lunes, 22 de julio de 2013

¿TORPEZA POLÍTICA?

La oposición política española, en bloque, lleva un tiempo pidiendo la comparecencia en sede parlamentaria de Mariano Rajoy, como principal medida, ante los graves acontecimientos de corrupción que vamos conociendo día tras día. Me pregunto si detrás de esta petición se esconde la torpeza política de nuestros insignes “representantes”, o se trata de  una estrategia basada en la idea de Giuseppe Tomasi di Lampedusa según la cual “a veces es necesario de que algo cambie para que todo siga igual”.
A través de encuestas llevadas a cabo recientemente, una significada mayoría de ciudadanos y ciudadanas pensamos, creen o saben que el Partido Popular se ha financiado ilícitamente y que sus dirigentes se han embolsado suculentas cantidades de dinero en billetes de 500€ metidos en sobres o, en algunos casos, en cajas de puros. En realidad las encuestas se quedan cortas porque pienso que no hay ni una sola persona en su sano juicio que no lo piense, crea o sepa, a pesar de la manipulación de los medios de comunicación de masas.
Mariano, se ha estado resistiendo y, de manera reiterada, nos remite a la confianza que le dieron sus votantes para que gobierne durante cuatro años con esa mayoría absoluta. Y razones no le faltan. El juego es ese. Lo ha sido a lo largo de todos estos años de lo que se conoce como democracia. La mentira y las falsas promesas no están castigadas. “Tú dame el voto, y si gano, yo sabré que hacer con él”,  piensan nuestros próceres.  Este es el juego “democrático” al que venimos asistiendo, y al que alentamos con nuestra participación.
Los signos de interrogación del enunciado y la duda de si se trata de una especie de táctica surgen porque me parece de una torpeza monumental pedir simplemente la comparecencia del actual Presidente del Gobierno.
Rajoy se ha refugiado primero en esa mayoría que le otorgaron las urnas, se ha hecho  el remolón, controla el terreno de juego y, por último, anuncia que comparecerá por voluntad propia, y no por las presiones de los demás. ¿Quién le cuestiona esto?
Comparecerá, hablará de lo que quiera, nos soltará una perorata sobre la recuperación económica que, según él, ya se ve venir, negará que haya cobrado en negro y nos dirá que el PP nunca se ha financiado de manera irregular. Es decir, lo que vienen haciendo desde hace meses. La oposición  hará sus preguntas, pero él responderá a las que quiera y como quiera. Esa oposición se empeñará en que nombre a Bárcenas, cosa de menor relevancia, pero Rajoy puede hacer de su capa un sayo. El protocolo parlamentario se lo permite.
En realidad, pienso que los políticos de la actual oposición, con esas acaloradas peticiones,  no pretenden hacer demasiado “sangre”, sólo un poco de ruido. No quieren romper el statu quo porque viven de esto.
Algunos, aunque presumimos la respuesta, nos preguntamos: ¿y que pasará después de la intervención de Rajoy? Como dicen en mi tierra: “y vuelta la burra a la era”. La marcha política seguirá como antes de esa intervención. ¿Qué harán los políticos de la oposición cuando finalice el acto?, ¿calmará sus ansias por saber la verdad? Por si no se les ha ocurrido tomar alguna otra medida que pudiera satisfacer a la ciudadanía, al menos a un sector social importante, yo les apunto alguna. Ante lo que se traducirá en una burla y en una tomadura de pelo a los parlamentarios y, sobre todo, al pueblo, a la oposición no les queda otra salida honrosa que abandonar el Parlamento. La dimisión irrevocable de los componentes de todos los grupos políticos ajenos al Gobierno es la única manera de provocar una nueva convocatoria electoral, algo que una parte importante de la población anda buscando.

Soy consciente de que esta propuesta se encuadra en el terreno de la utopía, impregnada de una buena dosis de ingenuidad. El día posterior a ese acto político, tan solicitado por algunos, nos devolverá a la realidad de un Gobierno sustentado por un partido político indecente, a admitir la corrupción como algo consustancial a este modelo democrático y a la vergüenza de seguir gobernados por unos impresentables que utilizan la política para enriquecerse a espaldas de una sociedad en parte que sufre, en parte indiferente. 

sábado, 6 de julio de 2013

NUEVAS PROPUESTAS LLAMADAS AL FRACASO

Ante el anuncio de un nuevo grupo, que se autodefine como “Convocatoria Cívica”, uno se hace un sinfín de preguntas, entre las que caben: ¿uno más?, ¿es que no hay suficientes grupos con idénticos o semejantes planteamientos?, ¿es que no escarmientan?, ¿es que no se dan cuenta de la ineficacia de los que han surgido anteriormente?, ¿no comprueban sus autores que poco a poco se van diluyendo? Con esta nueva aparición se hace bueno el popular dicho: “éramos pocos y parió la abuela”.
Convocatoria Cívica, como supuesta propuesta de contestación al modelo político actual, está formada por profesionales con más o menos renombre. El más conocido, sin duda, Baltasar Garzón. A él se unen, básicamente,  profesores, escritores y artistas. La fórmula de presentación, la de siempre: lectura de un manifiesto en una sala de un establecimiento conocido, en este caso el Ateneo de Madrid. El reclamo: la presencia de personas con ese mayor o menor grado de popularidad.
En mi ya larga experiencia, y a través del conocimiento de la historia, he comprobado que los grandes hombres y las grandes mujeres, esos que han luchado de verdad, jamás se han expuesto públicamente. Los logros que alguna vez se han alcanzado han sido fruto de la entrega, de la lucha, de la conspiración  y de la clandestinidad. Nada que ver con la exposición y el anuncio como si se tratara de un producto comercial.
Todos estos “movimientos” proponen medidas desde dentro del actual sistema socioeconómico, es decir, se mueven en el marco del sistema capitalista y en el modelo político vigente. Un sistema agotado y un modelo obsoleto. Y desde dentro no hay alternativas que valgan.
Hay que atreverse a denunciar la “democracia” que nos tiene atrapados. Es esta práctica política la mejor estrategia que el poder real ha encontrado para defender sus intereses.  Hay que atreverse a desmontar esta trampa con la única herramienta que tenemos en nuestras manos: la abstención. A la vez sería conveniente elaborar una alternativa al sistema, siempre contando con las condiciones objetivas y subjetivas. De no darse estas condiciones, mejor dejar que el poder nos presente otra forma de cobertura. Tal vez nos resulte más interesante que la actual.

“El sistema siempre se ha visto necesitado de una cobertura política que, de una u otra manera, le proteja y le permita operar de la forma más tranquila posible. Cuando ha sido necesario utilizar modelos represivos, no ha tenido inconveniente en llevar esas prácticas hasta sus últimas consecuencias. Las democracias modernas ofrecen una aparente paz social, haciéndonos creer que éste es el menos malo de los modelos de convivencia. El término “democracia” se ha convertido ahora en el parapeto político de un sistema injusto tras el cual toda actuación se legitima por el mero hecho de estar encuadrado en lo que no es otra cosa que una mera fachada para mantener la mansedumbre de las masas y para contener cualquier intento de rebeldía.
Inicialmente la democracia nace como alternativa a la aristocracia con el fin de diluir el poder político, dando participación a un colectivo más amplio de la población, pero, históricamente, la toma de decisiones siempre ha estado restringida a un sector, estamento o clase social. En cualquier caso, el sistema se ha protegido de manera demagógica para evitar la verdadera participación popular, poniendo en práctica “modelos” muy alejados de la autentica intervención política del conjunto de la ciudadanía. El poder económico ha sabido administrar hábilmente la situación política y el control ha estado siempre en sus manos, estableciendo gobiernos que, parafraseando a los clásicos, se constituyen en gabinetes de gestión de la clase dominante. Esa habilidad para la adaptación política a los intereses de clase, la ausencia de una verdadera y eficaz estrategia para el cambio, la debilidad de quienes impúdicamente están dispuestos a prestar sus servicios a cambio de las migajas que caen de la mesa del poderoso y la utilización de todos los medios a su alcance para deformar y distraer a la ciudadanía, han dado lugar, a pesar de encontrarnos en estados de corte “democrático”, a la permanente ausencia de una favorable correlación de fuerzas de los menos favorecidos y, como consecuencia, a la tergiversación del curso natural de la historia.
Pero si la democracia es una estrategia o una táctica dilatoria para que la clase dominante mantenga el poder, también podría ser una estrategia para combatirlo profundizando en la participación y cuestionando el actual modelo. La forma razonable de convivencia pasa por la voluntad y el deseo de una mayoría consciente de su realidad y despojada del velo del engaño al que reiteradamente está sometida, pero para el cambio es preciso que se den esas condiciones a las que ya hemos hecho referencia.

