valor es el dinero. El objetivo explicito, en otros casos oculto, es el de pasar al gremio de los ricos. Existe una pasión innata que impulsa a la singularidad, al deseo de poder.

-El poder es antagonista del miedo. El miedo del pueblo potencia el poder de la clase dominante, y al contrario: el poder popular genera temor entre los componentes del grupo antagónico. Un poder sólo es derribado con otro poder mayor. Todo aquel o aquella que tiene poder sobre otros lo suele ejercer.

-Desigualdad extrema a nivel planetario. Las relaciones sociales están condicionadas por el dinero o la fama. En comparación con tiempos atrás, enormes diferencias salariales dentro de la clase trabajadora. Ante la escasa oferta laboral, aparecen nuevas figuras pseudolaborales: blogueros, influencers, usuarios de instagram, etc., de esto que se conoce como emprendedores. Aunque sólo un insignificante porcentaje de quienes lo intentan salen adelante.

POLÍTICA
-La izquierda no ha gobernado nunca en Europa desde el final de las dos grandes guerras, por acotarlo en el tiempo.

-Cuando las distintas opciones políticas no ofrecen modelos sociales y económicos claramente diferentes, no constituyen alternativas válidas. 

-La política como mercado. Imposibilidad de acuerdos políticos de ámbito estatal como, por ejemplo, para resolver el grave asunto catalán en España.

-Ante un modelo político obsoleto, la ignorancia busca soluciones en opciones populistas. Surgen los movimientos de corte fascista.

DESESPERANZA
-En estos momentos de la historia no se vislumbra ningún tipo de agente transformador que, por una u otra vía, pudiera reemplazar al sistema capitalista e instalarse en otras formas de producción o de organización económica y social.
-La revolución, el cambio comenzaría, a título personal, por revelarse, negarse a llevar a cabo todo aquello que nos incitan a hacer, pero el camino es el contrario. La enajenación se ha apoderado de la masa.

CAMBIOS TECNOLÓGICOS SIN TRANSFORMACIÓN SOCIAL
-Cambios radicales en el sistema productivo, en el comercio y en las comunicaciones en el marco de una organización social trasnochada.

CONCLUSIÓN
--En estos momentos no existe dinámica ni patrón a quien seguir, excepto el de nuestra propia ética.

-No le demos más vueltas: el bajo nivel intelectual de la especie no permite, por ahora, avanzar a estadios de igualdad y justicia.

-El futuro a medio/largo plazo es impredecible. Vivimos ahora tiempos de incertidumbre.

miércoles, 24 de octubre de 2018

¿TODOS IGUALES ANTE LA LEY? La "firmeza" del Tribunal Supremo




En un trabajo que publiqué en 2010 (primera edición), aparece un apartado con este mismo título. En marzo de 2012 lo envié a varias publicaciones, y, además, lo incorporé a mi propio Blog. Ante el permanente trato discriminatorio e injusto de la aplicación de las leyes, y la abundancia de casos, volví a publicarlo en febrero de 2017.
Ahora los lamentables hechos llevados a cabo por lo que se conoce como la más alta institución del poder judicial, es decir, el Tribunal Supremo, el contenido se hace más vigente que nunca. No era necesario llegar a estos extremos, a lo de anular sus propias decisiones, un día una cosa y al siguiente la contraria, para hacer patente el servilismo a la clase dominante de estos funcionarios instrumentalizados y bien alimentados.
Tal vez no descubra nada nuevo para quienes tengan a bien leer estas líneas, en las que insisto una y otra vez en la finalidad de las leyes. Por lo tanto, el objetivo principal es el de denunciar estas deleznables prácticas de lo que llaman poder judicial. A denunciar todas las artimañas y mentiras que permiten a los de arriba mantener el dominio sobre la inmensa mayoría (dominada), y conseguir, por su parte, que pase a la categoría de normal la desigualdad, la pobreza y la ignorancia. Sería también deseable que  todo aquel  o aquella que pueda se sume a esta denuncia. Es esto un intento, tal vez trufado de ingenuidad, con la esperanza de que en algún momento seamos capaces de calar en la conciencia de  aquellos amplios sectores sociales, víctimas de las técnicas alienantes de un sistema irracional e inhumano.    

