miércoles, 24 de octubre de 2018

¿TODOS IGUALES ANTE LA LEY? La "firmeza" del Tribunal Supremo




En un trabajo que publiqué en 2010 (primera edición), aparece un apartado con este mismo título. En marzo de 2012 lo envié a varias publicaciones, y, además, lo incorporé a mi propio Blog. Ante el permanente trato discriminatorio e injusto de la aplicación de las leyes, y la abundancia de casos, volví a publicarlo en febrero de 2017.
Ahora los lamentables hechos llevados a cabo por lo que se conoce como la más alta institución del poder judicial, es decir, el Tribunal Supremo, el contenido se hace más vigente que nunca. No era necesario llegar a estos extremos, a lo de anular sus propias decisiones, un día una cosa y al siguiente la contraria, para hacer patente el servilismo a la clase dominante de estos funcionarios instrumentalizados y bien alimentados.
Tal vez no descubra nada nuevo para quienes tengan a bien leer estas líneas, en las que insisto una y otra vez en la finalidad de las leyes. Por lo tanto, el objetivo principal es el de denunciar estas deleznables prácticas de lo que llaman poder judicial. A denunciar todas las artimañas y mentiras que permiten a los de arriba mantener el dominio sobre la inmensa mayoría (dominada), y conseguir, por su parte, que pase a la categoría de normal la desigualdad, la pobreza y la ignorancia. Sería también deseable que  todo aquel  o aquella que pueda se sume a esta denuncia. Es esto un intento, tal vez trufado de ingenuidad, con la esperanza de que en algún momento seamos capaces de calar en la conciencia de  aquellos amplios sectores sociales, víctimas de las técnicas alienantes de un sistema irracional e inhumano.    

Publicado en marzo de 2012 y en febrero de 2017
Dicen los diccionarios que la igualdad es el trato idéntico entre todas las personas, al margen de razas, sexo, clase social y otras circunstancias diferenciadoras, definición que, por cierto, encierra una contradicción en sí misma al admitir que hay clases sociales, es decir, ricos y pobres, patronos y trabajadores, explotadores y explotados, etc. Ni el más osado se atrevería a defender con pruebas o argumentos la existencia de este principio en sociedades como la nuestra, en donde, por el contrario, la desigualdad es endémica, y constituye el leitmotiv que engrasa el mecanismo del actual sistema.

Como en tantos otros asuntos, en esto de la ley, el poder se empeña en proclamar lo contrario a lo que es la práctica habitual. Los medios de comunicación son, ahora, el instrumento ideal. Una vez anunciado de manera machacona que todos somos iguales ante la ley, intentando hacer bueno el lema de Goebbels, la masa social se convierte en presa del engaño interesado, y asume la mentira sin rechistar. Nos mienten con eso de la democracia (algunos denuncian la mentira y pidieron en su día democracia real ¡ya!), nos mienten con lo de la representatividad de los políticos (otros tantos, o los mismos, ya se han dado cuenta de que no nos representan), nos mienten con las reformas laborales, que destruirán empleo en lugar de crearlo, nos mienten en campañas electorales, nos mienten, además, con eso de la igualdad ante la ley.
Ahora, como siempre, la ley es un instrumento para someter y reprimir al pueblo llano, limitando sus derechos, en defensa de la propiedad, e intereses de las clases privilegiadas, entre los que se encuentran los propios políticos. Algunos ingenuos pensadores (H. Kelsen, M. Duverger, M. Hauriou, y otros tantos) han derrochado materia gris en defensa de la estructuración e independencia de la norma, en la creencia, por su parte, de que ésta rige de manera objetiva los estados democráticos modernos. Nada más lejos. La ley, dicho de otra manera, está diseñada para proteger a los que más tienen y para hacer cumplir con sus obligaciones a esa inmensa mayoría que mantiene a los  Estados, sin posibilidad de que los gastos que aquél genera sean repartidos proporcionalmente a la posesión de riqueza.
En estos tiempos, estamos contemplando como la ley se utiliza para destruir el estado de bienestar, conquistado en otros tiempos cuando la correlación de fuerzas entre dominados y dominadores era más favorable a los primeros. Así vemos como se van restringiendo las prestaciones sociales y los derechos adquiridos. La aplicación de la ley, lejos de ser una fórmula de convivencia entre iguales,  no es otra cosa que el ejercicio del poder contra el que de él carece.
La ley, en suma, es  un instrumento coercitivo puesto en manos de las fuerzas políticas mayoritarias que sirven al poder económico de la mejor forma, con el único objetivo de permanecer en el gobierno el mayor tiempo posible.

Las leyes son tan poco precisas, y su cumplimiento está tan focalizado en la dirección de la defensa del poder real,  que encierra una enorme cantidad de fisuras por las cuales el pícaro se cuela para burlarlas. Los poderosos se rodean de “eficaces” asesores fiscales y juristas que, conocedores de la ley, de su ambigüedad, de sus incoherencias y de sus contradicciones, burlan la norma en beneficio de sus clientes. Por lo tanto, siempre que sea posible, les resulta más rentable incumplir la ley de forma reiterada, aunque alguna vez se descubra ese incumplimiento y se tenga que rendir cuentas.

La aplicación de las normas promulgadas por el poder político queda reservada a un colectivo de corte conservador, los jueces, en el que el clientelismo y la endogamia son piezas clave de la institución. Aunque nos quieren hacer creer que la ley es inflexible y explícita, no cabe duda de que su imprecisión es tal que, en el campo netamente jurídico, los dictámenes que emiten los jueces, que están bajo el poder de los órganos elegidos de forma poco democrática, encierran una gran carga subjetiva. Las decisiones y las sentencias para un mismo delito pueden ser contrarias según quien sea el que juzga, o aquél que es juzgado. Los jueces son unos simples funcionarios instrumentalizados a los que se les permite que ejerzan su  “poder” (delegado) siempre y cuando respeten las reglas del juego, que no es otro que la defensa de los intereses de los que más tienen, y los de sus comparsas. En caso contrario, se pone en marcha la más deleznable maquinaria que permita expulsar a esa “oveja descarriada” que se atreve a enfrentarse al orden establecido. Los oscuros mecanismos empleados para alcanzar los objetivos nunca serán descubiertos, pero la ejecución de la medida suele ser  de lo más elemental; ejemplo: las actuaciones de Garzón fueron un impedimento para exculpar a los corruptos del caso Gürtel (vaya usted a saber lo que sigue habiendo ahí dentro), pues se  expulsa al juez de la manera más burda y “santas pascuas”. En esa misma línea de persecución, el magistrado instructor José Castro, de corte claramente progresista, tuvo que andar con “pies de plomo” porque daba la sensación de que iban a por él; los medios de comunicación (incluidos los públicos), con esos tertulianos de extrema derecha a la cabeza, hicieron su trabajo para hundirle.  