La democracia, con este genérico enunciado, es una vieja fórmula de organización sociopolítica que, en su más pura esencia, permite a todos los ciudadanos participar, directa o indirectamente, en el gobierno de las naciones. Por esta razón, ha sido siempre una reivindicación popular en la creencia de que, de esta manera, se garantiza que todos tenemos la misma influencia a la hora de formar gobiernos y tomar decisiones de carácter colectivo.
La democracia moderna, frente a otras anteriores formas autoritarias de gobierno, ha conseguido instalarse y legitimarse como la más aceptada forma de organización sociopolítica. Nadie, ni los más críticos, cuestionan el modelo democrático en esa más pura esencia, si bien es cierto que en la actualidad está cargado de una serie de “vicios” que conlleva su práctica, incluso en los países donde se desarrolla de la manera más avanzada, porque, como decimos, la práctica democrática al uso es un modelo adaptado al actual sistema socioeconómico.
A raíz del surgimiento de los regímenes fascistas europeos, la democracia se convirtió en una reivindicación popular. En España, particularmente, la lucha antifranquista tomó como bandera el modelo político de los países del centro de Europa en donde ya se había consolidado este modelo democrático después de la Segunda Guerra Mundial. La democracia que los sectores más progresistas de la sociedad han reivindicado en mejores tiempos es un modelo participativo que pudiera convertirse en el soporte político de un sistema más justo basado en la igualdad, pero todo el trabajo y la lucha por lograr esas metas han sido estériles. En realidad, las ventajas que la práctica política puedan reportar al pueblo llano no dejan de ser puras concesiones del poder real”. (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pág. 91)


En fin, la experiencia nos muestra que este tipo de pronunciamientos tiene mucho más de protagonismo personal que de eficacia para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía. El conocimiento de su existencia alcanza a un limitado número de personas. Dentro de unos meses pasará al limbo en el que se hayan otros como el 15M, el 25S, el Frente Cívico, Democracia real YA y otros tantos. Algunos, como “Rodea el Congreso”, han decido disolverse. Aquellos que protagonizan este tipo de cosas, deberían ser conscientes de que su debilidad refuerza el poder de quienes lo ostentan. Estas acciones no les dan miedo, y sin miedo en los de arriba no se garantiza ninguna posibilidad de cambio a favor del pueblo. 

lunes, 24 de junio de 2013

DE POLÍTICOS PROFESIONALES Y DE MOVIMIENTOS SOCIALES ANTE LA ACTUAL SITUACIÓN

Desigualdad creciente con la intención de llegar a la bipolarización extrema de ricos y pobres, paro y precariedad, impunidad para los corruptos, acumulación irracional de capitales, decadencia de la fase productiva de los últimos 150 años, innecesaria fuerza de trabajo para enriquecerse, una práctica política inservible y una inacción popular frente al desastre son algunas notas interrelacionadas que dibujan el actual panorama socioeconómico.
Por todo ello, cada vez es más palpable esa situación vital que apunta hacia un nuevo  paradigma, pero que parece imposible que pueda consolidarse a largo plazo. Sin embargo, el proceso de transformación que estamos viviendo supone pobreza y sufrimiento para una parte creciente de la sociedad.
¿Cabe alguna posibilidad de que el camino emprendido por el poder real pueda enmendarse, o serán las leyes naturales las que regulen la vida futura en sociedades como la nuestra?

¿Quiénes son los políticos?
De los actuales políticos de uno u otro bando poco cabe esperar. El acceso a la política oficial está totalmente restringido, acotado y controlado. Los gobernantes se fraguan en los partidos políticos, gentes sin experiencias laborales externas, reduciéndose sus vivencias a la exclusiva relación dentro del partido y de su dinámica, una dinámica basada en la promoción interna a través del vasallaje, del enfrentamiento entre tendencias, de la suerte y del oportunismo; todo ello requiere la afiliación temprana y…, a esperar y aguantar. Los diputados(as), senadores(as), los ministros, los alcaldes, etc., todos ellos surgen de esos “yacimientos”, de los partidos políticos. No hay ninguna posibilidad de acceso al poder si no es mediante esta vía. ¿Quién garantiza las capacidades, incluidas las intelectuales, de estas gentes que nos gobiernan?, ¿cómo romper la actual situación?

El surgimiento de movimientos sociales, y su ineficacia
Dos motivos han dado lugar a la aparición en España de un elevado número de grupos de lo que se conoce como movimientos sociales: la degeneración de la democracia, ya de por sí dañada desde su nacimiento, y la ausencia de grupos políticos que trabajen por la trasformación del actual sistema socioeconómico y del modelo político que lo sustenta.
Movimiento 15M, 25S, Frente Cívico, Democracia Real Ya, Cumbre Social, Toma el Congreso, son algunos de esos grupos que desde hace algunos años llevan a cabo acciones al margen de la práctica política de los partidos.
Me parece que es conveniente hacer una profunda reflexión sobre el origen y finalidad de esos movimientos, de tantos grupos que nos convocan una y otra vez a esas movilizaciones que sólo sirven para darnos de bruces contra un muro cuando se llevan a cabo. Podría ocurrir que su razón de ser fuera la de canalizar el descontento por la vía de la simple salida a la calle de vez en cuando, impidiendo, de esta manera, ejecutar otras acciones que pudieran dar mejores resultados. La ineficacia de tales movilizaciones hace que cada vez sean menos numerosas, frustrando las expectativas de sus convocantes y de los convocados.

En consecuencia, ante la posición de los partidos políticos, y la ineficacia de tantos y tantos llamamientos dirigidos a la ciudadanía, es necesario hacer un esfuerzo intelectual para pensar en acciones eficaces que, al menos, nos saquen de este círculo vicioso en el que los actos de protesta sólo sirven para desahogo de unos cuantos que no ven más allá de sus narices. Las manifestaciones de protesta al uso son admitidas, incluso valoradas, por los agentes más abyectos y por las fuerzas más reaccionarias. Mientras esto siga así, mientras nos refugiemos en acciones como las que ahora se llevan a cabo, seremos presa de los malvados, y, consciente o inconscientemente, seremos cómplices del mantenimiento de un mundo injusto, irracional, inhumano y cruel.

martes, 18 de junio de 2013

¿QUÉ MÁS TIENE QUE PASAR?

Hoy me llega vía email una carta, una de tantas de las que circulan por la red, haciéndoles ver a los que aún votarían al partido en el Gobierno, más de ocho millones, su equivocación por seguir apoyando a un grupo  como el que detenta ahora el poder político nacional y regional, convertido en un pozo de corrupción y de mierda. Ríos de tinta, o miles de megabytes comentan, denuncian o critican los comportamientos políticos y las conductas personales de los dirigentes del PP, pero las cosas siguen igual, no pasa nada, las urnas lo soportan todo. Han ganado por mayoría absoluta y están legitimados por cuatro años hagan lo que hagan.
Estos políticos saben muy bien de qué va este negocio. Saben que su función es la de  proteger a los ricos, y cobran por esa tarea, sabiendo que entre todos caminan en  el tándem de la corrupción. Todo eso de los principios o de la ética se la suda. La degeneración está servida.
En mi vida he visto nada tan escandaloso, y tan escasa respuesta ante los hechos que se suceden, y que nos cuentan los medios de comunicación a diario. Aparecen como si se tratara de una película, como una serie que, con el mismo guión, cada día aportan algún dato nuevo, aunque los protagonistas suelen ser siempre los mismos. El cine, la ficción y el plasma han hecho mucho daño. La realidad queda eclipsada y se nos cuela en casa filtrada, manipulada y repetitiva hasta el punto de asumir la maldad, el abuso, la sinrazón y la falta de humanidad como algo normal.
Por el otro extremo, la desigualdad, la pobreza, el desamparo y la crueldad comparten pantalla. Ya estamos tan inmunizados que tras una noticia sobre un tipo que ha robado un montón de millones, nos muestren otra en la que nos dicen que una cuarta parte de los niños de este país están desnutridos. Ambas son asumidas de igual forma porque la anestesia permanece durante todo ese tiempo en el que perdemos dioptrías ante el aparato de TV.
¿Qué más tienen que pasar? Los máximos dirigentes del partido en el Gobierno entienden esto de la política como un negocio. Nos dicen los diarios que en unos cuantos años se han forrado, burlando esa legalidad a la que ellos aluden cuando hay que reprimir o someter al pueblo llano. Es tremendo, porque dicen que son los máximos representantes de los ciudadanos. Se burlan de todos. Bien pensado: ¡da miedo! La inseguridad, el desasosiego o la inestabilidad y la precariedad laboral pasan a un segundo plano. El pánico les coloca en esa segunda plaza.
Por si fuera poco el hecho de que el actual presidente de Gobierno carezca de cualquier principio ético, burle la ley, sea un mentiroso: “no he venido a la política para ganar dinero”-dijo-, desprecie a la ciudadanía y tenga la desvergüenza de seguir en su puesto, además de eso, el expresidente de los patronos (CEOE) está en la cárcel, el expresidente de una de las mayores Cajas de Ahorros (Bankia) también está en la cárcel, el que manejaba los dineros del PP está multimputado por ladrón. La Corona: ¿qué decir de la Corona? ¿Hay quien dé más? ¿Es esto lo que llaman marca España?
“Aún en estas condiciones no parece cercano un “estallido social”. Más bien parece que vamos por el camino de la aceptación de los hechos, de la caridad como única forma de ayuda a los más necesitados, del refugio en la miseria”.



miércoles, 5 de junio de 2013

TRABAJO SOCIAL PARA LOS DESEMPLEADOS

En algunos ayuntamientos están apareciendo nuevas “figuras” laborales: los parados se dedican a tareas internas, fundamentalmente relacionadas con la limpieza y cuidados de jardines. De momento, esto se está llevando a cabo de una manera improvisada, con miedo y sin la atención que el asunto requiere. La medida, ha sido cuestionada por los Sindicatos y, en general, por la izquierda política, pero ahora, ante le evidencia, las organizaciones sindicales “proponen que los ayuntamientos contraten a parados sin prestaciones” (sic).

