lunes, 7 de septiembre de 2015

ERRORES INTENCIONADOS EN LA EDUCACIÓN Y EN LA CULTURA

La nefasta educación reglada y la pseudocultura son dos potentes instrumentos que el sistema maneja a la perfección para enajenar y embelesar a una ciudadanía absorta que cree a aquellos que, interesadamente, establecen unas reglas del juego en beneficio de sólo unos pocos.
La educación oficial –basada, exclusivamente, en la memorización y en la obediencia- es aceptada y compartida, incluso, por los sectores sociales y los dirigentes políticos que se autodefinen como progresistas, lo que en términos vulgares se conoce como izquierda. Ni que decir tiene que el profesorado, en su inmensa mayoría, se deja llevar por los presupuestos y maneras impuestos intencionadamente. El método, si es que la actual práctica educativa merece tal calificativo, se ha consolidado, se ha generalizado, se ha encallado. Cualquier desviación, sugerencia o propuesta que lo cuestione es entendido como una temeridad, una extravagancia, carece de interés, es desatendido y, con toda normalidad, eclipsadas.
Entre tantos errores, el término explicar se emplea de forma tergiversada, alejada de su verdadero significado. En enseñanza y, en general, en el lenguaje ordinario explicar se utiliza para exponer simplemente. El profesor o profesora dice que ha explicado un tema cuando lo que realmente ha hecho ha sido contar lo que él o ella sabe sobre la cuestión. Explicar es una acción indirecta que se sucede a una duda o a un requerimiento del alumno o de cualquier persona que tiene la necesidad de conocer algo. Lo que suele ocurrir es que la exposición del docente, o de todo aquel que expone, cae en saco roto porque, posiblemente, el receptor no tenga ningún interés en el asunto, o no lo entienda.
Explicar se ha estandarizado hasta en el ámbito político. Los actuales dirigentes dicen que su pérdida de apoyo electoral se debe a que no se han explicado bien las acciones llevadas a cabo, y, para “remediarlo” colocan a otros en el lugar de los que se han explicado mal. Además, los dirigentes de otros grupos basan su acción política en lo que, por error, ellos llaman explicar. Contar a los que lo están pasando mal que padecen es absolutamente estéril.

Por otro lado, el verdadero desarrollo intelectual es desconocido para el gran público y, lo peor de todo, por el profesorado y por los demás agentes implicados en las tareas educativas. Pensar es una cualidad, una capacidad, que requiere un largo proceso de aprendizaje. Las habilidades del pensamiento son, básicamente, tres: la resolución de problemas, la creatividad y el razonamiento. El desarrollo de estas dimensiones intelectuales es totalmente ajeno a la usual práctica formativa. Por lo tanto, nos tendremos que conformar con aquello con lo que la madre naturaleza nos ha dotado, es lo que algunos científicos llaman inteligencia fluida, aunque el interés y la inquietud por la superación personal puede ayudar a incrementar, a título personal, nuestras capacidades, lo que se conoce como inteligencia cristalizada.
Otra vez, los actuales líderes políticos desconocen las más elementales reglas que permiten la adquisición de capacidades. Oigo decir a algunos que las personas deben pensar, como si eso fuera algo automático, como si fuera un ejercicio de voluntad, como si fuera activar un botón. Ignoran que pensar, como decimos, es algo que se adquiere, o debiera adquirirse, mediante largos procesos de aprendizaje.
He leído unas conversaciones entre Julio Anguita y J. C. Monedero en las que el primero le dice al otro: “en cierta medida hay que plantearle (al público) el reto de que tiene que pensar”, lo que da muestras inequívocas de su ignorancia en esta materia.

En la cuestión cultural la confusión es tan grande como en enseñanza. Los protagonistas de esa pseudocultura, los famosos, viven mirándose permanentemente el ombligo, confundiendo la cultura con el negocio. El sistema trata a la cultura como un mercado más, y no como una facultad creativa y extensiva a toda la población.
Los actores y actrices, por ejemplo, constituyen una clase privilegiada que son recompensados por el sistema a cambio de ser instrumentalizados. Como en todos los estamentos sociales, existen, en este terreno, unas élites, absolutamente insolidarias con aquellos que no tienen la suerte de ser elegidos.
También el término cultura se ha tergiversado y el pueblo, como mero espectador, asume, admira y acepta lo que hacen otros. Ciertos sectores sociales se consideran ilustrados por el mero hecho de asistir a conciertos de música clásica o a exposiciones pictóricas. La lectura de libros que infantilizan o te llevan a mundos absurdos e irreales se ha convertido en una práctica generalizada, recomendada e impulsada por los que nos controlan.
Sin embargo, el término cultura está asociado a la acción de cultivar y, más en concreto, a la de ejercitar las facultades intelectuales y manuales.  La verdadera cultura pasa por la actividad de la persona, y la cultura popular por la puesta en común de esas actividades de forma desinteresada. Pero este tipo de cultura no le interesa al sistema, prefiere una sociedad estática que se conforma con el espectáculo. La dogmática social se ha encargado de eliminar el bochorno y la vergüenza de sentirse inútiles para la música, la pintura, la interpretación, etc., así como de ser un absoluto desconocedor de la ciencia o de la tecnología, respondiendo con el elemental eslogan de: “yo soy de letras”.
Todos estos errores son intencionados, y su aplicación está fomentada por aquellos a los que les interesa una sociedad inactiva, indiferente y sin posibilidad de madurez intelectual. Pero lo peor es que el pueblo lo acepta sin cuestionarlo, lo que nos arrastra a un callejón sin salida, si no se producen cambios en el actual panorama educativo, cultural, político…

viernes, 7 de agosto de 2015

CARTA ABIERTA A PODEMOS

Con este escrito, pretendo hacer público unos cuantos comentarios que algunos de los dirigentes o fundadores de Podemos, grupo político, se han negado a oír, de viva voz, en algún posible encuentro. Debo deciros, en primer lugar, que la intervención ciudadana no debe limitarse a la votación de candidatos y responsables del grupo por Internet, a la asistencia a las “plazas” o a apoyar a las candidaturas electorales en las urnas. La aportación de ideas, del análisis calmado y de la experiencia política de los y las que aún mantienen un ideario que se opone a este sistema, es una potente forma de participación que, en gran medida, puede ayudar a los que ya han entrado en una vertiginosa carrera para enfrentarse a los de otras fuerzas políticas. Muy en concreto, les quería proponer, os quiero proponer, el debate en torno a una de mis publicaciones en las que se analiza el sistema socioeconómico del tipo de sociedades como la nuestra. Un sistema agotado respecto a la etapa de crecimiento de décadas del siglo anterior.

En artículos anteriores a las últimas elecciones, he indicado lo que podría esperarnos “de ahora en adelante”. En resumen, me refería a la unión de fuerzas políticas que defienden los intereses de los ricos, para seguir en esa defensa, mintiendo y manipulando a las masas que, contradictoriamente,  suelen apoyar a aquellos que les oprimen. En un primer intento, la propuesta anunciada  a través de los medios era la unión de PP y PSOE, llevando a cabo el cambio en los órganos de dirección de los socialistas y colocando a individuos proclives a esa unión.
De los resultados del 24 de mayo, se infiere que dos fuerzas políticas no van a ser suficientes para formar gobiernos de la nación con mayoría, por lo que Ciudadanos ya se descuelga ofreciéndose para formar una coalición postelectoral a tres bandas: PP, PSOE y ellos mismos; con lo cual, sea cual sea la combinación, se dibuja un nítido esquema en el que se aprecia la finalidad y la posible acción política de la fusión. De ese “proyecto” de unión queda fuera Podemos porque el sistema veía peligrar sus privilegios si este grupo llegara a gobernar, con los planteamientos con los que se presentó al principio. Esta es la visión del poder real y no la mía. Pienso que, de alguna manera, exageran. Como he dicho en otras ocasiones, “Los que tienen el poder tratan de mantener una amplia franja de seguridad para proteger sus intereses y su riqueza. Por lo tanto, cuando barruntan que su poder puede quebrar, no dudan en tomar medidas desorbitadas y desproporcionadas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir. Situación a la que estamos asistiendo en estos días”.
Podemos se presentaba, os presentabais, como una fuerza para gobernar, no para participar, simplemente, en ese juego que tiene lugar en el Congreso de los Diputados. Las ideas y las propuestas iniciales ofrecían un panorama que bien podrían calificarse de radical o de antisistema, pero, poco a poco, se han ido suavizando hasta el punto de convertirse, ahora, en un conjunto de inconcreciones que hasta comienzan a dejar de “asustar” a los de arriba. Da la sensación de que queréis participar de la misma forma que el resto de los partidos en el marco del actual modelo político. Parece que lo que habéis hecho hasta ahora os resulta suficiente. En mi opinión, hay que continuar hasta el final, que hay que mantenerse firme, aunque la tarea se haga cada día más dura.
A Podemos le apoyan (le apoyaban), fundamentalmente, sectores sociales de lo que se conoce como clase media, con determinado nivel de formación, con una carga ideológica procedente de lo que tradicionalmente se conoce como izquierda y con deseos de trasformación radical del sistema. Ente otros motivos, ese cambio de rumbo del partido, al que nos hemos referido en el párrafo anterior, está alejando a numerosas personas que se identificaban con las propuestas iniciales. A mí me gustaba eso que decíais antes de que el miedo debiera cambiar de bando. El miedo va ligado de forma inversa al poder. Eso es lo que haría falta: que quienes ahora tienen poder se convirtieran en temerosos y que los que tienen miedo lo cambiaran por poder. ¿Habéis pensado bien si esto es posible conseguirlo por la vía de las urnas?

