domingo, 9 de mayo de 2021

UNA DEMOCRACIA A LA MEDIDA (Un modelo para un sistema)

Este título, “Una democracia a la medida”, es anterior a los últimos acontecimientos políticos. Ahora es inevitable incorporar el fenómeno capitalino (y su entorno) del día cuatro de abril, y la decisión tomada por Pablo Iglesias, aunque el contenido de este breve análisis intenta ir un poco más allá. Adelantándome a una de las conclusiones a las que el lector o lectora, tras la lectura completa, pudiera llegar, tal como señalo en el subtítulo, el sistema socioeconómico impone un modelo político a su medida, imposible de cambiar desde dentro, lo que me retrotrae a una idea que ya casi había abandonado: la abstención como potente elemento de lucha contra el sistema, aunque esto sólo sirva para sentirte ajeno a esa mayoría que se deja manipular y sostiene la situación política de protección de la oligarquía. Supongo que esta opción es difícilmente asumible, incluso podría considerarse contraria al progreso. Allá cada cual.

Como en tantas ocasiones, las emociones se anteponen a la razón, y, luego nos arrastra a la frustración, al desencanto y, vaya usted a saber, a dónde más. En acontecimientos como el que hemos vivido recientemente en Madrid, algunos hemos actuado, cargados de ilusión, olvidando las claves sobre las que descansa el modelo político y el sistema capitalista al que sirve lo que llaman democracia.

Intentaré que la emoción no me embargue para poder ir algo más allá de una simple oda a Iglesias, aunque, como he dicho, es inevitable hacer referencia al momento actual.

La democracia instalada en estos países de occidente es un modelo político basado en la alternancia de dos partidos, diseñado para el sistema capitalista clásico en el que coexisten dos clases antagónicas: explotadores y explotados. El desarrollo tecnológico ha permitido que las relaciones de producción hayan cambiado de forma sustancial, desdibujando las formas de relación, aunque marcando, de manera nítida, la desigualdad entre ricos y pobres, con un segmento de individuos instrumentalizados, y bien pagados, a modo de guardia pretoriana del poder real que se encarga de embrutecer a los de abajo y convertirles en masa maleable, formada por individuos sin libertad y sin integridad, y adiestrados para asumir la mentira. He aquí, a modo de ejemplo, el caso reciente de las elecciones madrileñas.

Pablo Iglesias ha ignorado gran parte de esta situación, de esta arquitectura montada para dar rienda suelta a las pasiones más miserables que el ser, mal llamado humano, es capaz de poner en práctica. Pablo ha sido una explosión de fuegos de artificio seguidos por la ceguera histórica de quienes buscan un mundo mejor. Viejos luchadores, y neófitos, no han reparado en hechos ocurridos a lo largo de la historia más reciente, es decir, de lo ocurrido en el siglo pasado y en lo que va del presente. No es este el momento de abordar la historia profunda en la que, en cada etapa, ha existido, como constante, una clase dominante.

Iglesias ha intentado romper con lo establecido sin reparar en que los que tienen el poder tratan de mantener una amplia franja de seguridad para proteger sus intereses y su riqueza. Por lo tanto, cuando barruntan que su poder puede quebrar, no dudan en tomar medidas desorbitadas y desproporcionas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir. Unidas Podemos no tienen ninguna posibilidad de cambiar la correlación de fuerzas, pero incordia y es como una “mosca cojonera” en el marco del modelo político establecido, por eso lo mejor, piensan, es eliminarles del escenario político en un proceso encaminado a la vuelta al bipartidismo puro, si no al gran pacto buscado en tiempos recientes. Siempre con la idea de favorecer el beneficio creciente.

Por otra parte, Podemos nace con tres cabezas visibles: Iglesias, Errejón y Monedero. Este último un personajillo con afán de protagonismo, y a años luz del pueblo llano. Errejón un agente infiltrado que, junto a otras, traicionaría, como detallaremos más adelante, a su amigo y compañero. Un elemento decisivo en el derrumbe de la izquierda.