Esta medida, la de ocupar a los desempleados fuera del sistema productivo, se hace inevitable, sobre todo por un asunto de carácter humano. Lo que ocurre es que requiere el adecuado estudio para que resulte positivo para todos. Hace ya algunos años,  en “En los límites de la irracionalidad”, hice este comentario:
“Como consecuencia del desarrollo tecnológico, de la reproducción del dinero mediante fórmulas especulativas, de la aparición de nuevos focos de producción en países emergentes y otras circunstancias semejantes, la fuerza de trabajo será cada vez menos necesaria, por lo que el desempleo en los sectores productivos no se reducirá, por el contrario irá en aumento. Las coberturas sociales a desempleados, que ya ocupan un importante capítulo en el actual panorama económico, si se desea mantener la “calma” que el poder necesita, tendrán que aumentar, al menos, en número, de tal manera que habrán de acostumbrarse a convivir, en un mismo entorno, colectivos con un empleo productivo y otros sin él, cuyos componentes podrían ocuparse de tareas subsidiarias o de carácter social en el marco de las administraciones, para escapar de esa sensación de parasitismo a la que puede dar lugar el ser un parado de “larga duración”. Todo ello aparejado con el empobrecimiento generalizado de las clases populares: rebaja de pensiones, reducción de los salarios, “recortes” o eliminación de los servicios públicos, etc. Pero conviene preguntarse: ¿hasta dónde podrá soportar el sistema este fuerte desequilibrio entre mano de obra empleada y parados de larga duración, más un elevado colectivo de trabajadores en situación de jubilados o prejubilados?” (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pág. 199)
Esto se hace inevitable. El sistema, con las actuales estructuras, no será nunca capaz de ocupar a toda la población laboralmente activa. La etapa productiva de occidente, que trascurre desde mediados del XIX hasta –aproximadamente- finales del siglo XX, ha tocado fondo. El proceso de crecimiento de esa etapa se ha invertido en la vieja Europa. La economía se ha ido trasformando hasta convertirse en una economía de “mercados” financieros. Esto quiere decir que el capital ha encontrado nuevas fórmulas para obtener enormes beneficios. Es más rentable, por ejemplo, comprar deuda soberana de países endeudados como el nuestro que “montar” un nuevo negocio, o ampliar el que ya está creado. La cosa es bastante más compleja. Otros factores diferentes a la especulación y al mercado del dinero intervienen en el declive de esa anterior fase productiva de crecimiento permanente. Tal como hemos señalado en el texto en cursiva, la aparición de nuevos países productores con mano de obra más barata, la saturación de los mercados, el agotamiento de recursos fósiles, etc., son otros tantos factores que nos avocan a una situación diferente a la vivida en décadas pasadas.
Pero lo que aquí queremos tratar es la situación de aquellos y aquellas que no tienen opción de participar en la actividad productiva, de los que se encuentran en paro, de los que nunca podrán trabajar en esas tareas remuneradas por el patrono, etc.
La situación que vivimos evidencia el agotamiento de ese largo periodo de economía capitalista, en el que destaca la etapa de unos 150 años, a la que hemos hecho referencia anteriormente. A pesar de ello, del evidente agotamiento, no hay quien plantee alternativas fuera del sistema vigente. Todo son parches, propuestas incoherentes o tapones en los agujeros por el que el modelo se desangra. Pero esto sólo sirve para mantener mansa a una  sociedad cada vez más compleja y más desigual. El poder se resiste, y maneja todos los resortes que tiene a su alcance para seguir sembrando desigualdad, en un marco de miedo, indiferencia e inseguridad.
Aún en estas condiciones no parece cercano un “estallido social”. Más bien parece que vamos por el camino de la aceptación de los hechos, de la caridad como única forma de ayuda a los más necesitados, del refugio en la miseria. Parece que el auxilio a los más desprotegidos lo tendrán que llevar a cabo los sectores sociales próximos a ellos. Es decir, los pocos recursos que lleguen a manos de los que poco o nada tienen lo tendremos que hacer los trabajadores que aún mantenemos regularmente unos ingresos. Nada de quitarles a los que se han enriquecido con el trabajo de otros, nada de recuperar lo que se ha granjeado a través de la corrupción o de la especulación. Nada de incrementar la carga impositiva de quienes mantienen sueldos o ingresos astronómicos.
Por todo ello, ante esa ausencia de rebeldía de una sociedad mansa, será inevitable aceptar, por parte de la clase trabajadora, las rebajas salariales y el incremento de impuestos para socorrer a quienes no tienen empleo o a los que nunca lo tendrán, en el marco de un sistema que nadie cuestiona a pesar de ser incapaz de dar respuestas a los graves problemas que sufrimos.


lunes, 27 de mayo de 2013

¿PUEDE UN IMBÉCIL SER PRESIDENTE DE GOBIERNO?


Esta sociedad nuestra, poco a poco, se va dando cuenta de la verdadera identidad de quiénes nos gobiernan, de sus capacidades, de sus limitaciones, de sus intereses. Hay dos razones que justifican este sentimiento generalizado, dos razones que interaccionan. Por un lado, después de más de 30 años, gran parte de la ciudadanía ha  ido despertando,  comprueban que ese papel de representatividad que se atribuyen los políticos es falso. Motivos no les faltan, no nos faltan. Por otro, la política se ha convertido en profesión, se ha ido formando un grupo estable, al que sin error se le denomina casta,  que, o bien se sientan en los escaños (también ocurre en los ayuntamientos),  o son colocados en instituciones públicas o privadas, o se quedan como liberados en su partido. Algunas voces se alzan reclamando un “barrido” general, diciendo que ese grupo que nutre los Parlamentos y demás entidades desaparezca y den paso a nuevas caras, supongo que se refieren a personas honestas, libres de vicios y de rutinas. Pero esto no deja de ser pura fantasía. Es el deseo de muchos y muchas que traducen su desesperación en aquello que linda con lo onírico.
En ese marco de convivencia enquistada, de desilusión perdida, de no saber por donde tirar, aparecen figuras esperpénticas que refuerzan el desanimo, la desesperación o la impotencia. La reciente aparición en televisión de un individuo nos pone ante nuestros ojos la estupidez, la pobreza personal e intelectual de un tipo que ha sido el director de orquesta de una panda de sinvergüenzas que, por una u otra vía, se han llenado los bolsillos. Él se encuentra entre estos que se han enriquecido. Eso, el hecho de tener repletos los bolsillos,  es lo que le permite dirigirse a las cámaras con esa aparente seguridad sin ningún tipo de pudor cuando balbucea esa sarta de insensateces  que salen de unos inmóviles labios incrustados en una cara que, cuando gesticula,  muestra expresiones que bien podrían ser escenas de un thriller.
Actos como este, actos insustanciales en su contenido, nos dan una muestra inequívoca de la personalidad y nivel intelectual de los que nos “dirigen” políticamente. Sin embargo, todas las cadenas de radio y TV han ocupado gran parte de su programación en reproducir y comentar el huero acontecimiento retransmitido inicialmente, lo que dice muy poco a favor de todos esos medios de comunicación que nos bombardean con noticias banales, que se repiten hasta la saciedad, y que logran aburrir a un sector que poco a poco se va desenganchando, lo que no deja de tener algo de positivo. Tendrán que inventar nuevas fórmulas, porque su finalidad está claramente definida.
Es posible que nuevos imbéciles con responsabilidades políticas vuelvan a aparecer en TV. Es posible que sigan con sus insustanciales declaraciones, insultando nuevamente a la inteligencia colectiva. Nunca aprenderemos del todo, ni todos los que componemos estas sociedades, siempre habrá quienes les sigan votando para bochorno y vergüenza ajena de los  que deseamos gobernantes sensatos, instruidos, capaces y con sentido ético en sus actos como responsables políticos.

domingo, 19 de mayo de 2013

HABLANDO CLARO


Tal como señalé en un artículo del 10 de enero del presente (http://ajgilpadilla.blogspot.com.es/2013/01/una-desesperada-descripcion-de-los.html), de vez en cuando es aconsejable aparcar la reflexión y el análisis para limitarnos a describir con meridiana claridad los hechos y las situaciones que se van sucediendo día a día, arrastrando a  sociedades como esta nuestra hacia la pobreza, la desigualdad, el desconcierto, la impotencia y la desesperación. A todo esto, la indiferencia sigue siendo el refugio de aquellos y aquellas a los que la desgracia no les ha alcanzado aún.

1. Según los datos que proporcionan los organismos oficiales, el número de parados en España supera los seis millones, y el de la Eurozona supera los veintiséis. Y la tendencia es que esas cifras sigan aumentando. A ello hay que añadir la precariedad y los bajos salarios de quienes aún mantiene su puesto de trabajo. Si el final de la crisis se refiere a la consecución del pleno empleo,  a la estabilidad laboral y a un salario digno, podemos decir, sin ningún tipo de dudas, que esto que llaman crisis económica, no tendrá  nunca final en el marco del actual modelo económico, político y social.
Axioma nº 1: El actual sistema nunca será capaz de proporcionar trabajo a los millones de parados que existen, ni a los que cada día van engrosando esa tremenda relación.

