miércoles, 25 de marzo de 2020

ÉRASE UNA VEZ


Publicado el día 22 de octubre de 2012 en este Blog, en varios portales, revistas y en el texto colectivo CIUDAD ONIRIA

¿Qué clase de personas necesita nuestra sociedad? 
Necesita hombres y mujeres que cooperen sin rozamientos en grandes grupos, que deseen consumir cada vez más, y cuyos gustos estén estandarizados y fácilmente puedan ser influidos y previstos.
Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, a ningún principio, a ninguna conciencia; pero que quieran ser mandados, hacer lo que se espera de ellos y adaptarse sin fricciones al mecanismo social. (E. Fromm)

Nos encontramos  lejos de la realidad pasada, no sabemos con certeza dónde estamos ahora. Tal vez esto sea pura fantasía, quizás estemos en una burbuja que vaga por un mundo imaginario. La inacción, la indiferencia y el miedo, sobre todo el miedo, son los motivos por los que nos encontramos así. Hemos llegado a tal situación por la vía del aturdimiento, lo que hace que gran parte de nuestra memoria haya desaparecido. Sólo queda el difuso recuerdo de aquello que nos ha traído hasta aquí, lo que permite narrar a los que no lo vieron lo que fue un mundo enloquecido dirigido por unos enfermos de codicia a los que una estúpida manera de vida se les fue de las manos.

Mirad -les dice uno de aquellos supervivientes a los que no lo vivieron- la hipocresía, junto a tantas otras miserias, impregnaba múltiples dimensiones vitales en aquel lugar, convirtiendo a la sociedad en masa,  en un conjunto de individualidades necesitado de ser guiado para malvivir. Regía aquella malintencionada regla de la psicología  según la cual la inteligencia es la capacidad de adaptación al medio, y bien que nos adaptamos. Poco a poco, se fueron perdiendo algunos valores que en tiempos muy remotos nos permitieron convivir como seres más racionales, pero la solidaridad y la conciencia social se fueron trasformando en incomunicación, en indiferencia y en cada uno a lo suyo, imitando a los que tenían el dinero.
Las capacidades intelectuales fueron decayendo, de manera que cada vez era más difícil comprender, analizar la realidad con certeza y librarse del engaño. Los medios de comunicación, con su machacona y repetitiva función, jugaron un papel fundamental en ese encargo encomendado para anular el pensamiento propio.
Algunos que se empeñaban en aportar un poco de luz  sufrían el desencanto por la imposibilidad de “calar” en las cada vez más ausentes conciencias y en ese nulo pensamiento de gran parte de los individuos de aquel tipo de sociedades. Se daban cuenta de la dificultad que tenían para romper con lo establecido, con lo que era considerado políticamente correcto. Y lo correcto era asumir un modelo político formado por truhanes que defendían los intereses de un sector minoritario, estaban ahí para eso. Pero todos los elementos que formaban parte de esa mentira se fueron corrompiendo, y las estructuras, como no podía ser de otra manera, se derrumbaron, y cuando algunos se dieron cuenta ya era tarde para reconstruirlas.
Toda aquella aceptación de lo establecido, o la búsqueda de ingenuas e ineficaces alternativas, se debía al miedo a enfrentarse a una situación real que nos asfixiaba, pero que preferíamos ignorar, escondiendo la cabeza bajo el ala, o refugiándonos  en guetos que nos aislaban de esa realidad, y  en enajenantes distracciones normalizadas que intencionadamente ponían  a nuestra  disposición.

No supimos poner remedio a esa deriva que nos ha traído hasta aquí -pensaba el narrador- ahora en solitario. El sistema generó fenómenos con vida propia que se sobrepusieron, incluso, a los que creían que tenían el control absoluto.
Tuvimos la posibilidad de caminar hacia un mundo mejor que aquel que se corrompió, aquel que  por nuestra pasividad dejamos que se corrompiera. Esta especie nuestra desbordó los límites de la irracionalidad en la que vivimos durante tanto tiempo. Estamos aquí, en esa burbuja a modo de incubadora con la confianza y el deseo de que renazca una especie renovada, una especie que de verdad pueda ser considerada, con razón, humana.

domingo, 8 de marzo de 2020

LA FELICIDAD


Esta especie nuestra camina de la mano de pasiones, sentimientos, emociones y sensaciones, algunas o algunos reales, pero otras u otros virtuales. La razón, en un estado incipiente, está limitada, en su empleo, tanto en calidad como cantidad. El poder, la sumisión, el miedo y la inseguridad son el engrase de un estado de dominio y de desigualdad. Sin embargo, otros estados son inventados con el fin de mantener un nivel de primitivismo que subyace bajo esa realidad vital de siempre y, particularmente, de ahora. De entre todos ellos sobresalen el amor y la felicidad. Son ilusiones que tratan de enmascarar la cruda realidad. Al amor ya lo hemos tratado anteriormente: “Desmontando el amor”. Es ahora el momento de tratar, brevemente, la felicidad.
La mayoría de las definiciones encontradas, coinciden en que la felicidad es un “estado de ánimo”, y lo identifican, a veces, con la satisfacción, porque no han encontrado una definición precisa. ¡Claro!, porque no es posible definir algo que no existe o nunca se ha sentido realmente. Los diccionarios, son tan ambiguos aquí como en tantos otros casos.

La felicidad es una ficción sin referencia, cuyo límite nominal va cambiando en función del grado de satisfacción. Además, ese deseo de felicidad ficticia nunca se alcanzaría, porque en paralelo a ese deseo de felicidad le acompaña la sensación de insatisfacción por no llegar nunca a esa meta volátil.

Si asumiéramos que la felicidad fuera un sentimiento real, concluiríamos, en términos matemáticos, en que es una magnitud derivada. Es decir, para mantener un valor estable de felicidad, la satisfacción debería ser creciente. A una magnitud creciente linealmente le corresponde una derivada constante.
Tal vez esa sea la razón por la que existe el afán de enriquecimiento, la codicia. En búsqueda de la felicidad nunca se alcanza el límite de riqueza deseado porque cuando se llega a un cierto nivel se busca otro superior.

Microrrelato:
Érase una vez una mujer o un hombre, qué más da, que gozaba de grandes ingresos sin grandes esfuerzos ni físicos, ni intelectuales, pero se resistía a contribuir con arreglo a las normas marcadas por el Estado, por lo que utilizaba todas las trampas a su alcance, asesorada o asesorado por sinvergüenzas que también buscaban el enriquecimiento fácil. Era la manera al uso de buscar la felicidad. Ahora tengo 1000, creía estar satisfecho, pero quiero tener más para ser feliz, se decía a sí mismo. Nunca encontraba la forma de frenar esa carrera, marcada por la avaricia, porque no era feliz. ¿Estaría, al menos, satisfecho? Aparecen aquí todas las dudas.
Ese desenfreno por acumular más y más le acarreó una ceguera que le apartó de la realidad, de las más elementales normas cívicas. Pero un día apareció el miedo al posible castigo que podría sobrevenir. Y llegó el día. Los agentes encargados de pedir responsabilidades le “pillaron”. Después del correspondiente proceso a través del que se le pidieron que aclarase sus cuentas, perdió todas esas riquezas que él creía que le llevarían a esa felicidad que nunca consiguió, se hundió en la más absoluta depresión, en esa profunda tristeza que puso fin a esos días que su ambición le alejaron de una vida placentera entre pares.
Moraleja: En ocasiones ocurre que buscando aquello que anhelas termina por destruirte.   