Las cárceles están repletas de personas que pertenecen al lumpen urbano, o de aquellos que, de una u otra forma, contestan al sistema. Pocos elementos pertenecientes a las clases pudientes permanecen en prisión aunque sus desmanes hayan acabado en estafas o robos  de miles de millones. En ningún caso la ley les obliga a devolver lo que han usurpado. “El peso de la ley” tampoco recae sobre quienes, formando parte  de cualquier tipo de gobierno, roban, engañan o, incluso, invaden países con resultado de genocidio.
En el ámbito netamente procesal el tratamiento entre unos y otros casos de delitos, o entre unos y otros tipos de delincuentes es bien diferente. Vaya por delante que no defiendo ni justifico ninguno de los casos a los que me refiero a continuación. Si una persona humilde, acuciada por la necesidad vital de subsistencia, asume el papel de  “mulero”, y ésta es descubierta  en Barajas con droga, es detenida, puesta en manos de los jueces de inmediato, y encarcelada a continuación sin ningún tipo de contemplaciones. Sin embargo, los casos Urdangarín, Gürtel, Palma Arena, Púnica, Lezo y tantos otros casos de corrupción, en los que están implicados individuos con más o menos poder, se eternizan en el tiempo. Los implicados son tratados como “presuntos” aunque las pruebas sean evidentes, después pasan por una escala nominal que discurre desde imputados a condenados, si es que llegan a serlo en algún momento, pasando por encausados, procesados y toda una retahíla de situaciones que alarga intencionadamente el proceso, con el ánimo de liberarles en cuanto exista el mínimo resquicio legal. La instrucción y los sumarios se hacen interminables mientras los investigados, imputados o encausados campan a sus anchas, con la posibilidad de deshacer entuertos que les pudieran culpabilizar o agravar sus “presuntos” delitos. Si por fin los procesos llegan a término, nunca se establece una relación de justicia entre pena y delito. Por lo general, si es que el “presunto” delincuente no es absuelto, el asunto puede quedar reducido a  una simple sanción pecuniaria o a un reducido tiempo de arresto: los recursos y, en último término, los indultos, el tercer grado y otras tantas tretas permiten que el tiempo juegue  su papel, y que todo el espectáculo haya quedado limitado, como en tantas ocasiones, a esa ancestral y recurrente fórmula que se conoce como “circo para el pueblo”, retransmitido en directo en sus diferentes fases por radio y TV.
En resumen,  es fácil concluir en que no somos todos iguales ante la ley, aunque, con el engaño como telón de fondo, así lo proclamen las Constituciones, la Declaración Universal de los Derechos Humanos o el sursuncorda.



jueves, 18 de octubre de 2018

SUBESPECIES (I)



El término subespecie no quiere decir, necesariamente, que las distintas partes sean de naturaleza inferior a lo que hoy se conoce como especie humana. Así que lo emplearemos, básicamente, para clasificar a los diferentes grupos que convivimos, en este momento, en este planeta, sobre todo en tipos de sociedades como la nuestra. El arranque de este estudio lo inicio a raíz de una reciente experiencia en un pequeño recinto en el que coincidimos individuos, a mi modo de ver, de cuatro subespecies diferentes, en las que incluyo a los ingenios tecnológicos, esos que “nos facilitan la vida” y que, cada vez, tendrán más implantación. Esto abre, o reanima, un debate que inquieta a unos cuantos, aunque debería inquietar a muchos más. Tal vez así, sacando conclusiones, podamos descubrir algunos de los porqués que tienen que ver con los comportamientos del día a día y, yendo más allá, con el discurrir histórico.

A modo de relato
Los nuevos artilugios tecnológicos nos permiten disponer de dinero a cualquier hora del  día o de la noche. Serían las siete de la tarde cuando decidí realizar algunas operaciones en uno de esos múltiples cajeros a los que es posible acceder sin necesidad de entrar a las oficinas bancarias. La primera la llevé a cabo sin problemas: pude reponer mi billetera, absolutamente vacía de antemano. Tenía que recargar la tarjeta del abono trasporte, caducada desde hacía varios días. Tengo que reconocer que me asaltaba la duda: ¿lo hago aquí, en este cajero, o me acerco a un estanco próximo? No sé por qué presentía que algo podría salir mal. Pero aquella pantalla tan colorista con ese llamativo lector incorporado a la máquina, me persuadió, y sin pensarlo dos veces: me lancé. Intenté seguir las indicaciones, pero mire por dónde, haciéndose realidad ese presentimiento, aquello se bloqueó, indicándome esa brillante pantalla: “Tarjeta retenida”. Es cuando uno se siente obsoleto, preocupado, nervioso y asustado. Para resumirlo en pocas palabras: gilipollas. Después de unos minutos, una llamada a un 902 (los que cuestan) me tranquilizó en parte, pero me dijeron que sólo podía rescatar la tarjeta al día siguiente en horario de apertura de la oficina.
Todo esto me ocupó un cierto tiempo en el que permanecí en aquel cubículo de unos cuatro metros cuadrados que disponía de dos máquinas idénticas. Yo tenía la secreta esperanza de que en algún momento aquel artilugio electrónico vomitara mi tarjeta por aquella boca con luz verde intermitente por la que había entrado, pero ese deseo fue decayendo poco a poco. A lo largo de ese tiempo, que yo estimo serían unos diez minutos, que se me hicieron eternos, entraron tres personas. La primera, móvil en mano, se dirigió directamente a la otra máquina sin dirigir una simple mirada a ese hombre que, emulando a Machado, conversaba consigo mismo, aunque un poco más excitado que aquel que lo hacía paseando por los solitarios caminos de los campos de Castilla. Salió tal como entró: con su móvil pegado a la oreja. Ni un solo gesto ajeno a su tecleo del dispensador de billetes y absorta, porque era una mujer joven, por esa conversación telefónica con la que entró.
Cuando entró la segunda, yo, un poco más tranquilo, confiaba en que alguien me echara una mano, pero como la anterior no dirigió ni una simple mirada a esa misma persona tan necesitada de apoyo tecnológico. Sin embargo, yo la miraba trasmitiendo telepáticamente: “ayuda por favor”, pero esa otra persona, también mujer, permanecía impasible y se fue lo mismo que entró, ignorando al que aún permanecía angustiado.
De la tercera persona que entró, después de la actitud de las anteriores,  ya no esperaba nada, así que al quedarme solo decidí llamar a aquel número 902. Después de hablar con una máquina que me hacía preguntas y propuestas, pude escuchar la cálida voz humana. Esa fue toda la comunicación verbal, sin imágenes, aunque por allí pasaran tres personas en ese tiempo, de cuyos comportamientos yo me desmarco radicalmente.
Un pequeño espacio, de unos cuatro metros cuadrados, convertido en laboratorio de estudios sociológicos, me permitió reforzar esa idea que uno tiene del actual estado intelectual y  emocional de la especie, de la indiferencia y de los cambios en las formas de comunicación. Tal vez la muestra no sea demasiado representativa, pero el comportamiento de esas tres personas, que me ignoraron por completo, se añade a lo que vemos a diario en la calle, en los comercios o en los medios de trasportes.
Sin embargo, con una visión optimista de lo humano, quiero pensar que no todos somos iguales, lo que me permite abrir un nuevo debate acerca de las subespecies o grupos sociales que convivimos, con comportamientos y capacidades diferentes, pero es algo que abordaremos de manera menos relajada que en este sencillo relato que pone de manifiesto, la indiferencia y la mala educación de esas tres personas con las que coincidí en ese pequeño habitáculo, aunque, tal vez, la experiencia vaya algo más allá y las tres, vaya coincidencia, pertenezcan a esa subespecie que, en letra de Maquiavelo, “ni disciernen, ni entienden nada”.

(Continuará. Ver las siguientes entregas de “Subespecies”). 



jueves, 27 de septiembre de 2018

LA ÚLTIMA CRISIS



Son casi tres meses sin publicar, aunque son varias las páginas que he rellenado y, sobre todo, muchas las notas tomadas a lo largo de todo este tiempo, coincidente con la etapa veraniega. A las ocupaciones y actividades propias del estío se añade el desánimo. La dura realidad  da la cara, y ese deseo de que las cosas mejoren, aunque sea mínimamente, se desvanece, y aparece la crisis personal, inmensa en esa crisis del sistema que no cesa.
Séneca decía aquello de que: “Cuando la tristeza por la condición humana te conduzca a la oscuridad, suaviza tu ánimo y piensa que más merece quien se ríe del género humano que quien de él se lamenta” (Lucio Anneo Séneca, 0035 aprox.).
Pero hay momentos o etapas de la vida en las que resulta difícil, casi imposible, sobreponerse a la deriva de la humanidad, y, en consecuencia, “abandonar el barco”, sobre todo, cuando eres absolutamente consciente de la imposibilidad de que nuestra especie vaya por el buen camino, cuando sabes que la condición humana, de momento, no es capaz de mejorar sus propias condiciones de vida, las de la mayoría, cuando estás convencido de que los individuos de las sociedades de los países más desarrollados son material maleable hasta el extremo. Pocas y pocos son capaces de enfrentarse a la situación y revelarse, negarse, a todo aquello a lo que nos incitan  a hacer. Las mentes se embotan y, cada vez, somos, en general, más mansos, más indiferentes, más sumisos ante el poder, más serios, más tristes y, en consecuencia: más agresivos.