2. Los políticos y los “expertos”, de una manera atrevida e insolente, nos anuncian  la salida de la crisis sin ningún tipo de firmeza, aplazando ese final cada vez que les viene en gana, sin aportar la mínima información de cómo será la recuperación, ni de la activación de los factores que deberían intervenir para que esto ocurriera. El deseo social de que esto se arregle permite que estas incoherentes noticias calen en la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas.
Axioma nº 2: Los políticos se blindan de cara al pueblo, se refugian en el acto electoral cada cuatro años, los intereses comunes se la traen al pairo, y su único objetivo es vivir cómodamente y seguir viviendo como clase privilegiada, integrándose, en muchos casos, en esa práctica corrupta que se ha hecho endémica en este país nuestro. 

3. Los medios de comunicación, radio y TV, cubren gran parte de su programación con eso que llaman tertulias, convertidas en un tipo más de reality. Son una panda de elementos muy bien elegidos que rotan y saltan de cadena en cadena acumulando un sueldo astronómico, en relación a los miles de profesionales de la información infrapagados e infravalorados, obteniendo estas ganancias a cambio del sucio papel que desempeñan.
Axioma nº 3: Los medios de comunicación, sometiendo a la población a un permanente “lavado de cerebro”, son (todos) la barrera de contención del poder real y de los políticos, añadiéndose ellos mismos a ese sector de clases privilegiadas. 

4. La desigualdad se hace cada día más patente, internándose en todas y cada una de las diferentes capas sociales. Las grandes fortunas crecen en número y cantidad: las diferencias son cada vez mayores entre los muy ricos y los pobres (desigualdad con mayúsculas). Por si eso fuera poco, a diferencia de otros tiempos, la clase trabajadora está totalmente desestructurada: existen enormes diferencias entre personas con el mismo nivel formativo, experiencia laboral, edad, etc. (desigualdad con minúsculas). En una breve taxonomía encontramos asalariados bien retribuidos en trabajos acorde con su perfil, subempleados con salarios de miseria, empleados y empleadas eventuales con bajos salarios, precarios o parados. Además, la lista de excluidos se alarga día tras día. En ella se encuentran los que jamás podrán tener acceso a un empleo por muy miserable que este sea.
Axioma nº 4 (a modo de corolario del axioma nº 1): El actual sistema, o aquello en lo parece desembocar, nunca tendrá capacidad para eliminar o reducir la desigualdad.
Axioma nº 5: La pobreza crece sin parar, afectando a amplias capas sociales. Entre ellas se encuentra una buena parte de la juventud lo que genera una especie de espiral que va ahogando al propio sistema.

5. La desigualdad, el paro, la precariedad, el justificado desprecio por la política actual y por los políticos son el origen de la aparición de un sin fin de organizaciones y “movimientos sociales”. Cada día nos encontramos con alguno nuevo. Los medios de comunicación no tienen ningún reparo en hacerse eco de ellos, de sus protagonistas y de sus actividades, lo que demuestra que no suponen ningún peligro para el sistema, dado que los mass media, tal como hemos señalado, son uno de los principales instrumentos de defensa de los poderosos.
Axioma nº 6: Las acciones de estos grupos no dañan al sistema. Al no conseguir logros, los movimientos se van diluyendo como azucarillos en un vaso de agua (el último llamamiento del 15M, al que acudieron unas 200 personas, parece una prueba evidente).    

6. La respuesta a la actual situación tal vez la encontremos en el poder omnímodo del sistema que ha ido conformando y configurando el estado intelectual y emocional de una sociedad que, poco a poco, ha ido perdiendo aquellos valores que, en otros tiempos, nos hacían más humanos, y, en gran medida, el interés por la superación intelectual.
El dinero se ha convertido en el valor único, y tras él se esconde la codicia. A ella le acompañan la ambición, la envidia, la admiración hacia los que más tienen y el egoísmo, de tal manera que todo ello es asumido sin reparos por amplias mayorías de la sociedad. Por lo tanto, los grandes problemas materiales que nos aquejan no se resolverán de la noche a la mañana.
Axioma nº 7: Mientras la sociedad no se escandalice por la barbaridad que supone el que algunos guarden grandes fortunas en paraísos fiscales, por los enormes ingresos de deportistas, “estrellas” de radio y TV, por los salarios de los gestores de entidades bancarias y por sus jubilaciones (la última 88 millones de Euros). Mientras no produzca una repugnancia generalizada saber que los corruptos acumulan tanto dinero, mientras todo esto no provoque, al menos, una revolución interna en todos y cada uno de los que formamos esta sociedad, poco podemos esperar. 

miércoles, 17 de abril de 2013

POR QUÉ LO LLAMAN CRISIS CUANDO LA COSA ES MUCHO MÁS GRAVE


 

Cuando se desconoce la realidad, cuando la realidad se quiere camuflar o cuando no se sabe hacer otra cosa se recurre a los tópicos, a las etiquetas o a la simplificación. Esto es lo que está pasando ahora en este tipo de sociedades en las que se ha roto la dinámica de una forma de convivencia caracterizada por el enfrentamiento, más o menos manifiesto, entre clases antagónicas, aunque capaz de mantener durante las últimas décadas un determinado ritmo que otorgaba a la ciudadanía una cierta seguridad vital y laboral. El sistema capitalista, en su más pura esencia, se ha caracterizado por la búsqueda de beneficios de los patronos, pero durante bastante tiempo el crecimiento económico, aunque con una enorme desigualdad, generaba bienestar para amplios sectores sociales. En esa dinámica hay que incorporar la lucha de los sectores menos favorecidos, es decir, de la clase trabajadora, cuya acción reivindicativa ha influido de manera notable en la consecución de las mejoras de carácter salarial. Por cierto, los momentos de reivindicación, con resultados más eficaces, han tenido lugar cuando las condiciones de vida han dejado un espacio para pensar, para complotar, una vez satisfechas las necesidades básicas.
Debido a que, por una serie de circunstancias,  los sectores productivos ya no generan el beneficio deseado, hecho que ha tenido lugar en otras ocasiones, el mundo capitalista ha entrado en una  enloquecida fase que está generando desconcierto e inseguridad generalizada, a la vez que una nueva forma de distribución de la riqueza, en detrimento de los más débiles. Por un lado, el capital busca otras formas de revalorización en las que es el propio dinero el que genera dinero en un proceso endogámico sin que sepamos  cuál será el resultado final. La burbuja dineraria se va hinchando sin que, de momento, seamos capaces de aventurar el aguante de su envase. Por otro lado, aparecen nuevas bolsas de pobreza, incrementándose de esta manera la desigualdad entre unos y otros sectores de la población. La situación anterior de bonanza para los asalariados ha desactivado por completo a los que aún mantienen un cierto nivel de bienestar, si bien estos grupos desconocen que el deterioro social avanza como un tsunami que va invadiendo día a día a las diferentes capas que configuran la sociedad: primero fue el incremento del paro, luego los recortes blandos, ahora la subida de impuestos, mañana... El objetivo es, tal como hemos señalado en otras ocasiones, destruir por completo eso que conocemos como estado de bienestar. Tal vez sólo sean motivos de carácter psicológico los que se esconden tras esta meta o, siendo más realistas, quizás vean en el sector de los servicios públicos un nuevo espacio para obtener ganancias mediante su absoluta privatización.
Es esta una situación difícilmente digerible para los individuos que ahora deambulamos por estos lugares del planeta que nos obliga a la reducción al absurdo, recurriendo a buscar un nombre con el que nos podamos entender, aunque no sepamos encontrar las causas o los efectos finales del fenómeno. Ese nombre es el de "crisis" con todos los apelativos que, tanto a unos como a otros, se nos antoje: crisis inmobiliaria, crisis financiera, crisis especulativa o crisis económica. Es esta última forma la que se ha estandarizado; es el nombre con el que supuestos expertos se entienden, es el nombre que resuena hasta la saciedad en todos los medios de comunicación, es el nombre con el que amansan a la población civil.
Las crisis de las últimas décadas, con un carácter coyuntural, se han resuelto de forma más o menos satisfactoria porque no afectaban al núcleo del sistema. Pero ahora es diferente. Esto no es una crisis de superproducción, en el sentido de lo que ilustres pensadores han definido y caracterizado. Esto es el agotamiento del propio sistema porque con las actuales y salvajes formas de enriquecimiento, y con otras limitaciones impuestas por en propio entorno natural, no es posible mantener un continuo crecimiento económico que permita vivir dignamente a la mayoría de la sociedad, tal como ha ocurrido en los últimos tiempos. Hay argumentos más que sobrados para saber que, de seguir así, no habrá nunca trabajo remunerado para todos, que la fuerza de trabajo ahora es menos necesaria, que el paro irá en aumento gobierne quien gobierne. Existen muchas semejanzas entre la actual situación y la que tuvo lugar a lo largo de las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX, pero el análisis comparado entre un caso y otro desborda el espacio disponible en un breve artículo como éste. Sólo señalar que deseamos que la resolución de esta nueva situación no sea la misma que a la que se recurrió para poner un final definitivo a lo que se conoció como la “gran depresión”  (La guerra).
Los avances en tecnología, y las mejoras progresivas en las condiciones de vida nos han hecho más débiles y más vulnerables a cualquier contingencia que nos detraiga de nuestro ritmo de vida.  Otras generaciones anteriores y otros pueblos han subsistido y subsisten en medio de la escasez e, incluso, de la miseria porque sus necesidades básicas  eran o son muy inferiores a las de quienes poblamos hoy día estos países de occidente. Por otro lado, disponían o disponen de recursos para mantener esa elemental forma de vida, pero los individuos de sociedades como esta nuestra somos incapaces, o tenemos escasas posibilidades, de subsistir en núcleos urbanos totalmente dependientes de todo tipo de suministros.
A esta debilidad frente a cualquier tipo de contingencia hay que añadir la progresiva pérdida de poder popular frente al incremento de poder de las clases dominantes. En la actualidad este omnímodo poder se ha objetivado,  adquiriendo, en apariencia,  formas impersonales, aunque detrás de esos mercados especulativos, convertidos en nuevos dioses amenazantes, están las grandes fortunas y sus gestores. 
Se hace más vigente que nunca la "ley de la codicia" según la cual el afán de enriquecimiento es mayor cuanto más se tiene, dando lugar a una espiral de ganancia y de locura. La trayectoria de la humanidad en las últimas décadas ha eclipsado las mentes, y ha desubicado a la clase trabajadora. Ha desaparecido la izquierda antisistema (capitalista), no contamos con ningún agente que sea capaz de ofrecer una alternativa sólida y firme. No sabemos la que nos espera a medio y largo plazo, pero esto es lo que hay.