La búsqueda de esa felicidad que no llega encierra una carga de egoísmo, equiparable al deseo de acumulación, al de la obtención de riqueza, de fama. Todo lo contrario al deseo de una sociedad solidaria y fraternal. El estéril esfuerzo por alcanzar esa meta destierra el fomento de la conciencia personal y colectiva. La felicidad, como la esperanza en la salvación, proclamada por las religiones, son metas inalcanzables, pero ofrecidas a una especie persuadida.
Lejos de la imaginación, de la fantasía, de la manipulación un estado de ánimo placentero sería posible desde una perspectiva muy diferente a la propuesta por las clases dominantes. Por una parte, se debería buscar el bienestar colectivo. Por otro, sería suficiente con encontrar la tranquilidad y la satisfacción por la cordial relación social, por el trabajo realizado en beneficio de la colectividad, por gozar de unos beneficios prestados por el Estado, etc. ¿Cómo es posible ser “feliz” con tanta desigualdad, con tanta miseria, junto a otros mundos de opulencia, de riqueza innecesaria?

(*)Pasiones, sentimientos, emociones y sensaciones.
En esa ambigüedad lexicográfica y falta de concreción de los diccionarios al uso, incluido el de la RAE, es difícil distinguir con claridad cada una de esas acciones o estados a los que nos hemos referido. He aquí un intento de aclaración:
-Pasión es una acción duradera que pone de manifiesto determinados comportamientos con el prójimo. Ejemplos: poder, sumisión, entrega, cariño.
-Sentimiento, es un estado profundo que se proyecta en las conductas en relación con los demás, con las otras especies y con el medio natural.
-Emoción es una acción temporal causada por algún hecho ajeno a uno mismo.
-Sensación forma parte de la intuición, de lo que se pueda intuir, pero sin que se manifieste con nitidez.


domingo, 26 de enero de 2020

LA FORMACIÓN Y LA VIDA



Una de mis tareas más importantes ahora es la rutinaria ida y venida, diaria, para acompañar al colegio a uno de mis nietos. En la espera, en la puerta, nos reunimos un grupito de abuelos y padres de todo tipo de tendencias, y, allí, celebramos unas mini asambleas en las que discutimos sobre la actualidad política. Aunque nunca llega la “sangre al río”.
Pero lo más interesante son las conversaciones que nieto y abuelo mantenemos en esas idas y venidas. “Mira abuelo ese arco iris” -me decía el otro día-. ¿”Dónde se encontrará el inicio”?, le digo a modo de pregunta trampa. “No se puede llegar a él” -me dice- “¿sabes que desde un helicóptero se cierra y se ve como una circunferencia”? -continúa- “Pues la verdad es que no lo sabía” -respondo-.
Otro día hablamos de elefantes, de las diferencias entre los africanos y los asiáticos. Otro sobre las galaxias. “¿Sabes que EEUU quiere comprar una isla” (no sabe bien el nombre de la isla: Groenlandia)  -me dice-. Y así día tras días, entre datos y preguntas.
Le pregunto que de dónde saca toda esa información. No me responde con nitidez. Tal vez TV, Internet, libros de lectura, conversaciones, etc., porque en la búsqueda en la Web se mueve como pez en el agua. Algo bueno debe tener el uso de los artilugios digitales, a pesar de la crítica que los mayores hacemos de ese uso, tal vez abuso. Esta es la vida real.
Luego en casa nos toca hablar de las tareas que trae. Nada tiene que ver con nuestras conversaciones. Cuentas de división de dos cifras en el divisor, determinantes y pronombres posesivos, etc. Está en quinto de primaria. Antes, en cursos anteriores, otros algoritmos más elementales. Uno, desde su madurez, comprueba que la actividad educativa, y sus objetivos, son idénticos a los de hace 60 años. Hoy coches eléctricos, satélites a Marte, Internet. Sin embargo, la formación, a todos los niveles, se encuentra estancada, al menos en este país nuestro, en un mundo con un cambio tecnológico permanente y exponencial.

En cerca de 200 artículos o post en mi Blog no he dedicado ni uno a estos asuntos educativos, aunque en otros trabajos más amplios me he explayado. Publiqué primero un texto, a modo de trabajo de investigación, titulado: “Un nuevo modelo educativo para la superación de un sistema socioeconómico en crisis” (https://www.bubok.es/libros/17498/UN-NUEVO-MODELO-EDUCATIVO-PARA-LA-SUPERACION-DE-UN-SISTEMA-SOCIOECONOMICO-EN-CRISIS), y, luego, un capítulo de unas 40 páginas en “Los límites de la irracional” (https://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico).

A día de hoy, sigue vigente el principio básico de que en lo educativo se trata de “transmitir el conocimiento”, y la actividad limitada a  la exposición en el aula de un profesor o profesora de los contenidos recogidos en libros de texto. Esta idea se ha incrustado en la sociedad, y seguro que es compartido por amplios sectores ajenos a las propias tareas educativas, aunque, también participan de ella los propios docentes: la mayoría. Sálvese quien pueda. Y el lector se preguntará: ¿y si no es eso, cuál debería ser la finalidad? Previo a responder a la pregunta, señalar que hace 60 años la principal fuente de información (el conocimiento) era la escuela, pero ¿hoy?
La tarea docente, hoy y siempre, debería ser el integral desarrollo intelectual de las personas (luego me explicaré), pero esto encuentra grandes dificultades en el sistema capitalista si no cambian, a la vez, otras dimensiones como son: el reparto de la riqueza, la organización social, el modelo productivo, pero, claro, esto supondría una transformación radical del sistema. En consecuencia, al Poder le interesa un modelo educativo como el vigente para moldear a los individuos y asignarles el papel social y laboral a su gusto, al gusto de la oligarquía.  “El sistema capitalista necesita personas que cooperen sin pensar, individuos que quieran ser mandados, hacer lo que se espera de ellos y adaptarse sin fricciones al mecanismo social” (E. Fromm).

El desarrollo integral, grosso modo, consiste en adquirir o potenciar capacidades tales como la creatividad, el razonamiento y la resolución de problemas (no ejercicios). Estas capacidades, bien desarrolladas en un campo concreto son transferibles a otros tantos.
Dicen los expertos que existen dos componentes de la inteligencia: la fluida y la cristalizada. La primera es aquella que surge de la dotación genética, pero la inteligencia es una facultad dinámica que puede modificarse en función del adiestramiento. La cristalizada es aquella que se desarrolla con la formación adecuada, de manera que es posible alcanzar cotas semejantes en un colectivo si el proceso de aprendizaje es el adecuado. Pero también puede ocurrir que si la formación es la inadecuada, no hay desarrollo, por el contrario, la fluida puede sentirse afectada para mal. Esto es lo que ahora se pretende para conseguir esa docilidad a la que nos hemos referido anteriormente.