Por lo que parece, sin ánimo de determinarlo de forma absoluta, lo que ocurrirá con los resultados de las elecciones generales de finales de año, si el CIS no lo impide, es que los votos se repartirán, fundamentalmente, entre cuatro partidos, al margen de los que se vayan a los grupos nacionalistas. Tal como están las cosas, Podemos no obtendrá la mayoría suficiente para gobernar en solitario, es posible que tampoco con la unión con los socialistas, más el triste resultado que obtenga IU. Así que quedará limitada su función a la de la oposición, con las limitaciones que el vigente modelo impone a los que se quedan en minoría. Esta situación provocará una enorme decepción para los que tenían puestas tantas esperanzas en Podemos, lo que se convertirá en una especie de círculo vicioso que propicie una progresiva falta de respaldo electoral. Hay suficientes ejemplos, fuera y dentro de este país, de que esto ya ha sucedido: El PCE, IU, los comunistas italianos, los Verdes en Alemania, y algunos casos más.
En consecuencia, yo os propongo que seáis valientes y que elaboréis una propuesta alternativa, verdaderamente opuesta al actual sistema. Muchos la apoyaríamos. Hay que hablar, sin ambages, de la nacionalización progresiva de la economía, con todo lo que eso conlleva: comenzar por la intervención de las actuales entidades financieras, por la gestión centralizada de los sistemas de producción y distribución de la energía y de la actividad extractiva. Enseñanza y sanidad públicas y de calidad. Supresión total de la industria bélica. Total, merece la pena arriesgar ya que no vais a alcanzar las metas formuladas, porque con el actual planteamiento el fracaso está servido, como así auguran propios y extraños. Antes o después alguien tiene que luchar por una alternativa de las características señaladas, de lo contrario, si no se inicia alguna vez la trasformación, este tipo de sociedades seguirá por el camino de la sinrazón y de la incertidumbre, por lo que no es difícil inferir un futuro poco alentador.

Por último, decir que en el hipotético caso de que alguna alternativa real pudiera intervenir para el cambio es imprescindible contemplar la condición humana y el comportamiento de nuestra especie a través de la historia. Sin remontarnos demasiado a otros tiempos lejanos, todos los intentos de cambios en profundidad, con enfrentamientos al poder de distinta índole, han fracasado. El Frente Popular en el 36, El caso de Chile, incluso la Revolución Bolchevique. Pero no está demás intentarlo de nuevo, dadas las actuales condiciones. Me gustaría finalizar, no obstante,  con una cita de Trotsky que comparto plenamente: “El error de Marx y Engels, respecto a los plazos históricos, provenía, por una parte, del menosprecio  de las posibilidades ulteriores inherentes al capitalismo, y por el otro lado, de la sobreestimación de la madurez revolucionaria del proletariado”. (L. Trotsky, 1937, Prólogo al Manifiesto del Partido Comunista de 1848).


domingo, 19 de julio de 2015

CUENTO DE VERANO: DE UN INTENTO DE APORTACIÓN DESINTERESADA A LA DECEPCIÓN

Embargado por la mayor de las ingenuidades, Pablo se levantó una mañana, decidido a contactar con Juan Carlos, un moderno político, adscrito a uno de estos grupos que llaman emergentes. Juan Carlos era un absoluto desconocido hasta hace muy poco tiempo; ahora es una persona famosa que aparece en los medios de comunicación, interviene en mítines, en suma, es un político de moda. Ni corto, ni con pereza Pablo se empleó, haciendo uso de las nuevas tecnologías. Un mensaje en una de esas redes sociales sería una buena manera de abordar el asunto, pensó. ¿Qué pretendía Pablo con este contacto?: No buscaba otra cosa que aportar algunas ideas que pudieran ayudar a plantear una mejor estrategia política a los de ese partido de nuevo cuño, al que pertenece Juan Carlos. Así quedó la cosa.
Serían las siete de la tarde de ese mismo día cuando Pablo, plácidamente, tomaba una cerveza en un local acondicionado de la Gran Vía madrileña para combatir, en la medida de lo posible, los calores del estío que este año está castigando severamente a la meseta. La diosa de la casualidad hizo que, justo por allí, pasara Juan Carlos, el mismo Juan Carlos destinatario del mensaje enviado por la mañana. Dicen las reglas de la probabilística que la coincidencia de dos hechos de esta naturaleza (mensaje y encuentro), en tan corto periodo de tiempo, es prácticamente nula. Pero así fue.
Pablo no terminaba de distinguir la realidad de lo imaginario, pero por si, de verdad, se trataba de una imagen real, saltó del asiento como si éste dispusiera de un resorte impulsor. ¡Juan Carlos!, ¡Juan Carlos!, gritaba Pablo, y Juan Carlos se detuvo: era él. Pablo se presentó, improvisando un currículo personal, comprimido en unos 20 segundos. “Oye Juan Carlos, que casualidad, esta misma mañana te he enviado un mensaje en el que te pedía una entrevista”, le dijo Pablo. “¿Quién será este individuo?” debió pensar Juan Carlos, mientras miraba de reojo los mensajes que le enviaban por el teléfono móvil. Una breve conversación, un tanto atropellada por parte de Pablo, terminó con una “larga cambiada” del interceptado. “Mira, dijo Juan Carlos, estamos desbordados, no podemos atender a todas las peticiones”, es una de las frases entresacadas de ese eventual encuentro. Pablo se quedó bastante decepcionado, con un cierto sentimiento de frustración y una enorme sensación de ridículo. “¿Qué necesidad tengo yo de exponerme de esta manera?”, pensó Pablo mientras se retiraba lentamente del punto de encuentro. Pero de todo se aprende. 

De este breve relato se deprenden una moraleja y alguna que otra reflexión.

Moraleja: sobre la miseria de la condición humana. Para entablar contacto con otra persona es imprescindible encontrarse, al menos, en la misma onda, con el mismo nivel de popularidad o fama. Se desprecia cualquier propuesta de quienes no cumplan esta condición. ¡Cuánto talento se desaprovechará por esa acusada pobreza intelectual de esta especie nuestra! Imaginemos que a Juan Carlos le hubiera pedido una entrevista, por ejemplo, el lingüista Noam Chomsky. No habría puesto ninguna pega, es más, se habría sentido orgulloso.

Reflexiones:
-Hay dos formas de intervenir social y políticamente. Una: de forma solidaria con los más débiles sin esperar recompensa alguna. Otra: intervenir demagógicamente en busca de beneficio personal o de grupo.
De aquí surgen algunas preguntas:¿No será una actitud mesiánica reivindicar mejores condiciones de vida para otros que lo están pasando peor que los propios actores? ¿Cuál es el grado de eficacia de la acción desinteresada de aquellos que no sufren las mayores miserias de este sistema?
-El hecho de convertir la acción ciudadana en un partido político rompe la conexión con la ciudadanía y sus agentes se integran en el sistema, aceptando el modelo político y las formas impuestos por aquél.