(Publicado en Nueva Tribuna el 12 de enero de 2012)

martes, 19 de marzo de 2013

MIEDO A ASUMIR LA REALIDAD




Uno de los sentimientos más a flor de piel de los individuos que formamos parte de esta especie nuestra es la inquietud por el devenir del presente, por lo que pueda suceder, sobre todo, en el corto plazo. Ese desasosiego se agudiza, como es natural, en tiempos de inestabilidad, de confusión, de tumulto, como los que vivimos. El pesimismo histórico, fruto de la errática trayectoria de lo que conocemos como humanidad, se suma a los acontecimientos de última hora. Una sucesión de hechos encadenados que dejan una impronta de cambiante perplejidad  porque son los medios de comunicación, en aras del más puro sensacionalismo, los que determinan lo que existe y lo que fenece.
Quienes intentamos poner algo de luz, y combatir la manipulación y la mentira, abordamos el análisis y la denuncia desde todos los ángulos posibles, procurando acercarnos lo mejor que podemos a la realidad que vivimos, y a sus causas. Pero, tal vez, ese esfuerzo no permita nunca hacer ese diagnóstico preciso que el autor desearía. Quizás ocurra como en matemáticas con el asunto de las asíntotas: la función sólo se une con la asíntota en el infinito. Es difícil dibujar con precisión el panorama actual, describir el proceso por el que hemos llegado hasta aquí o descubrir la causa última que ha dado lugar a los desatinos que ahora nos acosan. Aunque se profundice en todos esos factores, e, incluso, se llegue a un pronóstico, siempre quedará la duda de si hemos acertado. Para darle seriedad al análisis es conveniente huir de la simple opinión, y trabajar con un soporte científico más riguroso.
Todo este preámbulo viene a cuento para justificar un nuevo intento por aclarar los hechos que vivimos cada día, siendo conscientes de que los acontecimientos están inmersos en  un proceso dinámico que nos va alejando cada vez más de la razón. A pesar de ese deseo por conocer lo que puede suceder, al que hacemos referencia en las primeras líneas, el miedo y la fragilidad nos impiden ver la vida con la cruda realidad que se nos presenta. En otros casos, los que dominan, utilizan el engaño  y la manipulación para ocultarla.
Desde el rigor, el diagnóstico no puede ser otro distinto a aquel que nos muestra que nos encontramos en los estertores de una forma de vida que, con sus más y sus menos,  ha funcionado durante un largo periodo de tiempo. Los que nos mienten nos dicen que esto es una “crisis económica” pasajera, que, como en otras ocasiones, se superará, aunque no dicen cómo, ni cuándo.
El estudio de la causa última por la que hemos  llegado hasta aquí o el del papel de los políticos y de los medios de comunicación los dejamos ahora al margen, aunque no cabe la menor duda de que todas estas dimensiones están entrelazadas y determinan el asunto que queremos abordar a continuación, que no  es otro que el motivo principal por el cual el sistema se agota.

El funcionamiento del sistema capitalista no es como, de una manera edulcorada, nos lo han “vendido”: unos benefactores (los patronos) que generosamente arriesgan  su dinero para dar trabajo a las mayorías. Aún asumiendo este elemental esquema, es irracional que el trabajo y las condiciones de vida de la población dependa del capricho de unos señores que quieran iniciar un negocio. Pero eso no es así. El motivo por el cual los patronos inician sus negocios es el de multiplicar su capital. Para ello es necesario contratar mano de obra, como una mercancía más, para obtener beneficios de la manera más rápida y más eficaz.
Lo que ocurre ahora, en estos años, es que se han descubierto nuevas fórmulas sin necesidad de esa fuerza de trabajo para multiplicar esas inmensas masas de dinero que se han ido generando a lo largo de tantos años, como resultado de la explotación de los trabajadores. El proceso de acumulación ha sido exponencial en el tiempo. Primero, la capitalización mediante la plusvalía durante un largo periodo; luego mediante la incorporación de la clase trabajadora al consumo; más tarde, a través del endeudamiento masivo. Acabada esta fase es cuando se anuncia la “crisis”. Se anuncia en ese momento porque no es fácil encontrar nuevas vías de enriquecimiento. A pesar de la dificultad, se intenta exprimir al máximo las posibilidades de seguir acumulando dinero. La corrupción se potencia hasta el extremo, y nuevas formas de arrebatar a los pobres para dárselo a los ricos aparecen en escena: los desahucios sin condonar la deuda contraída, la estafa de las participaciones preferentes, las privatizaciones, las subidas de impuestos y los recortes en detrimento de la calidad de los servicios. Lo último que acabamos de conocer es el robo (lo llaman “quita”, que para el caso es lo mismo) de un porcentaje de los ahorros de los habitantes de Chipre para que sus bancos puedan pagar las deudas contraídas con los otros bancos extranjeros, fundamentalmente los alemanes. Como ya estamos escuchando, es posible que este pequeño país se haya convertido en conejillo de indias para aplicar la nefasta fórmula a otros Estados, entre los que se encuentra el nuestro.
Pero estos actos de rapiña son una muestra inequívoca del final de una etapa. El sistema capitalista se agota porque se acaban las artimañas para seguir obteniendo beneficios de una manera estable.
El medio plazo no se presenta muy alentador. Todo lo contrario. La progresiva reducción de mano de obra, con alarmantes cifras de desempleo de la juventud, no garantiza la permanencia de las pensiones de jubilados y de desempleados a corto plazo, y hace inviable el cobro para aquellos que ahora tienen menos de 50 años. El retorno al volumen de la actividad productiva de años atrás en occidente, con una ocupación masiva, no parece probable. Aunque, si eso fuera cierto, recuperar la actividad productiva basada en el derroche energético, nos encontraríamos con un problema de enorme envergadura como consecuencia del agotamiento de los recursos fósiles, problema que ya estamos sufriendo en occidente y, sobre todo, en esos países llamados emergentes que basan su crecimiento en modelos al estilo del capitalismo clásico.  
Huelga recurrir a recetas fáciles o a soluciones imposibles por muy complacientes que pudieran ofrecerse.  No es buena cosa mentir a los demás  o engañarnos a nosotros mismos. Los movimientos sociales están demostrando su ineficacia como alternativa para el cambio. Un modelo vital en el que se pudiera avanzar hacia la igualdad y el respeto al medio ambiente no va más allá del mero pensamiento de una minoría social. Sólo nos  queda seguir refugiados en nuestro entorno más íntimo, confiando en que el tsunami llegue lo más tarde posible.
Quiero terminar con un párrafo de uno de mis trabajos, que he revisado recientemente, y que encaja a la perfección aquí.
. “Todo esto que hemos descrito con brevedad es lo que nos hace ver un futuro más oscuro, menos prometedor. Un futuro que no beneficiará a nadie. De esto deberían darse cuenta los que más tienen y los políticos que les sirven. Un giro en la actual trayectoria parece que no encaja en la aún limitada capacidad intelectual de esta nuestra especie. Los rasgos dominantes subyacen en los que nos controlan, nos mandan y se enriquecen a costa de los demás. Los demás, las mayorías, somos incapaces de vencerles”. (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, página 204).

miércoles, 27 de febrero de 2013

POR QUÉ LAS ACCIONES QUE HOY DÍA SE LLEVAN A CABO SON INEFICACES




Una vez aceptado socialmente que la violencia, la represión y la actuación por la vía de hecho le corresponden exclusivamente al Estado, la única salida que les queda a los ciudadanos son las acciones pacíficas. A la clase trabajadora nos han limitado el campo de acción, y lo más penoso es que se han aceptado las reglas del juego impuestas por los que nos dominan. Un engaño más.
En otros tiempos, en las décadas de los 70 fundamentalmente, unos años de elevada actividad reivindicativa, las huelgas y las manifestaciones tenían los efectos deseados por estas razones:

1. Las leyes, aunque en el marco de un régimen dictatorial en España, no eran tan laxas como ahora en materia de despidos masivos, lo que garantizaba más estabilidad  en el empleo.