La formación superior  en España, y sus aberraciones
Aún manteniéndose los objetivos del actual sistema socioeconómico, en el que lo que destaca es la obtención de beneficio y la acumulación, los cambios en la actividad laboral se producen por tramos en el tiempo, dependiendo del cambio tecnológico, siempre en base a la obtención de ese beneficio de unos cuantos. Esta dinámica da lugar a la destrucción de valores innatos y a la sustitución de éstos por otros miserables que flotan en el ambiente (aquí recurro a Rouseau), de manera que al moldeo de la inteligencia fluida, o tal vez por ello, aparece en el ciudadano el deseo generalizado de adquirir riqueza. Pero esto es otro asunto.
La formación universitaria adolece de los mismos defectos de los niveles previos, pero en forma superlativa. La desconexión entre alumnado y profesor es prácticamente total y el desconocimiento pedagógico del profesorado es absoluto, además, ni les preocupa.
En sociedades como la nuestra, sobre todo en España, las titulaciones universitarias se han devaluado enormemente por razones que comentaremos más adelante; sin embargo, aquí esta etapa educativa sigue manteniendo un carácter clasista, heredada de la época de la Dictadura. Con escasa diferencia curricular, 7 u 8 asignaturas, no profesionalizadoras, los títulos se clasificaban en Diplomaturas y Licenciaturas, o entre Ingenieros superiores y técnicos. Luego el empleo limaba esas discriminaciones y los puestos de trabajo se ocupaban indistintamente. Eso era antes, ahora el desajuste entre formación y empleo, y el paro han devaluado, aún más, un título universitario.
El Plan Bolonia, con un carácter cosmopolita y unificador, ha intentando romper con ese absurdo clasismo de esta sociedad carpetovetónica. Pero aquí, se resisten a abandonar diferencias, así se han inventado un nuevo itinerario con varios fines: devaluar los Grados, mantener los mismos años de docencia que antes y, no lo despreciemos, obtener pingües beneficios. Ahora parece que no eres nada con el nivel de Grado, es necesario hacer, al menos, un Máster para completar la titulación. De esta manera, se cae en la aberración y el absurdo. Por ejemplo, En ingeniería los Grados se clasifican por especialidades. Un máster se caracteriza por ser una etapa de mayor especialización. Sin embargo, han definido un Máster para alcanzar la categoría de Ingeniero Industrial, mucho más generalista que cualquiera de las Ingenierías de Grado. El mundo al revés. No sé si me explico.

Los estudios universitarios nunca han cumplido con la misión de profesionalizar a los alumnos, pero lo de ahora colma el vaso de la ineficacia. El desarrollo tecnológico, en un cambio exponencial, ha dejado sin contenido los anteriores perfiles profesionales, de manera que, por los cambios en la producción y los servicios, no se sabe cuáles serán las necesidades laborales a medio y largo plazo. Sólo nos atrevemos a pronosticar que es la informática, con carácter general, y el Big data y la seguridad informática, en particular, lo que laboralmente tiene futuro.
Por lo tanto,  los estudios de carácter terminal, como son los universitarios, de cara a ese incierto futuro, deberían tender a definir perfiles generalistas en los que se desarrollaran capacidades en forma de habilidades del pensamiento, que permitieran adaptarse a los cambios y a las futuras ocupaciones. Pero esto es como pedir peras al olmo. El futuro no está escrito por lo que lo único que podemos pensar es en aquella expresión vulgar: “que dios nos pille confesaos”. Pobres los nietos a los que ahora les obligan a resolver algoritmos que nada tienen que ver con su vida real.

jueves, 2 de enero de 2020

EL INDEPENDENTISMO NO ES DE IZQUIERDAS (Acerca de lo que es izquierda política, y lo que no)

En la presente legislatura, la reivindicación independentista catalana se ha convertido en la pieza clave para la constitución, o no, del Gobierno del Estado español, después de las intentonas frustradas en verano, con una posición más ventajosa, entonces, para el PSOE y Podemos.
El apoyo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) se solicita para agrupar a las formaciones, supuestamente, de izquierdas, pero, como explicaremos, ni esas formaciones son de izquierdas, lo que entendemos por la izquierda real, ni el independentismo, la secesión, tiene cabida en las tesis de la izquierda, siempre que en la parte segregada se mantenga el mismo sistema socioeconómico de clases, como ocurriría en Cataluña.

El uso y abuso del término
Democracia, izquierda, derecha y otros términos de carácter político están en boca de unos y de otros de manera permanente, vaciándoles de contenido, y haciendo uso y abuso de ellos en cualquier contexto, y dando lugar a expresiones inconsistentes y sin sentido. Así,  se oye decir en boca de políticos, por ejemplo, expresiones tan estúpidas como esta de “vergüenza democrática”, sin que el autor o autora sea capaz, él o ella misma, de saber lo que ha querido decir. La ineficacia y la ineptitud se intentan enmascarar con expresiones hueras, porque la especie nuestra tiende a la simplificación. 
La palabra izquierda es, en nuestros días, un paraguas bajo el que se cobijan diferentes “faunas” de talante pseudoprogresista que se han granjeado cierta imagen por el mero hecho de autodefinirse como de izquierdas. Allí, en esa falsa izquierda, caben también los llamados “intelectuales” que firman manifiestos, escriben artículos o libros, y hasta políticos reaccionarios y resentidos que han perdido sus puestos de privilegio. Individuos que no tienen una idea clara de lo que pudiera ser una izquierda real. Personas oportunistas que se quedan exclusivamente en lo estético, o tal vez ni eso, porque algunos se han quitado la careta y rezuman fascismo, el fascismo contenido en épocas de mentiras y oportunismo político.
El binomio izquierda-derecha, y su adscripción a uno u otro bando abren un debate que me atrevo a abordar aquí.

Qué se entiende por izquierda
Es conveniente, antes de continuar, abordar esta cuestión de orden nominal para poder entender, en adelante, quienes son los que, abusando del prestigio y significado histórico de unas siglas o del término izquierda, engañan a la ciudadanía para beneficio propio. Es necesario desde este momento preguntarse: ¿es apropiado seguir hablando en la actualidad de izquierda y derecha como verdaderas propuestas políticas opuestas en sus principios y en su desarrollo político?, ¿no sería conveniente utilizar otro binomio más clarificador, dada la mala utilización y el abuso de los citados términos? De no ser así, sería necesario recuperar el verdadero significado que la palabra izquierdas tuvo en algún momento de la historia para ubicar en ella a las fuerzas antisistema (capitalista), y situar en la derecha a todos aquellos partidos integrados en el sistema que participan en este juego y defienden los intereses de la clase dominante.

La verdadera izquierda podría definirse como  la “superación  del capitalismo y el avance hacia una sociedad sin explotación y sin alienación, hacia un socialismo concebido como la plena realización de los derechos humanos y la profundización de la democracia”, como promulgaba alguna vez IU en sus estatutos, aunque luego no lo haya llevado a cabo nunca a través de su acción política.

