domingo, 28 de enero de 2018

UNA DEMOCRACIA VIRTUAL

Los individuos de esta especie nuestra son fácilmente manipulables, por lo que no resulta difícil guiarles emocionalmente hacia una situación de fantasía, hacia un mundo de ilusión, alejado de la realidad, a veces muy dura, en otros incluso cruel.  La fragilidad de cuerpo y mente, les impulsa para trasladarse hacia situaciones irracionales, en algunos casos, o en muchos, en busca del poder, en otros aceptando incondicionalmente la inmoralidad, la injusticia, la corrupción.

Una cosa virtual es algo que tiene existencia aparente, pero no es real. Democracia, en los actuales estados de occidente, es la conclusión de un proceso semántico que se queda en eso, en un ejercicio teórico diseñado hace miles de años por los notables de aquella época que admitimos como el origen de nuestra cultura. Aquellos definieron tres formas de gobierno que discurren del poder absoluto concentrado en un solo soberano hasta la responsabilidad popular, calificada como Democracia, pasando por el poder de los “menos”, como así lo definió Aristóteles, a lo que definieron Aristocracia. Pero como digo esto es un simple ejercicio teórico, aunque, bien es cierto, que a los que controlan el actual sistema socioeconómico les ha servido de plantilla para mantener una manera de vida que permite mantener el poder en manos de unos cuantos y contener a las masas bajo el engaño de unos pocos y la sinrazón de otros.
A pesar del tiempo trascurrido desde la definición de estas figuras, se mantiene la de la Monarquía, aunque limitada en el poder político, pero cargada de privilegios y de irracionalidad. La Aristocracia, trasformada en Oligarquía, es quién acumula el poder real. La Democracia se ha convertido en una estrategia para poder mantener una situación de desigualdad y de concentración del poder en un reducido núcleo social, en flagrante contradicción con el concepto teórico de Democracia.

Estas democracias modernas se han convertido en simples ejercicios mecánicos mediantes los cuales las masas se limitan a depositar una papeleta en una urna sin criterio propio, sin ideología o sin, tan solo, búsqueda de defensores de sus intereses. Papeleta en la que aparece una relación de nombres desconocidos en su inmensa mayoría. Unos hombres y mujeres que pudieran llegar a despreciar a sus propios votantes, de los que se olvidan una vez finalizado el proceso demagógico en el que se convierten las campañas. Personas que se desligan del pueblo llano porque saben que es imposible retirarles de sus puestos aunque se corrompan. Una falsa democracia que no puede ser calificada, ni siquiera, de representativa.  Los ciudadanos son electores, pero no representados por los que cada vez con más propiedad pueden ser calificados como casta, cuando no como grupos mafiosos.
Sin embargo, el sistema ha conseguido convencer a una inmensa mayoría que, además de un derecho, votar sea una obligación. “Votar a unos o a otros, pero votar” es el mensaje que se ha impuesto, y que ha calado sin cuestionarlo en lo más mínimo.
Pero a pesar de todo, el engendro se derrumba desde dentro por agotamiento. El deterioro ha ido avanzando, hasta el punto de no poderse distinguir el ideario de unos y otros, convirtiéndose esa casta de corte conservador. Por otro lado, los grupos con capacidad de gobierno defienden los mismos intereses, contrarios a los de la mayoría. Los apoyos de otras organizaciones al grupo que gobierna se hacen al dictado del poder real, de la oligarquía. En este país, ahora, el PSOE y Ciudadanos juegan este sucio papel.
La actividad política con esa configuración pseudemocrática, que arrancó en los años 50 del siglo anterior como un panorama multipartidista, con diferentes propuestas, tiende a un modelo de poder político autoritario en la que los comportamientos de la práctica totalidad de los partidos se unifican, rompiendo con la deteriorada estrategia de alternancia bipartidista.

Este proceso de trasformación pasa inadvertido para amplias capas sociales, manteniendo esa “fe ciega” en la práctica rutinaria del voto, aunque la participación política de la mayoría sea nula. El proceso de deterioro del modelo es palpable, aunque, como digo, solo sea detectado, de momento, por una minoría. A pesar de todo, aunque el modelo se mantuviera, aunque el proceso se invirtiera y se aproximara a una práctica más participativa, jamás cambiaría el sistema socioeconómico, jamás alcanzaríamos un mundo de igualdad y de justicia anhelado por aquellos de ideario más progresista. Las posiciones políticas de lo que se conoce como izquierdas, cuando tocan poder, son inestables y, en consecuencia, “fungibles”. Ninguna fuerza política podrá transformar el status quo, las relaciones de poder. Sin embargo, la ingenuidad o la ignorancia nos impulsan, como señalo al comienzo, a vivir un mundo de fantasía. Quienes mantienen la situación actual, los que ostentan el poder, los dueños del mundo, alimentados por esas miserias de ambición e irracionalidad, jamás darán marcha atrás por voluntad propia. Sin embargo, a pesar de estar dominados por esos contravalores, el sistema y el modelo político que le protege han entrado en un proceso de descomposición por sus propias contradicciones internas, lo que nos arrastra a situaciones de inestabilidad e incertidumbre, al no vislumbrarse alternativas y poder suficiente para combatir al actual.

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lunes, 13 de noviembre de 2017

DATOS PARA UNA SOSPECHA (Un paso más allá del mero deseo independentista catalán)

En un artículo anterior hemos manifestado que sospechamos que algo se esconde tras la apariencia del mero asunto independentista catalán, tachándolo, por nuestra parte, de ensayo, tapadera, farsa, teatrillo o montaje.
Decíamos que "Podría ser que el poder económico, la oligarquía, haya utilizado ese deseo independentista de los catalanes para comprobar hasta qué punto los ciudadanos son capaces de soportar cambios que degrade aún más la actual situación y crear un nuevo modelo político aplicable al Estado en su conjunto que sustituya al vigente, totalmente agotado". Podría ser, señalábamos, que la tendencia fuera consolidar una “democracia” autoritaria, una degradación límite del actual modelo político de alternancia de las dos fuerzas políticas mayoritarias.
También hemos dicho que “si todo el fenómeno catalán ha sido un teatrillo para propiciar los deleznables fines señalados, lo podremos comprobar en los próximos meses al observar en qué se traducen las desmedidas acusaciones y las penas solicitadas por la Fiscalía a los dirigentes catalanes”. 
Ya contamos con algunos datos relativos a este asunto. Los grupos independentistas se presentan a las elecciones promovidas al amparo del artículo 155 de la Constitución. Las acciones reivindicativas populares van a la baja. Forcadell y el resto de la mesa del Parlamento han salido en libertad bajo fianzas poco cuantiosas, a pesar de los graves delitos de los que les acusan. Es muy probable que Oriol Junqueras y el resto de encarcelados sigan el mismo camino en breve. Merece capítulo aparte el tratamiento de las leyes con sus incongruencias y sus contradicciones, como hemos comentado en ocasiones. Parte del Gobierno, con Puigdemont a la cabeza, viven tranquilamente en Bruselas sin que, al parecer, les preocupe demasiado a los miembros del Gobierno del PP.