Nota: Esta pequeña historia se podría presentar como un relato de ficción, pero, los hechos descritos, también pudieran haber  trascurrido tal como se narran, ajustándose, de forma rigurosa, a la realidad. El tal Juan Carlos bien podría ser Juan Carlos Monedero, y Pablo un ciudadano de bien sin otras pretensiones que ayudar a quiénes, al parecer, no lo merecen. 

martes, 23 de junio de 2015

CONTRA EL SISTEMA

Yo me declaro antisistema, no en vano el título de este Blog está en consonancia con esta actitud. Pero quién no niega, desde la razón, un sistema como éste. Un sistema irracional, inhumano, injusto y cruel. Por eso, todos mis escritos, y particularmente, todos los casi cien artículos publicados, se centran en el análisis en profundidad del sistema socioeconómico de sociedades como la nuestra. El viejo binomio izquierda-derecha se ha convertido en una herramienta del poder para clasificar erróneamente, de forma demasiado esquemática, a una ciudadanía, hoy, más desorientada que nunca. Desde la coherencia, debería adoptarse la dualidad prosistema-antisistema, más ajustado al momento y a la situación.  
El poder y, en particular, los medios se han encargado de envenenar a la sociedad y crear un diccionario maldito con términos tales como revolución, subversión, comunismo, clase dominante, explotación, enajenación y otras muchas entre las que se encuentra antisistema.

No obstante, para tratar esta forma de vida, marcada por una creciente desigualdad, es inevitable acercarse a la práctica política y a la actual coyuntura, pero siempre como un material necesario para alcanzar el objetivo principal, que no es otro que abordar el sistema en su totalidad.
Mis manifestaciones siempre se han movido en el terreno de la reflexión, del análisis, del  razonamiento, desechando la mera opinión, la conjetura, el disentimiento improvisado o el vano comentario. Por lo general, esas manifestaciones han ido tomando cuerpo y se han ido consolidando con el paso del tiempo. Un pronóstico solo cabe hacerlo cuando se sustenta sobre un sólido estudio de la realidad, acompañado de la observación de los hechos que apuntan de manera inexorable al final que del análisis se infiere. Es hora de afinar y matizar algunas ideas aunque sin el ánimo de llegar al final porque si así fuera se acabaría el mundo del pensamiento.

Sistema y clase dominante
En una acepción admitida por la mayoría, y casi enciclopédica, el sistema socioeconómico, o simplemente sistema, es una forma de organización social para el desarrollo de la actividad económica. Está constituido por  una totalidad de estructuras o subsistemas, con una dinámica propia, ligadas entre sí por ciertas vinculaciones técnicas o institucionales. Cada una de las estructuras o subsistemas específicos sólo tienen sentido cuando forman parte de un todo coherente, en este caso: el sistema socioeconómico. En el caso particular que estamos analizando, el sistema está gobernado y controlado, mediante organismos creados ad hoc,  por una clase dominante en detrimento de otras clases dominadas o abandonadas a su suerte.
El sistema ha creado instituciones que le blindan como son: la OCDE, el Banco Mundial, el FMI y, en Europa, el BCE y la nefasta “Troika”, lo que aleja a este continente de un entorno social, en una Europa de todos, tal como pretendíamos algunos ingenuos hace algunas décadas.
Los detentores del poder son cambiantes a lo largo de las historia y, particularmente, en estas últimas décadas. Por lo tanto, sería más adecuado interpretar el significado de clase dominante, o poder real, como un grupo social desdibujado, sin límites precisos, en el que se encuentran quienes poseen abundantes riquezas, provengan de donde provengan, embargados por un sentimiento de codicia y poder que les hace creerse seres superiores al resto de los mortales, amparados en la patología de la normalidad. Un grupo en el que, en lo concreto, están los que están y al que muchos más quisieran incorporarse aunque no lo intenten o fracasen en el intento. Pero también podríamos definir clase dominante como una abstracción a la que tienden quienes están embargados por un conjunto de contravalores que les hace menos racionales y menos humanos. Si fuéramos capaces de abstraernos aún más, podríamos concluir en que lo en realidad domina a esta especie nuestra es ese conjunto de contravalores: codicia, ambición, deseo de dominio, etc.
Es, ahora, en lo concreto, un conjunto de clases privilegiadas. No es un bloque cerrado. A ella se incorporan nuevos grupos, nuevos individuos desclasados que se identifican con los que ya están aposentados. La clase dominante determina la práctica política. La parte light (políticos, periodistas famosos, deportistas, etc.) también influye en esa práctica.
Y la pregunta es: ¿cómo es posible que se mantenga en el tiempo un sistema tan injusto como éste, del que se benefician exclusivamente una minoría?
  
La vida y la “magia”
En cierta ocasión oí decir a un ilustre pensador metido a político, de los que ya no quedan, algo así como que las fuerzas del mal tienen más éxito que las fuerzas del bien. Quise interpretar de sus palabras que cuando se dice o se hace algo que pueda suponer progreso para el género humano es necesario esforzarse y empeñarse más que cuando se actúa en contra de la razón. Que la defensa de la verdad es muy  costosa, mientras que mentir es gratuito. Que hay algo de carácter atávico en lo más profundo de la especie humana que le predispone a la aceptación incondicional de la maldad, a la vez que una reticencia para asumir anuncios o hechos encaminados a la superación de las miserias que nos invaden.
Alejados de todo tipo de creencias religiosas, pensamos que es posible que todo ello responda a una especie de embrujo mágico marcado por un pesimismo histórico, consecuencia de una trayectoria errática y desgraciada para las mayorías que pueblan, y han poblado, el planeta.
De lo que no cabe duda es de que los rasgos dominantes de la especie vienen marcados por unos contravalores que dan lugar a una casta o clase dominante que marca una pauta o forma de vida que, en lugar de ser cuestionada y combatida por la mayoría, es aceptada, valorada e, incluso, envidiada.

La materialización de la desdicha
Este triunfo de la maldad, del engaño y de la manipulación sobre la razón y el progreso queda plasmado estos días en el acoso a los nuevos alcaldes elegidos que rompen con la habitual práctica política. En tan sólo cinco días de gobierno los medios de comunicación, como herramienta útil del poder real, les están acribillando, con el fin de que no levanten cabeza. En el ámbito internacional, Grecia se ha convertido en la cobaya para demostrar al mundo que no caben otras alternativas, que, de una u otra forma, hay que “pasar por el aro”. Después del desgaste de los que defienden a los más débiles, vendrán los salva-patrias que serán aplaudidos por aquellos a los que volverán a masacrar.  
A lo que estamos asistiendo ahora en este país es un intento más, como tantos otros, de regenerar la sociedad civil y dar un cierto protagonismo a los más débiles, a los más necesitados. El triunfo del Frente Popular en el año 1936 es un antecedente próximo. La lucha y el movimiento obrero de los años 70, estuvieron a punto de convertirse en un proceso de confrontación política generalizado frente a la Dictadura.
El sistema es resistente a todos los intentos de cambio en la correlación de fuerzas. La condición humana avala la permanencia de este tipo de vida basado en la desigualdad. La ausencia de valores sintoniza con el sistema, lo que le ayuda a mantenerse en el tiempo durante tantos años.


