martes, 19 de marzo de 2013

MIEDO A ASUMIR LA REALIDAD




Uno de los sentimientos más a flor de piel de los individuos que formamos parte de esta especie nuestra es la inquietud por el devenir del presente, por lo que pueda suceder, sobre todo, en el corto plazo. Ese desasosiego se agudiza, como es natural, en tiempos de inestabilidad, de confusión, de tumulto, como los que vivimos. El pesimismo histórico, fruto de la errática trayectoria de lo que conocemos como humanidad, se suma a los acontecimientos de última hora. Una sucesión de hechos encadenados que dejan una impronta de cambiante perplejidad  porque son los medios de comunicación, en aras del más puro sensacionalismo, los que determinan lo que existe y lo que fenece.
Quienes intentamos poner algo de luz, y combatir la manipulación y la mentira, abordamos el análisis y la denuncia desde todos los ángulos posibles, procurando acercarnos lo mejor que podemos a la realidad que vivimos, y a sus causas. Pero, tal vez, ese esfuerzo no permita nunca hacer ese diagnóstico preciso que el autor desearía. Quizás ocurra como en matemáticas con el asunto de las asíntotas: la función sólo se une con la asíntota en el infinito. Es difícil dibujar con precisión el panorama actual, describir el proceso por el que hemos llegado hasta aquí o descubrir la causa última que ha dado lugar a los desatinos que ahora nos acosan. Aunque se profundice en todos esos factores, e, incluso, se llegue a un pronóstico, siempre quedará la duda de si hemos acertado. Para darle seriedad al análisis es conveniente huir de la simple opinión, y trabajar con un soporte científico más riguroso.
Todo este preámbulo viene a cuento para justificar un nuevo intento por aclarar los hechos que vivimos cada día, siendo conscientes de que los acontecimientos están inmersos en  un proceso dinámico que nos va alejando cada vez más de la razón. A pesar de ese deseo por conocer lo que puede suceder, al que hacemos referencia en las primeras líneas, el miedo y la fragilidad nos impiden ver la vida con la cruda realidad que se nos presenta. En otros casos, los que dominan, utilizan el engaño  y la manipulación para ocultarla.
Desde el rigor, el diagnóstico no puede ser otro distinto a aquel que nos muestra que nos encontramos en los estertores de una forma de vida que, con sus más y sus menos,  ha funcionado durante un largo periodo de tiempo. Los que nos mienten nos dicen que esto es una “crisis económica” pasajera, que, como en otras ocasiones, se superará, aunque no dicen cómo, ni cuándo.
El estudio de la causa última por la que hemos  llegado hasta aquí o el del papel de los políticos y de los medios de comunicación los dejamos ahora al margen, aunque no cabe la menor duda de que todas estas dimensiones están entrelazadas y determinan el asunto que queremos abordar a continuación, que no  es otro que el motivo principal por el cual el sistema se agota.

El funcionamiento del sistema capitalista no es como, de una manera edulcorada, nos lo han “vendido”: unos benefactores (los patronos) que generosamente arriesgan  su dinero para dar trabajo a las mayorías. Aún asumiendo este elemental esquema, es irracional que el trabajo y las condiciones de vida de la población dependa del capricho de unos señores que quieran iniciar un negocio. Pero eso no es así. El motivo por el cual los patronos inician sus negocios es el de multiplicar su capital. Para ello es necesario contratar mano de obra, como una mercancía más, para obtener beneficios de la manera más rápida y más eficaz.
Lo que ocurre ahora, en estos años, es que se han descubierto nuevas fórmulas sin necesidad de esa fuerza de trabajo para multiplicar esas inmensas masas de dinero que se han ido generando a lo largo de tantos años, como resultado de la explotación de los trabajadores. El proceso de acumulación ha sido exponencial en el tiempo. Primero, la capitalización mediante la plusvalía durante un largo periodo; luego mediante la incorporación de la clase trabajadora al consumo; más tarde, a través del endeudamiento masivo. Acabada esta fase es cuando se anuncia la “crisis”. Se anuncia en ese momento porque no es fácil encontrar nuevas vías de enriquecimiento. A pesar de la dificultad, se intenta exprimir al máximo las posibilidades de seguir acumulando dinero. La corrupción se potencia hasta el extremo, y nuevas formas de arrebatar a los pobres para dárselo a los ricos aparecen en escena: los desahucios sin condonar la deuda contraída, la estafa de las participaciones preferentes, las privatizaciones, las subidas de impuestos y los recortes en detrimento de la calidad de los servicios. Lo último que acabamos de conocer es el robo (lo llaman “quita”, que para el caso es lo mismo) de un porcentaje de los ahorros de los habitantes de Chipre para que sus bancos puedan pagar las deudas contraídas con los otros bancos extranjeros, fundamentalmente los alemanes. Como ya estamos escuchando, es posible que este pequeño país se haya convertido en conejillo de indias para aplicar la nefasta fórmula a otros Estados, entre los que se encuentra el nuestro.
Pero estos actos de rapiña son una muestra inequívoca del final de una etapa. El sistema capitalista se agota porque se acaban las artimañas para seguir obteniendo beneficios de una manera estable.
El medio plazo no se presenta muy alentador. Todo lo contrario. La progresiva reducción de mano de obra, con alarmantes cifras de desempleo de la juventud, no garantiza la permanencia de las pensiones de jubilados y de desempleados a corto plazo, y hace inviable el cobro para aquellos que ahora tienen menos de 50 años. El retorno al volumen de la actividad productiva de años atrás en occidente, con una ocupación masiva, no parece probable. Aunque, si eso fuera cierto, recuperar la actividad productiva basada en el derroche energético, nos encontraríamos con un problema de enorme envergadura como consecuencia del agotamiento de los recursos fósiles, problema que ya estamos sufriendo en occidente y, sobre todo, en esos países llamados emergentes que basan su crecimiento en modelos al estilo del capitalismo clásico.  
Huelga recurrir a recetas fáciles o a soluciones imposibles por muy complacientes que pudieran ofrecerse.  No es buena cosa mentir a los demás  o engañarnos a nosotros mismos. Los movimientos sociales están demostrando su ineficacia como alternativa para el cambio. Un modelo vital en el que se pudiera avanzar hacia la igualdad y el respeto al medio ambiente no va más allá del mero pensamiento de una minoría social. Sólo nos  queda seguir refugiados en nuestro entorno más íntimo, confiando en que el tsunami llegue lo más tarde posible.
Quiero terminar con un párrafo de uno de mis trabajos, que he revisado recientemente, y que encaja a la perfección aquí.
. “Todo esto que hemos descrito con brevedad es lo que nos hace ver un futuro más oscuro, menos prometedor. Un futuro que no beneficiará a nadie. De esto deberían darse cuenta los que más tienen y los políticos que les sirven. Un giro en la actual trayectoria parece que no encaja en la aún limitada capacidad intelectual de esta nuestra especie. Los rasgos dominantes subyacen en los que nos controlan, nos mandan y se enriquecen a costa de los demás. Los demás, las mayorías, somos incapaces de vencerles”. (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, página 204).

miércoles, 27 de febrero de 2013

POR QUÉ LAS ACCIONES QUE HOY DÍA SE LLEVAN A CABO SON INEFICACES




Una vez aceptado socialmente que la violencia, la represión y la actuación por la vía de hecho le corresponden exclusivamente al Estado, la única salida que les queda a los ciudadanos son las acciones pacíficas. A la clase trabajadora nos han limitado el campo de acción, y lo más penoso es que se han aceptado las reglas del juego impuestas por los que nos dominan. Un engaño más.
En otros tiempos, en las décadas de los 70 fundamentalmente, unos años de elevada actividad reivindicativa, las huelgas y las manifestaciones tenían los efectos deseados por estas razones:

1. Las leyes, aunque en el marco de un régimen dictatorial en España, no eran tan laxas como ahora en materia de despidos masivos, lo que garantizaba más estabilidad  en el empleo.

2. Los beneficios del capital se obtenían fundamentalmente de la plusvalía. La actividad productiva estaba en plano apogeo. La fuerza de trabajo era pieza clave en la dinámica capitalista.

3. La correlación de fuerzas nos era favorable. Teníamos poder porque nos tenían miedo. Tal vez, como algunos han manifestado, el miedo era desproporcionado a la fuerza real de los trabajadores, pero eso nos sirvió para alcanzar las metas.

Las acciones ciudadanas o de los trabajadores de entonces no valen hoy día. Estas son las razones:

1. Las leyes laborales permiten despedir sin apenas costes, lo que hace que muchos trabajadores tengan miedo al despido.

2. Estamos en una fase postproductiva. Las ganancias del capital se obtienen ahora por otras fórmulas: especulación, corrupción, endeudamiento, compra de deuda soberana de países como el nuestro, etc. Los capitales acumulados no se reinvierten en la actividad productiva.