La evolución del modelo bipartidista
Pero ¿por qué sospechamos que el “conflicto catalán” es una tapadera para ocultar esos objetivos que hemos resaltado anteriormente? Sospechamos, pero sin agotar todas las posibilidades, que la intención es, como decimos, degradar aún más el modelo. Echemos la vista atrás. Volvamos a esos años de los Gobiernos de Zapatero. Las dos legislaturas de los socialistas, que discurren desde 2004 hasta 2011, son muy diferentes, de manera que la primera puede ser calificada de  luces frente a las sombras de la segunda.
Lo que se conoció como crisis, a raíz del reventón de la burbuja inmobiliaria allá por 2007, provocó, con un cierto retardo, un galopante aumento del desempleo, hasta alcanzar cotas inimaginables (26% en 2012, aunque gobernando ya el PP), cuando a mediados de la primera legislatura socialista el paro se aproximaba al 8% (2006), presumiendo de haber alcanzado el pleno empleo. La falta de capacidad para asumir la situación y la férrea oposición del PP (a pesar de encontrarse ya por entonces implicado en flagrantes casos de corrupción, como veremos) obligaron a los socialistas a adelantar las elecciones en 2011, sin agotar la legislatura.
En esa convocatoria el PP obtuvo una mayoría absoluta, sin necesidad de apoyo de otras fuerzas para gobernar. Durante los siguientes cuatro años el PP gobernó con desahogo, culpando a los socialistas de la mala situación por la “herencia recibida”.
En 2015, el PP perdió la mayoría absoluta, perdió 63 diputados, y Rajoy renunció a presentar su candidatura a la presidencia de Gobierno. Esa abultada pérdida se debió, fundamentalmente, a dos factores: el castigo por los casos de corrupción que comenzaron a aflorar a partir de 2007 (aunque en la convocatoria de 2011 tuvo mayor peso el descrédito de las políticas socialistas que la corrupción en el PP) y la aparición en el escenario político de nuevas formaciones: Podemos en enero de 2014 y la expansión nacional de Ciudadanos en 2014-2015. Ambas formaciones obtuvieron una importante representación parlamentaria, de tal forma que rompieron con el histórico bipartidismo.
De esta manera, comenzó una etapa de inestabilidad política extrema que trascurrió desde el 20 de diciembre de 2015 al 31 de octubre de 2016, lo que evidencia un declive del modelo de la alternancia bipartidista. No olvidemos que, actualmente, el PP gobierna en minoría, y que aún no se han aprobado los presupuestos generales del presente año, aunque lo intenta comprando votos de grupos nacionalistas. Lo que muestra que, aunque en menor grado, la inestabilidad continúa.

Todo un recorrido de corrupción y todo un contingente de corruptos
La corrupción más alarmante del PP, aunque otros le han precedido y otros tantos le suceden, es el conocido como caso Gürtel que fue denunciado en 2007 ante la Fiscalía Anticorrupción. Más tarde, en 2009 fue instruido por el Juez Garzón, lo que, por cierto, le costó su puesto en la Audiencia Nacional (AN). En enero de 2013 aparecen los llamados “Papeles de Bárcenas” y sale a la luz la contabilidad B del partido. En noviembre de este año (2017), la Fiscalía de la AN ha anunciado en su alegato final que está suficientemente acreditada la contabilidad B y el pago de sobresueldos a cuadros del partido, entre ellos al actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
Después de la Gürtel, los casos Púnica y Lezo han llevado a la cárcel a los máximos dirigentes del PP de Madrid.
La judicatura, intencionadamente lenta cuando se trata de enjuiciar estos casos, no tendrá más remedio que condenar a todos los implicados, y quién sabe si no tendrán que rendir cuentas otros que aún permanecen camuflados, aunque es claro y manifiesto que están inmersos en la charca corrupta de este grupo político.
De momento, el asunto catalán es una excelente tapadera para  distraernos de los hechos que se están produciendo respecto a la aparición de nuevos casos de corrupción, de las contundentes decisiones de jueces y fiscales y de las elocuentes declaraciones de los organismos que la persiguen.

La búsqueda de soluciones
La incómoda inestabilidad política que para el sistema tuvo lugar de diciembre de 2015 a octubre de 2016 podría convertirse en endémico si no se toman medidas. Por otro lado, la cadena de condenas que comenzará a finales de año y continuará durante los años próximos hace insostenible la permanencia de los del PP en el gobierno, si esto sigue así.
Por estas dos potentes razones, condenas por corrupción e inestabilidad política, se hace necesaria la búsqueda de soluciones para que todo siga igual que antes de 2015, cuando alguno de los dos partidos, PP o PSOE, gobernaban en solitario con el apoyo o sin él de algún o algunos grupos nacionalistas.
El modelo democrático de representación, aunque con muchas limitaciones, ha permitido que ciertos sectores sociales hayan abandonado lo que se conoce como “Régimen del 78”, votando a otros grupos o absteniéndose, lo que ha dado lugar a esa inestabilidad que hemos señalado.
La tendencia es la de instalarnos en una “democracia” autoritaria en la que la participación se ciña a votar, limitando las opciones y laminando a las que se alejen de la norma (en este caso Unidos Podemos), ajenos a los partidos que se autodefinen como constitucionalistas.
Para dar este paso es imprescindible ensayar para ir preparando al pueblo, en un contexto mundial donde la libertad está cada vez más limitada, y medir hasta qué punto es capaz de soportar las cada vez más represivas actuaciones del poder. Primero fue la aceptación de unos salarios de miseria de amplios sectores, después la represión y la pérdida de derechos a través de normas como la conocida “Ley mordaza”.
Por eso nos atrevemos a señalar que el asunto catalán es un ensayo más para doblegar a la sociedad y demostrarle que la lucha, en este caso por la independencia, es estéril y no lleva a ningún resultado.

Vistas así las cosas, la única opción ganadora en futuras elecciones en esa democracia autoritaria pasa por la unión de PP y PSOE (el gran pacto) o, dicho con mayor precisión, por el apoyo de una de ellas a la que obtenga mejor resultado. Si observamos los últimos movimientos del PSOE comprobaremos que todo apunta a la consolidación de un solo bloque que defienda los mismos intereses, con el refuerzo de otro grupo (C’s) dispuesto a apoyar cualquier medida reaccionaria. Un grupo que, por sus propios méritos, se sitúa en lo que se conoce vulgarmente como extrema derecha.
Pedro Sánchez “el rebelde” engañó a la mayoría de la militancia que pensaba que el partido giraría a la izquierda, pero, una vez elegido, y después de un tiempo de silencio, se ha puesto en las manos del PP, confirmándose, de esta manera, las conclusiones de este análisis.




jueves, 2 de noviembre de 2017

EL ENSAYO CATALÁN

A la vista del cariz que en los últimos años ha ido tomando el proceso independentista en Cataluña, un deseo de segregación que se viene repitiendo a lo largo de la historia, hemos dedicado parte de nuestro análisis a la situación catalana, ahora que esos anhelos vuelven a aparecer con un masivo apoyo popular. Particularmente, son tres artículos los publicados en diferentes medios. Por orden cronológico son estos: “El asunto catalán: de aquellos polvos estos lodos” (enero de 2016) y, en estas últimas fechas, otros dos: “Cataluña, víctima de la ineficacia y de la obstinación” y “Cumplir las leyes”.
Estos son algunos párrafos entresacados de esos tres artículos, escritos antes de desencadenarse los hechos que han tenido lugar desde el día 28 de octubre, en concreto: la confusa declaración unilateral de independencia (DUI) y la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución, aprobado previamente en el Senado.

“Cataluña ha estado reivindicando la independencia desde el siglo XIV. En 1716, a raíz de la guerra de Sucesión, Felipe V, tras la promulgación del Decreto de Nueva Planta, derogó las leyes y las instituciones catalanas.  Cataluña, con idas y venidas, ha mantenido la autonomía, a saltos, durante un largo periodo de tiempo, pero, según las investigaciones de expertos historiadores, Cataluña nunca ha sido legalmente independiente”.

“Pensamos que la petición popular de independencia  tiene un carácter emocional, y que esto no es una reivindicación  por razones económicas o  sociales”.

“El problema se ha enquistado porque el actual sistema socioeconómico y este modelo político "pseudodemocrático" no tienen una respuesta, que no sea violenta, cuando se enfrentan dos poderes, en este caso políticos”.

“Quiero decirles a los promotores de la iniciativa independentista que nunca se ha conquistado la segregación o la independencia sin el uso de la violencia. Tampoco se ha derrotado a un sistema económico y social a través de las urnas”.