martes, 5 de mayo de 2015

DE AHORA EN ADELANTE

“El sistema siempre se ha visto necesitado de una cobertura política que, de una u otra manera,  le proteja y le permita operar de la forma más tranquila posible. Cuando ha sido necesario utilizar modelos represivos, no ha tenido inconveniente en llevar esas prácticas hasta sus últimas consecuencias. Las democracias modernas ofrecen una aparente paz social, haciéndonos creer que éste es el menos malo de los modelos de convivencia. El término “democracia” se ha convertido ahora en el parapeto político de un sistema injusto tras el cual toda actuación se legitima por el mero hecho de estar encuadrado en lo que no es otra cosa que una mera  fachada para mantener la mansedumbre de las masas y  para contener cualquier intento de rebeldía”. (*)
Pero la dinámica propia del sistema hace que el modelo, que le ha servido durante unas cuantas décadas, caduque. La alternancia de dos partidos que aparentemente se enfrentan ha tocado techo. La práctica política se ha corrompido, evolucionando sus agentes, desde el 78, de esta forma: Representantes (casi), clase política, casta, mafia. En consecuencia, es necesario un lavado de cara, buscando nuevas fórmulas que permitan seguir defendiendo los intereses de los poderosos.
En ese tiempo de quiebra, surge, en nuestro país, un movimiento que denuncia la vieja política, ofreciendo una alternativa que conecta con el descontento popular, harta gran parte de la ciudadanía de una práctica política desgastada y corrupta.
“Los que tienen el poder tratan de mantener una amplia franja de seguridad para proteger sus intereses y su riqueza. Por lo tanto, cuando barruntan que su poder puede quebrar, no dudan en tomar medidas desorbitadas y desproporcionadas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir. Situación a la que estamos asistiendo en estos días”. (**)
La primera intentona para eliminar cualquier injerencia, consistió en aunar los dos grandes partidos que se han alternado en política desde 1982 hasta ahora, es decir, unir PP y PSOE para formar Gobiernos títere que siguieran haciendo la misma labor que en tiempos de alternancia. Para ello el IBEX35 apoyó al actual Secretario General de los socialistas, dejando en la estacada a E. Madina, pero ¿quién se acuerda ya de eso? A propagandistas del sistema, como el farsante Felipe González, les encargaron que anunciaran esa “buena nueva” en cadenas de radio y TV. Pero, de momento, el “proyecto” no ha cuajado, aunque a medio o largo plazo la idea no es desdeñable. En España, de forma distinta a lo que ocurre en otros países, las diferencias nominales entre PP y PSOE son relevantes, identificándose el primero con la derecha y el otro con la izquierda. Si en algún momentos se llegara a un acuerdo de esas características, los socialistas, ya de por sí a la deriva, serían engullidos por la derecha, pero allá ellos. Además pactar hoy día con el PP es tremendamente arriesgado por ser una organización creada, única y exclusivamente, para el aprovechamiento de sus dirigentes, encontrándose ahora inmerso hasta las cejas en esa basura de la impudicia y de la corrupción.
La extraordinaria remontada de PODEMOS, y fracasada, por ahora, la intentona unificadora de esa falsa división de izquierda y derecha, el poder real tiene que poner en marcha otras estrategias que contrarresten la posibilidad de que alguna alternativa pueda alterar el status quo que protege sus intereses. De esta manera, los que detentan el poder comienzan a actuar en una doble dirección. Por un lado, se inicia un ataque salvaje a PODEMOS, desprestigiando y acosando a sus dirigentes. Por otro, se potencia a un grupo político como Ciudadanos que, como hemos visto, ha crecido en las elecciones andaluzas, y sigue creciendo en intención de voto, a una velocidad mayor que lo hizo PODEMOS después de las europeas. El crecimiento de Ciudadanos, en intención de voto, se corresponde con una significativa pérdida de PODEMOS.
La jugada está casi resuelta. A Ciudadanos le han camuflado bajo una falsa apariencia de partido descafeinado aunque, en realidad, cabe ubicarle, según terminología clásica, en la extrema derecha, dispuesto a seguir defendiendo los mismos intereses que los otros grupos que se han alternado hasta la fecha, es decir, los del gran capital.
¿Cuáles son los mecanismos que emplea el poder real para manipular y determinar la práctica política? Se nos antoja que, al margen de todo lo que se mueva en las cloacas, son los medios de comunicación y las subvenciones de los bancos y entidades financieras las herramientas que permiten aupar a un grupo político sin apenas significación política en el ámbito estatal. Por otra parte, los que mandan conocen muy bien el estado intelectual y emocional de amplios sectores de esta sociedad nuestra, manipulables sin límites.
En definitiva, todo apunta a que las cosas importantes sigan como hasta ahora con pactos políticos de grupos que no van a cuestionar el sistema. El pacto de PP y Ciudadanos, a partir de las próximas elecciones generales, permitirá gobiernos reaccionarios,  relegando a los demás grupos a la oposición. Además, tal vez también veamos pronto, en el marco autonómico y municipal, arreglos entre PP y PSOE.
Si por alguna causa, ajena a la lógica del poder, PODEMOS, alguna vez, pudiera influir en las tareas de gobierno, habría que ver hasta qué punto el actual panorama cambiaría en beneficio de los más débiles. Es esta una duda que sostenemos los sectores que estamos dispuestos a votarles en aras de apoyar a una verdadera ­­­alternativa que rompa con las actuales relaciones de poder, y no a un juego de alternancia política, o pactos de aliño, cuyos partidos permanezcan sometidos a los poderes económicos a cambio de pertenecer a una clase privilegiada, con la anuencia de los ricos para robar y corromperse.


lunes, 16 de marzo de 2015

AFORISMOS (II) Una foto fija de la situación actual

El día 8 de septiembre de 2011, escribí un artículo utilizando este tipo de recurso gramatical (*). Ahora leo y releo lo que dije, y poco ha cambiado la cosa desde entonces. La foto fija de la actual situación bien podría ser, en lo fundamental, la de aquel otro día de hace tres años y medio. No obstante, intentaremos complementar o matizar algunos asuntos que nos permitan ver con mayor claridad todo lo que tenemos que soportar día tras día. Por lo tanto es una foto fija heredada, o exportable a un futuro, al menos, cercano, con algunas variantes que se nos ofrecen a modo de espejismo, como si todo fuera a dar la vuelta, aunque, en realidad, lo que puede suceder es que, recurriendo una vez más a Lampedusa, algo cambie para que todo siga igual.

1.      En nuestro país y, en general, en el mundo, los Estados ya no tienen el control de su propia actividad. El poder de los grandes capitales, y de los gestores de los mercados, pueden cambiar el rumbo de cualquier país o nación. La inestabilidad está servida.

2.      Antes, la clase dominante se resumía en los propietarios de los medios de producción. Ahora el poder económico se encuentra diluido, habiendo desplazado la economía financiero-especulativa a la economía real-productiva.

3.      El cambio tecnológico en la actividad productiva, junto a las nuevas formas de enriquecimiento (mercados financieros), han influido de forma determinante en la necesidad de fuerza de trabajo.  Estos dos factores han expulsado del mundo laboral a un gran número de personas que no encuentran, ni encontrarán, un nuevo empleo, convirtiéndose en parados de larga duración. Por las mismas razones, muchos jóvenes jamás podrán incorporarse a la actividad laboral.

4.      Nos tendremos que acostumbrar a convivir en una sociedad con unas gentes ocupadas y otras desocupadas. Los Estados tendrán que establecer fórmulas estables para cubrir las necesidades vitales mínimas de amplios sectores.

5.      Poco a poco hemos ido caminando hasta encontrarnos ahora en unas sociedades en las que la desigualdad se ha institucionalizado y las clases populares se resignan a vivir con unos ingresos mínimos de subsistencia, haciéndose realidad uno de los principales enunciados del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

6.      La ambición de los poderosos, llevando a la población a tal extremo, choca frontalmente con una concepción democrática de la sociedad. 

7.      Una cosa es el cambio de modelo político y otra muy distinta la revolución. En el primer caso, el poder real adoptará nuevas formas políticas para seguir manteniendo el dominio de unos cuantos sobre las mayorías. La revolución es la trasformación radical del sistema socioeconómico.

8.      ¿Tiene nuestra especie la madurez intelectual necesaria para vivir en sociedades sin clases? Todos los intentos para conseguir una sociedad en la que impere la justicia y la igualdad han fracasado, incluida la Revolución Bolchevique.


9.      La alternancia bipartidista implica el gobierno alternativo de dos partidos que defienden los mismos intereses. Otra cosa diferente es un grupo que ofrezca una alternativa de progreso.

10.  Podemos (nuevo grupo político) es un fenómeno social que, al margen de sus dirigentes, rompe con una práctica política enquistada y corrupta, pero ¿su acceso al poder político, si lo consigue, supone una verdadera alternativa transformadora?

11.  Tal vez su aparición (la de Podemos) en la escena política dé luz a la diferencia entre la codicia y la generosidad, los intereses personales y los colectivos, los honestos y los deshonestos, la inteligencia y la ignorancia. En suma, que se distinga a las personas buenas de las malas.

12.  El fracaso de Podemos puede ser la escusa para que después vuelvan los “salvadores de la patria”.

13.  La delincuencia política se convierte en noticia y pasa a la categoría de normal. La noticia pone fin al atropello. El delito no les supone ningún coste político a los gobernantes.

14.  Ciertos programas de TV de algunas cadenas (cuatro, sexta, en España) cumplen su función: son la válvula de escape de ciertos sectores sociales.