Se vive ahora ajeno a la realidad que se nos escapa. La falta de control social sobre la economía, sobre la política, ocasiona que los ciudadanos vivan embelesados, sin conciencia, ni esperanza. Enajenados como en las peores etapas de la historia, agravada esta pasión por la necesidad extrema del consumo en todas las dimensiones posibles.
Un poder concentrado en unos pocos, desorientados aquellos que ilícitamente lo ostentan, sin salidas, pero aferrados a ese poder destructor. Desviando la atención de los asuntos importantes que no saben abordar.
Establecida una serie de reglas, acuñadas por ellos y asumidas por la masa, intentan dar una psudoestabilidad, pero nos deslizamos por el filo de la navaja. Los que detentan el poder están dando “palos de ciego”, sin rumbo, pero agarrándose cada vez con más fuerza a sus riquezas como resultado de su inseguridad, de su demencia.

El sistema, en los últimos cien años, ha discurrido de crisis en crisis con la intención de que los poderosos sigan manteniendo los beneficios. Hace unos años decíamos que “entre unas “burbujas” o “crisis” y las siguientes, el tiempo que transcurre es cada vez menor; van apareciendo nuevas “burbujas” y nuevas “crisis” con una frecuencia que va en aumento, o crisis de más larga duración hasta llegar a una crisis sin retorno. ¿Nos encontraremos ya en esa fase irreversible?” Sin lugar a dudas, ésta es la crisis definitiva que, según nos dijeron, comenzó en 2007-2008. Sin que la situación de precariedad del trabajo, la pobreza de amplias capas, la provisionalidad de las pensiones y la desigualdad hayan llegado a su fin, en países como el nuestro, nos quieren convencer de que la crisis económica ha finalizado, pero inmersos aún en ese estado, anuncian una recesión, señal inequívoca de que esto no se ha superado.

La política siempre ha sido una fachada para el mantenimiento de dominio de unas clases sobre otras, y las democracias modernas una estrategia para contener al pueblo. Pero, en estos tiempos que vivimos ahora, el modelo político que les ha servido a los de arriba durante tanto tiempo, se tambalea y, como hemos señalado, andan dando “palos de ciego” lo que está ocasionando, entre otras cosas, la aparición y consolidación de formaciones de corte fascista en la Europa clásica.
Para ser lo más gráficos posible, nos centraremos en el caso de nuestro país, sin abordar el asunto catalán, que arrastramos desde hace siglos, sin encontrar una solución.
La corrupción generalizada y la inactividad del Partido Popular (PP) le convirtieron en un grupo inválido para seguir en el Gobierno, un grupo amortizado. La salida ha sido el éxito de la moción de censura de mayo/junio, algo que se ha conseguido por primera vez, a pesar de la escasa participación parlamentaria del partido ganador: El PSOE. Es de suponer que el poder real aprobó ese cambio, si no es que lo propició. Pero ahora, después de unos pocos meses, en ese marco de inestabilidad política, ya no les sirve, y han puesto en marcha todo el arsenal a su alcance. Se han puesto en marcha las cloacas del Estado, y los ministros, incluido el propio Presidente, están siendo pasados a “cuchillo”. Al día de hoy son cinco los atacados con dos dimisiones, y lo que queda. El objetivo es el derrumbe del Gobierno, y forzar nuevas elecciones.
En connivencia con otras mafias y con los medios de corte fascista, el PP ejerce la oposición de la manera más cruenta posible, Es lo mejor que sabe hacer este partido. Ciudadanos ahora se encuentra en tierra de nadie, apoyando puntualmente la política de tierra quemada del PP. En ese ataque despiadado, los intereses que defienden ambos, PP y Ciudadanos, son los suyos propios, importándoles un bledo los del pueblo llano.
Los medios de comunicación, la mayoría, embarran el actual estado político echando leña al fuego que hacen los demás. Los periódicos y las cadenas de radio y TV siempre han sido de corte reaccionario. Los nuevos dirigentes de la radio-televisión pública, en un alarde de ser objetivos, son más críticos con el Gobierno que con la oposición. Algunas cadenas como la Sexta, del grupo Planeta, juegan a ser una emisora escorada a la izquierda, pero nada más lejos de la realidad. El observador más perspicaz se ha ido dando cuenta de que son unos farsantes, lo que está dando lugar a significativos cambios en el tipo de audiencia.

El PP, descabezado y dividido ha elegido a un joven militante, socialmente desacreditado e implicado en un turbio asunto de falsificación de títulos universitarios. Un asunto del que no le va a resultar fácil desprenderse. El Gobierno socialista en fase de descomposición por los furibundos ataques que están sufriendo, y Ciudadanos desorientados, sin apenas espacio político. Los nacionalistas en su particular “guerra” que nada tiene de social o trasformadora.
En consecuencia, nos encontramos con una situación política inestable sin que se vislumbre una solución a corto o medio plazo. La oposición PP-Ciudadanos, en esa tarea de desgaste, se limitan a pedir dimisiones y elecciones generales, pero esto, se convoquen antes o después, no va a resolver los problemas de inestabilidad política y, mucho menos, la situación de desigualdad, de precariedad y de pobreza.

Crisis económica, crisis política, crisis social, en suma crisis sistémica sin que se vislumbre una salida, ni siquiera un camino para buscar esa salida. El desarrollo tecnológico prosigue de manera exponencial, pero ello no resolverá los problemas, por el contrario los empeorará. Las sociedades anestesiadas, tristes, agresivas, como decimos, son incapaces de cambiar el rumbo. Nos tienen entretenidos con la aproximación personal a una u otra organización política, al estilo de la afición futbolera.
Un cambio real pasa por una revolución: quitar la riqueza a los que de manera absurda la acumulan, cambiar la correlación de fuerzas y quitar el poder a quienes lo tienen. Pero no hay ni agente que lo pueda llevar a cabo, ni hay condiciones, ni la especie, en su conjunto, goza de las capacidades intelectuales y emocionales suficientes que nos permitan vivir de mejor forma con arreglo a una serie de valores que, únicamente, están instalados en el pensamiento de algunos.

lunes, 2 de julio de 2018

LA SEXTA Y LA ENTREVISTA A GUILLERMO TOLEDO

Guillermo Toledo (Willy Toledo) es un actor español que se encuentra en rebeldía ante la cita de los jueces para declarar por la denuncia de una reaccionaria asociación católica, a causa de un pronunciamiento del actor en el que se cagó en dios: "Yo me cago en dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María", escribió en Facebook. Willy Toledo es activista y polémico, tal vez esto último, por el simple hecho de ir contracorriente de una sociedad torpe y maleable. Que yo sepa, no encabeza ningún movimiento, no es líder de ningún grupo, va por su cuenta, pero, cuando habla, les revuelve las tripas a los más conservadores y, también, a esos que adoptan unas posiciones de confort  y que se ubican en una falsa progresía. A Willy le pierde su extracción social y, como él mismo reconoce, su vida “burguesa”, lo que le sitúa en un terreno ideológico resbaladizo, pero su actitud, como vemos, abre fisuras en esta aparente paz social, permitiendo ver con mayor claridad la farsa que vivimos, embebidos en un mundo artificial en el que nos deslizamos alegremente sobre un lago helado de frágil superficie, que puede romper en cualquier momento y tragarse a los engañados y a los que nos mienten. A todos.