3. Hoy, con un excedente de fuerza de trabajo,  las huelgas se hacen en defensa del puesto de trabajo, no por la mejora de salarios y condiciones de trabajo, como así se hacía en otros tiempos. Los paros no producen los efectos de antes, incluso les favorece en algunos casos a los patronos, o a los dirigentes políticos, porque la tendencia es la de  reducir las plantillas. “Miel sobre hojuelas”: los descuentos por los paros supone ahorro en los costes de producción que es lo que se persigue.

4. Han aprendido que las manifestaciones son inofensivas. El ciclo es el siguiente: se suele quedar con algunos conocidos, se hace el recorrido autorizado, finaliza  y, después, cada uno a su casa. El único coste para el Gobierno es el gasto de las horas extras de la policía, pero eso lo pagamos entre todos. Sólo algunos reciben su parte alícuota, pero en forma de cachiporrazos.

A través de la actual práctica política nos han limitado el campo de acción, asignando a cada cual el papel que ha de llevar a cabo. En este amago de democracia, el “rol” asignado a la masa es el de votar cada cierto periodo de tiempo. Los elegidos son los encargados de “hacer política”, siempre al servicio de los que más tienen, aunque haciéndonos creer que velan por los intereses generales. El engaño se ha convertido en la herramienta más potente de los elegidos. Los votos les hacen invulnerables durante el periodo del mandato para el que son nombrados, por muchos desatinos e irregularidades que puedan llevar a cabo.
La mentira va siendo aceptada socialmente hasta el punto de asumir sin repulsión el descaro de los dirigentes políticos. En esa línea de ir tragando con todo lo que se nos presenta, por muy escandaloso que sea, llegará un momento en el que, por ejemplo, el actual Presidente del Gobierno, una vez demostrado que todo lo que está ocurriendo es como lo que  la mayoría pensamos, llegaría a  decir respecto al caso Bárcenas,: ”¡bueno, y qué!”. Y no pasaría nada, y seguiríamos soportando con resignación la estupidez, la ineficacia, la mentira y el escándalo.
Ninguno de los grupos políticos en el Congreso llevará a cabo acciones que den un giro a favor de las mayorías, en beneficio de sus votantes. Por otro lado, me parece que es conveniente hacer una profunda reflexión sobre el origen y finalidad de los llamados “movimientos sociales”, de tantos grupos que nos convocan una y otra vez a esas movilizaciones que sólo sirven para darnos de bruces contra un muro cuando se llevan a cabo. Podría ocurrir que su razón de ser fuera la de canalizar el descontento por la vía de la simple salida a la calle de vez en cuando, impidiendo, de esta manera, ejecutar otras acciones que pudieran dar mejores resultados. La ineficacia de tales movilizaciones hace que cada vez sean menos numerosas, frustrando las expectativas de sus convocantes y de los convocados.
En consecuencia, es necesario hacer un esfuerzo intelectual para pensar en acciones eficaces que, al menos, nos saquen de este círculo vicioso en el que los actos de protesta sólo sirven para desahogo de unos cuantos que no ven más allá de sus narices. Las manifestaciones de protesta al uso son admitidas, incluso valoradas, por los agentes más abyectos y por las fuerzas  más reaccionarias (ver las últimas declaraciones de la delegada de Gobierno de Madrid).  Mientras esto siga así, mientras nos refugiemos en acciones como las que ahora se llevan a cabo, seremos presa de los malvados, y, consciente o inconscientemente, seremos cómplices del mantenimiento de un mundo injusto, irracional, inhumano y cruel.    

martes, 19 de febrero de 2013

EL ESTADO DE LA NACIÓN




Elaboro este escrito antes de que  el 20 de febrero se reúnan los Diputados en el Congreso, y después de haber publicado dos artículos ligados a dos sentimientos límites como son la Desesperación y la Impotencia. Poco podemos esperar de lo que ocurra en esas dos sesiones donde los Diputados van a hablar sobre el Estado de la Nación, como ellos lo llaman. Como  digo,  poco o nada podemos esperar, a pesar de la que nos está cayendo. El partido gobernante tratará de maquillar los bochornosos asuntos que le atañen, y conseguirá distraer a los demás, desviando la atención hacia lo que más interese a sus dirigentes. Seguro que lo conseguirán, convirtiendo el acto en un simple espectáculo patético e insustancial.
Los graves acontecimientos a los que estamos asistiendo ahora en este país se enmarcan en un proceso de decadencia de un sistema socioeconómico que ha perdido sus señas de identidad, que nos sitúa en cotas alarmantes  de inestabilidad creciente y que nos arrastrará hacia un callejón sin salida, si no somos capaces de rebelarnos frente a tanto desatino, si no somos capaces de hacer prevalecer la razón ante la sinrazón. Pero por el camino que vamos lo tenemos complicado.
Con absoluta seguridad, ninguno de nuestros “representantes” abordará con rigor y contundencia los verdaderos problemas que nos aquejan, que aquejan a una sociedad compleja, a una mayoría doliente pero permisiva.
La mayoría de la sociedad española es presa del sufrimiento, de la desesperación silenciosa, de la indefensión, del engaño y de la indiferencia. Pero seguro que los políticos no tratarán en profundidad estas cosas mañana.
El PP saldrá airoso de este acto a pesar de la cantidad y gravedad de tantos desatinos. Ningún portavoz planteará, con la crudeza que se requiere, la tragedia del paro y de la precariedad. Del dolor de una juventud abandonada. Nadie hablará de la enorme desigualdad, ni de las medidas que podrían combatirla, porque ellos están del lado y en el lado de los privilegiados.
No se hablará de la manipulación de los mass media, no se atreverán a juzgar su papel porque si lo hacen serán excluidos de las tertulias o de las  entrevistas que les hacen para su único y personal lucimiento. No se atreverán a denunciar con la fuerza y la eficacia necesaria a los que vierten tanta basura a diario. Nadie dirá que todos los medios hoy día están en manos de la reacción, de poderosas empresas mediáticas alejadas de los intereses comunes.
Los políticos y los medios de comunicación forman un tándem que protege los intereses de los más poderosos. Las tertulias, en particular, son un negocio para unos cuantos que cumplen una  sucia función. Los tertulianos son una panda de servidores del poder a sueldo, lo que les convierte en un grupo cerrado que van de un sitio para otro haciendo caja. Se atribuyen el papel de analistas aunque su reducida capacidad intelectual les impida saber, incluso, en qué consiste  esa capacidad. Están bien elegidos.
El poder económico otorga a los medios de masas  el monopolio de la información y del pensamiento, más bien de la ausencia de pensamiento. No existe un espacio para el pensamiento libre, crítico y democrático, no cabe la idea discrepante.

Las intervenciones de la “oposición” se convertirán en  un brindis al sol, sin que sean capaces de tomar las medidas que debieran tomar, porque algo sí  que podrían hacer. Les doy algunas pistas: Abandonar sus escaños, porque motivos hay para ello, para dejar solos a los impostores, a los mentirosos, a los encubridores de la corrupción, a los negadores de la evidencia. Porque un Parlamento con ellos solos haría tambalear esta pantomima hasta su derrumbe total. Hay motivos para combatir un modelo irracional, injusto y cruel. ¿Pero les interesa combatir la injusticia y la irracionalidad a los que viven del cuento?
Hay hechos y motivos más que sobrados para hundir al Gobierno actual, y al partido que lo sustenta, pero la oposición no hará nada para hacerlo, porque los políticos son corporativistas, por lo que se han granjeado, con razón, el apelativo de casta, de clase privilegiada, de grupo endogámico. Si consiguieran derrumbar al PP, saben que ellos irían detrás. Que pondrían en cuestión el esperpento de modelo democrático que sufrimos.

Las acciones reivindicativas de otros tiempos no funcionan ahora. Es lamentable observar como los trabajadores de Telemadrid, de Iberia, de Sanidad o de Enseñanza se movilizan sin que nada se consiga. Es sangrante observar los despidos masivos, los desahucios y tantas otras injusticias sin que esto reviente. Nada de esto será motivo de debate en el Congreso estos días, y si lo hacen será pura verborrea.
Para la ciudadanía también hay propuestas. Los políticos, esos que según las encuestas gozan de tan poca credibilidad, están ahí porque les han votado. Estarán ahí 4 años que es el periodo por el que se les ha elegido. Los movimientos sociales nada pueden hacer para reconducir el errático camino.  Las acciones al uso no están sirviendo de nada.  A las pruebas me remito. Por lo tanto, deberíamos saber que cuando se convocan elecciones se puede votar o no votar. Si votamos ya sabemos a lo que nos arriesgamos. Por otro lado, habría que actuar con acciones diferentes a las que ahora se llevan a cabo, algunas de las que se me ocurren son inconfesables, lo siento.