A partir de la fecha señalada, 28 de octubre, el ingenuo ciudadano ha podido observar, atónito, que después de tanto tiempo, de tantas acciones por parte de los independentistas, de las masivas movilizaciones, el asunto ha reventado como un globo, quedando todas esas manifestaciones en agua de borrajas. Algo que nos resulta sospechoso y nos invita a la reflexión y a la inferencia atrevida de lo que podría ser algo muy diferente a la farsa que nos han querido “vender”. Algo que podría formar parte de un plan de mayor alcance, como trataré de explicar de la mejor forma posible.
Al margen de los acontecimientos que, de una u otra forma, estamos viviendo, o a los que estamos asistiendo desde la distancia, por desconfiar de la autenticidad de los hechos, nos atrevemos a adentrarnos en este asunto, en forma de ensayo, de lo que podría ser lo que definimos como el ensayo catalán, por sospechar, y sólo sospechar, que se trata de una tapadera para alcanzar otros objetivos diferentes a la mera represión frente a la reivindicación secesionista.
Emplearemos aquí el término “ensayo" en un doble sentido: en lo que podría ser una experiencia política con unos fines muy distintos a lo que nos han mostrado, y, por otro lado, en la forma de atajar el problema desde mi óptica personal. Una manera de abordarlo menos científico que el análisis, pero como una forma más libre de aproximarnos al conflicto, a sus consecuencias, a las intenciones, a sus raíces y a los elementos más oscuros que han podido entrar en juego. En el ensayo, el pronóstico es más arriesgado que en el análisis, pero tiene la ventaja de que el rango de libertad con el que se expresa permita descubrir lo que permanece intencionadamente oculto.


La patronal y el Procés
Como dijimos en alguno de los artículos citados, mientras los políticos catalanes hacían y deshacían a su antojo, el poder económico permanecía inerte. Pareciera que no se tomaban en serio ese Procés, pensando que “la sangre no llegaría al río”. Algo que alimenta nuestras sospechas. Una vez que el llamamiento a las urnas el primero de octubre movilizó a más de dos millones de personas, debieron creer que el asunto apuntaba maneras. El asunto, a modo de ensayo, se les iba de las manos. Es entonces cuando comienza un ejercicio de presión, desplazando las sedes de las empresas más potentes fuera de Cataluña, haciendo buena la máxima, que alguna vez he expuesto, según la cual “cuando (la clase dominante) barrunta que su poder puede quebrar, no dudan (sus agentes) en tomar medidas desorbitadas y desproporcionas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir”. Aunque la medida se limita a eso, a ejercer presión, porque las instalaciones y la producción siguen en su lugar de origen. Sin embargo, eso es una buena señal para el Gobierno de Rajoy, lo que le reforzó en su posición de acoso y derribo.
Pero el asunto no está cerrado y podría ser que las intenciones del ensayo, en las que nos centraremos a continuación, no resulten como se espera. En expresión vulgar: es posible que la herida se cierre en falso. Los grupos más reaccionarios, incluido el PSOE, tienen puesto el punto de mira en las elecciones convocadas para el día 21 de diciembre, en la creencia de que ganarán, y cerrar el asunto. ¿Y si no ganan?
Cabría pensar que los políticos catalanes, con o sin su anuencia, han sido utilizados para llevar a cabo el juego.

Lo que se persigue
Podría ser que el poder económico, la oligarquía, haya utilizado ese deseo independentista de los catalanes para comprobar hasta qué punto los ciudadanos son capaces de soportar cambios que degrade aún más la actual situación y crear un nuevo modelo político aplicable al Estado en su conjunto que sustituya al vigente, totalmente agotado. El enfrentamiento a la intención secesionista permitiría cerrar filas en torno al nacionalismo centralista de todos los partidos que se autodefinen como constitucionalistas (PP, PSOE y Ciudadano). La adhesión incondicional del PSOE a las medidas represivas del PP en Cataluña parece una medida orquestada para recuperar el bipartidismo, pero en este caso no se trataría de la alternancia cada dos o tres legislaturas. Descartado el apoyo nacionalista al partido más votado, como ha venido siendo habitual en años anteriores, la estrategia “democrática” consistiría, a partir de ahora, en la consolidación de una sola opción al estilo alemán participada, de una u otra manera, por PP y PSOE. La iniciativa ya estaba en marcha porque, como una pieza más del plan, en la actualidad el PP gobierna gracias al apoyo de los falsamente llamados socialistas.
Este nuevo modelo se traduciría en una democracia autoritaria (flagrante contradicción) que protegiera a los actuales corruptos y ocultara la corrupción futura.
De esta manera, el raquítico panorama político, desconfigurado el esquema izquierda-derecha, quedaría así: Un bloque mayoritario PP-PSOE, una débil oposición de Podemos e IU, una serie de minorías nacionalistas desarticuladas y un grupo de extrema derecha, dispuesto a apoyar las políticas más reaccionarias.  

A modo de conclusión
Si todo el fenómeno catalán ha sido un teatrillo para propiciar los deleznables fines señalados, lo podremos comprobar en los próximos meses al observar en qué se traducen las desmedidas acusaciones y las penas solicitadas por la fiscalía a los dirigentes catalanes. De momento, es sorprendente que los grupos políticos derrotados, que rechazan las medidas del artículo 155 de la Constitución, hayan anunciado que se presentarán a esas elecciones que se han convocado al amparo del citado artículo.
Sea una cosa o sea otra, sea un ensayo para cambiar el escenario político para seguir protegiendo a la oligarquía, o sea el fruto de unos políticos oportunistas que quieren su propio reino de taifa, las víctimas son las de siempre: el pueblo llano, engañado y manipulado al que le han arrastrado por la vía de las pasiones, como si de una disputa futbolera se tratara. La frustración y el desengaño van de la mano y ya no causan mella en una sociedad demasiado castigada. Los desaprensivos políticos de uno u otro bando, independentistas o inquisidores, deberían ser castigados con el mejor instrumento a nuestra disposición: la abstención. Pero mucho me temo que en diciembre las urnas se llenarán aunque los elegidos sigan siendo nuestros verdaderos enemigos.



miércoles, 18 de octubre de 2017

CUMPLIR LAS LEYES

Llevamos una larga temporada, en la que el asunto catalán anda ahora por el medio,  durante la cual se hace uso y abuso del término ley, y de expresiones tales como cumplir la ley, estado de derecho, la democracia es la ley, etc., etc.
Recurrir, permanentemente, a la exigencia con métodos represivos del cumplimiento de la ley, de leyes como las promulgadas en un sistema socioeconómico como el vigente, denota tanto una clara muestra de debilidad política como la degradación de la propia ley, poniendo en evidencia que, en estas circunstancias, no se trata de una  norma reguladora de convivencia social, asumida y consensuada por el pueblo.
Por si fuera poco, el uso reiterado de la palabra democracia, en boca de los menos demócratas, nos produce hartazgo e indignación a los más pacientes ciudadanos que, de verdad, nos gustaría vivir en un verdadero entorno de igualdad, libertad y justicia. Las expresiones democracia y ley son dos armas arrojadizas que ahora utilizan, de mala forma, independentistas catalanes y dirigentes del Partido Popular para el ataque verbal recíproco. Los primeros dicen que la consulta a la que ellos consideran Referendum es el ejercicio de la democracia. El Gobierno dice que los catalanes deben cumplir las leyes. De esta manera, se establecen dos posiciones paralelas sin que se vislumbre un punto de encuentro. A ambos términos, ley y democracia, les han vaciado por completo del poco contenido real que les quedaba, después de un largo periodo de engaños y desengaños.

Pero ¿qué es en realidad la ley que nos obligan a cumplir en un sistema socioeconómico como el vigente? La ley es  un instrumento coercitivo puesto en manos de las fuerzas políticas mayoritarias que sirven al poder económico de la mejor forma. Las leyes se dictan para proteger a la oligarquía (o a sus lacayos) y reprimir a los ciudadanos de a pié. La ley, las leyes, están, como digo, en manos de los gobiernos de turno que exigen su cumplimiento mientras sus miembros las incumplen impunemente sin que existan mecanismos para que tengan que rendir cuentas por sus incongruencias.