Publicado en marzo de 2012 y en febrero de 2017
Dicen los diccionarios que la igualdad es el trato idéntico entre todas las personas, al margen de razas, sexo, clase social y otras circunstancias diferenciadoras, definición que, por cierto, encierra una contradicción en sí misma al admitir que hay clases sociales, es decir, ricos y pobres, patronos y trabajadores, explotadores y explotados, etc. Ni el más osado se atrevería a defender con pruebas o argumentos la existencia de este principio en sociedades como la nuestra, en donde, por el contrario, la desigualdad es endémica, y constituye el leitmotiv que engrasa el mecanismo del actual sistema.

Como en tantos otros asuntos, en esto de la ley, el poder se empeña en proclamar lo contrario a lo que es la práctica habitual. Los medios de comunicación son, ahora, el instrumento ideal. Una vez anunciado de manera machacona que todos somos iguales ante la ley, intentando hacer bueno el lema de Goebbels, la masa social se convierte en presa del engaño interesado, y asume la mentira sin rechistar. Nos mienten con eso de la democracia (algunos denuncian la mentira y pidieron en su día democracia real ¡ya!), nos mienten con lo de la representatividad de los políticos (otros tantos, o los mismos, ya se han dado cuenta de que no nos representan), nos mienten con las reformas laborales, que destruirán empleo en lugar de crearlo, nos mienten en campañas electorales, nos mienten, además, con eso de la igualdad ante la ley.
Ahora, como siempre, la ley es un instrumento para someter y reprimir al pueblo llano, limitando sus derechos, en defensa de la propiedad, e intereses de las clases privilegiadas, entre los que se encuentran los propios políticos. Algunos ingenuos pensadores (H. Kelsen, M. Duverger, M. Hauriou, y otros tantos) han derrochado materia gris en defensa de la estructuración e independencia de la norma, en la creencia, por su parte, de que ésta rige de manera objetiva los estados democráticos modernos. Nada más lejos. La ley, dicho de otra manera, está diseñada para proteger a los que más tienen y para hacer cumplir con sus obligaciones a esa inmensa mayoría que mantiene a los  Estados, sin posibilidad de que los gastos que aquél genera sean repartidos proporcionalmente a la posesión de riqueza.
En estos tiempos, estamos contemplando como la ley se utiliza para destruir el estado de bienestar, conquistado en otros tiempos cuando la correlación de fuerzas entre dominados y dominadores era más favorable a los primeros. Así vemos como se van restringiendo las prestaciones sociales y los derechos adquiridos. La aplicación de la ley, lejos de ser una fórmula de convivencia entre iguales,  no es otra cosa que el ejercicio del poder contra el que de él carece.
La ley, en suma, es  un instrumento coercitivo puesto en manos de las fuerzas políticas mayoritarias que sirven al poder económico de la mejor forma, con el único objetivo de permanecer en el gobierno el mayor tiempo posible.

Las leyes son tan poco precisas, y su cumplimiento está tan focalizado en la dirección de la defensa del poder real,  que encierra una enorme cantidad de fisuras por las cuales el pícaro se cuela para burlarlas. Los poderosos se rodean de “eficaces” asesores fiscales y juristas que, conocedores de la ley, de su ambigüedad, de sus incoherencias y de sus contradicciones, burlan la norma en beneficio de sus clientes. Por lo tanto, siempre que sea posible, les resulta más rentable incumplir la ley de forma reiterada, aunque alguna vez se descubra ese incumplimiento y se tenga que rendir cuentas.