Las sesiones parlamentarias de estos días se convertirán, como en tantas ocasiones, en un puro trámite, en un episodio rutinario por el que hay que pasar cada año. Será un acto para encubrir toda la mierda que nos rodea. El PP no será castigado como se merece. Algunos ciudadanos verán las retransmisiones o los resúmenes, aunque cada vez les interese menos, lo que puede alimentar la indiferencia o la rebeldía. Prefiero pensar que sea este último sentimiento el que vaya tomando forma.

lunes, 4 de febrero de 2013

IMPOTENCIA



Cuál es el panorama nacional que cada día se nos muestra a través de los medios de comunicación:
Un bandolero mal nacido, con patillas de bandolero, que se pasea impunemente por las céntricas calles de Madrid. Por televisión vemos como se sonríe y como se mueve en taxi, ahora que, por lo que parece, le han retirado el coche oficial del que disponía hasta hace unos días cuando los periódicos removieron la mierda  del vertedero de la calle Génova.
Un gobierno de idiotas que está capitaneado por un “carca” cargado de complejos que no es capaz de dar la cara ante los medios de comunicación, y que cuando lo hace los ojos se le turban adoptando gestos que empeoran si cabe esa cara de pobre diablo, de engaña bobos. Todo un insulto para los gobernados.
Unas listas elaboradas por el bandolero en las que anotaba las entregas de los empresarios corruptos y los sobresueldos que abonaba a los cabecillas de la Mafia. Una contabilidad chapucera al estilo de los registros mercantiles del siglo XIX. Una contabilidad B de dinero “negro” en la que entran y salen billetes de 500€ como si fueran churros.
Una panda de mentirosos negando lo evidente, negando las abrumadoras noticias que convencen a todos menos a algunos desgraciados que han depositado un voto a favor de la Camorra. Desgraciados cuya ignorancia nos ha devuelto a la caverna, a la cueva de Alí Babá.

La inmoralidad y la desvergüenza están servidas. Ya se sabe que a los corruptos en liza no se les puede pedir un mínimo de decoro, ni de dignidad, no disponen ni de una cosa, ni de la otra. Su falta de honestidad y sus mentiras les colocan en el funesto rango de los seres inferiores, de los elementos despreciables. No es que se hayan convertido en corruptos a través de la práctica política, es que lo llevan de serie. Es inútil pedirles que dimitan, es perder el tiempo. De nada sirven las buenas palabras. Están al margen de la razón.
Nos encontramos ante los mayores escándalos de corrupción conocidos a lo largo de más de tres generaciones. En esa especie de pozo de mierda están inmersos los miembros de las más altas instancias de este país, uno de los países del mundo con mayor corrupción.  ¿Hay quién dé más?

La impotencia se adueña cada día con más fuerza de amplias capas de la sociedad. Cada día aparecen nuevos datos para encabronarnos aún más. La humillación y la burla a las que someten estos truhanes a las mayorías, a los votantes, han alcanzado los límites de lo soportable. Pero algunos individuos son víctimas de la indiferencia, tal vez estén muertos. ¿Qué más se necesita para resucitar?
En todo este largo proceso, el único que ha sido castigado es el perseguidor de los perversos. El mundo al revés. ¿Tan poco poder tenía la víctima, así como su entorno, para no conseguir que prevaleciera un mínimo de justicia? Pues se lo cargaron, ese fue el resultado.
Ahora son dos medios de comunicación, los más potentes, los que están al otro lado de la mesa. Muchos estamos pendientes del pulso. De momento ganan los malos. ¿Es que el poder de los malvados es omnímodo?, ¿es que su poder es tan grande como su desvergüenza?, ¿será que les legitiman los votos de los insensatos?
Mucho nos tememos que este revuelo que nos tiene encendidos acabe cuando quieran los medios de comunicación. Luego los asuntos dormirán el sueño eterno de la judicatura. Los ladrones disfrutan y disfrutarán de lo robado, y el pueblo se quedará con dos palmos de narices hasta la próxima convocatoria electoral con la esperanza de que la estupidez no se adueñe de nuevo de las urnas.

Por último quiero hacer referencia a un párrafo que escribí hace algún tiempo sobre el éxito de la maldad frente al fracaso de la razón: “En cierta ocasión oí decir a un ilustre pensador metido a político, de los que ya no quedan, algo así como que las fuerzas del mal tienen más éxito que las fuerzas del bien. Quise interpretar de sus palabras que cuando se dice o se hace algo que pueda suponer progreso para el género humano es necesario esforzarse y empeñarse más que cuando se actúa en contra de la razón. Que la defensa de la verdad es muy costosa, mientras que mentir es gratuito. Que hay algo de carácter atávico en lo más profundo de la especie humana que le predispone a la aceptación incondicional de la maldad, a la vez que una reticencia para asumir anuncios o hechos encaminados a la superación de las miserias que nos invaden”.  (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pág. 184). De no ser cierta esta especie de “magia” no tiene explicación que estos impúdicos asuntos que nos ocupan y nos desesperan acaben como acaban.


miércoles, 23 de enero de 2013

“LA DEMOCRACIA PELIGRA”


Ante los más recientes acontecimientos de corrupción,  como son las cuentas del PP y de sus dirigentes en Suiza, o los sobres con dinero “negro” que cobraban, o que siguen cobrando, vaya usted a saber, ante toda esta basura que  se amontona día tras día, algunos dicen, en aras de la regeneración política, supongo, que la democracia está en peligro, a lo que yo pregunto: ¿cómo va a estar en peligro algo que no existe? La creencia de que el actual régimen político es una democracia se sustenta en el interés de unos y en la ignorancia, en la ingenuidad o en la ausencia de reflexión de otros.
La democracia por la que han luchados tantos y tantas, la democracia reivindicada por el pueblo se ha quedado en un espejismo. Sólo vivió una verdadera democracia este país en algunas fases de la II República, sobre todo, después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, pero “poco duró la alegría en la casa del pobre”. Era la democracia de la izquierda real, de las clases populares. Los sectores más reaccionarios renegaban de ese modelo y anhelaban que en cualquier momento la “furia cuartelera” le diera un mazazo, como así ocurrió a los pocos meses de nacer uno de los períodos más florecientes y progresistas que han tenido lugar en este país.
El régimen político actual ya nace tarado por la herencia del otro régimen, el de la Dictadura. A pesar de todo, la izquierda formal lo dio por válido, y el pueblo llano se sumergió en la euforia propia de una sociedad silenciada y castigada durante tantos años, y celebró la fiesta de la Democracia, no sin perder de vista a esa  amenaza golpista que se convirtió en una permanente espada de Damocles, eso que tan bien representaba el humorista Peridis en sus viñetas.
En principio, a finales de los setenta, los políticos no se reconocían como clase o casta, sobre todo aquellos de los partidos de izquierdas. La corrupción, el clientelismo y el tráfico de influencias no era uno de los grandes problemas de aquel entonces, al menos la ciudadanía no detectaba todas esas lacras. Incluso algún Presidente de Gobierno dimitió, no sabemos si por decencia o por la presión de otros poderes de mayor calado.  Pero, la cosa ha ido degenerando hasta llegar a esto que tenemos en donde existe una relación inequívoca entre  democracia y corrupción. Todos esos que se sientan en escaños, u otro tipo de poltronas, han ido cogiendo confianza y su perfil, su función y su honestidad se han ido degradando hasta llegar al extremo que hoy nos ocupa. Ya no les importa asumir que son una clase, una clase privilegiada, que llevan 30 años en política, es más, presumen de ello, y se jactan con un vano orgullo de que son nuestros representantes. ¡Vaya representantes¡ ¿Si aquellos que nos representan son unos corruptos quiere decir que toda la sociedad es corrupta? Yo me niego a que me represente gentuza como esa, no me siento representado por ellos, ni les elijo como tales representantes, es decir, me niego a votar en una situación como esta en la que nos encontramos.
El cinismo, el engaño y el desmentido de la evidencia se han convertido en tónica general. El revuelo de las denuncias, por muy escandalosas que sean, tiene una vigencia corta, la que determinen los medios de comunicación. Luego el asunto pasa a los jueces que tardan 10 o 20 años en resolverlo, exculpando a los culpables, o indultándoles después a través de endogámicos procedimientos. 
La degradación ha concluido en un esperpento que, aparentemente, es rechazado por una gran mayoría, sobre todo, cada vez que aparece la punta de alguno de los icebergs de todos esos que flotan sobre un mar de mierda. Lo que sería conveniente es que nos acordáramos de estas cosas cuando nos llaman a las urnas a las que aún se acude al sonido de las flautas de esos magos de Hamelín.
Lo que vulgarmente se conoce ahora como “democracia” ha quedado reducido a una segmentación de un sector privilegiado y una masa votante, a modo de compartimentos estancos, con una puerta de comunicación que se abre sólo cuando llaman a las urnas. Luego la puerta se cierra y los elegidos disponen de un largo período para hacer y deshacer a sus anchas sin tener que dar explicaciones a nadie. ¡Quién es el populacho para pedir explicaciones!, pensarán. Lo que no encuentra respuesta, al menos por ahora, es el por qué no se escarmienta, por qué una y otra vez el pueblo llano acepta las condiciones de este sucio juego, o por qué se deja engañar una y otra vez. No escarmientan, no señor.  ¿Es esto lo que perderemos?, ¿es esto lo que muchos temen que desaparezca? Pienso que esto de que “está en peligro la democracia” son expresiones vacías y poco meditadas.
Alguien que asuma que esto nos lleva a un callejón sin salida se preguntará: ¿qué se puede hacer para cambiar el estado actual? La situación es compleja, y el margen de maniobra escaso. Rememorando antiguas sentencias: esto si que está atado y bien atado. Algunos movimientos sociales han denunciado esta forma de hacer política y han reivindicado una Democracia participativa, pero todo ha quedado en una simple manifestación o proclama de buenas intenciones. La mayoría aún cree que hay que votar en este contexto, aunque no esgrimen argumento de por qué hay que hacerlo. ¿Votar a esta panda de mangantes? Tal vez los que así se manifiestan teman un resurgimiento de movimientos totalitarios, pero, aunque en estas líneas no hay espacio para  argumentar, hay que señalar que las condiciones actuales no son proclives a la aparición de ese tipo de “cobertura política” que fue necesaria en tiempos pasados en los que la producción era la principal  fuente de enriquecimiento.