Todo el tinglado legal se sustenta, en este y en otros países, sobre la Constitución, a la que, de forma solemne, la definen aquí como “Carta Magna”. ¿Magna? Yo diría que en nuestro caso es más bien ambigua, imprecisa y de bajo nivel técnico. Las constituciones, por lo general, están formadas por dos partes: La declaración de derechos y la organización del estado. La primera parte es como un “brindis al sol”. Los derechos a los que alude son incumplidos en, prácticamente, su totalidad. El derecho a un trabajo digno, a una vivienda o, incluso, el derecho de huelga son vulnerados de manera flagrante.
La Constitución española, en concreto, se elaboró por un conjunto de personas, en su mayoría de corte conservador, algunas herederas directas de la Dictadura. No insistiremos en ello porque es de dominio público, sobre todo para quienes hemos dejado atrás la madura juventud, pero conviene recordar que el documento fue redactado y aprobado a la sombra de la Dictadura y bajo la presión de un ejército golpista, como así lo pudimos comprobar a lo largo de finales de los 70 y comienzos de los 80.
En unas pocas palabras, el actual texto constitucional es como un saco agujereado que hace agua por todas partes. En particular, la organización territorial es un asunto inacabado, quedando invalidado el contenido del Título VIII. La autonomía de las diferentes regiones ha dejado de funcionar, sobre todo en aquellos lugares que se sienten encerrados como Nación en otra Nación. Catalunya es el caso de rabiosa actualidad que reivindica su independencia a través de ese Referendum que le niega el Gobierno del PP.

Las leyes de menor rango que la Constitución son un enorme conglomerado que, por su extensión, está cargado de imprecisiones y de contradicciones. Su aplicación es arbitraria, y las sentencias o decisiones de los que las aplican tienen una evidente carga subjetiva que varía según sea el que juzga o dependiendo del que sea juzgado. Sólo es necesario echar un vistazo y comparar, por ejemplo, sentencias y ejecutorias de manifestantes acusados, con razón o sin ella, de piquetes, y recientemente con la entrada en prisión de dos líderes sociales catalanes, con los abundantes casos ya juzgados y condenados por corrupción de empresarios, políticos o gentes de la más alta alcurnia. Los juicios a los Bárcenas, Rato, Urdangarín y otros tantos se alargan, se eternizan y luego, cuando son condenados, siguen en la calle. Ingenua pregunta: ¿Por qué el Gobierno no pide que se cumplan las leyes en estos casos de la misma forman que solicitan para quienes se enfrenta, de una u otra manera, al poder?
Lo peor del caso que nos ocupa es que la ciudadanía, en su inmensa mayoría, acepta de buen grado el “principio de legalidad” y el cumplimiento de las leyes. Bien es cierto que es por miedo, por sumisión, por ignorancia, por ingenuidad y por ese carácter coercitivo que subyace bajo eso que llaman el “imperio de la ley”, que está al servicio de los diferentes poderes del Estado.

Nos gustaría acabar con dos anotaciones. En el mundo de lo real, sobre el asunto catalán, cuyos dirigentes políticos se resisten a cumplir las leyes, quiero decirles a los promotores de la iniciativa independentista que nunca se ha conquistado la segregación o la independencia sin el uso de la violencia. Tampoco se ha derrotado a un sistema económico y social a través de las urnas. Por otro lado, en el terreno de lo imaginario, lejos de que se pudiera llegar a un final asumido por todos, la solución al desorden político de esta Nación pasaría por la elaboración de un nuevo texto constitucional, en el que se abordara una nueva organización  territorial. Pero ante la ineptitud, la obstinación, la oposición a la pérdida de poder y la falta de voluntad esto, como digo, queda sólo en el imaginario de algunos sectores sociales. Es más eficaz, para los gobernantes con mayor poder, moverse en la ambigüedad y en la imprecisión, y no en el ámbito de la razón, para seguir utilizando a su antojo eso del cumplimiento de las leyes.

martes, 19 de septiembre de 2017

CATALUÑA: VÍCTIMA DE LA INEPTITUD Y DE LA OBSTINACIÓN


En enero de 2016, publicamos un artículo con el siguiente título: “El asunto catalán, de aquellos polvos estos lodos”. Intentábamos vincular entonces la historia con la situación catalana en aquella fecha. Ahora, todo va muy deprisa, y esos lodos se han convertido en los polvos de los hechos más recientes. La marcha de lo que los independentistas denominan El Procés es imparable, y la fecha para la consulta está a la vuelta de la esquina. Los dirigentes catalanes se han enrocado, arrastrando a un número importante de ciudadanos, y han roto el retrovisor. Como entonces, pensamos que la petición popular de independencia  tiene un carácter emocional, y que esto no es una reivindicación  por razones económicas o  sociales. La clase política catalana ha  encandilado a un elevado número de personas que no ven mucho más allá de ese deseo de emancipación, sin pararse a pensar en el modelo político que les esperaría, si esto llegara al fin deseado. La pasión de un pueblo, convertido en masa, es la misma que sienten los fanáticos individuos cuando juega su equipo de fútbol favorito, al que se sienten vinculado a modo de sumisión. Ahora, a esa masa enfervorizada no hay quien la pare, salvo con medidas represivas y contundentes, pudiendo llegar a convertirse aquello en una sangría, porque el tiempo de dialogo o de negociación se ha extinguido.

La manipulación de las masas por parte de los dirigentes catalanes, y la cerrazón e ineptitud del gobierno español han dado lugar a esa mayoría independentista. Porque, digan lo que digan desde los intoxicadores medios de comunicación, los que quieren separarse son una clara y evidente mayoría.

El problema se ha enquistado porque el actual sistema socioeconómico y este modelo político "pseudodemocrático" no tienen una respuesta, que no sea violenta, cuando se enfrentan dos poderes, en este caso políticos. El barullo está servido. Las soluciones muy, muy complicadas. Las decisiones del Constitucional y las leyes españolas les importan un bledo a los separatistas. En Madrid no saben qué hacer. No sirve eso de que hay que cumplir las leyes, esas leyes que protegen a los ricos, cuando lo que quieren los catalanes es elaborar sus propias normas, normas que, sin duda, serían también para proteger a los ricos de allí. Estamos viendo dar palos de ciego, y así seguiremos. Chapuza tras chapuza. Auguramos una chapuza de consulta, y ya estamos observando las decisiones chapuzas o desproporcionadas del Gobierno de Rajoy. Las declaraciones de éste y de sus próximos son lamentables. ¿Qué harán unos y otros políticos los días siguientes a la consulta? ¿Y qué hará un pueblo frustrado y engañado?
Los que de verdad mandan son los que tienen el dinero, pero en este caso están callados. Tal vez sus actuaciones sean clandestinas, y nos sorprendan uno de estos días, manifestándose respecto a las propuestas y decisiones de los políticos.

Por mi parte, decir que ese deseo de independencia, fuera de la razón, me parece egoísta, reaccionario, insolidario y, por si fuera poco, contrario a la marcha del
poder real, que se ha caracterizado a lo largo de la historia por ese afán imperialista y de dominio sobre espacios cada vez mayores. Esa tendencia generalizada, salvo excepciones, es opuesta a la actual actitud de los catalanes, por lo que pienso que será la verdadera razón de su fracaso. Por otra parte, también es cierto que, desde la óptica de la clase trabajadora, lo deseable es la creación de amplios espacios del planeta donde sea posible la lucha unificada por la emancipación de la clase, y no la de aferrarse al “terruño”.