La izquierda en la historia
En algún tiempo, entre la espacialización (ubicación física en las cámaras), las ideas y la terminología política existía un evidente y correcto acomodo, clasificándose todas estas dimensiones en expresiones diferenciales, simétricas y antagónicas: izquierda y derecha. A raíz de las revoluciones de finales del siglo XVIII, la izquierda  real, representada o no por formaciones políticas, se ha caracterizado por la lucha para intentar conseguir cambios, aunque nunca lo haya conseguido, y la derecha por conservar el estado de cosas existentes. Por esta razón, esa izquierda -no representada, actualmente, por ninguno de los grupos políticos- ha sido siempre (y deberá seguir siendo para mantener el epíteto de real) revolucionaria, y la derecha contrarrevolucionaria por su oposición a profundas transformaciones económicas y sociales. La principal misión de la izquierda, en esta época (y en todas), debería de ser aquello que se recoge en la definición del apartado anterior.
Es claro y manifiesto que, a pesar de sus enunciados ideológicos, hoy día tanto lo que se llama izquierda parlamentaria, así como la derecha, forman parte de una misma estrategia conservadora ya que admiten el mismo modelo económico y la misma forma de organización social (o antisocial) establecida en clases  de ricos y pobres.  Es evidente que la práctica política, como he señalado, ha vaciado de contenido el término “izquierdas”, engañando al electorado que, por simplificación, ingenuidad o ignorancia, siguen fieles a ese aparente dual esquema de izquierda-derecha. Desgraciadamente ni el PSOE, ni IU, ni Podemos, ni –por supuesto- ERC, fuerzas políticas que operan en el estado español, pueden ser calificadas de izquierdistas, en el sentido auténtico y genuino de la expresión, tal como lo hemos definido, entrando en flagrante contradicción  su autoubicación y sus soflamas con sus actuaciones. Cuando las distintas opciones políticas no ofrecen modelos sociales y económicos claramente diferentes, no constituyen alternativas válidas. Cuando esas opciones, abierta o subrepticiamente, asumen el mismo sistema económico y la misma organización social, y se soportan sobre ellos, se burlan de los ciudadanos, abusan de su ignorancia (generada intencionadamente), vacían de contenido cualquier atisbo de auténtica democracia y convierten la política en un simple mercado. Lo mismo ocurre con los partidos  parlamentarios análogos del resto de los países de nuestro entorno.
No cabe duda de que cuando utilicemos el término izquierda lo deberíamos hacer con absoluta propiedad, y con él, hacer referencia a una fuerza o a un conjunto de fuerzas trasformadoras y revolucionarias cuya estrategia fuera el derrocamiento del vigente sistema, en el marco de un modelo democrático que poco tiene que ver con el actual. En consecuencia, y para mayor claridad, deberíamos empezar a utilizar el binomio prosistema-antisistema para diferenciar las ideologías y para encuadrar a las diferentes formaciones políticas.
Podemos, como grupo político, no se define con nitidez ni de izquierdas, ni de derechas. Surgió como una opción trasformadora (antisistema) antes de emprender el camino electoral. Ahora se comporta como uno más de los partidos que participan de este juego, con sus contradicciones internas, y con los ataques externos por la incertidumbre que aún despierta entre los detentores del poder real.

La izquierda en la imaginación
La izquierda entendida tal como la hemos definido sólo existe en el imaginario de algunas mujeres y de algunos hombres. Como hemos señalado, esta izquierda no se ha materializado nunca en occidente en forma de formación política con posibilidades de gobierno. Así que esta falta de concreción da lugar a multitud de formas de entender la izquierda.
El término izquierda se ha convertido históricamente en un cajón de sastre donde cabe todo. Unos y otros se identifican con una izquierda imaginaria aunque nunca se han dedicado a exponer su manera de entenderla, y cuando lo han hecho, caso IU, no han llevado a cabo su ideario. Con seguridad, por esa condición de irrealidad material, el pensamiento o la percepción de la izquierda es muy diferente en unos y en otros. Grupos y partidos políticos en uso de la mentira se autodefinen como de izquierdas, abusando, como hemos señalado, de la confianza, la ignorancia o la ingenuidad de ciertos sectores sociales.

El independentismo en su ideario y en su acción
Tanto el independentismo como el imperialismo, por diferentes razones, son enemigos del pueblo, de las clases populares. El independentismo es egoísta, insolidario frente a la izquierda fraternal y socialista.
Ceñidos a nuestro país, comprobamos que ERC, tiene poco de republicana (aunque la república cabe en el sistema capitalista), pero, desde luego no tiene nada de izquierda, tal como la hemos definido.
Otras fuerzas políticas de carácter independentista no merecen el mínimo análisis desde la óptica de la izquierda porque representa a la más clásica burguesía catalana, lo que indica que los intereses que defienden son los de los ricos.

Los estatutos  de ERC contemplan, con meridiana claridad, que su modelo económico es el de libre mercado en una sociedad de clases. En lo que respecta a su actividad, comprobamos que se centra en el nacionalismo, convertido, en la última década, en independentismo. En un independentismo imposible, tapadera de una auténtica lucha por la igualdad y la justicia, verdaderas señas de identidad de la izquierda real.   


domingo, 8 de diciembre de 2019

CAPITALISMO Y MEDIO AMBIENTE


El deterioro del medio ambiente jamás se frenará en el marco del actual sistema de explotación capitalista. Por el contrario, cada vez será mayor, en la medida en la que el crecimiento continúe. El sistema se basa en el crecimiento permanente, por lo que el deterioro seguirá aumentando en la misma medida.
El capitalismo funciona con una única premisa: el aumento de beneficio individual rápido, de manera que las inversiones, o los negocios, se irán a los lugares o áreas donde ese beneficio sea máximo. Los agentes implicados se dividen en explotadores y explotados. Los costes de producción o del servicio se expresan en términos de mercancía, incluida la mano de obra. El patrono nunca ha incorporado a los costes el uso y abuso del medio natural. Si tuviera que incorporar a los costes el deterioro medioambiental se reducirían los beneficios, lo que choca frontalmente con el objetivo básico del sistema.

Por la parte que le corresponde a la ciudadanía, hay que señalar que participa activamente en el deterioro del medio porque se le ha educado en la “cultura” del consumo, un elemento fundamental para la permanencia del actual sistema. La explotación no se limita a la obtención de plusvalía, sino también, fundamental en la actual etapa, en el consumo masivo. Las campañas publicitarias han calado en la población, de manera que se compra lo necesario y lo superfluo, se viaja por deseo de visitar nuevos lugares, pero también por la influencia de la propaganda y la presión social. Se ha anulado la voluntad propia y el disfrute de viajar por elección y decisión personal. Se ha conseguido influir en el consumo por el consumo y en el de viajar por el efecto contagio. Consumir en exceso y viajar masivamente incrementan de manera determinante el deterioro medioambiental. ¡Vete a decir ahora que hay que frenar ese deterioro!
Los mensajes de eliminar los plásticos, por ejemplo, caen en saco roto. Para empezar son los fabricantes lo que han de retirarlos del envasado y el transporte. Permítaseme un comentario muy personal, pero extrapolable a múltiples casos semejantes. En el almacén donde yo compro, ofrecen la alternativa de usar papel para envasar la fruta. El uso del papel es minoritario, es más, durante el tiempo de permanencia en la tienda, uno que tiene un espíritu observador, comprueba que soy el único que utiliza bolsas de papel. La despreocupación, la indiferencia y la falta de conciencia se manifiestan de manera rotunda, como en tantas otras actividades.