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miércoles, 11 de febrero de 2015

IZQUIERDA UNIDA Y SUS PROBLEMAS


Decir que Izquierda Unida (IU) tiene ahora  graves y grandes problemas es un axioma. Pero en el pasado tampoco ha estado carente de ellos. Problemas de una u otra índole. Es difícil entender cómo la única fuerza política, el PCE, que se enfrentó a la dictadura, luchó y fue perseguida, obtuvo unos resultados tan discretos en las primeras convocatorias electorales. El miedo y la propaganda anticomunista puede justificar estos malos resultados, pero, una vez pasada la etapa del miedo a la involución, los resultados de la formación heredera (IU) han continuado siendo escasos, llegando en algunos casos a la práctica desaparición del panorama parlamentario. El caso es que desde 1986, año de la creación de la Coalición, el apoyo electoral se ha movido entre el 3,77% (1 diputado) en 2008 y el 10,54 (21 diputados) en 1996, siempre en función de los resultados del PSOE: cuando el PSOE bajaba, IU subía, y viceversa. En esta etapa (1986-2011) no es fácil encontrar las verdaderas razones de por qué este partido no ha cosechado mayores éxitos.

Abandoné IU, sin resentimiento, a raíz de la VI Asamblea (año 2000) por los motivos que se pueden extraer de mis primeras impresiones, una vez finalizado el acto:
“Eran aproximadamente las 2 de la tarde del  día 29 de octubre de 2000 en el que culmina el Congreso que se inició el día 27, Gaspar Llamazares, como recién estrenado Coordinador general, se dirige, desde el podio, a los asistentes a la VI Asamblea Federal de IU. Es el fin de una etapa en la que Julio Anguita despertó pasiones encontradas entre propios y ajenos. No es sólo el fin del  mandato de un dirigente político, sino también la consolidación de un cambio de rumbo en lo que fue la izquierda real de este país, cambio que progresivamente se venía produciendo desde que las instituciones públicas e, incluso, las estructuras orgánicas de las actuales formaciones de “izquierdas” ofrecen migajas de bienestar y poder a los descendientes de aquellos que, en otros tiempos, se movían clandestinamente entre reuniones de grupo y asambleas prohibidas. La mayoría de los allí presentes son simples herederos de la labor callada de los ahora ausentes; son advenedizos, oportunistas, farsantes que, como los cesantes, han encontrado en el mercado de la política un modus vivendi cómodo e hipócrita.
La sala del Pabellón de Congresos estaba medio vacía, muchos delegados y delegadas habían emprendido ya viaje hacia sus lugares de origen, no tienen demasiado interés en oír a su nuevo jefe; saben muy bien de qué va la cosa. El abandono de sus asientos es un claro síntoma de esa nueva forma de estar muy diferente a aquella  en la que los ideales y la lucha por un mundo más justo, más racional y más humano eran las señas de identidad de una formación de izquierdas; en la que el compromiso era el signo inequívoco de la militancia; en la que la utopía estaban a la vuelta de la esquina. Ahora es diferente, el día a día de la mayoría de los delgados convocados a este acto es rutinaria, tediosa, burocrática, aburrida, pero les merece la pena porque tiene sus compensaciones”. (Continúa).
Recientemente el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho: “se vive muy cómodo, siendo fiel a tus principios, sabiendo que vas a ser minoritario”, lo que ha desatado duras crítica de los incondicionales de IU, que, dicho sea de paso, se suman a las de los ortodoxos de la “ética pura”, que exigen a la nueva formación política lo que ni ahora, ni nunca, han exigido a los demás partidos.
No podría estar más de acuerdo con las palabras entrecomilladas. Supongo que P. Iglesias conoce bien a IU por dentro y, en consecuencia, se pronuncia, ahora, de manera análoga a como lo hice yo en el año 2000. Los dirigentes de la Coalición se han conformado con tener una pequeña participación en las instituciones: la suficiente para que ellos puedan vivir del cuento, lo que convierte a la política en un pequeño negocio. Pero esto cuesta verlo a los incondicionales que, más por ingenuidad que por otra cosa, les siguen otorgando su voto.

Ahora, en tiempos de turbulencia, la prevalencia de los intereses personales y el protagonismo se agudizan. Es el caso, por ejemplo, de Tania Sánchez ya que su comportamiento no se diferencia demasiado de otras “lideresas” del PP o del PSOE, cuyos nombres no menciono por desprecio y pudor.

Hay dos razones de peso por las cuales no es difícil pronosticar el futuro de IU. La primera es la aparición en el escenario político de Podemos. La otra es la lucha fratricida de sus dirigentes. Podemos cubre un espacio político que eclipsa por completo a los partidos que se autoubican en lo que se conoce como izquierda, una izquierda más formal que efectiva. Podemos, a pesar de la crítica demoledora a la que está siendo sometido, ofrece la credibilidad que han perdido tanto PSOE como IU. Esta última formación, como la otra, está desnortada, ofreciendo vagamente lo que no ha sido capaz de hacer en los últimos treinta años. Hace poco tiempo, vía redes sociales, le pregunté a A. Garzón (posible futuro Coordinador Federal), eso: ¿por qué IU ofrece hacer ahora lo que no ha hecho durante los años anteriores?, qué tiempo ha tenido. Como era de esperar, no hubo respuesta. Su raquítica representatividad se debe, entre otros motivos, a lo que ya hemos señalado, y que compartimos con P. Iglesias: se han acomodado y se han conformado con las migajas que el poder les ha concedido.

Si el proyecto Podemos sale bien, el futuro de IU es muy oscuro, pudiendo llegar a desaparecer. O tal vez continúe en esa trayectoria mortecina, cosechando un ridículo porcentaje de votos, pero, por lo que parece, suficiente para sus dirigentes. 

domingo, 1 de febrero de 2015

EL FRAUDE DE LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA EN ESPAÑA (Ahora y siempre)

Para todos aquellos o todas aquellas que tengan a bien acceder a este escrito, es conveniente indicarles, previamente, que mi posición política e ideológica se encuentra en las antípodas de los actuales gobernantes, del partido que lo sustenta y, en particular, de la política educativa del actual ministro de educación, empeñado, contra viento y marea, en destruir lo público y defender, sin ningún tipo de pudor, los intereses de los centros privados.
Pero hecha esta salvedad, es necesario analizar en profundidad la definición y desarrollo de la vigente práctica educativa, alejada de lo que debería ser un verdadero modelo que definiera, de una manera científica, los diferentes procesos de aprendizaje, así como su aplicación.
En estos días, la discusión se centra en los estudios posteriores a la secundaria. Después de un intento de aproximación a los planes de Bolonia, surge una nueva polémica por la flexibilización de los tiempos para alcanzar la titulación. Primero, las carreras de tres y cinco años desaparecieron formalmente dando paso a lo que se denomina Grado, con una duración de cuatro años, salvo excepciones. Pero, ahora, un Gobierno, con pocas posibilidades de permanencia una vez finalizada la actual legislatura, decide por Decreto que los Grados se pueden impartir en tres o en cuatro años, a  voluntad de las autoridades de cada Universidad. Eso sí, los Máster de postgrado podrán tener una duración de uno o dos años.
Los Másters, antes y después de esta última decisión de un ministro inepto, son un negocio para las Universidades privadas, pero también para las públicas, y un fraude para todos los alumnos que los cursan. 
Ante esta nueva situación, aprobada con fecha 30 de enero de 2015 en Consejo de Ministros, aparecen las quejas de los sectores, supuestamente, más progresistas. Los alumnos protestan porque dicen que sus estudios se encarecen. La sociedad en su conjunto, salvo honrosas excepciones, cree que, ahora, para completar la formación es imprescindible cursar un Máster. El esquema antiguo de los cinco años ha dejado una huella indeleble. Así si el Grado es de cuatro años, habrá que hacer un Máster de un año, pero si es de tres, el postgrado tendrá que ser de dos. En cualquier caso la suma es de cinco cursos. La vinculación entre Grados y Másters es un verdadero galimatías. En algunos casos dicen que son cursos de especialización, en otros son más generalistas que el propio Grado: caso de las ingenierías, por ejemplo.
Las quejas y las reivindicaciones se sitúan en el terreno netamente económico y político, lo que no deja de ser interesante, pero nadie, salvo excepciones, se preocupa de la parte mollar del asunto, o sea del valor y contenido de la formación. Si tuviéramos que resumir en una sola palabra la anterior o presente formación universitaria diríamos, sin dudarlo, que es una mierda, término un tanto escatológico pero de lo más expresivo. Si quisiéramos afinar un poco más, diríamos, por un lado, que este sector educativo nunca ha profesionalizado a los titulados que han estado perdiendo el tiempo en las aulas; por otro, es, como los otros sectores educativos, un instrumento para que la ciudadanía sea obediente y se someta al poder sin poner obstáculos, para que los individuos formen parte del engranaje social sin subvertir el rol que el poder asigna a cada cual, como ocurre en el resto de países capitalistas.
Un Estado verdaderamente democrático debería preocuparse de la educación, definiendo eficaces procesos de aprendizaje, en el marco de una tecnología educativa, para alcanzar el verdadero desarrollo intelectual de los ciudadanos, pero esto solamente sería posible en un entorno socioeconómico sin clases, ausente de la exagerada desigualdad entre ricos y pobres.