2. Los beneficios del capital se obtenían fundamentalmente de la plusvalía. La actividad productiva estaba en plano apogeo. La fuerza de trabajo era pieza clave en la dinámica capitalista.

3. La correlación de fuerzas nos era favorable. Teníamos poder porque nos tenían miedo. Tal vez, como algunos han manifestado, el miedo era desproporcionado a la fuerza real de los trabajadores, pero eso nos sirvió para alcanzar las metas.

Las acciones ciudadanas o de los trabajadores de entonces no valen hoy día. Estas son las razones:

1. Las leyes laborales permiten despedir sin apenas costes, lo que hace que muchos trabajadores tengan miedo al despido.

2. Estamos en una fase postproductiva. Las ganancias del capital se obtienen ahora por otras fórmulas: especulación, corrupción, endeudamiento, compra de deuda soberana de países como el nuestro, etc. Los capitales acumulados no se reinvierten en la actividad productiva.

3. Hoy, con un excedente de fuerza de trabajo,  las huelgas se hacen en defensa del puesto de trabajo, no por la mejora de salarios y condiciones de trabajo, como así se hacía en otros tiempos. Los paros no producen los efectos de antes, incluso les favorece en algunos casos a los patronos, o a los dirigentes políticos, porque la tendencia es la de  reducir las plantillas. “Miel sobre hojuelas”: los descuentos por los paros supone ahorro en los costes de producción que es lo que se persigue.

4. Han aprendido que las manifestaciones son inofensivas. El ciclo es el siguiente: se suele quedar con algunos conocidos, se hace el recorrido autorizado, finaliza  y, después, cada uno a su casa. El único coste para el Gobierno es el gasto de las horas extras de la policía, pero eso lo pagamos entre todos. Sólo algunos reciben su parte alícuota, pero en forma de cachiporrazos.

A través de la actual práctica política nos han limitado el campo de acción, asignando a cada cual el papel que ha de llevar a cabo. En este amago de democracia, el “rol” asignado a la masa es el de votar cada cierto periodo de tiempo. Los elegidos son los encargados de “hacer política”, siempre al servicio de los que más tienen, aunque haciéndonos creer que velan por los intereses generales. El engaño se ha convertido en la herramienta más potente de los elegidos. Los votos les hacen invulnerables durante el periodo del mandato para el que son nombrados, por muchos desatinos e irregularidades que puedan llevar a cabo.
La mentira va siendo aceptada socialmente hasta el punto de asumir sin repulsión el descaro de los dirigentes políticos. En esa línea de ir tragando con todo lo que se nos presenta, por muy escandaloso que sea, llegará un momento en el que, por ejemplo, el actual Presidente del Gobierno, una vez demostrado que todo lo que está ocurriendo es como lo que  la mayoría pensamos, llegaría a  decir respecto al caso Bárcenas,: ”¡bueno, y qué!”. Y no pasaría nada, y seguiríamos soportando con resignación la estupidez, la ineficacia, la mentira y el escándalo.
Ninguno de los grupos políticos en el Congreso llevará a cabo acciones que den un giro a favor de las mayorías, en beneficio de sus votantes. Por otro lado, me parece que es conveniente hacer una profunda reflexión sobre el origen y finalidad de los llamados “movimientos sociales”, de tantos grupos que nos convocan una y otra vez a esas movilizaciones que sólo sirven para darnos de bruces contra un muro cuando se llevan a cabo. Podría ocurrir que su razón de ser fuera la de canalizar el descontento por la vía de la simple salida a la calle de vez en cuando, impidiendo, de esta manera, ejecutar otras acciones que pudieran dar mejores resultados. La ineficacia de tales movilizaciones hace que cada vez sean menos numerosas, frustrando las expectativas de sus convocantes y de los convocados.
En consecuencia, es necesario hacer un esfuerzo intelectual para pensar en acciones eficaces que, al menos, nos saquen de este círculo vicioso en el que los actos de protesta sólo sirven para desahogo de unos cuantos que no ven más allá de sus narices. Las manifestaciones de protesta al uso son admitidas, incluso valoradas, por los agentes más abyectos y por las fuerzas  más reaccionarias (ver las últimas declaraciones de la delegada de Gobierno de Madrid).  Mientras esto siga así, mientras nos refugiemos en acciones como las que ahora se llevan a cabo, seremos presa de los malvados, y, consciente o inconscientemente, seremos cómplices del mantenimiento de un mundo injusto, irracional, inhumano y cruel.    

martes, 19 de febrero de 2013

EL ESTADO DE LA NACIÓN




Elaboro este escrito antes de que  el 20 de febrero se reúnan los Diputados en el Congreso, y después de haber publicado dos artículos ligados a dos sentimientos límites como son la Desesperación y la Impotencia. Poco podemos esperar de lo que ocurra en esas dos sesiones donde los Diputados van a hablar sobre el Estado de la Nación, como ellos lo llaman. Como  digo,  poco o nada podemos esperar, a pesar de la que nos está cayendo. El partido gobernante tratará de maquillar los bochornosos asuntos que le atañen, y conseguirá distraer a los demás, desviando la atención hacia lo que más interese a sus dirigentes. Seguro que lo conseguirán, convirtiendo el acto en un simple espectáculo patético e insustancial.
Los graves acontecimientos a los que estamos asistiendo ahora en este país se enmarcan en un proceso de decadencia de un sistema socioeconómico que ha perdido sus señas de identidad, que nos sitúa en cotas alarmantes  de inestabilidad creciente y que nos arrastrará hacia un callejón sin salida, si no somos capaces de rebelarnos frente a tanto desatino, si no somos capaces de hacer prevalecer la razón ante la sinrazón. Pero por el camino que vamos lo tenemos complicado.
Con absoluta seguridad, ninguno de nuestros “representantes” abordará con rigor y contundencia los verdaderos problemas que nos aquejan, que aquejan a una sociedad compleja, a una mayoría doliente pero permisiva.
La mayoría de la sociedad española es presa del sufrimiento, de la desesperación silenciosa, de la indefensión, del engaño y de la indiferencia. Pero seguro que los políticos no tratarán en profundidad estas cosas mañana.
El PP saldrá airoso de este acto a pesar de la cantidad y gravedad de tantos desatinos. Ningún portavoz planteará, con la crudeza que se requiere, la tragedia del paro y de la precariedad. Del dolor de una juventud abandonada. Nadie hablará de la enorme desigualdad, ni de las medidas que podrían combatirla, porque ellos están del lado y en el lado de los privilegiados.
No se hablará de la manipulación de los mass media, no se atreverán a juzgar su papel porque si lo hacen serán excluidos de las tertulias o de las  entrevistas que les hacen para su único y personal lucimiento. No se atreverán a denunciar con la fuerza y la eficacia necesaria a los que vierten tanta basura a diario. Nadie dirá que todos los medios hoy día están en manos de la reacción, de poderosas empresas mediáticas alejadas de los intereses comunes.
Los políticos y los medios de comunicación forman un tándem que protege los intereses de los más poderosos. Las tertulias, en particular, son un negocio para unos cuantos que cumplen una  sucia función. Los tertulianos son una panda de servidores del poder a sueldo, lo que les convierte en un grupo cerrado que van de un sitio para otro haciendo caja. Se atribuyen el papel de analistas aunque su reducida capacidad intelectual les impida saber, incluso, en qué consiste  esa capacidad. Están bien elegidos.
El poder económico otorga a los medios de masas  el monopolio de la información y del pensamiento, más bien de la ausencia de pensamiento. No existe un espacio para el pensamiento libre, crítico y democrático, no cabe la idea discrepante.

Las intervenciones de la “oposición” se convertirán en  un brindis al sol, sin que sean capaces de tomar las medidas que debieran tomar, porque algo sí  que podrían hacer. Les doy algunas pistas: Abandonar sus escaños, porque motivos hay para ello, para dejar solos a los impostores, a los mentirosos, a los encubridores de la corrupción, a los negadores de la evidencia. Porque un Parlamento con ellos solos haría tambalear esta pantomima hasta su derrumbe total. Hay motivos para combatir un modelo irracional, injusto y cruel. ¿Pero les interesa combatir la injusticia y la irracionalidad a los que viven del cuento?
Hay hechos y motivos más que sobrados para hundir al Gobierno actual, y al partido que lo sustenta, pero la oposición no hará nada para hacerlo, porque los políticos son corporativistas, por lo que se han granjeado, con razón, el apelativo de casta, de clase privilegiada, de grupo endogámico. Si consiguieran derrumbar al PP, saben que ellos irían detrás. Que pondrían en cuestión el esperpento de modelo democrático que sufrimos.