Profundizando en el análisis de la situación que se vive en esto que llamamos países desarrollados, y particularmente en este país nuestro, hay que decir que lo que está pasando responde al agotamiento de un ciclo histórico que estuvo marcado por la actividad productiva y la reinversión del capital acumulado. Ahora ya no es así, ahora estamos inmersos en el mercado del dinero y en la corrupción. El modelo ha enfermado y no se encuentra tratamiento adecuado para su regeneración. Tampoco se vislumbra, desde la razón, una posible alternativa real que le sustituya. Es posible dibujar otro sistema, pero sólo en el terreno de las ideas. Un sistema que cambie radicalmente la trayectoria actual, es decir, estatalizar la economía y encontrar buenos, honrados y verdaderamente representativos gestores que la administren. Sin embargo, como digo, esto sólo es posible en las mentes de los componentes de algunos sectores sociales. Nos encontramos a “años luz” de que esto pueda convertirse en realidad, en el supuesto de que este fuera algún día el deseo mayoritario.
Existe una estrecha relación entre el estado de salud del sistema y la política. Lo mismo que con tantas otras tantas dimensiones: organización social, ideología, cultura, educación, etc. A un sistema socioeconómico en descomposición le corresponde una práctica política corrupta como la que estamos padeciendo ahora. La desorientación y el descontrol es tal en estos momentos que quedan desatendidas prácticas en manos del poder real que a lo largo de la historia han servido para mantener una especie de estado de equilibrio entre dominantes y dominados. Desde Sócrates y Platón ya existía una preocupación por la estabilidad social y establecían pautas sobre el control de la natalidad, por ejemplo.
Si no somos capaces de combatir contra los que ahora nos dominan, utilicemos el único arma que ahora tenemos, no les demos cobertura política, y dejémosles que sean ellos los que nos propongan otro modelo. Visto lo que hay: ¿qué otra cosa podemos hacer?

jueves, 10 de enero de 2013

UNA DESESPERADA DESCRIPCIÓN DE LOS HECHOS



Hay ocasiones en las que es conveniente aparcar la reflexión, el análisis y la búsqueda de las razones para dedicarse exclusivamente a describir hechos y situaciones que responden a las más bajas pasiones de esta especie nuestra, y que atentan contra las más elementales normas de convivencia. El actual sistema socioeconómico se mueve aún a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo,  porque quienes  mantienen el poder saben que las mayorías silenciosas no cuestionan su entidad. Cuando la actuación política se convierte en provocación es porque están seguros sus actores de que el pueblo sometido no se enfrentará eficazmente contra ellos. Cuando los medios de comunicación vomitan tanta basura en épocas de desigualdad radical como la que vivimos es porque están absolutamente seguros de la ausencia del rechazo por parte de una sociedad doblegada frente a la manipulación, a la mentira y al cinismo. ¿Qué más tendrá que ocurrir para que reaccionemos, para que tengan lugar brotes de rebeldía y abandonemos las acciones que desgastan a los que las llevan a cabo, pero que no dañan a los que dominan? Queremos ahora ocuparnos, en particular, del clientelismo y del tráfico de influencias como una rama más de la  corrupción pura y dura, una corrupción burda y masiva cuyos protagonistas son esos seres despreciables que con sus actos tratan de ocultar una intolerable pobreza humana.

Las  privilegiadas “jubilaciones” de los políticos
A estas alturas de la historia no descubro nada nuevo si digo que los políticos gobiernan a favor de los que ostentan el poder real, por lo que más tarde, cuando abandonen la política activa, encontrarán la recompensa. No es este el momento de discernir si es un previo acuerdo entre dirigentes de grandes entidades y políticos, o es el precio que generosamente pagan los primeros por los favores prestados con anterioridad. Tampoco merece la pena discutir si el perfil de los expolíticos recolocados y agraciados es el idóneo para cumplir las tareas de “asesores”, función con la que suelen ser contratados. Sencillamente nos limitaremos a señalar algunos casos de exdirigentes políticos que cobran desorbitadas cantidades de dinero, y  que suman a los sueldos públicos que les paga el Estado. González y  Aznar como expresidentes de Gobierno, exministros como Salgado y el anciano Solbes (PSOE) o Zaplana, Acebes y Piqué (PP) son algunos ejemplos de beneficiados. Y el caso más reciente y sangrante es el de Rato que después de arruinar una de las principales entidades financieras, por lo que se encuentra inmerso en un proceso judicial, ha sido nombrado “asesor” de Telefónica con un sueldo de unos 200.000€. Cada día conocemos nuevos casos de abusos y desmanes. Hoy me entero de que los expresidentes de Comunidades Autónomas mantienen despachos, secretarias, chofer, asesores y un sueldo vitalicio. Por lo que parece la lista es interminable lo que nos sitúan en un mundo de locura en el que se conjuga la penuria de la mayoría con la abundancia de unos desvergonzados que se ríen de los que les votan o les han votado.

Provocación, e  insulto a la juventud
En estos días,  el caso Carromero, un delincuente español condenado en Cuba, se convierte en el exponente de lo que se cuece en los bajos fondos del partido político gobernante, lo que se traduce en la provocación y el insulto para una juventud que está sufriendo paro y precariedad, a la vez que una demostración evidente de que la “justicia” es una farsa y las leyes un instrumento al servicio del poder económico o político. Este individuo, militante del PP, ha sido condenado a cuatro años de cárcel en el país caribeño, pero ha sido repatriado para que cumpla la condena en España. Y tal como muchos presumíamos, nada más llegar sus “padrinos” se han puesto en marcha  para liberarle de la pena. A través de un embrollo legal, quedará en libertad de inmediato, pero lo más desgarrador es que se reincorporará a un puesto de trabajo de libre designación (asignado a dedo) en el Ayuntamiento de Madrid con un sueldo de más de 50.000€, lo que supone una burla para esa juventud en paro cuyas aspiraciones no van más allá de un sueldo de 20.000€ aunque tengan un par de títulos académicos, sepan dos o tres idiomas y hayan cursado más de un máster.
Es esta una nueva fórmula, la asignación a dedo, para colocar a militantes de partidos políticos o hijos de gobernantes en puestos de “asesores”, con unos sueldos desorbitados. Algunos padres de estos agraciados al menos tuvieron que pasar  por un tribunal de oposiciones, aunque tuvieran que recurrir al enchufe para ser funcionarios antes que políticos.
Lo que está ocurriendo ahora con este aberrante reparto del empleo -en una situación de paro, precariedad, escasez e inseguridad laboral- además de ser un insulto para la sociedad, da lugar a una especie de depresión colectiva de jóvenes (y no tan jóvenes) que está afectando al conjunto de sus vidas al observar como la inmoralidad se convierte en norma, y rompe con las más elementales reglas de contratación laboral. Por otro lado, la escasez de trabajo potencia el egoísmo, la insolidaridad, el miedo y la indiferencia entre aquellos que mantienen su ocupación, aunque la situación pueda dar un cambio radical de la noche a la mañana como está ocurriendo ahora en Iberia, Telemadrid, en Paradores; como ya ha ocurrido en la construcción, en enseñanza; y como ocurrirá, según nos anuncian, en sanidad y en la banca. Esto por poner sólo algunos ejemplos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

