domingo, 6 de noviembre de 2016

NUEVOS OPIOS PARA EL PUEBLO

Con carácter general
El desequilibrio socioeconómico cruel e irracional al que da lugar un modelo de convivencia como el que ha padecido hasta ahora la humanidad, ha estado siempre ligado a fórmulas alienantes. Evidentemente, estas fórmulas han sido compañeras de viaje de métodos más expeditivos que, como si de un círculo de fuego se tratara, han protegido a las clases dominantes a lo largo de toda la historia, evitando que los dominados protagonizaran cualquier tipo de trasformación o de cambio a su favor. El sometimiento inhumano de la esclavitud, el uso de la fuerza física, la persecución política, el encarcelamiento y la muerte  son algunas de las acciones llevadas a cabo a través de los instrumentos que el sistema, a lo largo del tiempo, ha creado para su propia protección y supervivencia: los ejércitos, las fuerzas del “orden”, la ley, etc.
Además, como hemos señalado, ha sido necesario imbuir al pueblo en prácticas irracionales  de autorrepresión  que le permita alejarse, en la medida de lo posible,  de la triste realidad que ha padecido y que padece, y les haga perder la conciencia real de su propia existencia. Las religiones, y en particular las de corte cristiano, han sido en otros tiempos piezas clave, jugando un importante papel enajenador en civilizaciones y sociedades como la nuestra, en las que, habitualmente, centramos el análisis.
Ahora, cuando esas religiones tienen menos influencia en la tarea enajenante, nuevos opios aparecen en la escena para mantener las cotas de irracionalidad que el sistema requiere. El desarrollo tecnológico es aprovechado con enorme eficacia para llevar a cabo esta labor. La clase dominante ha sabido hacer un excelente uso de ciertos inventos y de ciertas prácticas. Los grandes medios de comunicación como canales de distribución y los deportes como “espectáculo” de masas constituyen el marco adecuado para distraer y embelesar a la ciudadanía. En particular, el binomio TV-fútbol se ha convertido en la droga legal más poderosa que, para mayor facilidad de consumo, se expide a domicilio.  Nuevos opios para el pueblo (los mencionados y otros tantos, asociados a una pseudocultura) han venido a sustituir o a complementar a esas viejas prácticas religiosas que, sin dejar de cumplir su función, han quedado un tanto obsoletas, a pesar de las modernas intentonas de revitalización.

En lo concreto
Los grandes medios de comunicación privados están en manos del gran capital. Los públicos están al servicio del grupo político que gobierna. Poco a poco, ciertos sectores sociales van despertando del letargo en el que hemos permanecido durante tanto tiempo. Nos vamos dando cuenta de que el poder real es el poder económico, cuyos componentes se esconden tras una serie de poderes de segunda entre los que se encuentran los mass media. No se escapa ninguna cadena, ningún periódico. Con la cuartada de la libertad de expresión se permiten hacer y deshacer al antojo de sus amos. Lo que en otros tiempos se convirtió en el diario de la mayor parte de la progresía de esta sociedad nuestra, El País, se ha convertido, junto a la emisora hermana, la SER, en el instrumento más reaccionario. Tal vez nos han estado engañando durante décadas, tal vez siga engañando aún a ingenuos, a pesar de la contundencia y la evidencia con la que está actuando en estos últimos meses. Cualquier signo de cambio es cercenado de inmediato.  El grupo PRISA ha defenestrado a Pedro Sánchez, provocando que el PSOE salte por los aires.
En estos días les toca a los de Podemos. Un hecho insignificante se ha convertido en la noticia de primera página en periódicos, radios y televisiones. No quieren que Ramón Espinar -ayer desconocido, y hoy conocido en medio mundo- sea el dirigente de Podemos en la Comunidad de Madrid. Los de la izquierda real deberíamos  aprender y reforzar nuestra confianza en este grupo político. Las agresiones que sufren, y las que sufrirán, son tan desproporcionadas y burdas que les legitima como grupo diferente a los que se alían para defender a los de siempre.
Decimos que todos los grandes medios están en manos de la oligarquía. Todos. Algunos son más peligrosos que otros. La Sexta es la cadena que ven los que huyen del “Sálvame” y otros programas semejantes, pero este canal pertenece al grupo Planeta, lo mismo que el diario La Razón.  Un tal Ferreras, a la sazón actual director de la emisora, junto a toda su comparsa, ha insistido hasta la saciedad en el asunto “Ramón Espinar”, utilizando la mentira y las más sucias maniobras capciosas. Sus antecedentes laborales hay que situarlos en la SER y en el Real Madrid. Excelente Palmarés. Afortunadamente, cada día que pasa disminuye el número de hombres y mujeres de izquierdas que siguen sus tediosos programas, que, sin reparos, podemos ubicarlos en lo que vulgarmente se conoce como “TV basura”.
 Es vergonzoso, indignante, desesperante que individuos que tienen unos ingresos desorbitados se permitan el lujo de arremeter contra un joven que obtuvo unas insignificantes ganancias en la compra-venta de un piso de 50 metros cuadrados. Espinar y otros dirigentes han quedado “tocados” por este asunto que seguirá en el candelero y será estrujado  hasta la última gota, hasta su total extenuación. 

Epílogo
La pregunta a los de Podemos es esta: ¿es que no sois capaces de contrarrestar estos ataques rebuscando en las miserias de esos lacayos, que miserias hay a porrillo? Por fortuna, las redes sociales están a vuestra disposición. Por otra parte, podéis aprovechar vuestras apariciones en los medios y dar la vuelta a las agresiones que sufrís. En aras de combatir la manipulación, algunos lo agradeceríamos.


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