Las acciones reivindicativas de otros tiempos no funcionan ahora. Es lamentable observar como los trabajadores de Telemadrid, de Iberia, de Sanidad o de Enseñanza se movilizan sin que nada se consiga. Es sangrante observar los despidos masivos, los desahucios y tantas otras injusticias sin que esto reviente. Nada de esto será motivo de debate en el Congreso estos días, y si lo hacen será pura verborrea.
Para la ciudadanía también hay propuestas. Los políticos, esos que según las encuestas gozan de tan poca credibilidad, están ahí porque les han votado. Estarán ahí 4 años que es el periodo por el que se les ha elegido. Los movimientos sociales nada pueden hacer para reconducir el errático camino.  Las acciones al uso no están sirviendo de nada.  A las pruebas me remito. Por lo tanto, deberíamos saber que cuando se convocan elecciones se puede votar o no votar. Si votamos ya sabemos a lo que nos arriesgamos. Por otro lado, habría que actuar con acciones diferentes a las que ahora se llevan a cabo, algunas de las que se me ocurren son inconfesables, lo siento.

Las sesiones parlamentarias de estos días se convertirán, como en tantas ocasiones, en un puro trámite, en un episodio rutinario por el que hay que pasar cada año. Será un acto para encubrir toda la mierda que nos rodea. El PP no será castigado como se merece. Algunos ciudadanos verán las retransmisiones o los resúmenes, aunque cada vez les interese menos, lo que puede alimentar la indiferencia o la rebeldía. Prefiero pensar que sea este último sentimiento el que vaya tomando forma.

lunes, 4 de febrero de 2013

IMPOTENCIA



Cuál es el panorama nacional que cada día se nos muestra a través de los medios de comunicación:
Un bandolero mal nacido, con patillas de bandolero, que se pasea impunemente por las céntricas calles de Madrid. Por televisión vemos como se sonríe y como se mueve en taxi, ahora que, por lo que parece, le han retirado el coche oficial del que disponía hasta hace unos días cuando los periódicos removieron la mierda  del vertedero de la calle Génova.
Un gobierno de idiotas que está capitaneado por un “carca” cargado de complejos que no es capaz de dar la cara ante los medios de comunicación, y que cuando lo hace los ojos se le turban adoptando gestos que empeoran si cabe esa cara de pobre diablo, de engaña bobos. Todo un insulto para los gobernados.
Unas listas elaboradas por el bandolero en las que anotaba las entregas de los empresarios corruptos y los sobresueldos que abonaba a los cabecillas de la Mafia. Una contabilidad chapucera al estilo de los registros mercantiles del siglo XIX. Una contabilidad B de dinero “negro” en la que entran y salen billetes de 500€ como si fueran churros.
Una panda de mentirosos negando lo evidente, negando las abrumadoras noticias que convencen a todos menos a algunos desgraciados que han depositado un voto a favor de la Camorra. Desgraciados cuya ignorancia nos ha devuelto a la caverna, a la cueva de Alí Babá.

La inmoralidad y la desvergüenza están servidas. Ya se sabe que a los corruptos en liza no se les puede pedir un mínimo de decoro, ni de dignidad, no disponen ni de una cosa, ni de la otra. Su falta de honestidad y sus mentiras les colocan en el funesto rango de los seres inferiores, de los elementos despreciables. No es que se hayan convertido en corruptos a través de la práctica política, es que lo llevan de serie. Es inútil pedirles que dimitan, es perder el tiempo. De nada sirven las buenas palabras. Están al margen de la razón.
Nos encontramos ante los mayores escándalos de corrupción conocidos a lo largo de más de tres generaciones. En esa especie de pozo de mierda están inmersos los miembros de las más altas instancias de este país, uno de los países del mundo con mayor corrupción.  ¿Hay quién dé más?

La impotencia se adueña cada día con más fuerza de amplias capas de la sociedad. Cada día aparecen nuevos datos para encabronarnos aún más. La humillación y la burla a las que someten estos truhanes a las mayorías, a los votantes, han alcanzado los límites de lo soportable. Pero algunos individuos son víctimas de la indiferencia, tal vez estén muertos. ¿Qué más se necesita para resucitar?
En todo este largo proceso, el único que ha sido castigado es el perseguidor de los perversos. El mundo al revés. ¿Tan poco poder tenía la víctima, así como su entorno, para no conseguir que prevaleciera un mínimo de justicia? Pues se lo cargaron, ese fue el resultado.
Ahora son dos medios de comunicación, los más potentes, los que están al otro lado de la mesa. Muchos estamos pendientes del pulso. De momento ganan los malos. ¿Es que el poder de los malvados es omnímodo?, ¿es que su poder es tan grande como su desvergüenza?, ¿será que les legitiman los votos de los insensatos?
Mucho nos tememos que este revuelo que nos tiene encendidos acabe cuando quieran los medios de comunicación. Luego los asuntos dormirán el sueño eterno de la judicatura. Los ladrones disfrutan y disfrutarán de lo robado, y el pueblo se quedará con dos palmos de narices hasta la próxima convocatoria electoral con la esperanza de que la estupidez no se adueñe de nuevo de las urnas.

Por último quiero hacer referencia a un párrafo que escribí hace algún tiempo sobre el éxito de la maldad frente al fracaso de la razón: “En cierta ocasión oí decir a un ilustre pensador metido a político, de los que ya no quedan, algo así como que las fuerzas del mal tienen más éxito que las fuerzas del bien. Quise interpretar de sus palabras que cuando se dice o se hace algo que pueda suponer progreso para el género humano es necesario esforzarse y empeñarse más que cuando se actúa en contra de la razón. Que la defensa de la verdad es muy costosa, mientras que mentir es gratuito. Que hay algo de carácter atávico en lo más profundo de la especie humana que le predispone a la aceptación incondicional de la maldad, a la vez que una reticencia para asumir anuncios o hechos encaminados a la superación de las miserias que nos invaden”.  (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pág. 184). De no ser cierta esta especie de “magia” no tiene explicación que estos impúdicos asuntos que nos ocupan y nos desesperan acaben como acaban.


miércoles, 23 de enero de 2013

“LA DEMOCRACIA PELIGRA”


Ante los más recientes acontecimientos de corrupción,  como son las cuentas del PP y de sus dirigentes en Suiza, o los sobres con dinero “negro” que cobraban, o que siguen cobrando, vaya usted a saber, ante toda esta basura que  se amontona día tras día, algunos dicen, en aras de la regeneración política, supongo, que la democracia está en peligro, a lo que yo pregunto: ¿cómo va a estar en peligro algo que no existe? La creencia de que el actual régimen político es una democracia se sustenta en el interés de unos y en la ignorancia, en la ingenuidad o en la ausencia de reflexión de otros.
La democracia por la que han luchados tantos y tantas, la democracia reivindicada por el pueblo se ha quedado en un espejismo. Sólo vivió una verdadera democracia este país en algunas fases de la II República, sobre todo, después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, pero “poco duró la alegría en la casa del pobre”. Era la democracia de la izquierda real, de las clases populares. Los sectores más reaccionarios renegaban de ese modelo y anhelaban que en cualquier momento la “furia cuartelera” le diera un mazazo, como así ocurrió a los pocos meses de nacer uno de los períodos más florecientes y progresistas que han tenido lugar en este país.
El régimen político actual ya nace tarado por la herencia del otro régimen, el de la Dictadura. A pesar de todo, la izquierda formal lo dio por válido, y el pueblo llano se sumergió en la euforia propia de una sociedad silenciada y castigada durante tantos años, y celebró la fiesta de la Democracia, no sin perder de vista a esa  amenaza golpista que se convirtió en una permanente espada de Damocles, eso que tan bien representaba el humorista Peridis en sus viñetas.
En principio, a finales de los setenta, los políticos no se reconocían como clase o casta, sobre todo aquellos de los partidos de izquierdas. La corrupción, el clientelismo y el tráfico de influencias no era uno de los grandes problemas de aquel entonces, al menos la ciudadanía no detectaba todas esas lacras. Incluso algún Presidente de Gobierno dimitió, no sabemos si por decencia o por la presión de otros poderes de mayor calado.  Pero, la cosa ha ido degenerando hasta llegar a esto que tenemos en donde existe una relación inequívoca entre  democracia y corrupción. Todos esos que se sientan en escaños, u otro tipo de poltronas, han ido cogiendo confianza y su perfil, su función y su honestidad se han ido degradando hasta llegar al extremo que hoy nos ocupa. Ya no les importa asumir que son una clase, una clase privilegiada, que llevan 30 años en política, es más, presumen de ello, y se jactan con un vano orgullo de que son nuestros representantes. ¡Vaya representantes¡ ¿Si aquellos que nos representan son unos corruptos quiere decir que toda la sociedad es corrupta? Yo me niego a que me represente gentuza como esa, no me siento representado por ellos, ni les elijo como tales representantes, es decir, me niego a votar en una situación como esta en la que nos encontramos.
El cinismo, el engaño y el desmentido de la evidencia se han convertido en tónica general. El revuelo de las denuncias, por muy escandalosas que sean, tiene una vigencia corta, la que determinen los medios de comunicación. Luego el asunto pasa a los jueces que tardan 10 o 20 años en resolverlo, exculpando a los culpables, o indultándoles después a través de endogámicos procedimientos. 
La degradación ha concluido en un esperpento que, aparentemente, es rechazado por una gran mayoría, sobre todo, cada vez que aparece la punta de alguno de los icebergs de todos esos que flotan sobre un mar de mierda. Lo que sería conveniente es que nos acordáramos de estas cosas cuando nos llaman a las urnas a las que aún se acude al sonido de las flautas de esos magos de Hamelín.
Lo que vulgarmente se conoce ahora como “democracia” ha quedado reducido a una segmentación de un sector privilegiado y una masa votante, a modo de compartimentos estancos, con una puerta de comunicación que se abre sólo cuando llaman a las urnas. Luego la puerta se cierra y los elegidos disponen de un largo período para hacer y deshacer a sus anchas sin tener que dar explicaciones a nadie. ¡Quién es el populacho para pedir explicaciones!, pensarán. Lo que no encuentra respuesta, al menos por ahora, es el por qué no se escarmienta, por qué una y otra vez el pueblo llano acepta las condiciones de este sucio juego, o por qué se deja engañar una y otra vez. No escarmientan, no señor.  ¿Es esto lo que perderemos?, ¿es esto lo que muchos temen que desaparezca? Pienso que esto de que “está en peligro la democracia” son expresiones vacías y poco meditadas.
Alguien que asuma que esto nos lleva a un callejón sin salida se preguntará: ¿qué se puede hacer para cambiar el estado actual? La situación es compleja, y el margen de maniobra escaso. Rememorando antiguas sentencias: esto si que está atado y bien atado. Algunos movimientos sociales han denunciado esta forma de hacer política y han reivindicado una Democracia participativa, pero todo ha quedado en una simple manifestación o proclama de buenas intenciones. La mayoría aún cree que hay que votar en este contexto, aunque no esgrimen argumento de por qué hay que hacerlo. ¿Votar a esta panda de mangantes? Tal vez los que así se manifiestan teman un resurgimiento de movimientos totalitarios, pero, aunque en estas líneas no hay espacio para  argumentar, hay que señalar que las condiciones actuales no son proclives a la aparición de ese tipo de “cobertura política” que fue necesaria en tiempos pasados en los que la producción era la principal  fuente de enriquecimiento.