 El pueblo llano ignora que el bloque independentista mayoritario representa al sector neoliberal más radical, que va más allá, incluso, de la oligárquica y tradicional burguesía catalana de finales del 19 y comienzos del siglo 20. El paro, la precariedad, los recortes en los servicios sociales y la explotación laboral no serían eliminados si ese soñado deseo independentista llegara a materializarse.
No sabemos con precisión lo que este proceso puede dar de sí, ni cómo acabará, aunque no iremos muy descaminados si pensamos que no se producirá la, tan deseada por algunos, independencia, aunque bien es cierto que el enredo se alargará, distrayendo a la ciudadanía de los asuntos más relevantes: desigualdad, corrupción, precariedad y visión de futuro. Por lo que al gobierno actual no le viene nada mal.

Quiero terminar este escrito con una consideración que a mi modo de ver tiene un carácter político de mayor alcance que la mera cuestión independentista, y que me atrevo a calificar de positivo. Este proceso de los catalanes, y la posición reaccionaria del PP, han puesto patas arriba la organización territorial, la Constitución del 78 y las Instituciones del poder judicial, en particular, el Tribunal Constitucional, convertido en una prolongación de la política del PP.  El sistema de partidos también queda tocado. Al PSOE se le ve el plumero al apoyar incondicionalmente al actual Gobierno. Con ello queda en evidencia que defiende los mismos intereses. Pienso que se equivoca, y esto le puede acarrear problemas, lo que puede suponer el remate que le convierta en un grupo marginal. La única fuerza que actúa en aras de la razón es Unidos Podemos, quien, rompiendo con el statu quo, aporta soluciones válidas para salir de este atolladero, pero es posible que los demás no le acompañen, como ya ocurrió en la moción de censura, y, como consecuencia, el modelo siga así, por el lento camino de la descomposición.

Anexo: Algo de historia
Esto es una breve reseña histórica que intenta dar una explicación sobre la falta de unificación política de lo que hoy se conoce como España, lo que, de alguna manera, justifica la reivindicación nacionalista de algunas zonas del actual Estado. Jamás ha habido una aceptación de una única nación. Eso de la España única, como así lo proclamaba la Dictadura, sólo ha tenido lugar, cuando la  fuerza y la represión han imperado en esta sufrida parcela del planeta.

El lector puede “convalidarse” la lectura de este apartado, pero también puede reflexionar y aportar otros datos que lo enriquezcan.

España se ha destacado a lo largo de la historia por la falta de unificación real como Nación, siempre en manos de reyes ineptos o de dictadores. Es conveniente remontarse a los siglos 14 y 15 para entender que estos lodos son consecuencia de aquellos polvos.

Retrocediendo a esos tiempos, aportaremos algunos datos que nos ayudarán a entender los anhelos de secesión de un número importante de ciudadanos y ciudadanas de este país.

 La casa de Trastamara era una dinastía que reinó en Castilla entre 1369 y 1504, en Aragón de 1412 a 1516, en Navarra entre 1425 y 1479, y también en Nápoles de 1442 a 1516. Con la muerte de Isabel I en 1504, y posteriormente de Fernando en 1516, finaliza su reinado y comienza una nueva etapa de monarcas de origen extranjero.

Previamente, para reinar en Castilla, Isabel tuvo que vencer la oposición de una parte importante de la nobleza castellana, principalmente la alta nobleza, que prefería la alianza de Castilla con Portugal, por lo que se pusieron de parte de Juana, llamada despectivamente la Beltraneja, lo que acabó en un enfrentamiento armado. Tras la batalla de Toro (1476), las Cortes de Castilla, reunidas en Madrigal de las Altas Torres, proclamaron reina a Isabel I.
A la muerte de Juan II, su hija Leonor heredó Navarra y su hermanastro Fernando, llamado el Católico, la Corona de Aragón, a la que pertenecía el territorio de la actual Cataluña. Con el matrimonio de Fernando con Isabel I de Castilla, celebrado el 19 de octubre de 1469, se estableció la unión entre estas dos Coronas.
Una vez que Isabel se afirmó en el trono de Castilla, reanudó la conquista del reino de Granada. Aprovechando que dicho reino se encontraba en una crisis dinástica entre el Sultán, su hermano el Zagal y su hijo Boabdil, comenzó la guerra por la conquista de este reino.
A pesar de ese matrimonio de los Reyes Católicos en 1469, ambas Coronas, Aragón y Castilla, conservaron sus  instituciones políticas, se mantuvieron las Cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda, aunque unificaron la política exterior, la hacienda real y el ejército.
Aparentemente, mediante pactos de interés o invasiones, se intentó la unificación territorial de España, pero la realidad es que se mantuvieron las identidades de cada uno de los reinos que conformaban las coronas de Castilla y de Aragón. Sus fueros y sus derechos fueron respetados.

Muerta Isabel en 1504, se atravesó por un periodo de sombras. Se inició una etapa de sucesiones y regencias: Juana, Felipe I, Fernando, Cardenal Cisneros, etc. Tras la muerte de Fernando en 1516, el trono recae finalmente en su hija Juana, conocida como Juana “la Loca”. Pero unos meses más tarde, Carlos, el hijo de Juana y de Felipe “el Hermoso”, se autoproclama desde Flandes rey de Castilla y Aragón.
Así, se inició un largo periodo dominado por reyes descendientes de monarquías extranjeras, algunos de los cuales eran desconocedores de la realidad política de los diferentes reinos que configuraban la península, incluido el de Portugal. Primero los Habsburgos y después los Borbones. Pero la situación socioeconómica y política de ese largo periodo desborda los límites de este breve escrito.

En resumen, Cataluña ha estado reivindicando la independencia desde el siglo XIV. En 1716, a raíz de la guerra de Sucesión, Felipe V, tras la promulgación del Decreto de Nueva Planta, derogó las leyes y las instituciones catalanas.  Cataluña, con altibajos ha mantenido la autonomía durante un largo periodo de tiempo, pero, según las investigaciones de expertos historiadores, Cataluña nunca ha sido legalmente independiente.


sábado, 12 de agosto de 2017

¿QUÉ PASA CON GASPAR Y BALTASAR?

Ya hace tiempo que dejé de creer en los RRMM de los textos apócrifos, como para creer en estos homónimos, de inestable posición política, que caminan de fracaso en fracaso. Por lo que nos cuentan, parece que quieren reinventar la izquierda, concepto ambiguo y trasnochado. Lo que hay en esa inconcreta franja política no les vale. Es cuestión de puro protagonismo y de intentar reparar esos fracasos anteriores, que no son pocos.
Cuando ocurren estas cosas, cuando aparecen nuevas formaciones, aunque sólo estén formadas por cuatro amiguetes, uno duda de si son grupúsculos organizados desde arriba, por los que mandan, o, sencillamente, son fruto de la ineptitud y del cúmulo de descalabros y frustraciones personales. En cualquier caso, lo que consiguen es desorientar a la ciudadanía y robarle un puñado de votos a otras organizaciones que tienen un significativo apoyo electoral. Con estos esperpénticos acontecimientos, disfrutan los reaccionarios y sufren quienes quieren presentar una alternativa a los gobiernos enemigos del pueblo.
El primero, Gaspar, fue elegido Coordinador de IU en la Sexta Asamblea, a la que asistí como delegado. Una combinación de la mala impresión que me produjo todo el proceso de compadreo, de la apatía de gran parte de los asistentes, de la discriminación de las bases, de la burocratización de la organización, de la deriva que la coalición iba tomando y de las direcciones que salieron de aquel acto me llevaron a dimitir como Coordinador local y como militante. Lo que allí vi era una pírrica pelea por aparecer en los órganos de poder de la coalición y la endogamia de quienes tenían alguna posición orgánica o institucional.
Llamazares aparecía como una figura gris, sin el carisma que requiere un puesto como el que consiguió entre los pactos de cloaca y la confabulación. IU fue de mal en peor durante su mandato, obteniendo los peores resultados de su historia en las elecciones de 2004 y 2008. En esta última convocatoria él fue el único diputado, junto a otro de Iniciativa per Catalunya.
Desde que fue sustituido por Cayo Lara, no ha dejado de “joder la marrana”. Creó un nuevo partido, “Izquierda abierta”, y se opuso a la alianza de IU con Podemos. Por lo que parece, no superó ser desplazado de la dirección, ni desaparecer de las listas para ser candidato al Congreso de los Diputados. No se ha resignado a ser un Diputado regional. Hay gente que no soporta el fracaso, aunque siga manteniendo posiciones de privilegio, muestra inequívoca de pobreza humana.