La aplicación de las normas promulgadas por el poder político queda reservada a un colectivo de corte conservador, los jueces, en el que el clientelismo y la endogamia son piezas clave de la institución. Aunque nos quieren hacer creer que la ley es inflexible y explícita, no cabe duda de que su imprecisión es tal que, en el campo netamente jurídico, los dictámenes que emiten los jueces, que están bajo el poder de los órganos elegidos de forma poco democrática, encierran una gran carga subjetiva. Las decisiones y las sentencias para un mismo delito pueden ser contrarias según quien sea el que juzga, o aquél que es juzgado. Los jueces son unos simples funcionarios instrumentalizados a los que se les permite que ejerzan su  “poder” (delegado) siempre y cuando respeten las reglas del juego, que no es otro que la defensa de los intereses de los que más tienen, y los de sus comparsas. En caso contrario, se pone en marcha la más deleznable maquinaria que permita expulsar a esa “oveja descarriada” que se atreve a enfrentarse al orden establecido. Los oscuros mecanismos empleados para alcanzar los objetivos nunca serán descubiertos, pero la ejecución de la medida suele ser  de lo más elemental; ejemplo: las actuaciones de Garzón fueron un impedimento para exculpar a los corruptos del caso Gürtel (vaya usted a saber lo que sigue habiendo ahí dentro), pues se  expulsa al juez de la manera más burda y “santas pascuas”. En esa misma línea de persecución, el magistrado instructor José Castro, de corte claramente progresista, tuvo que andar con “pies de plomo” porque daba la sensación de que iban a por él; los medios de comunicación (incluidos los públicos), con esos tertulianos de extrema derecha a la cabeza, hicieron su trabajo para hundirle.  

Las cárceles están repletas de personas que pertenecen al lumpen urbano, o de aquellos que, de una u otra forma, contestan al sistema. Pocos elementos pertenecientes a las clases pudientes permanecen en prisión aunque sus desmanes hayan acabado en estafas o robos  de miles de millones. En ningún caso la ley les obliga a devolver lo que han usurpado. “El peso de la ley” tampoco recae sobre quienes, formando parte  de cualquier tipo de gobierno, roban, engañan o, incluso, invaden países con resultado de genocidio.
En el ámbito netamente procesal el tratamiento entre unos y otros casos de delitos, o entre unos y otros tipos de delincuentes es bien diferente. Vaya por delante que no defiendo ni justifico ninguno de los casos a los que me refiero a continuación. Si una persona humilde, acuciada por la necesidad vital de subsistencia, asume el papel de  “mulero”, y ésta es descubierta  en Barajas con droga, es detenida, puesta en manos de los jueces de inmediato, y encarcelada a continuación sin ningún tipo de contemplaciones. Sin embargo, los casos Urdangarín, Gürtel, Palma Arena, Púnica, Lezo y tantos otros casos de corrupción, en los que están implicados individuos con más o menos poder, se eternizan en el tiempo. Los implicados son tratados como “presuntos” aunque las pruebas sean evidentes, después pasan por una escala nominal que discurre desde imputados a condenados, si es que llegan a serlo en algún momento, pasando por encausados, procesados y toda una retahíla de situaciones que alarga intencionadamente el proceso, con el ánimo de liberarles en cuanto exista el mínimo resquicio legal. La instrucción y los sumarios se hacen interminables mientras los investigados, imputados o encausados campan a sus anchas, con la posibilidad de deshacer entuertos que les pudieran culpabilizar o agravar sus “presuntos” delitos. Si por fin los procesos llegan a término, nunca se establece una relación de justicia entre pena y delito. Por lo general, si es que el “presunto” delincuente no es absuelto, el asunto puede quedar reducido a  una simple sanción pecuniaria o a un reducido tiempo de arresto: los recursos y, en último término, los indultos, el tercer grado y otras tantas tretas permiten que el tiempo juegue  su papel, y que todo el espectáculo haya quedado limitado, como en tantas ocasiones, a esa ancestral y recurrente fórmula que se conoce como “circo para el pueblo”, retransmitido en directo en sus diferentes fases por radio y TV.
En resumen,  es fácil concluir en que no somos todos iguales ante la ley, aunque, con el engaño como telón de fondo, así lo proclamen las Constituciones, la Declaración Universal de los Derechos Humanos o el sursuncorda.



jueves, 18 de octubre de 2018

SUBESPECIES (I)



El término subespecie no quiere decir, necesariamente, que las distintas partes sean de naturaleza inferior a lo que hoy se conoce como especie humana. Así que lo emplearemos, básicamente, para clasificar a los diferentes grupos que convivimos, en este momento, en este planeta, sobre todo en tipos de sociedades como la nuestra. El arranque de este estudio lo inicio a raíz de una reciente experiencia en un pequeño recinto en el que coincidimos individuos, a mi modo de ver, de cuatro subespecies diferentes, en las que incluyo a los ingenios tecnológicos, esos que “nos facilitan la vida” y que, cada vez, tendrán más implantación. Esto abre, o reanima, un debate que inquieta a unos cuantos, aunque debería inquietar a muchos más. Tal vez así, sacando conclusiones, podamos descubrir algunos de los porqués que tienen que ver con los comportamientos del día a día y, yendo más allá, con el discurrir histórico.