Nota: Hablando del valor de los Másters, cuyo coste, dicho sea de paso, es abusivo, un familiar muy cercano, de nacionalidad  norteamericana, ha cursado en la Universidad Complutense de Madrid el MBA (Máster in Business Administration) con un coste próximo a los 5.000€. A la hora de volver a su país ni se ha molestado en solicitar el título. Un fraude, una vergüenza, y un descrédito de nuestras instituciones educativas para el resto del mundo.

miércoles, 21 de enero de 2015

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El pasado día 19 de enero, festividad de San Canuto, visité un Videoblog de El País, donde un afamado periodista comenta, casi a diario, la actualidad política. Mi capacidad de asombro se desbordó al observar que la publicidad previa al comentario era esa charla de café en la que algunos dirigentes del PP hacen una especie de acto de contrición, algo absolutamente esperpéntico porque se trata de una actuación preparada, aunque ellos lo hacen como si se tratara de una conversación improvisada, pero se les ve el plumero.
A continuación de la publicidad,  aparece el periodista con su breve comentario en el que critica, como en tantas ocasiones, al partido del Gobierno. La contradicción publicidad-crítica me produjo un estado emocional mezcla de asombro y alucinación, a pesar de que no celebré la festividad del día tal como se merece.
Mi respuesta no fue otra que la de hacer un correcto comentario con arreglo a las normas que el propio Videoblog establece. Los comentarios están sometidos a control. El mío fue censurado a pesar de no haber empleado expresiones ofensivas, ni altisonantes (no lo puedo reproducir porque, como señalo, no fue publicado y, en consecuencia, el texto se pierde).

En otra ocasión, me ocurrió algo parecido, si cabe más escandaloso. Habitualmente publicaba mis artículos en Nueva Tribuna, http://www.nuevatribuna.es/opinion/autor/000430/antonio-jose-gil-padilla, revista digital dirigida por individuos adscritos a los sindicatos mayoritarios. Próximo a una convocatoria de huelga les envié un artículo crítico con los convocantes y con la convocatoria: http://ajgilpadilla.blogspot.com.es/2012/03/la-huelga-10-la-huelga-100.html. El escrito fue censurado y, a partir de ese momento, no admitieron ningún otro texto mío.
La libertad de expresión es una entelequia, un simple enunciado, una parodia que es manejada por todo aquel que tiene el poder de control.
La libertad de expresión es un instrumento propagandístico, por lo general, en manos de los regímenes más progresistas. De esta manera, durante el complejo desarrollo constitucional del siglo XIX, la libertad de expresión era un “derecho” de quita y pon. Las constituciones más liberales la recogían, las más conservadoras la eliminaban.
El derecho a expresarse libremente, sea cual sea el ámbito en el que se aplica, siempre tiene sus límites, se trate de entornos más o menos progresistas. Los grandes medios de comunicación, siempre en manos del poder económico o político, son el principal filtro de la expresión libre. En países como este nuestro, en estos tiempos que corren, son habituales las críticas insustanciales a instituciones, o la burla fácil de personas con fama, pero nunca será pública una crítica al sistema socioeconómico establecido que mine sus fundamentos o cuestione sus acciones. ¿Cuántas ideas o propuestas válidas en la búsqueda de un mundo mejor se habrán quedado en la cuneta? Por fortuna, las nuevas tecnologías y las grandes redes abren nuevas formas de comunicación y expresión difícilmente perseguibles, a pesar del empeño que los lacayos del poder ponen en ello.


miércoles, 7 de enero de 2015

2015: ¿QUÉ SERÁ, SERÁ?

El deseo de saber lo que depara el futuro a esta especie nuestra se ha convertido en una constante a lo largo de la historia. Por eso, con más o menos sensatez, con mejores o peores herramientas, algunos se aventuran a vaticinar el devenir. A mi modo de ver, sólo es posible pronosticar, con alguna precisión, el futuro más cercano mediante el razonamiento inductivo, observando y analizando los hechos y acontecimientos presentes y pasados.
De esta manera, descubrimos que la desigualdad, la codicia y, en la época más reciente, el afán de enriquecimiento, son permanentes. El dominio de unos pocos sobre las mayorías es también constatable. Todos los intentos de cambio para convivir de una manera más racional han fracasado.
Los que ostentan el poder, o lo han ostentado, se han protegido de una u  otra manera. A veces ha sido por la fuerza bruta, otras veces de una forma más taimada. Esto último viene ocurriendo en Europa desde las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII y comienzo del XIX. Las democracias modernas proclaman libertad y derechos frente al absolutismo y a la sociedad estamental. Pero esa libertad restringida y esos derechos incumplidos son exclusivamente una fachada para la defensa de los intereses de las clases dominantes.
El anhelo de conocer lo que ocurrirá se suma al deseo de cambio por parte de determinados sectores sociales. Las condiciones para el intento de trasformación se dan de vez en cuando. Ahora nos encontramos en uno de esos momentos. La desigualdad extrema, el agotamiento del modelo político heredado del Concepto Racional Normativo, las nuevas fórmulas de enriquecimiento sin necesidad de fuerza de trabajo y, en suma, el declive del sistema de producción capitalista, da pié a la aparición de formaciones políticas que rompen con la alternancia bipartidista y con la clásica organización de los partidos, incluidos los grupos minoritarios que adoptan las mismas formas que los partidos con posibilidad de gobierno.
En España irrumpe PODEMOS en sintonía con lo que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno, en donde han surgido grupos semejantes. Este grupo, convertido en partido, ha tenido el acierto de romper con lo que ellos mismos llaman los partidos del 78 (los que participan en el juego político a raíz de la Constitución de ese mismo año). Esta actitud del grupo permite conectar con muchos que están desencantados de los otros partidos y del actual modelo.
El año 2015 es doblemente electoral: elecciones autonómicas-municipales y elecciones generales a Cortes. Surgen las preguntas: ¿qué resultado tendrán los de PODEMOS?, ¿en el caso de que tengan acceso al poder político, qué podrán hacer para que mejore la actual situación socioeconómica?
Por un lado, las encuestas pronostican un excelente resultado para un partido de novísima creación. Los otros partidos, en connivencia con los medios de comunicación, han emprendido un feroz ataque contra sus dirigentes y, en general, contra el grupo en su conjunto. Además, las simpatías generalizadas entre amplios sectores comienzan a enfriarse, tal vez, en parte, porque tanta crítica esté haciendo mella en ese inicial entusiasmo. En consecuencia, el apoyo electoral que obtengan, tanto en mayo como en noviembre, es algo incierto.
Por otro lado, lo que puedan hacer, diferente a los demás grupos que han gobernado, también es una incógnita. La historia nos muestra que nunca el poder político ha cambiado la correlación de fuerzas entre ricos y pobres. Tenemos muestras de sobra, entre las que destacan el Chile de Allende y la II República española. Por el contrario, es el poder económico el que ha establecido el modelo político que más le interesaba.  Mis reflexiones, en línea con la más pura teoría del materialismo histórico y con la experiencia de lo ocurrido durante tantos siglos, me llevan a la conclusión de que es imposible cambiar el sistema socioeconómico sin violencia, sin lucha, sin arrebatar el poder a los que lo tienen. Los cambios a lo largo de la historia se han producido cuando un agente trasformador se hace con el control económico, luego vienen las trasformaciones políticas y la nueva organización social. Así ocurrió, por ejemplo, en el tránsito del Feudalismo al Capitalismo.