El día 27 del mes de junio, un programa de una cadena de TV, La Sexta, le invitó, pienso yo, por aquello de que su presencia crearía audiencia, ya que, como digo, se ha negado dos veces a acudir a las llamadas de los jueces. Además, para demostrarle que allí caben todos, como si su presencia de media hora pudiera compensar toda la manipulación de sus presentadores y toda la basura que, como tantos, destila ese medio. La Sexta forma parte del grupo Planeta, al que pertenecen otras emisoras de radio y TV y algún diario escrito, en concreto la Razón, uno de los periódicos más reaccionarios, aunque, a estas alturas, es difícil distinguir, por su orientación ideológica, unos de otros.
La Sexta, como dijo el actor, representa la cara amable del grupo Atresmedia, aunque, cada vez, se dejan seducir menos ciudadanos de los que antes creían en ese medio: un enemigo del pueblo maquillado, el flautista de Hamelín camuflado.
El panel, como en otras ocasiones, estaba formado por habituales de las tertulias: J. Sardá, Natibel Preciados y Benjamín Prado que junto al presentador, Antonio Ferreras, llevaron a cabo la encerrona. Cada uno con su “mochila” pretendían dar una imagen de progresía. Todos ellos cuentan con fuertes ingresos, viven holgadamente de ello, son instrumentalizados para jugar un sucio papel. Quieren que parezca un programa de talante progresista, pero, poco a poco, Willy Toledo fue desmontando los principios “democráticos” que los otros defienden, esa democracia de lujo para unos, de “bienestar” (El Monstruo Amable, según R. Simone) para otros y de miseria para muchos. Con la verdad por delante, sin pelos en la lengua, puso en evidencia el modelo político, denunciando: la debilidad democrática, la ausencia de separación de poderes, la desigualdad creciente, la pérdida de valores y derechos, la precariedad laboral, el incremento de la represión, etc., es decir, lo que no solemos oír habitualmente.
Ante los ataques de los contertulios, el actor, en defensa propia, puso al descubierto los perfiles y las trayectorias de cada uno de ellos. Sardá fue el pionero en esto que se ha consagrado como “televisión basura”, con lo que se enriqueció (esto es de mi cosecha), N. Preciados, que se autodefine políticamente como moderada, se inició en el periódico Arriba, órgano oficial de la Dictadura, B. Prado, autor de algunas canciones de J. Sabina, tertuliano y un “intelectual” oficial del actual régimen. En esa sesión, poco a poco, se les fue cayendo ese velo de pseudoprogresía y se las fue viendo el plumero de la desvergüenza. Con Ferreras se empleó a fondo y le recordó que fue un empleado de uno de los magnates de ese deleznable mundo patrio de los negocios, en concreto del Presidente del Club de Futbol del Real Madrid. Pero cuando se excitó sobremanera el presentador fue cuando le preguntó, en calidad éste de director de La Sexta, por los sueldos de los que se encuentran tras las cámaras, de los becarios, de los que ganan 600€. Les dijo a todos los que le estuvieron entrevistando que ganan 26 veces más (sic) que los técnicos que se encuentran detrás. A la pregunta directa de cuánto ganaban ellos, callaron como muertos.

Desconozco la repercusión que haya podido tener el paso de G. Toledo por esa cadena en los seguidores de ese programa (en torno a un millón) que se emite en directo por las mañanas. Tal vez pase inadvertido para la mayoría, pero para el observador interesado en, y preocupado por, la actual situación política, quizás, le haya servido para comprobar, una vez más, como se pone de manifiesto la falsedad y la manipulación de los actuales instrumentos del poder, cuando alguien discrepa y no se somete a los esquemas preconcebidos. Vistas así las cosas, con ese atrevimiento del actor, se ve muy empequeñecido, incluso ridículo, todo ese montaje con el que nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino.



domingo, 10 de junio de 2018

YA SOMOS DE "IZQUIERDAS"


Ya somos de “izquierdas”, en un mundo de derechas. ¿Seremos capaces de soportar esa tensión? Todo es posible si lo que llaman izquierda es, sencillamente, la derecha maquillada.

El actual estado mental e intelectual de esta especie nuestra es tal que tenemos que expresar ideas, situaciones o hechos, recurriendo a elementales esquemas para que podamos entendernos. De esta forma, hemos acuñado el binomio izquierda-derecha para resumir una compleja situación política en el mundo y, en particular, en nuestras tierras.
El uso del término izquierda, como digo, es ahora una simplificación. En ella se encuadran ciertas formaciones políticas que poco tienen que ver con un verdadero ideario o con un auténtico ejercicio de lo que debería de ser esa corriente política. Los que incluyen el vocablo izquierda en su definición lo hacen debido al prejuicio favorable que le conceden amplios sectores de la ciudadanía. 

La izquierda que soñamos
Hace ya unos años, encontré una definición de lo que debería ser la izquierda, lo que suelo llamar: la izquierda real. Una definición integrada en los estatutos de hace unos años de IU. Literalmente decía el documento que la izquierda debería luchar por la “superación  del capitalismo y el avance hacia una sociedad sin explotación y sin alienación, hacia un socialismo concebido como la plena realización de los derechos humanos y la profundización de la democracia”,  Texto que compartía en mis años de militancia, y que sigo compartiendo.
La izquierda entendida de manera parecida a lo que hemos definido sólo existe en el imaginario de algunos hombres y de algunas mujeres. Esta izquierda no se ha materializado nunca en occidente en forma de formación política con posibilidades de gobierno. Así que esta falta de concreción da lugar a multitud de formas de entender la izquierda.
El término izquierda se ha convertido históricamente en un cajón de sastre donde cabe todo. Unos y otros se identifican con una izquierda imaginaria aunque casi nunca se han dedicado a exponer su manera de entenderla. Con seguridad, por esa condición de irrealidad material, el pensamiento o la percepción de la izquierda es muy diferente en unos y en otros. Grupos y partidos políticos en uso de la mentira se autodefinen, sin razón, como de izquierdas, abusando de la confianza, la ignorancia o la ingenuidad de la mayoría social.
El PSOE es uno de esos partidos que se incluyen en esa izquierda nominal, diríamos que, incluso, se ha adueñado del término en estos últimos tiempos, hasta el punto de que, embargados por la emoción, uno de sus últimos lemas de este partido rezaba: “somos la izquierda”, aunque tardó poco tiempo en cambiarlo en aras de ese refrán que dice: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Si alguien quiere ejercer de izquierdas no necesita anunciarse, sólo actuar.

El Partido socialista, en suma, nunca se ha comportado como un partido de izquierdas, entendida ésta tal como pensamos algunos. El PSOE es un grupo que forma parte del juego político determinado por la oligarquía para mantener el  actual statu quo.

El cambio de gobierno
La rápida derrota del corrompido complejo creado en torno al partido político que ha estado gobernando los últimos seis años y medio ha dado lugar a una marcada confusión social, acentuada por los medios de comunicación, actual escaparate y guía de una ciudadanía maleable, forzada a ver cadenas de TV u oír emisoras de radio en manos de los que se encuentran al otro lado de los intereses de las clases trabajadoras. Ahora, aunque han pasado unos pocos días, es tiempo suficiente para preguntamos: ¿Cómo el pueblo  ha podido soportar durante todo este tiempo a una panda de gentuza como la que formaba el Gobierno de Rajoy, empezando por él mismo? Individuos incultos, anclados en la caverna. Visto, ahora, desde esa pequeña distancia, nos damos cuentas que han sido la auténtica continuidad de la Dictadura. Ciertos sectores de la sociedad se han alegrado del cambio de esta primavera del dieciocho, aunque hay que señalar que con más temor que entusiasmo.