A modo de relato
Los nuevos artilugios tecnológicos nos permiten disponer de dinero a cualquier hora del  día o de la noche. Serían las siete de la tarde cuando decidí realizar algunas operaciones en uno de esos múltiples cajeros a los que es posible acceder sin necesidad de entrar a las oficinas bancarias. La primera la llevé a cabo sin problemas: pude reponer mi billetera, absolutamente vacía de antemano. Tenía que recargar la tarjeta del abono trasporte, caducada desde hacía varios días. Tengo que reconocer que me asaltaba la duda: ¿lo hago aquí, en este cajero, o me acerco a un estanco próximo? No sé por qué presentía que algo podría salir mal. Pero aquella pantalla tan colorista con ese llamativo lector incorporado a la máquina, me persuadió, y sin pensarlo dos veces: me lancé. Intenté seguir las indicaciones, pero mire por dónde, haciéndose realidad ese presentimiento, aquello se bloqueó, indicándome esa brillante pantalla: “Tarjeta retenida”. Es cuando uno se siente obsoleto, preocupado, nervioso y asustado. Para resumirlo en pocas palabras: gilipollas. Después de unos minutos, una llamada a un 902 (los que cuestan) me tranquilizó en parte, pero me dijeron que sólo podía rescatar la tarjeta al día siguiente en horario de apertura de la oficina.
Todo esto me ocupó un cierto tiempo en el que permanecí en aquel cubículo de unos cuatro metros cuadrados que disponía de dos máquinas idénticas. Yo tenía la secreta esperanza de que en algún momento aquel artilugio electrónico vomitara mi tarjeta por aquella boca con luz verde intermitente por la que había entrado, pero ese deseo fue decayendo poco a poco. A lo largo de ese tiempo, que yo estimo serían unos diez minutos, que se me hicieron eternos, entraron tres personas. La primera, móvil en mano, se dirigió directamente a la otra máquina sin dirigir una simple mirada a ese hombre que, emulando a Machado, conversaba consigo mismo, aunque un poco más excitado que aquel que lo hacía paseando por los solitarios caminos de los campos de Castilla. Salió tal como entró: con su móvil pegado a la oreja. Ni un solo gesto ajeno a su tecleo del dispensador de billetes y absorta, porque era una mujer joven, por esa conversación telefónica con la que entró.
Cuando entró la segunda, yo, un poco más tranquilo, confiaba en que alguien me echara una mano, pero como la anterior no dirigió ni una simple mirada a esa misma persona tan necesitada de apoyo tecnológico. Sin embargo, yo la miraba trasmitiendo telepáticamente: “ayuda por favor”, pero esa otra persona, también mujer, permanecía impasible y se fue lo mismo que entró, ignorando al que aún permanecía angustiado.
De la tercera persona que entró, después de la actitud de las anteriores,  ya no esperaba nada, así que al quedarme solo decidí llamar a aquel número 902. Después de hablar con una máquina que me hacía preguntas y propuestas, pude escuchar la cálida voz humana. Esa fue toda la comunicación verbal, sin imágenes, aunque por allí pasaran tres personas en ese tiempo, de cuyos comportamientos yo me desmarco radicalmente.
Un pequeño espacio, de unos cuatro metros cuadrados, convertido en laboratorio de estudios sociológicos, me permitió reforzar esa idea que uno tiene del actual estado intelectual y  emocional de la especie, de la indiferencia y de los cambios en las formas de comunicación. Tal vez la muestra no sea demasiado representativa, pero el comportamiento de esas tres personas, que me ignoraron por completo, se añade a lo que vemos a diario en la calle, en los comercios o en los medios de trasportes.
Sin embargo, con una visión optimista de lo humano, quiero pensar que no todos somos iguales, lo que me permite abrir un nuevo debate acerca de las subespecies o grupos sociales que convivimos, con comportamientos y capacidades diferentes, pero es algo que abordaremos de manera menos relajada que en este sencillo relato que pone de manifiesto, la indiferencia y la mala educación de esas tres personas con las que coincidí en ese pequeño habitáculo, aunque, tal vez, la experiencia vaya algo más allá y las tres, vaya coincidencia, pertenezcan a esa subespecie que, en letra de Maquiavelo, “ni disciernen, ni entienden nada”.