Y qué decir del otro, de Baltasar. Cuando fue expulsado de su puesto de juez, gozó de la solidaridad de amplios sectores sociales, en alguno de ellos, yo mismo, me encontraba. En mis escritos posteriores a aquel acto, no dudaba en ensalzar el atrevimiento y la valentía de esta persona, y en tratar de injusta la medida adoptada por el poder. Pero, poco a poco, mi opinión fue evolucionando hasta llegar al rechazo absoluto de sus anteriores y últimas actuaciones. Jamás entendí cómo este hombre no se defendió con mayor vehemencia. Tal vez le iba bien venderse como víctima y adquirir fama y dinero. Es como que aceptó de buen grado el veredicto, algo inaudito, sabiendo que la opinión pública estaba de su parte, salvo los sectores más recalcitrantes. Este también montó un “nuevo espacio político” (como lo calificó), Convocatoria cívica, que ha tenido el mismo éxito que la Izquierda abierta de Gaspar.

Por eso, ahora aparecen con esa nueva propuesta, “Actúa”, junto a otros disidentes de la unión y el deseo real de cambio. Viejas caras rencorosas e ignorantes que, consciente o inconscientemente, impiden el progreso a posiciones más racionales o, al menos, el intento para conseguirlo. Mi deseo es que todo esto no vaya más allá de una reunión de amigos ante las oportunistas cámaras de TV.

domingo, 25 de junio de 2017

NO LE DEMOS MÁS VUELTAS, ES CUESTIÓN DE TIEMPO

Es a comienzos del actual siglo cuando comencé  a manifestarme a través de escritos breves para analizar el actual sistema socioeconómico, esta manera de vida basada en la desigualdad. Al mismo tiempo he ido elaborando y revisando textos de mayor envergadura en forma de análisis y propuestas, desde una visión crítica. Al principio eran artículos enviados a diarios escritos, a políticos e, incluso, a amigos o amigas de ideario semejante. Más adelante, algunas publicaciones digitales me pidieron que les enviara mis reflexiones. Es cuando comienzo a escribir con un determinado ritmo, con la intención de cumplir ciertos plazos. A comienzos de la presente década (2011), abrí un Blog en el que he ido colocando mis escritos, a veces compartidos, otras en exclusiva. Además, como es lógico, voy guardando en un archivo, por orden cronológico, la mayor parte de los publicados. Allí figuran, al día de hoy, 150 escritos cortos a modo de artículos o “post”, es hora de hacer un punto de control o de romper definitivamente con el envío a las publicaciones con las que colaboro, al menos poner freno al ritmo actual de entregas. Los 100 primeros están recogidos en un libro, texto que será sustituido por otro al que se le añadirán los últimos 50. De esta manera, el trabajo con el título: “Artículos para pensar”, contendrá 150, con un número de páginas cercano a las 600.
Como en cualquier otra tarea, es la experiencia la que te va otorgando “oficio”. Los primeros escritos están cargados de ingenuidad. Poco a poco se ha ido imponiendo la visión realista de los acontecimientos, de los hechos y de los procesos. No sé, a ciencia cierta, si mi trabajo habrá servido para convencer o hacer pensar a muchos o a pocos, con las ideas que he intentado plasmar. De lo que estoy plenamente convencido es de que es a mí al que me ha ayudado para aclararme, para configurar una idea de la situación global, para perder del todo la ingenuidad que, poco a poco, ha ido despareciendo. El resultado al que he llegado no es posible plasmarlo con mayor precisión que con el enunciado del presente escrito: “No le demos más vueltas, es cuestión de tiempo”, algo que anuncié en un artículo anterior. Es hora de explicar esta expresión, a modo de conclusión, aunque, haciendo un seguimiento de estos 150 artículos a los que aludo, es posible concluir de igual manera.

Hace unos días leí en algún comentario, en las redes, que decía que la izquierda no ha gobernado nunca en Europa desde la segunda guerra mundial, por acotar el tiempo. Dato que comparto en su totalidad. Evidentemente, el autor del comentario y yo mismo entendemos por izquierda una opción política antisistema, anticapitalista y defensora de los intereses de la clase trabajadora. Impulsora de un modelo basado en la igualdad, la solidaridad, la justicia y la libertad. Cada vez que ha habido una intentona de enfrentamiento al sistema capitalista, este ha eliminado de raíz ese intento de cambio. Hasta la fecha, no ha habido en Europa una fuerza superior que lo haya combatido y lo haya derrotado. El caso más cercano en el espacio lo tenemos en la II República Española. La movilización ciudadana y los políticos progresistas fueron aplastados por un sanguinario golpe militar. En los años setenta, el PCI (Partido Comunista Italiano) llegó a ser la fuerza más votada en Italia. El eurocomunismo de Belinguer recorrió y creció por los países ribereños, pero no fueron capaces de formar Gobierno. La OTAN fue la excusa o el instrumento para impedirlo. El caso más cercano en el tiempo lo encontramos en Grecia. El triunfo electoral y el Gobierno de Syriza fueron derrocados “pacíficamente”, en este caso por la burocracia de la UE con el acompañamiento de las oligarquías europeas. Ahora no hace falta recurrir a la fuerza bruta, ahora la guerra se hace asfixiando económicamente a los “rebeldes”.

Por lo que parece, esta especie no sabe vivir conforme a esos principios de libertad e igualdad que hemos citado. Las pasiones negativas de búsqueda de poder a toda costa y la resignación para soportar todo lo que venga, se han impuesto y se han consolidado. Admitir por parte de las masas que tiene que haber poderosos y sometidos es, por el momento, una situación estable. El poder-pasión ha impuesto sus normas, sus leyes, sus gobiernos. Los mensajes y sus dictados han calado de tal manera que han conseguido la aceptación de que esta es la mejor forma de vida, asumiendo la mentira como dinámica de un modelo injusto e inhumano.
La falta de madurez intelectual de la especie impide un cambio a mejor para la mayoría. Por eso, es cuestión de tiempo, de mucho tiempo, para que lo que llamamos humanidad conviva de una manera más acorde con lo que algunos sectores sociales anhelan. Pero es posible, vamos estoy seguro, de que no lo veremos las diferentes generaciones que ahora llenamos este minúsculo planeta. Siento muchísimo cerrar esta tanda de 150 escritos con un mensaje poco alentador, pero los acontecimientos acaecidos a lo largo de la trayectoria de la especie, por desgracia, no invitan a pensar otra cosa.



REFLEXIONES Y CONCLUSIONES

Este es el penúltimo escrito de una tanda de 150 (*), recogidos todos en un archivo de mi “disco duro”. Cada cierto tiempo, cada bloque de artículos, me ha dado por hacer una especie de resumen. De esta forma, publiqué el número 30, de fecha 11 de abril de 2012, con el título “A modo de inventario”; el 72, de fecha 13 de enero de 2014, lo titulé “A modo de resumen”; el 100 (número redondo), del 13 de diciembre de 2015, aparecía como “100 Artículos para pensar”; por último, el 18 de abril de este año, volví a resumir las “Contradicciones y trasformaciones” en un “Sistema socioeconómico agotado”.  Tal vez sea mi perfil el que me aleja de la retórica y me obliga a sintetizar de vez en cuando. Aunque tengo que decir, desde la modestia, que en ocasiones mis ideas las he expresado en uso de ciertos estilos literarios, dando rienda suelta a la imaginación.
El escrito número 150, que ya lo tengo escrito, no quiero que sea un resumen, por el contrario el título es un anuncio-consejo  y quiero que se muestre como si fuera el primero de otra tanda, aunque partiendo de una idea central según la cual esta especie nuestra comienza un proceso evolutivo de superación, pero puede que éste sea tan largo y tan lento que no me dé tiempo a escribir el segundo artículo, en el que anuncie que la especie ha dado un paso hacia adelante para que de verdad se merezca la calificación de humana.