Llegado el momento, como he dado a entender, el Gobierno del PP era insostenible. La corrupción generalizada, los casos pendientes que serán juzgados y la primera sentencia de la Gürtel, como detonante, han dado al traste con la permanencia del partido conservador. Por lo tanto, era obligatorio tomar una decisión. ¿Habrá tenido algo que ver el poder económico en el reciente cambio? ¿Y la Unión Europea? Si así fuera, habrá que entender que han optado por Sánchez en detrimento de Rivera. De lo que sí hay muestras evidentes es de que, en esta tercera etapa de gobierno, como en las dos anteriores, el IBEX, y lo que representa, se muestra complaciente.
Por el lado positivo,  esta es la primera vez tendremos un Presidente de Gobierno que habla otros idiomas, así como la mayoría de los Ministros nombrados. Así será más fácil comunicarse en la UE. Un equipo renovado con personas mayoritariamente más dinámicas frente al estancado del PP. 
Sin embargo, a pesar de las múltiples alabanzas al nuevo Gobierno, las políticas de “izquierdas” que podamos esperar del PSOE se resumirán, en el mejor de los casos, en una serie de gestos (ya ha comenzado, nombrando a 2/3 de Ministras) para contentar a ciertos movimientos reivindicativos, pero su política económica será la de siempre: la defensa de los intereses de los ricos. Esto se va confirmando conforme vamos conociendo algo más de los perfiles e ideología de los nuevos ministros. La nueva ministra de economía, por ejemplo, es aplaudida por Ana Botín y goza de la aprobación de la UE.
Por otro lado, el nombramiento de Grande-Marlaska, un juez marcadamente conservador, nos hace dudar de la política que se llevará a cabo desde el Ministerio del Interior. En una situación de inestabilidad, marcada por la desigualdad, es conveniente, desde el poder, mantener, de una u otra manera, las medidas represivas impuestas por el PP.

¿Qué nos espera en el terreno netamente político?
El PSOE, al menos en su definición, camina contracorriente en un espacio europeo diferente a la reciente situación que se ha producido en este país nuestro. Los partidos socialistas o socialdemócratas que han gobernado desde la segunda guerra mundial han ido perdiendo fuerza o han desaparecido como es el caso de Italia. En la mayor parte de los países de Europa dominan las corrientes más conservadoras. En algunos países con la participación en los gobiernos de fuerzas de corte fascista.

Hasta ahora todo daba a entender que en España el recambio del PP sería protagonizado por Ciudadanos, pero la operación a la que hemos asistido contradice esa idea. Algo hay que ha dado lugar a este giro, aunque no está todo el pescado vendido, por eso digo que quienes preferimos esta opción lo vemos con más temor que entusiasmo. Todo dependerá de lo que ocurra en los próximos meses. Tal vez, ese nuevo partido, C’s, no ofrezca todavía todas las garantías que se desean para la deseada estabilidad aunque, por mucho que se empeñen, y gobierne quien gobierne,  será efímera. Tal vez crean que su posición política, la de Ciudadanos, sea exageradamente extremista. Quizás su líder no muestre la madurez política que se requiere.

El futuro del PP depende de algunas variables. Por una parte, será definitivo el devenir de los procesos judiciales en marcha y de los nuevos que pudieran aparecer. Por otra, dependerá de la manera de reorganizarse, si es que lo consiguen. Pero lo más determinante es su rivalidad con Ciudadanos. Si en algún momento el poder real retoma sus primitivas intenciones de derivar el voto hacia C’s, el PP puede quedar reducido a un grupo testimonial.

Tal y como están las cosas, las expectativas de Podemos se resumen a su apoyo al PSOE y, en el mejor de los casos, a su participación en el gobierno, todo esto si es que los socialistas consiguen ser el partido más votado o, entre ambos, superan a lo que se conoce como fuerzas de la “izquierda”.
Pero lo que sí está garantizado es un largo periodo de “volatilidad” como consecuencia del agotamiento del actual modelo político y de la ausencia de soluciones a las contradicciones del sistema capitalista.

Tras el análisis, pasados unos días, y aplacada esa euforia en las líneas progresistas, sobre todo por la expulsión del partido corrupto, es legítimo que podamos concluir con aquella vieja sentencia popular de que “todo es mentira”. Desearíamos que esa mentira cada vez encontrara menos acomodo en nuestra sociedad.


jueves, 24 de mayo de 2018

ACIERTOS Y ERRORES DE PODEMOS

Aunque los errores de quienes, de una u otra forma, cuestionan el sistema resuenan infinitamente más que los aciertos, todos aquellos que trabajamos por un mundo mejor tendremos que seguir apoyando a Podemos porque es la única formación política que surge desde los diferentes movimientos ciudadanos. En Podemos hay muchísima gente limpia, honesta, inteligente, sencilla y con muchas ganas de trabajar.

¿En qué marco político nos movemos?
A pesar de que las trasformaciones en profundidad, hacia una forma de vida diferente a la actual, tardarán mucho tiempo en producirse, si es que alguna vez tienen lugar, hay cambios puntuales que tienen origen con velocidad de vértigo. Y utilizo el término vértigo intencionadamente en una doble acepción: rapidez y pérdida del equilibrio, ambas en íntima relación. Estas dos circunstancias avalan la certeza de los tiempos de incertidumbre que vivimos y que, necesariamente, seguiremos viviendo. La rapidez es consecuencia del declive de un sistema y de la pérdida del equilibrio vivido en las últimas décadas del anterior siglo y la primera del actual. Ruptura de la alternancia bipartidista en el entorno europeo, el deterioro de la democracia,  la pérdida de derechos y el incremento de las políticas represivas son signos de identidad de esta década. Todo ello pone en cuestión el modelo político. Cambios que ponen al descubierto, con mayor claridad, la desigualdad y los desequilibrios económicos y sociales.
El sistema intenta, inútilmente, mantener el equilibrio, parcheando el modelo con medidas más o menos estandarizadas. Una de ellas consiste en hacer grandes pactos, como en Alemania, desdibujando el esquema ficticio y clásico izquierda-derecha. Otra, consiste en crear nuevas formaciones, como es el caso de Ciudadanos en este país o el de Macron (En Marche!) en Francia. Digo inútilmente porque, aunque consigan ganar en las urnas una u otra vez, su éxito será efímero ya que el cambio tecnológico, la precariedad laboral y la desigualdad creciente no permitirán una larga estancia estable como ocurrió en las décadas citadas.  

Los aciertos y los errores
Podemos, como digo, surge desde abajo, fruto del descontento, de lo que algún autor lo calificó de indignación, como ocurrió en tiempos atrás cuando los oprimidos se agruparon para defenderse de las agresiones del sistema capitalista. Podemos irrumpió con fuerza para sorpresa de propios y extraños.
Las propuestas iniciales conectaron con todos aquellos ciudadanos que esperaban la aparición de una nueva fuerza política diferente a las dos que se alternaban en el gobierno. Podemos se convirtió en la esperanza y el refugio de variados sectores con diferentes características. IU nunca consiguió un significativo apoyo, a pesar de representar, en teoría, a las capas sociales más numerosas. Las razones de este desajuste requieren un análisis específico.
La práctica política ha ido moldeando a los de Podemos, perdiendo la frescura de los primeros tiempos. Han asumido el modelo y su comportamiento institucional es semejante al de los demás. Su relación con los ciudadanos cada vez es más distante y sus consultas a los inscritos e inscritas cada vez más tienen un carácter formal.  Muchos, entre lo que me encuentro, nos hemos ido desencantando. A pesar de ello, como recomiendo al principio, habrá que seguir apoyando a esta formación política con el deseo de que sus dirigentes superen los efectos de esa enfermedad de infancia, fruto de esa corta experiencia política en las instituciones.