(Continuará. Ver las siguientes entregas de “Subespecies”). 



jueves, 27 de septiembre de 2018

LA ÚLTIMA CRISIS



Son casi tres meses sin publicar, aunque son varias las páginas que he rellenado y, sobre todo, muchas las notas tomadas a lo largo de todo este tiempo, coincidente con la etapa veraniega. A las ocupaciones y actividades propias del estío se añade el desánimo. La dura realidad  da la cara, y ese deseo de que las cosas mejoren, aunque sea mínimamente, se desvanece, y aparece la crisis personal, inmensa en esa crisis del sistema que no cesa.
Séneca decía aquello de que: “Cuando la tristeza por la condición humana te conduzca a la oscuridad, suaviza tu ánimo y piensa que más merece quien se ríe del género humano que quien de él se lamenta” (Lucio Anneo Séneca, 0035 aprox.).
Pero hay momentos o etapas de la vida en las que resulta difícil, casi imposible, sobreponerse a la deriva de la humanidad, y, en consecuencia, “abandonar el barco”, sobre todo, cuando eres absolutamente consciente de la imposibilidad de que nuestra especie vaya por el buen camino, cuando sabes que la condición humana, de momento, no es capaz de mejorar sus propias condiciones de vida, las de la mayoría, cuando estás convencido de que los individuos de las sociedades de los países más desarrollados son material maleable hasta el extremo. Pocas y pocos son capaces de enfrentarse a la situación y revelarse, negarse, a todo aquello a lo que nos incitan  a hacer. Las mentes se embotan y, cada vez, somos, en general, más mansos, más indiferentes, más sumisos ante el poder, más serios, más tristes y, en consecuencia: más agresivos.

Se vive ahora ajeno a la realidad que se nos escapa. La falta de control social sobre la economía, sobre la política, ocasiona que los ciudadanos vivan embelesados, sin conciencia, ni esperanza. Enajenados como en las peores etapas de la historia, agravada esta pasión por la necesidad extrema del consumo en todas las dimensiones posibles.
Un poder concentrado en unos pocos, desorientados aquellos que ilícitamente lo ostentan, sin salidas, pero aferrados a ese poder destructor. Desviando la atención de los asuntos importantes que no saben abordar.
Establecida una serie de reglas, acuñadas por ellos y asumidas por la masa, intentan dar una psudoestabilidad, pero nos deslizamos por el filo de la navaja. Los que detentan el poder están dando “palos de ciego”, sin rumbo, pero agarrándose cada vez con más fuerza a sus riquezas como resultado de su inseguridad, de su demencia.

El sistema, en los últimos cien años, ha discurrido de crisis en crisis con la intención de que los poderosos sigan manteniendo los beneficios. Hace unos años decíamos que “entre unas “burbujas” o “crisis” y las siguientes, el tiempo que transcurre es cada vez menor; van apareciendo nuevas “burbujas” y nuevas “crisis” con una frecuencia que va en aumento, o crisis de más larga duración hasta llegar a una crisis sin retorno. ¿Nos encontraremos ya en esa fase irreversible?” Sin lugar a dudas, ésta es la crisis definitiva que, según nos dijeron, comenzó en 2007-2008. Sin que la situación de precariedad del trabajo, la pobreza de amplias capas, la provisionalidad de las pensiones y la desigualdad hayan llegado a su fin, en países como el nuestro, nos quieren convencer de que la crisis económica ha finalizado, pero inmersos aún en ese estado, anuncian una recesión, señal inequívoca de que esto no se ha superado.