Pablo debería haber tenido en cuenta que consolidar un calentón de los sectores más progresistas, allá por el 2014, está llamado al fracaso en una sociedad instrumentalizada y de baja talla intelectual.  Como político, y politólogo, debería haber analizado la historia para concluir en que en esta democracia no cabe una opción que no sea aceptada por el poder real.     

Si observamos esa reciente historia del siglo veinte, y lo que va del actual, observaremos que cuando las elecciones han dado el triunfo a la verdadera izquierda, el poder real ha reaccionado, a veces de manera tan violenta como en nuestra tierra y en algún otro lugar, para arrebatarles el triunfo electoral. Por otra parte, ha sido un continuo la puesta de palos en la rueda para destruir a la izquierda competidora.

En todo ese tiempo hemos visto como las urnas han dado, a veces, el poder político a la verdadera izquierda, pero como, por unos u otros medios, han sido eliminados sus instituciones y sus protagonistas por unos u otros medios. En el año 1936, el Frente Popular, en este país nuestro emprendió una verdadera política de cambio a favor del pueblo, pero en sólo cuatro meses fue brutalmente destruida por un sanguinario golpe militar. El pueblo no era lo que es ahora y les mantuvo a raya durante tres años. Un verdadero acontecimiento heroico. En Latinoamérica son varios los casos: Argentina, Uruguay o Chile cuyo final, en este último caso, guarda muchas analogías con el caso español. Grecia es uno de los casos más recientes en el que el éxito de Syriza en 2015 se ha difuminado como un molinillo.

Por otra parte, hablando de lo más cercano, cuando la izquierda intenta reconstruirse, saltan las alarmas, y se toman esas medidas desorbitadas a las que hemos hecho referencia antes. Anguita era un político incómodo para el poder real en los 80 y en los 90. No tardaron en perseguirle y en difamarle hasta extremos insospechados. Fue el grupo Prisa el que tomó las riendas con Juan Luis Cebrián y Rodolfo Serrano como principales instigadores.  Fue en septiembre de 1997 cuando, definitivamente, unos diputados de IU se convirtieron en trásfugas y fundaron un nuevo partido, el PDNI, con Cristina Almeida como presidenta. Esta operación debilitó a IU, pasando de 21 diputados a 8 en las elecciones del 2000, a 5 en las del 2004, junto a ICV de Cataluña, y a uno exclusivamente en 2008. Llamazares era la persona que querían como líder para destruir los restos de lo que fue izquierda.

Cuando irrumpe Podemos en el 2014, la oligarquía se teme lo peor (para ellos) y se fija en Ciudadanos, que operaba en Cataluña, para convertirlo en un grupo de ámbito estatal. La idea era contrarrestar el efecto Podemos. Sin embargo, más adelante, irrumpe Vox que es una escisión del PP, y C’s deja de interesarles, lo que supone, como estamos comprobando, su desaparición.

Como Podemos resiste todos los envites, le intentan reventar desde dentro. Errejón en connivencia con una tal Manuela Carmena, a la que Podemos promocionó para alcaldesa de Madrid, prepararon un montaje, aupado por el IBEX35 que cumplió con su papel. Le quitaron votos a UP en las generales del 19, en las autonómicas y en las municipales.

La intención, como he dicho, es recuperar el bipartidismo: un PSOE light (alejado de una verdadera izquierda, un socialismo de impostura) y una extrema derecha del PP con Vox como apéndice y ariete. Esta operación cuenta con una sociedad mansa, indiferente e ignorante, con un bajo perfil intelectual, en su mayoría. La idea de cambio radical a mejor para los más desfavorecidos se desvanece cada vez que hay un intento de mejora. Nadie es capaz de explicar el desajuste entre los resultados electorales y la condición socioeconómica de los votantes. Incluso las revoluciones han fracasado, salvo honrosas excepciones. En consecuencia, parece que el estado mental de la especie no da más de sí, por lo que habrá que confiar en la evolución, aunque perdemos la esperanza de que esto que somos pueda mejorar a corto o medio plazo.

  

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