En lo concreto (dos asuntos)
La candidatura para las elecciones autonómicas de Madrid ha sido impuesta desde arriba. Un acuerdo en la cúpula ha designado a I. Errejón como candidato, y la lista formada por militantes afines. ¿Qué capacidad de elección teníamos los inscritos si sólo se presentaba una candidatura? Hombres y mujeres que han jugado un destacado papel quedarán fuera de la Cámara. Por ejemplo, Lorena Ruiz-Huerta, de la corriente anticapitalista, que defendió magistralmente la Moción de censura presentada por su grupo, no volverá a renovar su puesto.

¿Y el revuelo mediático de la famosa compra de la casa de Irene y Pablo? No somos capaces ahora de valorar los daños que este hecho puede ocasionar.
Un tremendo error. Les ha perdido la pasión: el amor, supongo, ese amor sexual que anula la razón y la justicia. El amor es una droga que puede anular voluntades y permitir tomar decisiones sin medir el alcance, en este caso, político. Los perros mediáticos están al acecho, por lo que no es conveniente darles carnaza. Sólo les falta eso.
Todos y todas tenemos el derecho a elegir la forma de vida dentro de nuestras posibilidades, con o sin la ayuda familiar. Pero este caso se presta al comentario  y, además, surgen algunos interrogantes.
Los comentarios ya se han hecho  por todos los medios por los que está rodando la noticia. Sorprenden esas contradicciones entre las anteriores declaraciones y la decisión de adquirir una vivienda muy alejada de aquellas de la mayoría de las familias trabajadoras, a las que Pablo ha manifestado estar tan unido. Por otro lado, a mí me parece muy ambicioso acceder a una primera vivienda como esa, encuadrada en una zona de lujo. Algunas familias trabajadoras han llegado a adquirir una casa de esas características, pero después de ahorrar durante un tiempo, e ir vendiendo las anteriores en progresiva escala.
Interesado por la forma de abordar los gastos que una casa así requiere, y pensando en la situación económica de la pareja -algo en lo que, posiblemente, no debería entrar- me pregunto: ¿han hecho un cálculo para ajustar ingresos y gastos?, ¿han previsto cuáles serán las fuentes de ingresos una vez que salgan de la política? Según ellos y los estatutos de su partido no permanecerán más de dos legislaturas.
Se han equivocado, y no han valorado lo gravoso de una adquisición de estas características. Una vivienda así requiere un importe medio de unos 1.500 euros mensuales para gastos de sostenimiento (y esto no me lo invento), más las amortizaciones de hipoteca, más el importe para las reparaciones que inevitablemente surgen en viviendas de este calado por la complejidad y cantidad de servicios: sistema automáticos, calefacción, piscina, electrodomésticos, etc., etc.
La única razón que encuentro para entender por qué se han metido en esta aventura es la posibilidad del apoyo familiar, algo que espero sea así para que puedan sufragar los gastos que conlleva.


Una última reflexión. Teniendo en cuenta lo que observamos a diario, podemos inferir que los fenómenos sociales y los cambios van muy por delante, y por canales diferentes, de la actividad política y de los intereses personales de los políticos. Cambios tales como la desigualdad creciente, la pérdida de valores y derechos, la precariedad, el incremento de la represión, etc.

Notas:
Primera: Mientras escribía estas líneas, los medios de comunicación nos anunciaban la detención de Zaplana, un político del PP que se incorpora a la saca de mierda de este grupo, un miembro más de la mafia que nos gobierna. Todos los ministros nombrados por Aznar, incluido el actual Presidente del Gobierno, están condenados, procesados, investigados o son sospechosos. ¿Y el principal protagonista, cuando caerá?
Ante estas fechorías, los medios a sueldo (todos) centran sus miradas (llevan ya una semana, incluyendo la noticia, incluso, en todos los informativos) en esa pareja de Podemos que se han comprado una casa en las afueras de Madrid. Deberían dejarles en paz y desviar esa mirada hacia esa pléyade de políticos corruptos que creen que este país es su finca.

Segunda: Los acontecimientos no nos dan tregua a quienes ponemos interés en seguir la realidad que vivimos. Cada acontecimiento que se produce deja sin interés al anterior. La detención y posterior encarcelamiento de Zaplana, queda eclipsado por la sentencia de la Gürtel que hemos conocido hoy, 24 de mayo de 2018. El PP es el primer partido político que es condenado por corrupción. 37 acusados, la mayoría con condenas de dos dígitos. Por fin Bárcenas entrará en prisión con una condena superior a 33 años. A su mujer le han caído 15 años.

domingo, 6 de mayo de 2018

EL PUEBLO SE DESANGRA POR LAS CLOACAS DE LA TELEVISIÓN (Carta dirigida al Defensor del Pueblo)


En 1997 irrumpió un nuevo programa en TV denominado “Crónicas Marcianas”, y al poco tiempo se comenzó a hablar de “Televisión basura”, pero a pesar del calificativo, sus protagonistas se jactaban de hacer ese tipo de TV. Otro “invento”, del que también presumían sus mentores fue lo que hoy se ha convertido en una práctica habitual en todas y cada una de las cadenas de radio y TV: las tertulias.
En el primer caso, se rompía con el decoro y los buenos modales; se presumía de la ordinariez y la chabacanería. Sabían cómo alimentar lo zafio y la risa fácil faltando al respeto y a la poca dignidad que le queda a la especie.
En el segundo caso, tal vez sin desearlo, dieron paso a la generalización de lo opinable sin rigor ni fundamento, a la conjetura, todo ello para defender los intereses de los que les pagan. Dando pie a la ruptura con la reflexión, con el análisis y con el pensamiento crítico. Un colectivo manipulado que van de cadena en cadena sumando las minutas que les dan por difamar, vociferar, insultar y agredirse mutuamente. Fomentando el enfrentamiento per se y las demás  miserias de la especie. Deformar y desinformar es lo fácil en un terreno ya contaminado para sembrar la mentira. A eso se dedican.

Como para mantener y potenciar la enajenación del pueblo, el atontamiento y la distracción de los problemas reales que nos aquejan, es necesario subir el nivel de la basura que se destila por los canales de la TV. Para eso, ahí está Mediaset y Telecinco con su nefasta programación diaria, resaltando ese programa llamado “Supervivientes”.
No soy asiduo de esa cadena, ni de ese programa, pero es necesario ver, al menos, parte de él para poder denunciar tanta inmundicia.
Ayer mismo, observaba indignado como una mujer, madre y esposa, lloraba, allá en Honduras, cuando una joven, con evidentes signos de inmadurez intelectual, psíquica y emocional la vilipendiaba con la intención de adquirir protagonismo, hacerse notar para llamar la atención de la masa y obtener su apoyo para ganar el concurso. Unas escenas sobrecogedoras y destructoras de la condición humana. La cara de la mujer agredida expresaba la tristeza y el “tierra trágame” ante una audiencia de 5 millones de televidentes. La otra parte, seguía insistiendo, intentando defender lo indefendible, adentrándose cada más en el lodo. Su cara reflejaba su fealdad interna, la maldad consciente por su propia inconsciencia y el atrevimiento propio de la ignorancia y la insensatez.
Por si esto no fuera suficiente, hay que volver a sesiones anteriores en la que una concursante atizó una paliza a otra. La dirección del programa se ha encargado de no hacer pública esas imágenes, porque, la escena, al parecer, es tan exagerada que temen que clausuren la edición.