La política siempre ha sido una fachada para el mantenimiento de dominio de unas clases sobre otras, y las democracias modernas una estrategia para contener al pueblo. Pero, en estos tiempos que vivimos ahora, el modelo político que les ha servido a los de arriba durante tanto tiempo, se tambalea y, como hemos señalado, andan dando “palos de ciego” lo que está ocasionando, entre otras cosas, la aparición y consolidación de formaciones de corte fascista en la Europa clásica.
Para ser lo más gráficos posible, nos centraremos en el caso de nuestro país, sin abordar el asunto catalán, que arrastramos desde hace siglos, sin encontrar una solución.
La corrupción generalizada y la inactividad del Partido Popular (PP) le convirtieron en un grupo inválido para seguir en el Gobierno, un grupo amortizado. La salida ha sido el éxito de la moción de censura de mayo/junio, algo que se ha conseguido por primera vez, a pesar de la escasa participación parlamentaria del partido ganador: El PSOE. Es de suponer que el poder real aprobó ese cambio, si no es que lo propició. Pero ahora, después de unos pocos meses, en ese marco de inestabilidad política, ya no les sirve, y han puesto en marcha todo el arsenal a su alcance. Se han puesto en marcha las cloacas del Estado, y los ministros, incluido el propio Presidente, están siendo pasados a “cuchillo”. Al día de hoy son cinco los atacados con dos dimisiones, y lo que queda. El objetivo es el derrumbe del Gobierno, y forzar nuevas elecciones.
En connivencia con otras mafias y con los medios de corte fascista, el PP ejerce la oposición de la manera más cruenta posible, Es lo mejor que sabe hacer este partido. Ciudadanos ahora se encuentra en tierra de nadie, apoyando puntualmente la política de tierra quemada del PP. En ese ataque despiadado, los intereses que defienden ambos, PP y Ciudadanos, son los suyos propios, importándoles un bledo los del pueblo llano.
Los medios de comunicación, la mayoría, embarran el actual estado político echando leña al fuego que hacen los demás. Los periódicos y las cadenas de radio y TV siempre han sido de corte reaccionario. Los nuevos dirigentes de la radio-televisión pública, en un alarde de ser objetivos, son más críticos con el Gobierno que con la oposición. Algunas cadenas como la Sexta, del grupo Planeta, juegan a ser una emisora escorada a la izquierda, pero nada más lejos de la realidad. El observador más perspicaz se ha ido dando cuenta de que son unos farsantes, lo que está dando lugar a significativos cambios en el tipo de audiencia.

El PP, descabezado y dividido ha elegido a un joven militante, socialmente desacreditado e implicado en un turbio asunto de falsificación de títulos universitarios. Un asunto del que no le va a resultar fácil desprenderse. El Gobierno socialista en fase de descomposición por los furibundos ataques que están sufriendo, y Ciudadanos desorientados, sin apenas espacio político. Los nacionalistas en su particular “guerra” que nada tiene de social o trasformadora.
En consecuencia, nos encontramos con una situación política inestable sin que se vislumbre una solución a corto o medio plazo. La oposición PP-Ciudadanos, en esa tarea de desgaste, se limitan a pedir dimisiones y elecciones generales, pero esto, se convoquen antes o después, no va a resolver los problemas de inestabilidad política y, mucho menos, la situación de desigualdad, de precariedad y de pobreza.

Crisis económica, crisis política, crisis social, en suma crisis sistémica sin que se vislumbre una salida, ni siquiera un camino para buscar esa salida. El desarrollo tecnológico prosigue de manera exponencial, pero ello no resolverá los problemas, por el contrario los empeorará. Las sociedades anestesiadas, tristes, agresivas, como decimos, son incapaces de cambiar el rumbo. Nos tienen entretenidos con la aproximación personal a una u otra organización política, al estilo de la afición futbolera.
Un cambio real pasa por una revolución: quitar la riqueza a los que de manera absurda la acumulan, cambiar la correlación de fuerzas y quitar el poder a quienes lo tienen. Pero no hay ni agente que lo pueda llevar a cabo, ni hay condiciones, ni la especie, en su conjunto, goza de las capacidades intelectuales y emocionales suficientes que nos permitan vivir de mejor forma con arreglo a una serie de valores que, únicamente, están instalados en el pensamiento de algunos.