AQUÍ NO DIMITE NADIE


Es probable que las movilizaciones sectoriales aumenten, no solo es probable, sino deseable, pero los efectos de tanto esfuerzo y sacrificio, por ahora, se traducen en escasos logros.
 Puede que la lucha de los  mineros, del sector sanitario, de la enseñanza, de los funcionarios o del mundo de la judicatura vaya creciendo, aunque  lo que está ocurriendo ya es notable. Sin embargo, el actual Gobierno del PP hace oídos sordos, no sólo no escucha, sino que se burla de los trabajadores.
Es posible que los actuales gobernantes sigan adelante con los recortes, aunque los que han llevado a cabo hasta la fecha son suficientes para que hubiera dimisiones o ceses, pero no ocurre nada.
Casi con seguridad, el paro seguirá creciendo, aunque con 5.778.100 personas sin trabajo (Encuesta de Población Activa) ya bastaría  como para que el Estado se derrumbara, pero los Ministros dan los datos, con frialdad, a través de los medios sin que se les caiga la cara de vergüenza.
Seguro que cada día aparecerán en escena más políticos corruptos, pero seguirán siendo disculpados por los portavoces de su formación política. Y, poco a poco, esta lacra se va convirtiendo en un mal endémico y aceptado.
Algo parecido está ocurriendo con el engaño, con la mentira de quienes ostentan el poder político, que se va convirtiendo en mentira institucionalizada. Se puede decir una cosa y luego hacer lo contrario sin el menor coste.
¿Por qué tanta lucha y tanto esfuerzo se quedan en simples reivindicaciones sin efecto?,  ¿por qué se mantiene la estabilidad política a pesar de toda esa serie de abusos y calamidades que estamos padeciendo?, ¿por qué los políticos del PP se burlan de los ciudadanos sin pudor?, ¿por qué practican la provocación, la prepotencia y la chulería sin temor?
Varias son las razones. Por una parte, se trata de individuos sin ningún principio ético, cuya única misión es la de defender los intereses de los que más tienen. Se arriman a los que más tienen porque aspiran a incorporarse a ese grupo, si es que no lo están ya, para lo cual se corrompen o hacen uso del tráfico de influencias. A esa inmoralidad de los que se dan golpes de pecho en liturgias y festejos se suma su corta capacidad intelectual; pertenecen a ese grupo de seres inferiores que pudren la convivencia y frenan el progreso de los que formamos parte de esta especie.
En la otra parte, en la parte que nos toca a los ciudadanos de a pie, conviene indagar en la responsabilidad de cada cual. En una viñeta de un ácido comentarista gráfico, El Roto, un personaje decía a su compañero: “¿por qué siempre nos gobiernan los peores?”, a lo que el otro le contestaba: “por que tu les votas, bobo”.
Esta es nuestra responsabilidad. Somos en gran medida responsables de la situación porque los que votan  ponen ahí a los “peores”. Luego, en esas encuestas sobre la popularidad de los gobernantes, las calificaciones que les otorga la calle  son malísimas, pero el daño ya está hecho. H.J. Ibsen en Un enemigo del pueblo, en boca del Doctor Stockmann, dice algo así como que el pueblo se equivoca, y que cuando se da cuenta de su equivocación ya es demasiado tarde. Parece que es lo que nos acurre aquí y ahora, tal vez es lo que ha ocurrido siempre.
La propaganda ha sido tan potente, y los receptores del mensaje tan débiles, que se nos ha quedado grabado a fuego aquello de que este modelo es una verdadera democracia, y que hay que votar por encima de todo. Aunque poco a poco las mayorías se van dando cuenta de que el actual modelo democrático es una estrategia para defender los intereses de unos pocos, de que la democracia real es otra cosa muy diferente, a pesar de eso, se sigue votando masivamente cada vez que nos convocan. El hecho de acudir a las urnas para elegir a unos políticos que luego nos castigan, es una especie de comportamiento masoquista, cuya única razón de ser  hay que buscarla en una mezcla de miedo a oponerse a lo oficialmente establecido (el voto es un derecho y un deber, dicen los interesados) y de sentirse importante porque, desde la ingenuidad, uno se cree eso de que la soberanía reside en el pueblo.

Pues bien, las protestas, las concentraciones, las marchas,  la lucha sectorial, en suma, cualquier tipo de manifestación popular, no producen afecto alguno sobre la estabilidad política porque los políticos se sienten legitimados por haber sido elegidos “democráticamente”, tal como nos recuerdan con frecuencia. Los únicos que les pueden remover de sus cargos son aquellos a los que verdaderamente representan, es decir,  los dueños de la riqueza, que lo harían cuando sus lacayos se desviasen mínimamente del papel marcado.
Hace poco he leído que J. Anguita, en una entrevista que le han hecho, dice que todos los partidos políticos se han convertido en “maquinas electorales”. Algo que comparto plenamente: bienvenido al club de los desafectos. El juicio que me sugiere su comentario es que más vale tarde que nunca. Habrá que confiar en que esta opinión vaya siendo asumida pronto por amplias capas sociales.

Lo que venimos observando en el desarrollo de esta legislatura de gobierno del PP es una pobre y sucia estratagema, pero con resultados muy positivos para ellos: los peones protegen a un Jefe que no da la cara. El objetivo es llegar al final de la legislatura con el menor desgaste. Luego le sacarán en los mítines de las  campañas, prometiendo lo que nunca cumplirá. Las clases populares seguirán votando en masa. Siempre queda la autojustificación del votante de este reaccionario grupo de que la mala situación la han creado los que gobernaban antes.
En el terreno de lo imaginario, es deseable que, en el futuro, la abrumadora protesta llevada a cabo por los diferentes frentes abiertos desoriente a los actuales gobernantes y pierdan el control sobre los dirigidos, lo que les obligaría a cesar en bloque. Es probable que sea preciso que la presión a una sociedad ya de por sí castigada tenga que ser mayor para que se agudicen las actuales contradicciones. Puede ser que desde la UE busquen un recambio con burócratas más audaces. Dicho todo esto en ese deseo esperanzador de que algo cambie pronto.
Sin embargo, la medida más eficaz para que la situación mejore a favor de la mayoría la tenemos en nuestras manos. Hay que perder el miedo a la libertad y no legitimar a los que nos mal gobiernan, absteniéndonos una vez tras otra, es decir, NO VOTAR, cada vez que nos convoquen a participar en este circo. Es una mentira interesada aquello de que se pueda mantener este nefasto modelo  aunque la participación fuera pequeña. Ya nos mintieron en las elecciones gallegos camuflando un 10% de abstención, diciendo que votaron un 64% cuando en realidad lo hizo solamente un 54%. Algún temor tendrán a la abstención cuando han sido tan osados como para atreverse a hacer esto.
 Alguien dirá: ¿pero si la actual práctica política, por muy mala que sea, se derrumba, que nos queda? El recurso al miedo es otra táctica más para seguir dominando. ¡O esto, o el caos!, clamarán los que tienen el poder. Sin embargo, la realidad es que resulta difícil vivir en una situación peor que la que tenemos, con el agravante de tener que  seguir caminando por el actual proceso de sufrimiento e inseguridad para llegar a un final de hambre y miseria. Los actuales movimientos sociales tienen una oportunidad como nunca la han tenido para constituirse en alternativa a esta viciada y desgastada práctica política.      

jueves, 22 de noviembre de 2012

LA “CRISIS” QUE NO TOCA FONDO Y LA ASIMETRÍA SOCIAL




Cuando se ignora la verdadera naturaleza de los acontecimientos, o cuando se quieren ocultar, los que mandan recurren a clichés, a simplificaciones que calan sin la mínima reflexión en las mayorías sociales que necesitan esas recetas para sobrellevarlo, aunque lo que se anuncie o se propague sea la concreción de una situación vital que les perjudica. Dejarse llevar por el ritmo cínico e hipócrita que marcan quienes están al servicio de un sector invadido por la codicia es una muestra evidente de la debilidad intelectual de esta especie nuestra.
La crisis económica es el término al que se recurre ahora para ocultar un estado de cosas que tiene mucha más enjundia de lo que nos quieren hacer ver. La crisis se ha convertido en el cajón de sastre en el que todo cabe, privándole a la expresión de su verdadero significado. Las crisis económicas, para que puedan  ser consideradas como tal, deberían ser hechos de carácter coyuntural, no pueden permanecer en el tiempo sine die. Una crisis, en el más amplio sentido del término, es un tramo temporal con un comienzo y un final. Acaba con la recuperación y la vuelta a una situación análoga a la anterior o con el final de esa situación. Ahora nos están mintiendo intencionadamente diciendo que la crisis en la que, según la propaganda, estamos inmersos acabará, pero no se sabe cuándo. Antes era en el 2012, después en el 2013, ahora los políticos que gobiernan este país nos dicen que habrá recuperación en el 2014, algunos hablan del 2020, pero en estos momentos nadie con sentido común se atreve a pronosticar el final de esta crisis que, según nos han ido contando desde los ámbitos de poder, para ocultar la verdadera realidad, ha ido adquiriendo, a modo de metamorfosis, diferentes formas: inmobiliaria, financiera, económica, etc.
Ningún gobierno de turno, ni ningún medio de comunicación, se atreven a decir que lo que se está produciendo es la “crisis sistémica final” o, en términos más precisos, la quiebra del sistema capitalista. Pero interesa mantener el engaño para distraer a la masa y para que unos cuantos sigan viviendo del cuento mientras esto dé de sí. Nadie considera en estos tiempos  que fuera una simple crisis económica el paso del feudalismo al capitalismo, proceso que se prolongó,  al menos, durante doscientos años.
El falso anuncio de crisis económica, sin acotar principio y fin, es, en suma, una estratagema para seguir manteniendo esas enormes desigualdades entre unos y otros sectores sociales, cuando no para incrementarlas. Es, además, una medida de resistencia para mantenerse a flote en un barco que se hunde sin remedio.