A pesar de todo, el 2015 se presenta como un año electoral, cargado de esperanzas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

EL PSOE Y SUS PROBLEMAS

Por si fueran pocos los problemas que tiene el PSOE como consecuencia de su evolución, del papel hipócrita que ejerce (y ha ejercido), del desencanto de la ciudadanía y otras circunstancias derivadas, por si esto no fuera suficiente para llegar  a la situación en la que se encuentra, ahora salen a la luz algunos de los problemas internos que tienen en lo más alto de su organigrama.
El actual Secretario General fue encumbrado por la actual Presidenta de la Junta de Andalucía -algo que, inicialmente, no se entendía- dejando en la cuneta a Eduardo Madina, que parecía el candidato con más posibilidades. Pedro Sánchez debió pactar con Susana Díaz para repartirse el pastel: él Secretario General, ella candidata a las elecciones generales del 2015. Pero Pedro, una vez asentado en la poltrona, dice que nanay, que él quiere ser el candidato. Susana desorientada, se revuelve contra el otro. Las críticas veladas de ésta no dejan de resonar en todos los medios. Poco dura la alegría en la casa del pobre; poco tiempo ha durado el liderazgo de Sánchez sin ser cuestionado por los suyos, pero es que, salvo en alguna excepción, la pugna por el poder se ha convertido en norma en el PSOE desde su fundación: Besteiros versus I. Prieto y Largo Caballero, Borrel versus Almunia, Bono versus Zapatero, etc. Pues ahí tienen un problema más para añadir a todo aquello que, de forma progresiva, está provocando el derrumbe de los socialistas.
Pero los grandes problemas van más allá de los puramente domésticos. A raíz del triunfo del 82, su, por entonces, líder, convertido en Presidente de Gobierno, pedía cuarenta años para llevar a cabo sus políticas. Su mandato permaneció durante catorce años, rompiendo la regla de las dos legislaturas seguidas, pero la corrupción y el desencanto nos puso en las manos de un gobierno reaccionario que sufrimos durante ocho años, recuperando la regla de las dos legislaturas, que, más tarde, se materializaría en otros ocho años de gobierno socialista. Es deseable que esa norma se incumpla de nuevo, y el actual gobierno del PP, después cuatro ominosos años, pase a las catacumbas.
Estas idas y venidas de los gobiernos del PSOE, que forma parte de lo que el sistema denomina alternancia, en una sociedad más progresista que conservadora, como es tradicionalmente la española, son consecuencia de un desajuste entre el ideario teórico de la socialdemocracia y el papel que tiene que llevar a cabo bajo el control del poder económico. Las siglas y el ficticio ideario han confundido durante bastante tiempo a amplios sectores sociales. La fase expansiva de la década de los ochenta y los noventa coincide, en buena parte, con los gobiernos socialistas, lo que les permitió apuntarse un tanto haciendo creer que todo fue gracias a su gestión.
Pero, aunque tarde, los individuos se dan cuenta de sus errores. J. Ibsen, en boca del Dr. Stockmann, en “Un enemigo del pueblo”, tal vez en clave de metáfora, dice que los ciudadanos tardan 30 años en darse cuenta de su equivocación.
Ahora, incluso antes, nos hemos dado cuenta de que tanto PP como PSOE defienden los intereses de los de arriba, lo que pone a los socialistas en una situación difícil. El juego bipartidista se derrumba, y deja de ser una herramienta válida en Europa y, en particular, en España.
El PSOE lo tiene muy difícil en un panorama político complejo. La falta de credibilidad le lleva a la deriva, dejando un amplio espacio libre en lo que se conoce nominalmente como izquierda. Está la cosa como para echar leña al fuego con estos líos internos. Por todo ello, su papel se va a ver relegado a ser un partido “bisagra”.  Hemos de esperar que el escaso nivel de dignidad que les queda a sus dirigentes evite que  pacte con el PP, verdadero enemigo del pueblo. Aunque hay que ser conscientes de que es el poder económico el que impone las reglas del juego.


lunes, 27 de octubre de 2014

MIEDO Y PODER EN UN SISTEMA DE DOMINIO

El poder y el miedo son dos elementos dinámicos que juegan un papel fundamental en la dimensión represiva que conlleva una práctica política imperfecta como la vigente, a la que, por ingenuidad o ignorancia, una amplia mayoría reconoce como democracia. Una democracia limitada, manipulada y establecida desde el poder como una estrategia para el mantenimiento de eso que llaman “paz social”, tan necesaria para que los de arriba sigan dominando y enriqueciéndose sin poner límites a su avaricia. Pero el poder y el miedo no son signos exclusivos de esta época. En la trayectoria de esta especie nuestra aparecen como una constante.
El poder y el miedo, como hemos expresado en anteriores ocasiones, se encuentran en relación inversa: a más miedo menos poder y viceversa. Los que ostentan el poder imponen, ahora, las reglas del juego de los que se manifiestan ante la injusticia y la desigualdad. Es el sistema el que, a través de sus tentáculos (las instituciones políticas, los medios de comunicación y la escuela) determina lo que está bien y lo que está mal. De esta manera, han ganado la baza pacifista. Las protestas se han de llevar a cabo sin violencia, lo que les preserva de cualquier desequilibrio, y les refuerza su poder. Así, el pueblo llano es temeroso cuando incumple las normas impuestas, lo que le resta poder.
Los que tienen el poder tratan de mantener una amplia franja de seguridad para proteger sus intereses y su riqueza. Por lo tanto, cuando barruntan que su poder puede quebrar, no dudan en tomar medidas desorbitadas y desproporcionas a los efectos que algunos acontecimientos pudieran producir, situación a la que estamos asistiendo en estos días. (Contra el sistema: República o Monarquía, 11 de junio de 2014).

Así lo expresé en el citado artículo, intentando relacionar el miedo y el poder. Este binomio es recurrente en mi pensamiento, y tan determinante en las actuales relaciones sociales, que me veo obligado a desarrollarlo aquí, sin que con ello agote todo lo que puede dar de sí este asunto.

El poder y su génesis
El término poder tiene un sinfín de acepciones, pero ahora intentaremos ir a su origen en relación con la condición humana. El poder como lacra, para el que lo ostenta o lo desea, no demuestra nada más que la inmadurez de nuestra especie, o, como dice E. Fromm, un intento fallido de unión con el resto de sus congéneres, lo que le lleva a concluir que, junto a otras formas de relación, la sociedad carece de la salud mental necesaria para convivir como verdaderos seres humanos. Se refiere el autor a la sumisión, de cuya relación con el miedo hablaremos más adelante “Otra posibilidad de vencer el aislamiento se encuentra en dirección contraria: el hombre puede intentar unirse con el mundo adquiriendo poder sobre él, haciendo de los demás partes de sí mismo, trascendiendo así su existencia individual mediante el dominio o poderío.” (E. Fromm). “El resultado definitivo de estas dos pasiones es la derrota” (concluye el pensador).
A veces nos preguntamos por qué algunos ancianos siguen dirigiendo entidades financiaras, o grandes corporaciones,  cuando tienen los suficientes recursos y riquezas para que puedan vivir varias generaciones futuras. Una persona tan mentalmente sana como José Múgica, Presidente de Uruguay, en una retransmisión televisiva, se preguntaba por qué uno de los magnates americanos continuaba en su puesto a pesar de contar con una edad extremadamente avanzada. Él, en el marco de su modesta forma de vida, a pesar de su condición política, no lo entendía. La razón fundamental por la que se da esta circunstancia en los individuos con poder, o en los sumisos, es porque no alcanzan nunca el nivel de satisfacción deseado por ellos.
Pero lo más grave es que a una gran mayoría social, por lo general sumisa, admiten, respetan e, incluso, admiran a los que tienen poder, porque, en el fondo, a ellos, les encantaría cambiar su papel de sumisos por el de dominadores. A lo largo de la historia se ha ido fraguando una cultura que, junto a las normas generadas en beneficio propio por los poderosos, han calado de tal forma que han dado lugar a una serie de contravalores que son el “bálsamo” de una sociedad enferma. La desigualdad, la codicia, el afán de enriquecimiento y otros tantos han pasado a la categoría de normal en el actual sistema socioeconómico, aunque algunos de estos defectos de la especie vienen de muy atrás.