El programa, en general, se basa en sacar de cada uno de los concursantes lo más miserable, enfrentándoles permanentemente de forma maliciosa, otorgando prebendas a unos que tienen que disfrutar frente a los castigados. Potenciando la rivalidad, la insolidaridad, el egoísmo, la ambición y, en general, la maldad.
Con hechos como este, convertido en espectáculo público, arrastran a la ciudadanía hacia un mundo cada vez más irracional, más inhumano,  más injusto y más cruel.

Es por todo ello por lo que pido amparo a esa institución para que, tomando conciencia de este tipo de espectáculos, tome las medidas pertinentes para que podamos caminar hacia un mundo diferente en el que los valores humanos sean el sustento de la vida.

Un saludo: Antonio José Gil Padilla.
Villaviciosa de Odón, 4 de mayo de 2018

miércoles, 2 de mayo de 2018

EN QUÉ MANOS ESTAMOS O “QUE DIOS NOS PILLE CONFESADOS”


Por fortuna, pocas veces he tenido algo que ver con tribunales, juicios, jueces o demás asuntos de esta índole. Desde luego, en ningún caso como acusado. Los ciudadanos sentimos miedo de que alguna vez te toque pasar por las dependencias judiciales porque desconfiamos de quienes administran “justicia”, de aquellos en cuyas manos pudiéramos caer, y si, por desgracia, alguna vez cayéramos, no nos quedaría otra que pensar aquello de “que dios nos pille confesados”.

Anecdotario
Cuando era un niño, me vi en una sala frente a unos señores que me hicieron unas cuantas preguntas cuyo contenido no recuerdo. Más tarde me enteré de que aquello era un tribunal. Unos días antes, o unos meses, no recuerdo, me mordió un perro de un vecino, tal vez fui yo el culpable porque estaba jugando con él. Por aquello del miedo al contagio de la rabia, mis padres me llevaron a un servicio médico de urgencias, a una de aquellas “casas de socorro” de entonces. Por el hecho de pasar por allí, se puso en marcha, de oficio, un proceso que obligaba al pobre dueño a pasar por los tribunales, aunque por parte de mis padres nunca hubo denuncia, ni acusación.
Más tarde, ya de adulto, estuve involucrado en algunos otros casos, nunca imputado, como ahora se dice en estos casos de corrupción. En tiempos de la Dictadura, cuando la represión, la persecución y el miedo eran señas de identidad de aquel criminal sistema totalitario, luchábamos por conquistar algunos de los derechos de los que gozaban los ciudadanos de los países vecinos. Nos organizamos para hacer un paro en el departamento de aquella empresa en la que yo trabajaba. El paro era simbólico, unos diez minutos, pero nada más comenzar se presentó la plana mayor de la dirección de personal. Dos compañeros fueron despedidos. La cosa no fue a más por falta de tiempo. Denunciamos el despido y, por lo tanto, hubo que pasar por lo que se conocía como Magistratura de Trabajo. Yo estaba allí en calidad de testigo. Mire usted por donde, al parecer, el apellido de uno de los despedidos, de uno de mis compañeros, coincidía con el de un magistrado amigo del presidente de aquel tribunal, quien, antes de la vista, preguntó a nuestro abogado “si el acusado era hijo del tal magistrado amigo”, a lo que nuestro letrado le contestó que no. Se acercó a nosotros y nos dijo: “hemos perdido, si fueras el hijo de un magistrado con tu mismo apellido no tendríamos ningún problema”. Por supuesto aquellos hombres de toga negra dictaminaron despido procedente. Es este un caso evidente de falta de objetividad.

Por suerte, como he dicho, pocas veces me he visto implicado en asuntos judiciales, pero aún queda algo más. Ya en esta etapa “democrática”, y siendo yo responsable de una institución pública, me pidió una jueza información sobre la nómina de uno de los trabajadores de la plantilla, con un desconocimiento absoluto, por su parte, de que en la Administración Pública existen unidades habilitadoras encargadas de abonar los salarios de los funcionarios sin que los jefes orgánicos nada tengan que ver. Contesté de manera reglamentaria, indicando que yo nada tenía que ver con el abono de las nóminas. Sin embargo, en una segunda petición, la susodicha jueza me amenazaba con “amonestarme” si no le daba los datos que me pedía, absolutamente desconocidos para mí. Una falta de profesionalidad de aquella, un exceso en sus atribuciones y un abuso de poder, lo que deja a la vista que quien tiene algún tipo de poder lo ejerce, a veces, en muchas, de forma arbitraria.

El poder judicial y sus agentes
A pesar de que la mayor parte de la ciudadanía no ha tenido nada que ver con los tribunales, cada día, los medios de comunicación se encargan de informarnos de los casos de corrupción y demás delitos que cometen unos cuantos, demasiados del ámbito político. Lo único instructivo de toda esta información es que nos hemos dado cuenta de que no todos somos iguales ante la ley. No todos los casos son iguales. Sólo comparar los casos Urdangarín, Gürtel y tantos parecidos con otros como el de Valtonic y Pablo Hasel, condenados por las letras de sus canciones. Incluso para el más lego, no es difícil distinguir la aplicación de la ley para el caso de los ricos y para el de los pobres. En algún momento hemos señalado que la ley en un sistema como este es un instrumento de represión y sometimiento para los ciudadanos de a pie y de defensa de los intereses de la oligarquía, y sus servidores.

¿Cómo se alcanza la condición de juez o fiscal? En el marco de un modelo educativo basado exclusivamente en la memorización y la obediencia, el acceso a la función pública se sustenta sobre los mismos elementales principios. Para ser juez la única exigencia es la de memorizar alrededor de 340 temas, y luego “cantarlos” (unos cinco de ellos), como se conoce en el argot, en un tiempo, más bien ajustado. No queremos entrar ahora en los traumas, desequilibrios y trastornos que se proyectan en las posteriores conductas, fruto del encierro y desconexión con el mundo exterior durante 4, 5 o 6 años, hasta que se logre la plaza. Por cierto, el contenido de los temas que tienen que memorizar es el mismo que el de las asignaturas que se estudian en la carrera de Derecho. Nada diferente, por lo que se trata de una prueba  de sometimiento y destrucción.
Las capacidades intelectuales (razonamiento, resolución de problemas, creatividad, etc.) y el estado mental o emocional de los aspirantes no son evaluados. Una vez alcanzada la meta la tranquilidad, la satisfacción y el cambio de ritmo en las vidas de los que serán jueces marcan su futuro. Un amigo que obtuvo una plaza de Inspector de hacienda, un proceso de acceso semejante, me decía: “el esfuerzo lo he hecho para aprobar la oposición, ahora me toca vivir”. Algo parecido debe de ocurrir con los jueces.
Lo que es cierto es que no se conoce la trayectoria formativa una vez obtenido el puesto de juez. Eso que se conoce en otros países como formación continua. Países que consideran obsoleto al profesional de alto nivel de cualificación a los cinco años si no actualiza su formación inicial.
Los jueces, junto a otros cuerpos de la Administración son instrumentalizados a cambio de otorgarles prestigio (aunque sólo sea formal), estabilidad y un salario bastante por encima de la media.
Los jueces se organizan en sindicatos amarillos que se diferencian unos de otros por matices, pero todos ellos, y el cuerpo en su totalidad, son de corte conservador, que sufren de endogamia, de clientelismo, de corporativismo, de prepotencia y de soberbia, como ocurre en otros colectivos. Sobre todo de corporativismo como estamos observando en estos días ante la aberrante sentencia dictada por un tribunal por un caso de violación masiva por parte de cinco energúmenos. La sociedad y, particularmente, las asociaciones feministas se han puesto en pie. Sin embargo, en todas las declaraciones de jueces en los medios de comunicación  han sido para arropar a los colegas.
La sociedad entre temerosa e ignorante manifiesta un respeto inmerecido por estos colectivos, pero, poco a poco, nos vamos dando cuenta de que tras esas togas negras se esconde la parcialidad, la arbitrariedad, la contradicción, la imprecisión y la injusticia.