Profundizando en el análisis de la situación que se vive en esto que llamamos países desarrollados, y particularmente en este país nuestro, hay que decir que lo que está pasando responde al agotamiento de un ciclo histórico que estuvo marcado por la actividad productiva y la reinversión del capital acumulado. Ahora ya no es así, ahora estamos inmersos en el mercado del dinero y en la corrupción. El modelo ha enfermado y no se encuentra tratamiento adecuado para su regeneración. Tampoco se vislumbra, desde la razón, una posible alternativa real que le sustituya. Es posible dibujar otro sistema, pero sólo en el terreno de las ideas. Un sistema que cambie radicalmente la trayectoria actual, es decir, estatalizar la economía y encontrar buenos, honrados y verdaderamente representativos gestores que la administren. Sin embargo, como digo, esto sólo es posible en las mentes de los componentes de algunos sectores sociales. Nos encontramos a “años luz” de que esto pueda convertirse en realidad, en el supuesto de que este fuera algún día el deseo mayoritario.
Existe una estrecha relación entre el estado de salud del sistema y la política. Lo mismo que con tantas otras tantas dimensiones: organización social, ideología, cultura, educación, etc. A un sistema socioeconómico en descomposición le corresponde una práctica política corrupta como la que estamos padeciendo ahora. La desorientación y el descontrol es tal en estos momentos que quedan desatendidas prácticas en manos del poder real que a lo largo de la historia han servido para mantener una especie de estado de equilibrio entre dominantes y dominados. Desde Sócrates y Platón ya existía una preocupación por la estabilidad social y establecían pautas sobre el control de la natalidad, por ejemplo.
Si no somos capaces de combatir contra los que ahora nos dominan, utilicemos el único arma que ahora tenemos, no les demos cobertura política, y dejémosles que sean ellos los que nos propongan otro modelo. Visto lo que hay: ¿qué otra cosa podemos hacer?

jueves, 10 de enero de 2013

UNA DESESPERADA DESCRIPCIÓN DE LOS HECHOS



Hay ocasiones en las que es conveniente aparcar la reflexión, el análisis y la búsqueda de las razones para dedicarse exclusivamente a describir hechos y situaciones que responden a las más bajas pasiones de esta especie nuestra, y que atentan contra las más elementales normas de convivencia. El actual sistema socioeconómico se mueve aún a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo,  porque quienes  mantienen el poder saben que las mayorías silenciosas no cuestionan su entidad. Cuando la actuación política se convierte en provocación es porque están seguros sus actores de que el pueblo sometido no se enfrentará eficazmente contra ellos. Cuando los medios de comunicación vomitan tanta basura en épocas de desigualdad radical como la que vivimos es porque están absolutamente seguros de la ausencia del rechazo por parte de una sociedad doblegada frente a la manipulación, a la mentira y al cinismo. ¿Qué más tendrá que ocurrir para que reaccionemos, para que tengan lugar brotes de rebeldía y abandonemos las acciones que desgastan a los que las llevan a cabo, pero que no dañan a los que dominan? Queremos ahora ocuparnos, en particular, del clientelismo y del tráfico de influencias como una rama más de la  corrupción pura y dura, una corrupción burda y masiva cuyos protagonistas son esos seres despreciables que con sus actos tratan de ocultar una intolerable pobreza humana.

Las  privilegiadas “jubilaciones” de los políticos
A estas alturas de la historia no descubro nada nuevo si digo que los políticos gobiernan a favor de los que ostentan el poder real, por lo que más tarde, cuando abandonen la política activa, encontrarán la recompensa. No es este el momento de discernir si es un previo acuerdo entre dirigentes de grandes entidades y políticos, o es el precio que generosamente pagan los primeros por los favores prestados con anterioridad. Tampoco merece la pena discutir si el perfil de los expolíticos recolocados y agraciados es el idóneo para cumplir las tareas de “asesores”, función con la que suelen ser contratados. Sencillamente nos limitaremos a señalar algunos casos de exdirigentes políticos que cobran desorbitadas cantidades de dinero, y  que suman a los sueldos públicos que les paga el Estado. González y  Aznar como expresidentes de Gobierno, exministros como Salgado y el anciano Solbes (PSOE) o Zaplana, Acebes y Piqué (PP) son algunos ejemplos de beneficiados. Y el caso más reciente y sangrante es el de Rato que después de arruinar una de las principales entidades financieras, por lo que se encuentra inmerso en un proceso judicial, ha sido nombrado “asesor” de Telefónica con un sueldo de unos 200.000€. Cada día conocemos nuevos casos de abusos y desmanes. Hoy me entero de que los expresidentes de Comunidades Autónomas mantienen despachos, secretarias, chofer, asesores y un sueldo vitalicio. Por lo que parece la lista es interminable lo que nos sitúan en un mundo de locura en el que se conjuga la penuria de la mayoría con la abundancia de unos desvergonzados que se ríen de los que les votan o les han votado.

Provocación, e  insulto a la juventud
En estos días,  el caso Carromero, un delincuente español condenado en Cuba, se convierte en el exponente de lo que se cuece en los bajos fondos del partido político gobernante, lo que se traduce en la provocación y el insulto para una juventud que está sufriendo paro y precariedad, a la vez que una demostración evidente de que la “justicia” es una farsa y las leyes un instrumento al servicio del poder económico o político. Este individuo, militante del PP, ha sido condenado a cuatro años de cárcel en el país caribeño, pero ha sido repatriado para que cumpla la condena en España. Y tal como muchos presumíamos, nada más llegar sus “padrinos” se han puesto en marcha  para liberarle de la pena. A través de un embrollo legal, quedará en libertad de inmediato, pero lo más desgarrador es que se reincorporará a un puesto de trabajo de libre designación (asignado a dedo) en el Ayuntamiento de Madrid con un sueldo de más de 50.000€, lo que supone una burla para esa juventud en paro cuyas aspiraciones no van más allá de un sueldo de 20.000€ aunque tengan un par de títulos académicos, sepan dos o tres idiomas y hayan cursado más de un máster.
Es esta una nueva fórmula, la asignación a dedo, para colocar a militantes de partidos políticos o hijos de gobernantes en puestos de “asesores”, con unos sueldos desorbitados. Algunos padres de estos agraciados al menos tuvieron que pasar  por un tribunal de oposiciones, aunque tuvieran que recurrir al enchufe para ser funcionarios antes que políticos.
Lo que está ocurriendo ahora con este aberrante reparto del empleo -en una situación de paro, precariedad, escasez e inseguridad laboral- además de ser un insulto para la sociedad, da lugar a una especie de depresión colectiva de jóvenes (y no tan jóvenes) que está afectando al conjunto de sus vidas al observar como la inmoralidad se convierte en norma, y rompe con las más elementales reglas de contratación laboral. Por otro lado, la escasez de trabajo potencia el egoísmo, la insolidaridad, el miedo y la indiferencia entre aquellos que mantienen su ocupación, aunque la situación pueda dar un cambio radical de la noche a la mañana como está ocurriendo ahora en Iberia, Telemadrid, en Paradores; como ya ha ocurrido en la construcción, en enseñanza; y como ocurrirá, según nos anuncian, en sanidad y en la banca. Esto por poner sólo algunos ejemplos.