La ausencia de alternativas y, en consecuencia, la consolidación a nivel planetario del capitalismo, pone de manifiesto el principio del materialismo histórico, según el cual, el sistema lleva en sí mismo el germen de la autodestrucción.

Cumbres y protestas
Son ya muchas las reuniones internacionales (Rio, Tokio, París, Madrid, etc.) para tratar el deterioro medioambiental o lo que se conoce como “el cambio climático”, y tomar medidas para evitar su crecimiento. Los resultados para mejorar o, al menos, frenarlo son prácticamente nulos. Para que esto fuera posibles deberían ser los políticos, con ganas de hacerlo, quienes controlaran la economía, justamente lo contrario de esa dependencia ya que son ellos los que dependen de las diferentes oligarquías o potencias financieras. Por esa razón, y dado que los costes del uso del aire, las aguas y la tierra, incrementarían los costes de producción, es, como hemos señalado, imposible que la situación mejore.
Otro soporte del sistema, además del modelo político, son los medios de comunicación y propaganda, como potente herramienta de aleccionamiento y destrucción de la conciencia y del pensamiento personal. El bombardeo permanente de noticas, ideadas para tal fin, tienen la intención de distraer a los ciudadanos de los asuntos relacionados con sus propios intereses, y de angustiar a las mayorías, con asuntos que ellos mismos, los medios, dirigidos  por sus poderosos empresarios, ponen de actualidad. En los últimos tiempos, se han especializado, atemorizando a los individuos, en temas frente a las que los sufridos receptores de la noticia nada pueden hacer, salvo agobiarse. Raro es el día donde los informativos no comienzan con tres o cuatro asuntos sobre catástrofes, asesinatos o casos semejantes, en lugar de informar de todo aquello que pueda educar o ayudar a las tareas o vivencias del día a día de la mayoría, intentando hacer la vida más agradable y más crítica frente a las injusticias y la desigualdad, aunque en realidad esto correspondería a un modelo más sociable, más justo y más integrador.

En ese afán de manipular y utilizar a los ciudadanos, surgen movimientos y otras protestas populares donde todo resultado se resume en anunciar el número de manifestantes o intervinientes en la acción llevada a cabo. Para que la acción participada por grupos sociales sea eficaz y surta efecto debe “dañar” los intereses de aquellos a los que se enfrentan. Por ejemplo, si los trabajadores de una empresa reivindican una subida salarial de 300 euros mensuales mediante paros sucesivos, esos paros deben afectar a la facturación de la empresa. De esa manera se puede negociar hasta llegar a un acuerdo en los que entran en juego el importe de la subida reivindicada y las pérdidas de la empresa como consecuencia de los paros.
Las manifestaciones contra entes abstractos, sin daño de otros o dirigidas desde arriba no  producen efecto alguno, lo que abunda en ese estado de incertidumbre en el que otras dimensiones vitales participan.
En el caso que nos ocupa aquí, ni cumbres, ni protestas en forma de manifestaciones y proclamas, frenarán el deterioro del medio ambiente. La reducción del consumo y la toma de conciencia podrían influir en el cambio de rumbo, pero ¿estamos preparados para ello?


jueves, 28 de noviembre de 2019

LA CONDICIÓN “HUMANA” EN EL MARCO DEL SISTEMA CAPITALISTA


Desde tiempos muy remotos, desde el Paleolítico, cuando algunos primates fueron capaces de construir sus propias herramientas para la subsistencia, esta especie nuestra es tildada de “Humana” para distinguirla de otras intelectualmente inferiores, pero este apelativo es revisable a tenor de los comportamientos que ha mantenido a lo largo de toda esa larga historia evolutiva. La etimología asocia humano a hombre, o a homo, tal como la ciencia ha establecido para diferenciarnos de esas otras tantas especies. Más tarde el término humano ha adquirido otros significados que atribuyen a la especie unos valores demasiado ambiciosos desde nuestro punto de vista, valores que cuestionamos desde el comienzo, y que trataremos de justificar a continuación.
Desde aquel “Homo habilis” hasta nuestros días, el desarrollo tecnológico ha sido impresionante. Desde los rudos instrumentos de caza hasta este mundo de la cibernética y la informática, pasando por todo el proceso industrializador, el progreso es indiscutible.
Pero no podemos decir lo mismo de su evolución social, de la relación entre iguales por naturaleza o de la relación con el medio natural que nos ha permitido llegar hasta donde nos encontramos ahora. Desde hace bastante tiempo, hasta donde alcanza nuestro conocimiento del mundo que se conoce como civilizado, nuestra especie se ha caracterizado por ese afán de dominio de unos sobre otros, ese afán de poder o de sumisión en relación recíproca una con otra pasión. La esclavitud de la época antigua, y más reciente en el mundo anglosajón, es un claro signo de desigualdad radical entre unos y otros, y que pone de manifiesto esos ancestrales instintos inherentes al reino animal, más que a lo que concebimos como humano. La tiranía de la etapa feudal da continuidad a esos comportamientos salvajes. Por último, el inicio del mercantilismo, el comienzo de la industrialización y del capitalismo en su más pura esencia, mantienen esas relaciones de poder y dominio, y dan lugar a una tanda de contravalores que poco o nada tienen que ver con en esa acepción maquillada de la condición humana que se nos quiere atribuir en nuestros días.
A la venganza, al enfrentamiento armado y a la desigualdad, que son una constante a lo largo de la historia, el sistema de explotación capitalista añade contravalores tales como la codicia, la ambición, el individualismo y la envidia. Por otra parte, el sistema, con todos los medios a su alcance, ha conseguido, en estas últimas décadas,  desactivar a la sociedad, que en tiempos atrás se enfrentaba a la explotación, y llevarla hacia la indiferencia y a la ausencia total de conciencia social. Y en el terreno netamente intelectual se aprecia la pérdida progresiva de capacidades tales como la comprensión, el análisis y la resistencia al engaño. Estos son rasgos característicos de esta etapa, lo que denota una deriva poco optimista de cara a futuras generaciones.
En general, todo este bagaje de vicios innatos o adquiridos, antiguos o nuevos, configuran una sociedad formada por amplias capas afectadas por estos defectos, lo que nos lleva a la conclusión, en una primera aproximación, de que esta especie nuestra está carente de ese atributo diferencial de seres racionales o especie humana en el amplio sentido de ciudadanos que son capaces de convivir en igualdad y fraternidad.
Puede ser que tengamos la facultad de concebir los rasgos de la dimensión humana, pero que seamos incapaces de ejercer como tal. Es lo mismo que ocurre con la perfección y lo infinito, que se tiene conciencia de ello, pero los individuos se sienten incapaces de ejercer de esta manera. Parafraseando a Feuerbach, se crea, en este caso, un “dios” que cumpla esa condición de lo perfecto y la eternidad.
Por estas razones pensamos que es difícil avanzar hacia modelos sociales diferentes a los actuales. Tal vez determinadas experiencias se hayan adelantado a su tiempo, lo que les ha llevado, antes o después, al fracaso. 

domingo, 13 de octubre de 2019

EL ESTADO DE LA CUESTIÓN


El otro día, después de una interesante conversación, me preguntaba una amiga: ¿qué podemos hacer en la actual situación? A través de una de estas redes de uso masivo, yo le respondí de inmediato: “la solución es sobrevivir como se pueda, perder miedos, escapar de la mentira y mantener, éticamente, un comportamiento correcto con el prójimo, y si es posible, huir de la sumisión y buscar la conexión con los demás a través del amor, en sentido amplio, única pasión que, en palabras de Eric Fromm, permite mantener la integridad y la independencia”. No es esta la única vez que me lo preguntan, y que me lo pregunto a mí mismo. Ilustres, en tiempos atrás, y en otras circunstancias, ya se hicieron la misma pregunta. Tal vez, a pesar de trascurrido el tiempo, la condición mental, inherente a la especie, no haya variado un ápice.