La materialización del poder, los tipos de poder y la relación entre ellos
Tal como hemos señalado, son múltiples las acepciones del término poder. En algunos casos se asocia, incluso, con las capacidades intelectuales innatas o adquiridas por las personas, pero aquí nos queremos ceñir al Poder real, con mayúsculas, y al poder político. 
Entendemos como Poder real a la pasión, y al ejercicio,  de los que forman parte del grupo social de los poseedores de grandes fortunas, de los poderosos económicamente hablando, a lo que desde ciertas ideologías se conoce como clase dominante, que nosotros traducimos por clases dominantes, o privilegiadas, por la incorporación de ciertos grupos con poder e influencia en las relaciones sociales actuales. Nos referimos a los “famosos” acaudalados con una enorme influencia mediática que el sistema ha generado con el ánimo de incrementar el nivel de enajenación de una sociedad ya de por sí enajenada. Y vaya si lo ha conseguido. 
Una vez instalados en esa posesión de dominio se blindan con leyes y con instituciones para seguir incrementando sus ganancias, y así buscar insaciablemente esa estabilidad mental de la que carecen. Mi amigo Antonio Zugasti dice que ese afán de enriquecimiento denota una enorme pobreza humana. Pero nunca llegarán a alcanzar la condición de humanos en el sentido de seres plenos de salud mental y de razón.
Para seguir con su trayectoria necesitan una serie de condiciones a saber: una sociedad civil dominada, atemorizada, sumisa, y otros poderes de segunda como el político, el judicial y el mediático. Con todos estos ingredientes montan un modelo político a su antojo a modo de pseudodemocracia con la que engañan a una gran parte del pueblo, haciéndoles creer que este es la mejor forma de gobierno.
Por una parte, los políticos se convierten en casta, se segmentan de lo que se supone son sus representados, se convierten en clase privilegiada y, en un intento de incorporación a los que más tienen, se convierten, en gran medida, en corruptos. Hoy día es posible, sin ningún reparo, asociar democracia (esta pseudodemocracia) con corrupción. La ambición de buena parte de los políticos, haciendo uso de esa pasión, buscan alcanzar mayores cotas de poder.
Por otra parte, el llamado poder judicial se convierte en una segunda instancia del poder político. Los miembros de los principales organismos son elegidos por los propios partidos políticos. Los parlamentos se encargan de elaborar las leyes que protegen al Poder real y las que someten al pueblo llano. Las pruebas son evidentes tal como podemos observar en este país. Los procesos de instrucción de la causa de los poderosos se eternizan para después liberarles del delito por prescripción de los mismos o, si llegan a ser condenados, por indulto (véase caso Urdangarín, Gürter, Palma arena, familia Puyol y un largo etc.). En el otro extremo las “leyes mordaza” para reprimir y recortar las libertades de la ciudadanía (véase intento de  reforma de la ley del aborto, ley de seguridad ciudadana, etc.).
Los medios de comunicación prensa, radio, TV están directamente en  manos del Poder real (los privados) o del poder político (los públicos), convirtiéndose, hoy día, en el instrumento más potente de enajenación.

La enajenación, la sumisión y el miedo
La pobreza humana o inmadurez intelectual y emocional, de una u otra manera, está en el origen de la ausencia de conciencia, del miedo y de la inseguridad; en suma, del deseo de poder y de la sumisión. Intentaremos, a continuación, buscar las relaciones entre unas y otras miserias que nos impiden acreditarnos como verdadera especie racional y humana. Esta especie nuestra muestra una predisposición natural a la enajenación, que se ve reforzada a lo largo de toda la vida de cada individuo como consecuencia de los instrumentos en manos de los que ostentan el poder. La enajenación, en una acepción de carácter general, consiste poner a uno o una fuera de sí, en privarle de la razón. Para E. Fromm, la enajenación es “un modo de experiencia en que la persona se siente a sí misma como un extraño”, para Feuerbach “el hombre enajenado pone su verdadero ser fuera de sí”. Por otra parte, la conciencia es el conocimiento que el ser humano posee sobre sí mismo, sobre su existencia y sobre su relación con el mundo; ese conocimiento puede ser inicialmente más o menos amplio, y también es susceptible de ser modificado o anulado. La conciencia de clase, componente fundamental para la convivencia en sociedad, implica la capacidad para entender las relaciones entre las diferentes clases sociales. En consecuencia, la ausencia de conciencia supone todo lo contrario, es decir, el desconocimiento del propio ser, de su existencia y de su relación con los demás. Por lo tanto, la enajenación está en relación inversa con la conciencia, a menos conciencia más enajenación y viceversa, o expresado de otra manera, cuanto más alienado está el sujeto, menos conciencia individual y social tiene, lo que, en un proceso vital puede llevarle a la desactivación total, al autismo más profundo y a la indiferencia, como es el caso en el que nos encontramos ahora. De esta manera, la población se convierte en presa, y queda predispuesta para ser manejada por el más cínico, el más mentiroso, el más sinvergüenza.
Las religiones, primitivas o teístas, son el medio más arcaico en el que se refugia nuestra especie. Por lo general, el individuo tiene una rudimentaria conciencia de su existencia y de sus limitaciones lo que origina miedo a su propio fin como es la muerte, e inseguridad para afrontar su problema existencial. Ese miedo y esa  inseguridad le fuerzan a buscar un equilibrio, y se refugia en ídolos o seres superiores, representados por dioses terrenales, inmateriales, genuinos o espurios. Proyecta su propio ser fuera de sí, creando seres a los que atribuye cualidades superiores de las que él cree carecer. Nace así eso que llamamos alienación primaria, o autoenajenación, que aleja al individuo de la razón, cualidad de la que potencialmente, y en exclusividad, la naturaleza nos ha dotado, aunque parece que sin la adecuada uniformidad.
Así, la enajenación se materializa en la sumisión a un dios, pero también puede darse bajo el influjo de otra persona, de un grupo o de una institución. Las sectas, por lo general de origen religioso, son un buen ejemplo de sumisión de los que son “captados”. El seguimiento a los líderes políticos o sociales, la admiración por los famosos, por los deportistas o los cantantes de moda, es decir, la admiración por esos modernos dioses, son otros buenos ejemplos de sumisión. Incluso la adscripción a organizaciones políticas o sindicales -más que ser un colectivo con quien se comparten ideas y actividad, o tan sólo una excusa para buscar en ellas un beneficio material- puede ser un refugio que presta la seguridad que se necesita. Buena muestra de ello es el rechazo o la crítica a quienes en un momento dado abandonan una doctrina o una organización aunque sea por la vía de la razón.

Un intento de desequilibrio
De esta manera, este tipo de sociedades se nutren, por un lado, de amplios sectores sociales adiestrados y temerosos; por otro, con una minoría poderosa que controla y dirige la política, los medios de comunicación y otras tantas dimensiones que configuran un sistema socioeconómico asimétrico en el que se asumen “las reglas del juego” por la mayoría de los individuos.
Los políticos son un grupo fuertemente hermético y protegido, lo que le convierte en un grupo privilegiado por el papel que ejercen. El alejamiento de aquellos que les han votado es hoy día una realidad incuestionable. Sólo recurren a ellos, mediante la mentira y la demagogia, cada vez que se aproximan las elecciones. Aunque muy lentamente, amplios sectores sociales van rechazando el esperpéntico modelo, alejándose cada vez más de las urnas. La abstención es proporcional a la percepción de abandono de los intereses de las clases populares. Esta circunstancia sumada a las otras lacas del sistema (paro, precariedad, desigualdad creciente, etc.), está generando, por un lado, rabia, odio y ansiedad; por otro, apatía o indiferencia. En cualquier caso, se está produciendo un bloqueo que impide que los individuos dejen de cumplir el papel que el propio sistema les exige.
Ante tal situación, cualquier iniciativa que rompa con las reglas del juego que marcan la actual actividad de los partidos es bien recibida por amplios sectores sociales, que ven en ello una vía de escape de una viciada y corrupta manera de hacer política. Así ha ocurrido en nuestro país con el grupo Podemos que, anunciando su ruptura con el “viejo régimen”, se presentan como alternativa.  Su acertada manera de abordar el miedo como algo alternativo entre clases u estamentos sociales, provoca el rechazo de los privilegiados. Es una realidad constatable históricamente que cuando los sectores dominantes, por alguna circunstancia, han sentido miedo, su poder ha mermado en beneficio de la clase trabajadora que, por el contrario, han perdido el temor y han ganado poder, poder legítimo. Pero ya hace algunas décadas que esto no ocurre. El derrumbe de la URSS, y todo aquello que acarreaba en esta zona de occidente, ha tenido mucho que ver con este cambio en la correlación de fuerzas.
Nos encontramos, pues, ante un intento de desequilibrio de poder y miedo entre los actuales dominantes, y sus secuaces, y una sociedad deseosa de un verdadero cambio de rumbo. Todos los mecanismos al servicio del poder actual, tratarán de impedir que esta iniciativa prospere, sacando a relucir todas las flaquezas reales o inventadas de los dirigentes de Podemos. No obstante, se abre una ventana de esperanza para quienes llevamos tiempo esperando y trabajando por un cambio de paradigma.