Por la razón expuesta, porque no quiero que el número 150 sea un resumen, es en este artículo 149 donde haremos una relación de ideas destacadas, recogidas en todos los anteriores. Reflexiones o conclusiones, a veces repetidas, que son fruto del análisis. A lo largo de estos seis años, como he señalado, hemos expresado el texto de diferentes formas: relatos o cuentos, silogismos, aforismos y, mayormente, de forma descriptiva a modo de breves ensayos, aunque siempre en aplicación de un método para el análisis, rehuyendo de la mera opinión, la conjetura o el “yo creo”.

1, El Sistema y el poder
-El poder real es el de la oligarquía, lo que convierte a los estados en plutocracias. El político, el judicial y el mediático son poderes delegados.

-El actual sistema está en crisis. La principal consecuencia es el incremento de la desigualdad y de la desatención de las clases más desfavorecidas.

-El anuncio de la separación de poderes es una burla.

-El poder y la sumisión son dos pasiones que minan la convivencia y frenan el progreso evolutivo.

-Poder y miedo: El miedo y el poder están en relación inversa. A más miedo menos poder y viceversa. Al poder actual se le combate con otro más fuerte. Las manifestaciones y protestas callejeras, las mociones, recusaciones y los controles parlamentarios no perturban la marcha del poder real.

-La corrupción y otros saqueos son hijos del poder.

-La acumulación de riquezas, y la aparición de “paraísos fiscales” son causa de la flaqueza intelectual de algunos que aún no han desarrollado esa parte del cerebro llamada córtex, aquella que nos distingue de otros mamíferos. Este punto bien podría incluirse en el último bloque: Esta especie nuestra.

-Los que tienen el poder tratan de mantener una amplia franja de seguridad para proteger sus intereses y su riqueza. Por lo tanto, cuando barruntan que su poder puede quebrar, no dudan en tomar medidas desorbitadas y desproporcionas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir.

-En conclusión, la especie, mal llamada humana, no es capaz de superar un sistema como este: injusto, irracional, inhumano y cruel.

2. Política
-Ruptura del modelo político: la alternancia bipartidista ya no funciona como estrategia. Este tipo de democracia cada vez es más cuestionado. Tampoco funciona ya el artificial binomio izquierda-derecha. Cada vez menos se hablará de esta división, aunque los políticos se empeñen en mantenerlo.

-Europa está políticamente dislocada: la Socialdemocracia ha pasado a la historia, aparecen los fascismos, en algunos países con fuerza. El sistema busca una nueva fórmula estable que siga defendiendo sus intereses, pero de momento nos movemos dentro de una laguna de arenas movedizas. Sus deseos apuntan hacia la hegemonía de un solo partido, apoyado por otros sin ideario propio, y una débil oposición. Pero otros elementos de carácter ecológico o medioambiental, ajenos a las relaciones sociales, pueden variar el rumbo de sus deseos.

-En lo concreto, en España, El PP se puede convertir en ese partido único que gobierna y seguirá gobernando con el apoyo de PSOE y Ciudadanos (lo que se ha dado en llamar partidos “muleta”) y una débil oposición de Podemos. Sólo el derrumbe absoluto del PP (posibilidad remota, a pesar de la corrupción) podría propiciar la unión de PSOE y Podemos como opción política para formar gobierno, aunque inestable y muy laborioso por su parte, mientras se mantenga activo el sistema.

-El centro político no existe. Quienes presumen de ocupar ese espacio ficticio son los grupos más reaccionarios. Otros grupos lo utilizan como táctica para suavizar su posición. Así, algunos se definen como centro-derecha y otros como centro-izquierda. Pero, como hemos señalado, ni izquierda, ni derecha definen las políticas que ponen en práctica. Con mayor propiedad deberíamos hablar de prosistema (en defensa de los intereses de los ricos) y antisistema (en busca de un sistema más justo). 

-En este país, el PSOE ya no podrá ser jamás fuerza mayoritaria. Su impostura ha relegado a los partidos mal llamados socialistas a ser formaciones a la deriva en toda Europa. En estos tiempos que corren, el PSOE no podrá tocar poder sin contar con Podemos, aunque la reciente historia, la soberbia y la frustración les traslada al mundo de lo onírico.

-El sistema socioeconómico y el modelo político no se pueden cambiar desde dentro del propio modelo.

3. Sociedad
-La clase media no existe. El sistema ha generado una serie de términos que definen situaciones y estados virtuales entre los que destacan: estado de bienestar y clase media. Con ello pretende desligar a las clases trabajadoras de su realidad, alejando a sus integrantes de su condición de clase explotada y haciendo que pierdan esa conciencia de clase de la que, en otros tiempos, eran conscientes. Y bien que lo han conseguido.

-En consecuencia, se han impuesto los valores y la ideología de la clase dominante. Valores tales como el deseo de igualdad, la solidaridad y la fraternidad, recogidos en ese ideario de lo que se conocía como izquierda (la izquierda real de antaño) han sido sustituidos por la envidia, el egoísmo, la ambición, la insolidaridad, el miedo, la inseguridad y, en el mejor de los casos, la indiferencia.

-Hay dos Leyes sociales de cosecha propia: La Ley de la codicia y la Ley de la  instrumentalización. Revisables, y fácilmente mejorable su definición y desarrollo.
Ley de la Codicia: el afán de enriquecimiento es proporcional a la riqueza que se posee, lo que denota una enorme pobreza humana.
Ley de la Instrumentalización: a cada individuo o a cada grupo social le corresponde una asignación monetaria, o una recompensa, que es función de la posibilidad de instrumentalización que el sistema puede hacer de él o de ella para alienar, adormecer o, en suma, para mantener o incrementar la situación de desigualdad entre ricos y pobres.

4. Medios
-Los medios de comunicación siempre han sido un instrumento en manos del poder, junto a otros tales como una controlada forma de educación para la fácil integración en el engranaje social, el modelo político y  otras tantas técnicas alienantes. Las religiones siguen siendo, aún, una buena herramienta enajenante.

- Los medios de comunicación cumplen a la perfección las funciones encomendadas: la manipulación, la intoxicación y la de hacer creer que si algo no aparece en las pantallas de TV no existe. La TV y el fútbol son una excelente combinación para embrutecer y alejar a las masas de la injusta situación social y económica.

-Los dueños de las cadenas de radio y TV privadas o de los diarios escritos son grandes grupos financieros o empresariales, pertenecientes a la oligarquía.

-Los medios públicos están en manos  del grupo que gobierna, ya sean de carácter estatal o autonómico (en España).

-Los más peligrosos medios son aquellos que muestran una imagen escorada a la “izquierda” con la intención de captar a ciertos sectores sociales. Son lobos con piel de cordero. Pero cada vez engañan a menos gente. En este país nuestro son dos cadenas de TV: la Cuatro del grupo Mediaset y la Sexta del grupo A3media.

-El consuelo lo hallamos en ciertos medios digitales, ajenos al poder real, pero, ojo, es conveniente seleccionar entre toda esa amplia oferta. Desde una óptica de progreso, conviene descartar, por ejemplo: El País, El Independiente, Vozpopuli u OKdiario. Con otros tantos hay que andarse con pies de plomo.