Pero, en este tiempo de confusión y de mentira, no todos los sectores sociales se encuentran en la misma situación, lo que origina una asimetría vital, o “crisis asimétrica”, que complica las cosas e impide, en gran medida, una revuelta generalizada. Esa asimetría vital o social se manifiesta a diario en el espacio internacional y, particularmente, en diferentes ámbitos de esta sociedad nuestra, dando lugar a contrastes o contradicciones que desbordan los límites de la razón:
  • Las clases populares se empobrecen al mismo ritmo que las grandes fortunas aumentan, o que aparecen bolsas de nuevos ricos.
  • Las desigualdades se agudizan incluso entre lo que se conoce como “clase media”: la pobreza en nuestro país se ceba sobre más de doce millones de personas, mientras otros sectores de trabajadores siguen manteniendo un desahogado nivel de vida. Quizás sea éste uno de los principales motivos por los que  no se produce una agitación social generalizada.
  • Las actuales manifestaciones y demás actos de protesta se nutren de ese amplio sector social que vive sin demasiadas apreturas mientras que quienes se encuentran en la más absoluta penuria no acuden masivamente a  estos eventos.
  • Muchas y masivas manifestaciones en la calle no se traducen en logros, lo que muestra que las acciones de otros tiempos no son válidas, por lo que habría que buscar nuevas fórmulas más efectivas.
  • Desahucios: los bancos se apropian de los pisos, los pobres tienen que seguir pagando el crédito después de ser desalojados de sus viviendas.
  • Las mayorías votantes eligen a unos supuestos representantes que luego gobiernan en contra de sus intereses  y restringen sus derechos.
  • Los políticos, supuestos representantes de la soberanía popular, se blindan custodiados por la policía mientras los ciudadanos protestan en las calles, e intentan rodear el Congreso para manifestar su descontento con los que se sientan en los escaños.
  • La Monarquía se divierte entregando premios en Asturias a futbolistas, y a otros tantos, mientras los ciudadanos  protestan en los aledaños de los palacios por las medidas llevadas a cabo por el Gobierno de turno.
  • La corrupción es práctica habitual en todas y cada una de las instituciones públicas; sin embargo, esto no supone ningún coste a los elementos que se corrompen.
  • Los medios de comunicación manipulan la información, los tertulianos reciben excelentes emolumentos y el pueblo llano, sin voz ni voto, se deja llevar, sin indignarse,  por los absurdos pseudodebates de esos individuos de baja talla  intelectual.
  • Unas clases privilegiadas (políticos, deportistas, agentes de los medios de comunicación, etc.) consumen lujo mientras amplias capas sociales tienen que recurrir a la caridad para poder comer.
  • El actual Gobierno del PP recorta salarios y sube impuestos a los sectores menos favorecidos mientras mantiene los privilegios impositivos de las grandes fortunas. Un empresario español dona 20 millones de euros a Cáritas, mientras se beneficia de unos 500  millones a través de las ventajas que ofrecen las SICAV (sociedades de inversión de capital variable).

En resumen,  que se asuma lo que oficialmente nos cuentan y no haya respuestas generales o individuales, físicas o intelectuales, ante el engaño de quienes nos hablan de una crisis que, según ellos, tendrá fin, aunque no dicen cuando; que exista un amplio sector social que aún no se ve afectado en su ritmo de vida  (a pesar de recortes y subidas de impuestos); que, sin ningún tipo de reflexión o cuestionamiento, se acepten  las normas impuestas desde arriba; que las acciones globales ejercidas contra el Gobierno o, en general, contra la casta política sean un fin en sí mismo y no un medio para alcanzar unos objetivos; que la corrupción no sea motivo de castigo en las urnas; todo esto, tal vez todo esto, sea la causa de que no se lleve a cabo una respuesta contundente y eficaz contra los que se empeñan en empeorar e, incluso, destruir una forma de vida que con tantos esfuerzos ha conseguido la clase trabajadora a través de la historia. Una respuesta que, ante el final de un sistema agotado, permita avanzar hacia un nuevo modelo basado en la igualdad y el progreso. 
Sin embargo, hay que valorar en positivo la lucha de sectores laborales que no cesan en la defensa de sus condiciones de trabajo. Un reciente proceso reivindicativo con logros lo encontramos en el mantenimiento funcional del madrileño Hospital de la Princesa, doblegando la voluntad de un Gobierno regional reaccionario. Apostamos por este tipo de acciones sectoriales en la certeza de que la sincronía de actos de este tipo pueden hacer cambiar el ritmo de unos dirigentes que, de dejarles seguir así, nos arrastrarán hacia una sociedad empobrecida y cada vez más radicalizada, con enormes diferencias entre ricos y pobres.

viernes, 16 de noviembre de 2012

PARAÍSOS FISCALES: SUS EFECTOS SOBRE LOS PAÍSES EN DESARROLLO



Los paraísos fiscales, conocidos también como enclave offshore o de baja retribución, enclave extraterritorial, oasis fiscal, tax havens (refugios de impuestos), etc., etc., son una lacra para la humanidad, constituyen un instrumento para fomentar la desigualdad entre unos y otros, para enriquecerse más y más de manera lícita o ilícita.
Comenzaremos por decir que los paraísos fiscales no son sólo las islas caribeñas, las islas del pacífico o los pequeños países. Aunque no hay un acuerdo, son del orden de 70 lugares, entre los que se encuentran  Nueva York y Londres, quienes ofrecen reducción o eliminación de impuestos cuando se realizan  ciertas operaciones financieras.
Hemos de señalar, en primer lugar, que las ventajas fiscales de estos lugares son sólo y exclusivamente para los extranjeros ya que la regulación legal para los residentes es diferente. Además, el dinero que reciben no tiene ninguna proyección sobre la actividad productiva del país, por el contrario su único destino es el mercado especulativo buscando exclusivamente la revalorización.
Por su propia naturaleza los datos de los que se dispone no son precisos, por lo que es necesario recurrir a las estimaciones; en esta línea, para hacernos una idea, se supone que en estos paraísos el volumen de transacciones se cuantifica en más de un tercio del PIB mundial. ¿Quiénes son los que refugian su dinero en estos países? Fundamentalmente tres tipos de agentes: bancos, multinacionales y particulares con grandes patrimonios, entre los que se encuentran actores y actrices de éxito, deportistas, cantantes y otros tantos profesionales, esos que, con una doble moral, se hacen merecedores del aplauso por crear fundaciones y cooperar con los países en desarrollo. De los paraísos fiscales salen esos grandes volúmenes de dinero que cada día participan en esos entes “ocultos” que llaman mercados. Participan en las bolsas de valores, en la compra-venta de divisas, en la compraventa de metales preciosos, pero sobre todo, hoy día, se dedican a la compra de deuda pública, provocando grandes desequilibrios entre unos estados y otros, haciendo variar eso que llaman prima de riesgo para asfixiar, como estamos observando, a los estados europeos  ribereños que se ven obligados a llevar a cabo reformas y recortes en detrimento de las clases menos favorecidas.