Muchas veces, por precaución o por miedo, algunos no quieran quitarse la venda para ver la realidad en la que nos movemos, aunque, en la mayor parte de los casos, es la indiferencia o la incapacidad la que impide comprobarlo. 

Las historia nos ha prestado, en determinadas zonas del mundo, algunos momentos de alegría, de un relativo bienestar o de esperanza, pero, por lo general, la vida ha sido un tormento para la inmensa población de este planeta. Cada época, o cada etapa, se ha caracterizado socialmente por una serie de variables, aunque, siempre, en un marco de desigualdad, a veces marcada por la crueldad. Lejos de abordar el tema de manera amplia, intentaremos caracterizar el momento actual, en países como el nuestro, recurriendo en algunos casos a esto que tenemos aquí mismo, en nuestro entorno más próximo.
Las notas dominantes de estos tiempos -posteriores a la etapa del creciente desarrollo industrial, basado en el empleo masivo, y posterior declive del sistema productivo- son la inestabilidad y la artificialidad, marcadas por el temor generalizado. lo que está determinando las relaciones sociales. Se están forzando tanto las formas de convivencia que parece haberse convertido esto en un mundo irreal, una ficción en donde vamos de sobresalto en sobresalto, reales o inventados.

Heredado de nuestro origen irracional, es el binomio Poder-sumisión (o dependencia incondicional) la norma básica de funcionamiento social. El hecho de dominar es aún necesario para la subsistencia, dando lugar a un subgrupo que controla todas las dimensiones, y dirige la marcha de los demás grupos, habiendo creado un conjunto de instrumentos de represión y manipulación. El poder se asocia en esta época a la posesión de riqueza. A más dinero más poder y control sobre los demás. Por eso, se establecen relaciones (ranking) de individuos en función de su riqueza, relaciones que son asumidas por las mayorías y sus componentes admirados y venerados. Admitida esa absurda acumulación  nos encontramos con individuos con miles de millones de euros o dólares, cuando lo necesario para sobrevivir con exceso ese limitado periodo por el que pasamos por este terruño. Los reyes egipcios yacían en sus tumbas con sus riquezas. Tal vez ahora, el subconsciente les traiciona y en ellos anide la irreal idea de la transcendencia y la de sus posesiones.

Son los fundamentales instrumentos, en las diferentes esferas terrenas,  en manos de esa clase dominante, a la que se le conoce también como oligarquía o plutocracia, la política, los medios de comunicación, los “intelectuales” de oficio y los diferentes credos religiosos. Apoyados en ese bajo estadio de desarrollo intelectual de las mayorías, es la mentira y la represión las principales herramientas empleadas para manipular y contenerles.
El miedo es un sentimiento generalizado. Por una parte, el pueblo llano lo siente debido a todo el peso de las leyes y las normas impuestas. Los de arriba tienen el miedo a perder su situación y privilegios. Es por eso que son contundentes y se sobrepasan en ese ejercicio del poder a través de esos instrumentos y esas herramientas. A día de hoy hay que reconocer el éxito de su labor. La sumisión y la obediencia impiden cualquier tipo de rebeldía, de contestación, en unas sociedades injustas y clasistas. Una alternativa a un sistema que nos arrastra a todos, ricos y pobres, hacia no sabemos dónde, lo que nos sitúa en el marco de la incertidumbre, dando lugar al desasosiego permanente.

El juego político es, como hemos dicho, uno de los más importantes instrumentos que el poder utiliza para mantener el estado actual de dominio, pero, como varias veces hemos señalado, el actual modelo está en crisis. Sin ir más lejos aquí, en este país, se van a celebrar cuatro elecciones generales en cuatro años.
Da lo mismo que el Gobierno lo forme quien lo forme, es decir, una formación de lo que se conoce como izquierda o lo que se llama derecha. A la oligarquía le da lo mismo porque la correlación de fuerzas sigue igual, porque lo de izquierda-derecha es una ficción, un engaña bobos. Cada vez hay más gente que se aleja de este juego, pero sigue habiendo la suficiente participación como para que el juego continúe. No existe alternativa al actual sistema. “Cuando las distintas opciones políticas no ofrecen modelos sociales y económicos claramente diferentes, no constituyen alternativas válidas. Cuando esas opciones, abierta o subrepticiamente, asumen el mismo sistema económico y la misma organización social, y se soportan sobre ellos, se burlan de los ciudadanos, abusan de su ignorancia (generada intencionadamente), vacían de contenido cualquier atisbo de auténtica democracia y convierten la política en un simple mercado” (Blog, “Cambio de rumbo”, octubre de 2012).
La política, controlada por la clase dominante, se ha convertido, tal vez haya sido así siempre, en un negocio para sus agentes con el apoyo de una sociedad obediente y disciplinada que se sienten obligados porque les han convencido que son protagonistas, simplemente, por su voto. Ser político en una situación laboral como la actual es un “chollo”. Una ocupación muy ventajosa, bien remunerada y sin exigencias, ni esfuerzos físicos o mentales.

Si todo el tinglado político no fuera suficiente para enajenar y contener a la ciudadanía, ahí están los medios de comunicación como pieza clave de la intoxicación. Ante una situación que hasta el propio poder considera tremendamente injusta y, por lo tanto, inestable, extreman las programaciones de las cadenas de Televisión que actúan de manera subliminar para atemorizar a los televidentes. Si se observan detenidamente los informativos se comprobará que se han convertido en noticieros de sucesos, incorporándose a la TV basura. El medio ambiente, el maltrato y asuntos semejantes ocupan la mayor parte de la programación. La meta es agobiar y distraer. Para distraernos de la cruda realidad. El juego político, la TV basura y los deportes son técnicas de distracción. Me atrevería a decir que aquí, en este país, el asunto catalán forma parte de todo ese enredo de la distracción.
La oligarquía, como digo, sabe que la situación es injusta, pero la dinámica del sistema capitalista no puede cambiar de rumbo. El objetivo es la obtención de beneficio de cualquier manera y de la forma más rápida posible.