domingo, 22 de abril de 2018

CIUDADANOS (C’s): UN PELIGRO OCULTO PARA LA SOCIEDAD

(Revisado el 10 de mayo)
En el marco de un modelo político desgastado, la aparición de Ciudadanos en el panorama político de este país supone un tremendo peligro para la clase trabajadora, aunque su éxito, como señalaremos más abajo, se deba, en gran medida, al apoyo de amplios sectores del pueblo llano. Sectores sociales sin ideales, sin conciencia de clase, víctimas de la indiferencia y, por lo general, con débil dotación intelectual, así que la mentira y la falsedad encuentran fácil encaje en un terreno fértil, a la vista del posible aumento electoral de este nuevo grupo. Son aquellas y aquellos que, por la creencia en la “maldad” de las ideologías, se sienten neutrales en sus decisiones políticas y se ubican en una posición de un centro inexistente. De ello se aprovechan esos grupos antipopulares que se esconden tras una máscara sin dejar ver sus verdaderas intenciones. Qué dirán aquellos que les apoyen, después, si alguna vez ganan, cuando se vean, nos veamos todos, sometidos a un mayor deterioro de lo público, al incremento de la desigualdad, a la más acusada pérdida de algunas conquistas conseguidas a lo largo de tantos años.

Previo
El día 5 de mayo de 2015 decía: “Se potencia a un grupo político como Ciudadanos que, como hemos visto, ha crecido en las elecciones andaluzas, y sigue creciendo en intención de voto, a una velocidad mayor que lo hizo PODEMOS después de las europeas. El crecimiento de Ciudadanos, en intención de voto, se corresponde con una significativa pérdida de PODEMOS.
La jugada está casi resuelta. A Ciudadanos le han camuflado bajo una falsa apariencia de partido descafeinado aunque, en realidad, cabe ubicarle, según terminología clásica, en la extrema derecha, dispuesto a seguir defendiendo los mismos intereses que los otros grupos que se han alternado hasta la fecha, es decir, los del gran capital.
¿Cuáles son los mecanismos que emplea el poder real para manipular y determinar la práctica política? Se nos antoja que, al margen de todo lo que se mueva en las cloacas, son los medios de comunicación y las subvenciones de los bancos y entidades financieras las herramientas que permiten aupar a un grupo político sin apenas significación política en el ámbito estatal. Por otra parte, los que mandan conocen muy bien el estado intelectual y emocional de amplios sectores de esta sociedad nuestra, manipulables sin límites”.

Y un poco más adelante señalaba: “Ciudadanos (C’s), o el invento político más descarado de la oligarquía, es un grupo creado desde arriba con una doble intención: a) hacer de puente entre PP y PSOE para mantener la plutocracia que sufrimos desde hace tantos años; b) sustituir, poco a poco, a una formación (PP) controlada por personas desgastadas y mayores, inmersas en la corrupción. Pero podría ser que fracasaran en ambos objetivos. UPyD ya intentó algo parecido, y ahora ya son pasado. Por si esto lo leyera algún despistado o a alguna despistada, que no lo creo, remarcar que el centro es un ambiguo y tramposo refugio. Como he dicho en otras ocasiones, C’s, por sus acciones, y por las actitudes de sus dirigentes, habría que ubicarles en la extrema derecha, por utilizar términos corrientes”.

Ciudadanos ahora
Desde esas fechas, han ocurrido nuevos acontecimientos en política, pero en lo básico,  este grupo sigue siendo el mismo engendro, aunque quiero hacer algunos matices. Ahora me doy cuenta de que Ciudadanos no es lo que se conoce como un partido político al uso. C´s es un producto de marketing. Un producto light, elaborado, como dije entonces, desde arriba, con un éxito aplastante de la operación. Han conseguido hacerse un hueco en el inexistente centro político, en un esquema clásico de izquierda-derecha. Pero, como he dicho en varias ocasiones, el centro no existe. La izquierda se ha caracterizado por su defensa de los intereses de las clases populares, aunque, hay que decir, que, salvo en raras excepciones (Frente Popular en España, por ejemplo), esa izquierda real no ha gobernado nunca. La derecha clásica, el PP de ahora, se nutre básicamente de las reminiscencias fascistas de la anterior Dictadura y de la iglesia católica y sus feligreses, procediendo sus votantes, en muchos casos, de ambos colectivos a la vez, sectores que se van reduciendo poco a poco. Por eso, conforme pasa el tiempo, decrece el apoyo.
Pero ahí está Ciudadanos para reemplazarle. Después de una política reaccionaria y de corrupción del PP, puede ocurrir que la pérdida de votos de ese partido, dé lugar al crecimiento de Ciudadanos de tal manera que le permita alcanzar ciertas cotas de poder y nos arrastre, si es que llegaran a gobernar el país, a un estado neonazi y carpetovetónico.
C´s no tiene ideología, ni proyecto programático, ni criterio propio. Son una  máquina descaradamente  manejada desde el poder real. No son en absoluto fiables. Son capaces de cambiar en un solo día  su posición política. Sus declaraciones son poco creíbles para mentes sólidas y limpias.
Su éxito está basado en el apoyo y el “cocinado” desde arriba, y, como he señalado al comienzo, en la incultura política, la ignorancia y la ingenuidad de la masa. En el significativo salto hacia arriba en las encuestas se debe a la capitalización del voto anticatalanista de la masa cuyo perfil hemos dibujado antes. Los nacionalistas, con su acreditada torpeza, son los causantes del protagonismo que está adquiriendo C’s. Han puesto al descubierto ese anticatalanismo visceral de amplios sectores del resto del Estado.

Es ahora el momento de aclarar algo más lo que entendemos por la ignorancia y la ingenuidad, rémora del progreso, a las que tantas veces hemos hecho referencia.
La ignorancia la he definido con anterioridad como la debilidad intelectual de la especie sobre la que se asienta la práctica política actual, y la ingenuidad como la ignorancia en menor grado. En ambos casos está en juego la inmadurez intelectual.
Hablar de ignorancia o inmadurez intelectual nada tiene que ver con la formación reglada de cada cual. Haber cursado estudios universitarios, por ejemplo, no inviste de intelectualidad a los individuos. Menos con una práctica educativa como la que sufrimos en este país.
Cuando tacho de falta de capacidades me refiero al común de la especie, ausente de conciencia como para saber cuáles son sus verdaderos enemigos de clase, a los que votan en las elecciones. Por el contrario, hay muchas personas que, como autodidactas, alcanzan altos niveles de madurez intelectual. No cabe duda de que en sociedades como esta nuestra existen grupos –grupos, por supuesto, abiertos- de mujeres y hombres con ideas avanzadas y con una conciencia suficiente como para caminar hacia mayores cotas de igualdad, solidaridad y fraternidad. Personas que sufren porque comprueban que las tácticas alienantes del poder real triunfan y consiguen fomentar en las masas la indiferencia, el egoísmo y la ambición. Miserias propias, como tantas veces digo, de un sistema injusto, irracional, inhumano y cruel.

Nota: Hoy día, 10 de mayo de 2018, nos anuncian que Rivera, el jefe de Ciudadanos, es considerado como una joven promesa por el Foro de Davos, el foro de los ricos. Muestra inequívoca de qué intereses defenderá si alguna vez gobierna.