Intentaremos analizar la presión que estas injustas formas de enriquecimiento ejercen, fundamentalmente, sobre los países en desarrollo. Para encontrar algunos datos necesarios para el análisis, nos apoyaremos en ciertos informes elaborados por entidades públicas, entre los que destaca un Informe noruego publicado en 2009, elaborado por una comisión de expertos por encargo del propio gobierno, y cuyo principal objetivo es el de “evaluar los efectos dañinos que los paraísos fiscales están causando en los países en desarrollo”. También lo haremos en otro mas conocido, elaborado por el departamento político de Oxfam de Gran bretaña.
Las pérdidas económicas de los países en desarrollo relacionadas con actividades extraterritoriales son incalculables. Como en otros casos, debido a la opacidad de los paraísos fiscales, no se puede precisar el dinero que fluye hacia ellos procedente de los países pobres o en vías de desarrollo. La valoración más optimista estima que el dinero que sale es el mismo que lo que supone la ayuda que prestan los países ricos. Global Financial Integrity en un informe emitido recientemente dice que se  estima que el importe que sale  es diez veces superior a la ayuda oficial al desarrollo destinada a países necesitados.
Estas son las tres principales maneras de cómo perjudican los centros extraterritoriales los intereses de los países pobres: competencia fiscal y elusión de impuestos, blanqueo de dinero e inestabilidad económica.

a) Por un lado, la competencia fiscal hace que los ciudadanos de los países en desarrollo desvíen sus capitales hacia los países extraterritoriales; por otro lado, esa misma competencia fiscal obliga a los gobiernos a bajar las tasas impositivas sobre sociedades a inversores extranjeros. En la actualidad pocos países en desarrollo aplican tasas impositivas superiores  al 20%. Los fondos que se pierden por agujeros negros fiscales, y entran en centros financieros extraterritoriales, se podrían utilizar para financiar inversiones básicas en sanidad y educación.

b) El mundo extraterritorial es un paraíso seguro para prácticas como la corrupción política o el tráfico de armas, diamantes y drogas. Los paraísos facilitan a élites corruptas de los países pobres el saqueo de fondos públicos, lo que puede ser la mayor barrera para el desarrollo económico y social. Se ha calculado que en Nigeria, durante la dictadura de Abacha, fueron robados de los fondos públicos 55 mil millones de dólares americanos. Los países del norte presionan a los del sur para que adopten sistemas presupuestarios más claros y transparentes; sin embargo, potencian la corrupción al no tratar con eficacia la eliminación de los paraísos fiscales.

c) El sistema extraterritorial contribuye a la creciente incidencia de crisis económicas que han destruido el sistema de subsistencia de países pequeños. Los paraísos fiscales se han convertido en imprescindibles para el funcionamiento de los mercados financieros. Tanto antes como ahora, la inestabilidad de divisas y las subidas y bajadas de los movimientos de capitales en todo el mundo se han convertido en rasgos característicos del sistema financiero mundial. Las crisis que asolaron el oriente asiático  fue, por lo menos en parte, el resultado de la volatilidad de los mercados. Arrastrada por la crisis asiática, la economía  de Indonesia sufrió una grave contracción, y el número de personas que viven ahora bajo el umbral de pobreza se multiplicó por dos, alcanzando los 40 millones. En Tailandia, años atrás, el presupuesto de sanidad se recortó casi en un tercio. Tanto en un caso como en el otro la deuda pública contraída no les permite ahora levantar cabeza.

¿Puede ser que algún día, tal vez no muy lejano, los países del sur de la UE se vean avocados a situaciones semejantes a las de estos otros países en vías de desarrollo?, ¿es posible que la creciente deuda pública de estos países ribereños llegue a estrangular sus economías hasta el punto de no poder cancelarla nunca? Los paraísos fiscales, y aquellos que los alimentan, juegan un papel primordial en este proceso de empobrecimiento paulatino al que están siendo sometidos países como el nuestro.

lunes, 12 de noviembre de 2012

TODAS Y TODOS A LA HUELGA

La respuesta del día 14 ha de ser contundente. El pueblo debe salir a la calle y manifestarse de todas las formas posibles. Todos y todas tenemos que estar por encima de sindicatos y partidos políticos que están integrados en el sistema, y sometidos a las órdenes de los que ostentan el poder real. 
La acción del día 14 hay que integrarla en un PROCESO de lucha permanente hasta alcanzar las metas establecidas, y no llevarla a cabo como un hecho aislado. El proceso está en marcha: protesta por los desahucios, defensa de una sanidad y una enseñanza públicas de calidad, concentraciones ante el Congreso en el que se encuentran unos políticos que no nos representan, etc. etc.
Después del día 14 es imprescindible llevar a cabo acciones en varias direcciones:
-En lo económico: reducir el consumo, eliminar el superfluo o innecesario, reducir el gasto energético, vivir con austeridad; limitar la concurrencia a los bancos; denunciar las grandes fortunas y los desmedidos ingresos de famosos (las elites de deportistas, actores, "estrellas" de radios y TV, etc.).

-En lo político: huir de las actuales formaciones políticas; la mejor forma de combatir la actual pseudodemocracia es la ABSTENCIÓN.

-En cuanto a los medios de comunicación: boicot a los medios, y en particular a la telebasura (que son todos los canales); boicot a las retransmisiones deportivas, y particularmente al fútbol. 

Por otro lado, es imprescindible construir una alternativa política POPULAR alejada de los fines y de la práctica de las formaciones que  participan en el actual panorama político, convertido en un mercado más. Ojala los actuales movimientos juveniles, con algo más de reflexión, pudieran  ser el germen de esa alternativa, sin caer en la tentación de dejarse captar por las formaciones actuales, ni constituirse en grupo político hasta tener la fuerza suficiente para influir de manera decisiva, pero esto lleva tiempo, firmeza  y constancia. Esa alternativa ilustrada debe estar soportada sobre la razón

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA RUPTURA DE LA ALTERNANCIA: UN POSIBLE CAMBIO DE RUMBO



La diferencia entre alternativa y alternancia
Es frecuente utilizar indistintamente los términos alternativa y alternancia, cuando, desde nuestro punto de vista, las diferencias son abismales en cuanto a la significación política de cada uno de ellos. La actual práctica política ha dado lugar a esa confusión porque está basada en lo que se conoce como bipartidismo, de tal manera que cada uno de los dos partidos que forman parte de ese juego se van alternando en las tareas de gobierno a lo largo del tiempo. Por eso se dice erróneamente que la alternativa es la otra fuerza política mayoritaria que, en esos momentos, se encuentra en la oposición, ignorando, desde este elemental esquema, al resto de grupos con representación parlamentaria.
El bipartidismo es una fórmula cómoda para el mejor control de los que tienen el poder real, es decir, el económico. Por si quedara alguna duda de quiénes son los que mandan, sólo hay que recordar las declaraciones recientes de un  Exministro socialista en las que decía que, en el tiempo de su mandato, arremetió contra las entidades financieras en una entrevista de TV, señalando algo así como que “la paciencia con los bancos se estaba agotando”, a lo que rápidamente su jefe de filas le corrigió, indicándole que “la paciencia con esas instituciones era infinita”.
Los grupos políticos que se alternan responden de igual manera a los mismos dictámenes que les marcan los poderosos. Unos pueden pintarse de azul, otros de rojo, pero ambos cumplen la misma función: defender los intereses del poder económico.
Por lo tanto, cuando las distintas opciones políticas no ofrecen modelos sociales y económicos claramente diferentes, no constituyen alternativas válidas. Cuando esas opciones, abierta o subrepticiamente, asumen el mismo sistema económico y la misma organización social, y se soportan sobre ellos, se burlan de los ciudadanos, abusan de su ignorancia (generada intencionadamente), vacían de contenido cualquier atisbo de auténtica democracia y convierten la política en un simple mercado.
La alternativa es algo muy diferente a la alternancia. Una organización política o social sólo puede convertirse en alternativa si rompe, en parte o en todo, con el sistema socioeconómico vigente, teniendo como referente los valores de igualdad y solidaridad. Por eso, el partido mayoritario de la oposición del actual modelo político no puede ser considerado nunca como alternativa en este “sube y baja” de la alternancia.

Algunos datos que muestran un cambio de rumbo
Desde las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 se viene observando un fenómeno algo peculiar que nos muestra una tímida, pero creciente, ruptura del bipartidismo. El desgaste del PSOE a lo largo de su último mandato, junto a las falsas promesas del PP, dieron un vuelco electoral, lo que supuso, como estamos comprobando, una involución que niega ese proceso deseado de caminar hacia alternativas cada vez más escoradas al progreso y la igualdad. El declive socialista dio lugar a una considerable subida de IU que, aparentemente, se ubica a la izquierda del PSOE. Pero lo más interesante se viene observado en las convocatorias electorales posteriores. Si bien es cierto que el PP pierde votos, el PSOE no los recupera, por el contrario, suele perder representatividad, convocatoria tras convocatoria. Los casos más notorios son los de Galicia y País Vasco del pasado domingo 21 de octubre. En Galicia el PP ha perdido unos 140.000 votos, pero es que el PSOE ha perdido más de 230.000. Sin embargo, la suma de los grupos de la izquierda, Alternativa Gallega de Izquierdas más el BNG, suman más de 345.000, superando los 293.671 de los socialistas.
En el País Vasco el resultado ha sido mucho más llamativo. El PP ha perdido unos 16.000 votos, pero el PSOE lo ha hecho en más de 100.000. Sin embargo, irrumpe la izquierda abertzale como segunda fuerza con casi 277.000 votos.
Aunque en ambos casos se trata de elecciones autonómicas, se puede comprobar con claridad que el lógico desgaste del PP no se traduce en una mejora electoral del PSOE. Por otro lado, los grupos más a la izquierda mejoran, y es notorio el aumento de la abstención, llegándose en el caso gallego a manipular las estadísticas para ocultar un descenso de un 10% de la participación (sólo de un 54,4%) respecto a las anteriores elecciones del 2009 (64,4%).