5. Esta especie nuestra
-Pasiones. Somos una especie que estamos dominados por las pasiones en detrimento de la razón, herramienta exclusiva y necesaria para convivir y entendernos con el medio natural del que procedemos y compartimos. He aprendido de E. Fromm que son dos las pasiones que esta especie practica para vincularse con el resto de seres vivos: el poder y la sumisión. Pero en ambos casos, los individuos que necesitan recurrir a ellas están llamados al fracaso.

-La causa principal por la que la vida trascurre de espaldas a lo que sería una fórmula racional de convivencia es la aún inmadurez intelectual de nuestra especie, dominada por la enajenación y la ignorancia, y en nuestros días, por la indiferencia, el miedo, el desconcierto y la inseguridad, hijas, todas ellas, de esa ausencia de madurez.
Inmadurez de los “arriba” por manifestar ese afán de enriquecimiento sin poner límites, inmadurez de las clases más o menos “acomodadas” por imitar a los que más tienen. Inmadurez de las clases más oprimidas por no ser capaces de luchar, cuando las circunstancias lo permiten, para subvertir el sistema en el que esos sectores son los perdedores; inmadurez por no haber mantenido los logros alcanzados en algún momento; inmadurez por aceptar y adoptar los esquemas y la ideología de las clases dominantes, y por dejarse embaucar por los poderosos a través de los políticos y los medios de comunicación. Inmadurez, en suma, de la sociedad en su conjunto por estar como estamos, cuando cabría la posibilidad de vivir y convivir con arreglo a los dictados de unos determinados valores, descubiertos hace ya bastante tiempo, cuya puesta en práctica nos haría de verdad humanos y, por otro lado, de mantener la conveniente armonía con el entorno natural.

6. Así está el patio
Permítaseme terminar con un vulgar relato (me apetece) que refleja la realidad laboral con una clara proyección sobre todos las demás dimensiones sociales. Así está el asunto laboral, la solidaridad, el miedo…
A una amiga, dependienta de uno de esos supermercados más extendidos por estas tierras, le cuento que “estoy jodido porque han echado, por las buenas, a otro dependiente con el que yo mantenía una buena relación”. Y añado: “si le han echado injustamente, este establecimiento  debería cerrarse (en huelga) hasta su readmisión”, a lo que esta amiga dependienta responde: “mira Antonio, si uno para, el otro no (como queriendo decir que no existe ni unión, ni solidaridad, sino por el contrario miedo) y nuestros hijos –añade- tienen que comer todos los días, así que déjame de historias”. Yo termino diciendo: “Estas cosas no pasaban en otros tiempos”.

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(*) Gran parte de los 150 artículos se encuentran en la siguiente URL: http://ajgilpadilla.blogspot.com.es/


miércoles, 14 de junio de 2017

DELFINES Y TIBURONES

Hoy siento una tristeza extrema. Jamás me había sentido así por un asunto de carácter político, y eso que uno ha pasado por trances de toda índole: represión, persecución, falta de libertad, miedo. Bueno, acabo de recordar otro hecho, otra fecha en la que la pena, la rabia y la impotencia me invadieron. Me refiero a los hechos ocurridos el 27 de septiembre de 1975 cuando una sanguinaria y moribunda dictadura asesinó a cinco jóvenes acusados de terrorismo, sin que se encontraran pruebas de los presuntos delitos. Tal vez el único nexo entre aquella atrocidad y el hecho por el que hoy me siento triste sea la juventud y el impetuoso deseo de cambio.
Hoy es un día triste, después de finalizadas esas sesiones parlamentarias en las que se dirimía una Moción de Censura propuesta por el grupo Unidos Podemos contra el actual Gobierno del Partido Popular. Los resultados, como suele ocurrir en todos estos casos, ya se sabían de antemano: 82 votos a favor, 170 en contra y 87 abstenciones. Alguien que se supone se encontraba en el bloque de la abstención, se ausentó, tal vez por vergüenza, abochornado dejó su escaño vacio. La abstención es una postura cobarde, ambigua, escurridiza, insulsa. La abstención habría que anularla como opción, debería desaparecer, sobre todo en las Cámaras parlamentarias. En el sueldo va el compromiso y la definición política de cada uno de los individuos que allí se reúnen. ¿Qué pensarán quienes votan a formaciones políticas que se abstienen en decisiones tan importantes como las acontecidas en estos dos días de junio? Los ciudadanos votan para que sus representantes decidan y se pronuncien con un sí o con un no.
Obsérvese que el actual apoyo parlamentario al actual Presidente del Gobierno es minoritario. Que la suma de votos a favor de la moción de censura y los de la abstención son suficientes para que la moción saliera adelante. El PSOE se ha abstenido, tal como hizo en la sesión de investidura de Rajoy. Dos abstenciones en un corto periodo de tiempo, en dos asuntos de vital importancia política. Difícil mantener el equilibrio entre la crítica al gobierno actual y la negativa a la moción, porque, al fin y al cabo, es una negativa a la propuesta, y el apoyo a la fuerza política que, aunque minoritaria, gobierna, y todo debido a esa ambigua postura del PSOE,  tan jugosa para Rajoy y los suyos.

Escribo en caliente, deprimido, embargado por esa tristeza. En la tarde del día en la que se ha perdido la moción. Mi posición política no es exactamente la de Unidos Podemos, pero siento en lo más profundo la derrota de un grupo limpio, no contaminado, tal vez ingenuo. Los Tiburones se han comido a los Delfines. Estas son las cosas que te hacen aborreces esta política de pacotilla, de golfos de colmillo retorcido, al servicio de la oligarquía con la que juegan a corromper y a corromperse.

Juego pueril. A los niños y niñas se les permite jugar, para eso son niños, pero a los Tiburones de colmillo retorcido habría que cesarles de inmediato cuando muestran un comportamiento tan ridículo y una tan exagerada baja talla intelectual, pero es que, tal vez, no den más de sí. El Parlamento convertido en jauría. Jauría, y digo bien: perros  de los malos, adiestrados (vaya por delante mi cariño por la mayoría de los animales de esta especie) para el escándalo y el bullicio. Perros de presa o tiburones, en cualquier caso, animales sanguinarios. El pueblo llano les importa una mierda, hay que hacer sangre cuando les sueltan, cuando los de arriba les achuchan. ¡Vaya representantes!

Lo del PSOE no tiene nombre. Un Secretario General desaparecido: hay que estar callado al menos hasta el fin de semana que tenemos Congreso, no vaya a ser que, si muestro ese perfil “rebelde” de los últimos tiempos, me vuelvan a largar por segunda vez, pensará el hombre. Un portavoz provisional y un grupo parlamentario desquiciado: ¿qué tendré que decir ahora? Se preguntan sus diputados cada vez que hay que votar asuntos de importancia. ¿De dónde vienen las instrucciones? El propio Secretario General elegido, laminado y vuelto a elegir (reelegido) confesó que venían de arriba, de la oligarquía.
No pueden soportar que otros les “pisen la manguera”, que otros tomen la iniciativa que creen que a ellos les corresponde, pero ¿quién se lo impide? ¿O es que de verdad se lo impiden?

Los de Unidos Podemos convertidos en Delfines, jóvenes, suaves y cercanos. Ingenuos. Sobrados de ingenuidad, aunque con recorrido político. Herederos de una cultura de lucha y reivindicación. La posibilidad numérica de presentar una moción de censura, les ha cegado. Deberían haber reflexionado, siendo conscientes de que el PP no está solo, que ahora, y en el futuro más cercano, el panorama político en este país se presenta como una alianza, más o menos pactada, formada por PP, PSOE y Ciudadanos, frente a una reducida oposición formada por ellos mismos, por UP, y algún que otro grupo nacionalista.

A medio plazo, la salida a la cuestión catalana es una incógnita. ¿Podría generar algún cambio a nivel general? De cualquier forma dejad, se lo digo a los de UP, que se coma el “marrón” el actual Gobierno y, en todo caso, lo reparta con sus compañeros de viaje.