Por su parte, la sociedad está afectada por la presión que la clase dominante ejerce sobre sus individuos. En consecuencia, a lo largo del tiempo se ha pasado del pensamiento único, dirigido por el poder, al pensamiento nulo. La táctica ha consistido en destruir el pensamiento. De esta manera los comportamientos están basados en la indiferencia, el individualismo, la incomunicación y el conformismo. Los resultados electorales no coinciden con los intereses de los diferentes grupos sociales. Los resultados son fruto de la mentira y de la ignorancia. Incluso ha triunfado el centro como opción política, y muchos se lo creen.
Han conseguido una sociedad zombi, lo que no es bueno para el propio poder. En términos vulgares: “se les ha ido de las manos”. Por lo tanto, de los grupos sociales más oprimidos no cabe rebelión alguna. Por otra parte, no existe grupo político o movimiento social que pueda convertirse en vanguardia que propicie la trasformación del sistema.
Por supuesto, el cambio desde dentro es imposible por su propia dinámica basada, como ya hemos señalado, en la obtención progresiva de beneficio. Por lo tanto, la actual situación nos avoca a un futuro incierto.

Podemos concluir en que la especie no es capaz de vivir de otra manera. Por lo tanto, me remito a las indicaciones del inicio de este escrito.
No obstante, termino señalando una serie de actuaciones pacíficas que serían las que podrían hacer tambalear el modelo, aunque estoy seguro que, hoy por hoy, no seremos muchos los que estemos convencidos de llevarlas a cabo:

-En lo económico: reducir el consumo, eliminar el superfluo o innecesario, reducir el gasto energético, vivir con austeridad; limitar la dependencia crediticia y la concurrencia a los bancos; denunciar las grandes fortunas y los desmedidos ingresos de famosos: deportistas, actores, etc.

-En lo político: huir de las actuales formaciones políticas; la mejor forma de combatir la actual pseudodemocracia es la abstención. Los posibles logros están, ahora, en función de la presión electoral, mejor dicho de la ausencia de participación en este juego. No dependen de los cambios de Gobierno, ni de las acciones colectivas que fueron eficaces en otros tiempos.

-En cuanto a los medios de comunicación: boicot a los medios, y en particular a la telebasura (que son todos los canales); boicot a las retransmisiones deportivas, y particularmente al fútbol.


viernes, 27 de septiembre de 2019

VIVIR EN LA MENTIRA SE HA CONVERTIDO EN NORMA


Vivir en el engaño se ha convertido, en este tipo de sociedades, en lo habitual, dicho sea esto con carácter general porque algunas y algunos escapan de las garras del ideario oficial, marcado por aquella minoría que se beneficia de la explotación de las mayorías en sus distintas variantes. ¿Merece la pena la acumulación de riqueza, o el deseo de tenerla, a costa de la deshumanización progresiva de la especie? Parece que para algunos de hecho y para muchos en potencia merece la pena. No somos capaces ahora de distinguir si el poder, el deseo de dominio sobre otros, es una herencia de nuestro pasado animal o, por el contrario, es fruto de la inseguridad al vernos desprotegidos del medio natural y ser conscientes de esa soledad, de ese abandono y de la muerte.

Aterricemos en lo más tangible. Se establecen normas que benefician a los dominadores. Se articulan leyes que reprimen y sancionan a los más débiles. Pero además, se han establecido otro tipo de normas no escritas que son asumidas como si fuera uno mismo el que se las autoimpone, sin percatarse de que son infundidas por interés por los que nos manejan.
“Hay que votar” se dice, por ejemplo, y  se repite y resuena hasta la saciedad. Algunos añaden: “que para eso hemos luchado por la democracia”. Ambas expresiones se exclaman con total convencimiento, aludiendo que eso es un derecho y un deber, el de votar. Cuando se vota se siente uno henchido de satisfacción por el deber cumplido. El acto y la sensación se asemeja a lo que siente un creyente cristiano cuando se confiesa y disfruta de un “reset” que le permite comenzar de nuevo su andadura pecaminosa, limpio de polvo y paja. Quienes se acreditan como pregoneros de la participación a través del voto se sienten dueños de lo propio, diría de la verdad, pero ¿saben en realidad en que se traduce su voto?

La mentira, la manipulación, la utilización y la instrumentalización son los parámetros en los nos movemos para mantener la desigualdad entre unos y otros. La mentira, sobre todo la mentira, se ha convertido en el sustrato de la vida. En el lubricante que engrasa las relaciones sociales, en la mayor miseria de la especie encarnada en el flautista de Hamelín. Una vez asentada y asumida la mentira es fácil manipular a los inocentes, para lo que cuentan con potentes instrumentos: credos religiosos, medios de comunicación y grupos instrumentalizados a sueldo: políticos, tertulianos, deportistas de elite, actores, cantantes, etc. Estos cumplen el papel que en otros tiempos jugaban los bufones. No es correcto identificar su labor con la cultura. La cultura debería ser otra cosa diferente con la participación activa del agente implicado: aprender idiomas, manejar un instrumento musical, adiestrar la voz, aprender a pintar, etc.
En este caldo de cultivo, en esta sociedad domada, es fácil la utilización de su ridícula participación, limitada a emitir un voto de vez en cuando, para goce y disfrute de algunos pocos: la oligarquía y los políticos convertidos en casta (permítaseme este término que por antiguo no deja de ser cierto).
  
El ejercicio de la mentira y de la impostura
Estamos asistiendo en estos días a la intervención en política de un imberbe, de un tal Errejón. Este hecho nos provoca y nos anima a profundizar e ir algo más allá de lo banal, de la mera manipulación. Observamos como aún cala la demagogia y el escándalo, sin la menor crítica, en los sectores sociales que han evolucionado de la ingenuidad a la ignorancia, si es que ya no eran antes ignorantes de solemnidad. Estas aparentes aventuras ¿programadas o improvisadas? nos obligan a abandonar la reflexión y narrar de la manera más descarnada el recorrido político diseñado torpemente por la reaccionaria oligarquía nacional, aunque con resultado positivo para ella, abusando de la inmadurez política, del engaño y de la ignorancia de tantas y tantos.
Invistieron al impostor Felipe González para eliminar a la izquierda de entonces, real y encarnada en la militancia, el seguimiento y el protagonismo llevado a cabo durante la Dictadura. En este caso, la auténtica clase trabajadora fue víctima del engaño por esas ansias de cambio, después de sufrir tanto en tiempos del “Régimen”.
Cuando la corrupción y las malas artes desgastaron a los gobernantes socialistas, se creó otra formación de corte fascista para sustituirles. Ya no había peligro, la sociedad estaba embebida en esa pseudodemocracia, sin más esperanzas de progreso, ¡bastante que se habían quitado del medio la amenaza golpista! Se fraguaba un modelo de alternancia basada en el bipartidismo, aunque llegábamos un poco tarde, justo cuando en Europa comenzaba a desmoronarse. El invento funcionó hasta comienzos de la segunda década de este siglo.
De nuevo la corrupción repunta con la garantía de la impunidad, después de comprobar el bajo coste pagado por los equipos de gobierno anteriores. Lo que vino en llamarse la crisis de 2007-2008, dio lugar al empobrecimiento masivo de la clase trabajadora, y al paro galopante. Sectores sociales, fundamentalmente jóvenes, organizaron algunos movimientos pacíficos en calles y plazas de grandes ciudades. Para asfixiar cualquier intento de revuelta que fuera a más, el poder real creó una formación, Podemos, que rentabilizara todo ese movimiento; que fuera el que recogiera el voto más contestatario, pero dentro del orden establecido.
Esto se les fue de las manos. En algún momento flotaba en el ambiente la posibilidad de éxito de este grupo político,  lo que les forzó a crear otro grupo que compensara el efecto Podemos. Apareció Ciudadanos ubicado ideológicamente en un lugar inexistente. La novedad y la promoción de esa formación, le ha llegado a otorgar una significativa representación política a costa de la pérdida del Partido Popular.
Desde la crisis del bipartidismo, la inestabilidad política y social se ha instalado sin que se haya encontrado solución. Se están dando “palos de ciego”; la oligarquía esta desorientada. Podemos parecía consolidar una representación con una base irreversible. Por esa razón, abandonado a su suerte Ciudadanos, es en Podemos donde hay que meter mano para llegar a su destrucción, si eso fuera posible. En esta operación participa el PSOE como un agente interesado.
Apoyada la operación en el enfrentamiento personal de dos individuos, aparece una nueva formación que ya había intentado ganar el gobierno de la C. A. de Madrid, y mantener el del Ayuntamiento, aunque con poco éxito.
El intento de destrucción del pensamiento, con esta última operación (operación Errejón), es tan burdo como real el acorchamiento mental de los individuos de una sociedad maleable hasta el extremo en la que la mentira anida sin dificultad.