Signos esperanzadores para la ruptura bipartidista
El panorama futuro de los socialistas es bastante desalentador. Las elecciones catalanas de noviembre no se presentan demasiado halagüeñas. Los sondeos pronostican una leve bajada del PP y el desplome del PSOE, lo que sin duda le obligará a celebrar un nuevo Congreso, y revisar el liderazgo de Rubalcaba. De hecho ya están poniendo en cuestión su gestión desde Andalucía y Cataluña, dos importantes feudos socialistas.
La creciente abstención, el natural descrédito del partido en el Gobierno, el declive de los socialistas y un mayor apoyo a los grupos situados a su izquierda pueden dar un giro a esta enquistada fórmula de la alternancia bipartidista que desde el año 1996 se ha convertido en la “regla de los ocho años”.  
La posibilidad de que los grupos políticos situados a la izquierda del PSOE que van teniendo mayor respaldo, cuestionen el actual sistema socioeconómico, junto a la profundización en las reivindicaciones independentistas de las CCAA de carácter histórico, Cataluña y País Vasco, pueden interaccionar, dando lugar, en el corto plazo, a un hecho desestabilizador de una situación que se ha mantenido en el tiempo. Estos momentos de quiebra del sistema e incertidumbre social pueden ser el caldo de cultivo adecuado para que esos cambios posibles puedan fructificar. Ante tal situación nos queda esperar que esos partidos a la izquierda del PSOE vayan fraguando una verdadera alternativa que  pueda canalizar desde la razón los fenómenos a los que puedan dar lugar estos novedosos hechos.



miércoles, 24 de octubre de 2012

ELECCIONES GALLEGAS: UN FRAUDE ESTADÍSTICO



El domingo, como tantos otros ciudadanos, estaba atento a las noticias que los medios de comunicación ofrecían sobre las elecciones Gallegas y las del País Vasco. Es a las primeras a las que me quiero referir ahora.
A eso de las siete de la tarde, más o menos, nos decían que la participación a las cinco era unos siete puntos inferior a la de las elecciones del 2009, lo que pronosticaba un importante ascenso de la abstención en estos comicios.
Pues bien, una vez iniciado el recuento, a partir de las ocho, nos informan de que la participación había sido del 63,80%, 0,63 puntos inferior que en las anteriores que fue del 64,43%. Por un extraño fenómeno, que jamás se ha producido, desde las cinco de la tarde hasta las ocho, la participación recupera esos siete puntos de caída. Esto es una gran mentira del PP, como tantas otras, con el único interés de encontrar una excusa para justificar las nefastas políticas llevadas a cabo por este Gobierno, haciéndonos creer que los gallegos avalan mayoritariamente los recortes y demás medidas que están llevando a este país a un callejón sin salida.

Esta repentina recuperación de la participación, me extrañó tanto que me propuse analizar los demás datos que todos los medios nos ofrecían. El número de votantes ha sido de 1.467.657, cuando en las elecciones del 2009 fueron 1.706.198 los que acudieron a las urnas. Esta comparativa me hizo dudar de los datos de participación: o bien un número en torno a los 400.000 gallegos se habían esfumado, o los datos que nos daban eran falsos. ¿Cómo es posible una participación semejante en ambas convocatorias cuando el número de votantes es sensiblemente inferior en las del 2012?.    
Lo curioso es que ningún partido político ha reaccionado ante este hecho, a la vez que  a todos los medios informativos “se la han colado”.
 Anoche, aprovechando un hueco en mi agenda, me puse a analizar la cuestión desde un punto de vista matemático. Ahí van los datos:

Elecciones de 2009:
Censo INE: 2.691.570
Número de votantes: 1.706.198
Participación real: 63,39%
Participación oficial: 64,43%

Elecciones 2012:
Censo INE: 2.696.513 (unas 5.000 más que en las anteriores)
Número de votantes: 1.467.657
Participación real: 54,42%
Participación oficial: 63,80%

Como conclusión al análisis matemático quiero resaltar que el PP gallego representa a menos de un cuarto de la población censada con derecho a voto: el 45,72% obtenido por el PP del 54,42% de la participación supone únicamente el 24,88% de esa población con derecho a voto.

 Hoy abro Facebook, y me encuentro con un análisis llevado a cabo por “Democracia Real Ya”, idéntico al que yo hice anoche, lo que me confirma que estoy en lo cierto. ¿Qué ha ocurrido?, que han excluido a toda la población empadronada que reside fuera de Galicia, porque, por lo que parece, esta vez han decidido abstenerse casi en bloque (no han solicitado el voto por correo), lo que dice poco a favor de este modelo político en permanente declive. El PP ha manipulado los datos con el fin de reforzar la nefasta política que está llevando a cabo en todo el Estado. Y lo curioso es que pocos nos hemos dado cuenta de este fraude estadístico que se ha producido por primera vez. ¿Es posible que a partir de ahora asistamos a “pucherazos” electorales sin que los mass media se den cuenta de ello?. Evidentemente, lo que ha ocurrido potencia el desprestigio de la actual práctica política, y deja en muy mal lugar a los medios que nos informan porque, por ignorancia o por intereses, se dejan llevar por el engaño. 

lunes, 22 de octubre de 2012

ÉRASE UNA VEZ



Nos encontramos  lejos de la realidad pasada, no sabemos con certeza dónde estamos ahora. Tal vez esto sea pura fantasía, quizás estemos en una burbuja que vaga por un mundo imaginario. La inacción, la indiferencia y el miedo, sobre todo el miedo, son los motivos por los que nos encontramos así. Hemos llegado a tal situación por la vía del aturdimiento, lo que hace que gran parte de nuestra memoria haya desaparecido. Sólo queda el difuso recuerdo de aquello que nos ha traído hasta aquí, lo que permite narrar a los que no lo vieron lo que fue un mundo enloquecido dirigido por unos enfermos de codicia a los que una estúpida manera de vida se les fue de las manos.

Mirad -les dice uno de aquellos supervivientes a los que no lo vivieron- la hipocresía, junto a tantas otras miserias, impregnaba múltiples dimensiones vitales en aquel lugar, convirtiendo a la sociedad en masa,  en un conjunto de individualidades necesitado de ser guiado para malvivir. Regía aquella malintencionada regla de la psicología  según la cual la inteligencia es la capacidad de adaptación al medio, y bien que nos adaptamos. Poco a poco, se fueron perdiendo algunos valores que en tiempos muy remotos nos permitieron convivir como seres más racionales, pero la solidaridad y la conciencia social se fueron trasformando en incomunicación, en indiferencia y en cada uno a lo suyo, imitando a los que tenían el dinero.
Las capacidades intelectuales fueron decayendo, de manera que cada vez era más difícil comprender, analizar la realidad con certeza y librarse del engaño. Los medios de comunicación, con su machacona y repetitiva función, jugaron un papel fundamental en ese encargo encomendado para anular el pensamiento propio.
Algunos que se empeñaban en aportar un poco de luz  sufrían el desencanto por la imposibilidad de “calar” en las cada vez más ausentes conciencias y en ese nulo pensamiento de gran parte de los individuos de aquel tipo de sociedades. Se daban cuenta de la dificultad que tenían para romper con lo establecido, con lo que era considerado políticamente correcto. Y lo correcto era asumir un modelo político formado por truhanes que defendían los intereses de un sector minoritario, estaban ahí para eso. Pero todos los elementos que formaban parte de esa mentira se fueron corrompiendo, y las estructuras, como no podía ser de otra manera, se derrumbaron, y cuando algunos se dieron cuenta ya era tarde para reconstruirlas.
Toda aquella aceptación de lo establecido, o la búsqueda de ingenuas e ineficaces alternativas, se debía al miedo a enfrentarse a una situación real que nos asfixiaba, pero que preferíamos ignorar, escondiendo la cabeza bajo el ala, o refugiándonos  en guetos que nos aislaban de esa realidad, y  en enajenantes distracciones normalizadas que intencionadamente ponían  a nuestra  disposición.

No supimos poner remedio a esa deriva que nos ha traído hasta aquí -pensaba el narrador- ahora en solitario. El sistema generó fenómenos con vida propia que se sobrepusieron, incluso, a los que creían que tenían el control absoluto.
Tuvimos la posibilidad de caminar hacia un mundo mejor que aquel que se corrompió, aquel que  por nuestra pasividad dejamos que se corrompiera. Esta especie nuestra desbordó los límites de la irracionalidad en la que vivimos durante tanto tiempo. Estamos aquí, en esa burbuja a modo de incubadora con la confianza y el deseo de que renazca una especie renovada, una especie que de verdad pueda ser considerada, con razón, humana.