Anexo: Recogemos algunas definiciones de términos que empleamos aquí y en otros escritos semejantes:

Sistema Forma de organización social para el desarrollo de la actividad económica. Está constituido por  una totalidad de estructuras o subsistemas, con una dinámica propia, ligadas entre sí por ciertas vinculaciones técnicas o institucionales. Cada una de las estructuras o subsistemas específicos sólo tienen sentido cuando forman parte de un todo coherente, en este caso: el sistema socioeconómico. En el caso particular que estamos analizando, el sistema está gobernado y controlado, mediante organismos creados ad hoc,  por una clase dominante en detrimento de otras clases dominadas o abandonadas a su suerte.

Clase dominante Es una abstracción a la que tienden quienes están embargados por un conjunto de contravalores que les hace menos racionales y menos humanos. El grupo formado por los individuos de esta clase, constituidos en oligarquía, determinan las formas de gobierno que les beneficia en cada momento. En lo concreto, constituyen el poder real. Otras acepciones: oligarquía, plutocracia.

Democracia (como modelo político en la actualidad) Estrategia del poder real para engañar a la ciudadanía haciéndole creer que es este el mejor modelo político. Caldo de cultivo de la corrupción.

domingo, 8 de septiembre de 2019

COMPORTAMIENTOS


Cuando abordé el análisis del actual Sistema Socioeconómico, allá por 2011, me plantee completar el estudio con otros dos escritos más: uno sobre los comportamientos de la especie y otro, a modo de conclusión, dibujando el futuro como resultado de los estudios anteriores. Ninguno de los dos los he elaborado como tal. El primero lo sustituí por artículos sueltos, publicados en diferentes revistas, portales digitales y en mi Blog personal. Para el segundo, aún me faltan datos, aunque, en realidad, pienso que ese trabajo es prácticamente imposible, porque hay dos circunstancias, una objetiva y otra personal, que me impiden llevar a cabo la tarea. Por un lado, la errática trayectoria de la humanidad, donde se vive el día a día cargada de sobresaltos, y dominada por la incertidumbre. Por otro, la evolución de mi posición personal que se ha ido desplazando desde la fe de los años pasados al desencanto en estos días, fruto de la observación y el análisis de los sistemas socioeconómicos vigentes y del estado emocional e intelectual de la especie.
No pretendo desarrollar aquí un tratado sobre comportamientos, que son tantos y tan variados. Me centraré, pues, en aquellos que sustituyen a otros que, aunque no eran suficientemente  potentes para provocar una transformación radical, si que permitían unas relaciones más próximas a lo que debería ser el trato humano. Hablaré de algunos cuyo ejercicio suponen una involución.
En ese proceso de evolución a peor se ha perdido por completo la conciencia de clase que, tiempos atrás, manifestaba la coherencia entre la extracción social y laboral y el papel que habría que jugar de cara a la emancipación.
El actual sistema, aunque sin visos de estabilidad, ha conseguido, entre otras cosas, imponer una escala de miserias o contravalores ajenas a la condición social de cada cual. Hoy día apenas encuentras trabajadores que asuman esa condición. El invento malintencionado de la “clase media” ha camelado a la mayoría de la clase trabajadora, aunque se encuentren sus componentes en situación de desempleo.    

La sociedad actual está afectada en grado sumo por comportamientos tales como la indiferencia, la insolidaridad, el individualismo y el conformismo, en el marco de la desigualdad creciente. Es una de esas conquistas, utilizando como catalizador el consumo para lo que facilitan el endeudamiento, alcanzando en muchos casos la usura en la manera de devolver el préstamo. Las redes digitales, las múltiples galerías comerciales y la promoción de viajes perturban a grandes colectivos, cautivados por “disfrutar” de lo que no han podido hacer generaciones anteriores.
Los comportamientos señalados deshumanizan a la especie, provocando un retroceso en las relaciones sociales.

En la indiferencia y en el conformismo anida la mentira. Cada vez somos más fáciles para el engaño. Somos unos individuos que prefieren creer más que pensar. Circula por las redes, ahora, un pensamiento de Mark Twain que dice “. Es más fácil engañar a la gente que convencerlos que han sido engañado”. No sé si esto lo dijo este autor hace casi 200 años, pero hoy está más vigente que nunca.

La insolidaridad y el individualismo es una conquista más del poder, basado en el clásico  principio de “divide y vencerás”. Si bien es cierto que hoy por hoy no es suficiente manifestarse solidariamente para transformar la sociedad, también lo es que, en otros tiempos, la acción colectiva ha dado sus frutos, aunque haya servido, exclusivamente, para conquistar intereses inmediatos y no de clase. En la actualidad, la protesta tiene un carácter más testimonial que otra cosas, protagonizada por individuos de diferente condición social, con intereses, a veces muy distintos. Además, el deterioro progresivo de valores solidarios nos dirige contracorriente, en sentido contrario a la consecución de un mundo más humano en el que sea posible la relación con los demás, manteniendo la independencia y la integridad.

Casi siempre que elaboro un escrito de este estilo suelo concluir, a modo de resumen, en algo esperanzador, pero aquí no hay conclusión, aunque si sea necesario mantener la esperanza. Ojala pudiéramos decir que estos comportamientos están en vías de desaparición, pero, de momento, esto no es así. Los comportamientos responden a un modo de vida, dominado por un sistema como el actual. No es posible llevar a cabo cambios aislados de cualquiera de las dimensiones que lo componen. La enseñanza, la política, la cultura, las técnicas alienantes, la organización social y la explotación laboral dan lugar a un conjunto de comportamientos que intentan perpetuar un sistema de clases. Pero nada es eterno.