viernes, 7 de abril de 2017

UN SISTEMA SOCIOECONÓMICO AGOTADO: DEL BIPARTIDISMO AL PARTIDO ÚNICO

Una de las circunstancias que pone en evidencia que el actual sistema ha entrado en una crisis, que parece irreversible, es la inestabilidad de la dimensión netamente política, aunque ésta no sea la principal. A pesar de que el análisis completo requiere un escrito más amplio, queremos hacer un avance, tratando el actual modelo político, su declive y su posterior evolución.
El modelo bipartidista le ha servido a la oligarquía durante un largo periodo de tiempo, desde mediados del siglo XX hasta hace unos pocos años, en el marco de una limitada democracia, estrategia que ha dado lugar a una marcada estabilidad política.
En ese juego participaban dos opciones de supuesta oposición ideológica, cada una de las cuales se identificaban con la izquierda, la una, y con la derecha, la otra. El pueblo engañado y manipulado ha sido utilizado, aún lo sigue siendo (pero menos), para mantener el dominio de unos sobre otros.
La actuación de la derecha es coherente con su ideario y con sus propuestas. Sin embargo, lo que se conocía como izquierda, esa izquierda mayoritaria, tanto en este país como en otros del entorno, se han escondido bajo esa tendencia, por el prejuicio favorable que le conceden amplios sectores de la ciudadanía, pero su papel ha sido el de la defensa de los intereses de los ricos, sin distinción de lo que hace la derecha.
En consecuencia, el binomio izquierda-derecha ha quedado desconfigurado, fundamentalmente por la impostura de los partidos de esa pseudoizquierda que ha sido mayoritaria durante mucho tiempo.
La decrepitud del sistema socioeconómico, y la del modelo político al uso, han dado lugar a la aparición de nuevas fuerzas con postulados y propuestas más próximos a los grupos sociales menos favorecidos y a ciertas capas intelectualmente más avanzadas. Pero, además, el descontento con el bipartidismo está dando pie al fortalecimiento de movimientos de corte fascista (conocidos como extrema derecha). Es el caso de Francia, Holanda, Austria, Polonia y otros tantos países de Europa, bajo el ejemplo y la tutela, ahora, del actual presidente de EEUU: Donald Trump.
Ante esta situación de inestabilidad política, el sistema ha reaccionado buscando nuevas formulas para recuperar esa estabilidad perdida. Particularmente en nuestro país, ha aparecido Ciudadanos con el ánimo de contrarrestar el efecto Podemos, pero parece que este ensayo no les ha salido demasiado bien. La actuación más potente es la de intentar unir al PP y al PSOE, en sustitución de la alternancia, idea que se extiende a otros países que, como Alemania, ya lo han hecho. Cada vez oiremos hablar menos de izquierda y derecha como grupos enfrentados. La intentona unificadora comenzó en nuestro país después de la pérdida de la mayoría absoluta del PP el 20D de 2015. Tras una inédita etapa de inestabilidad, por fin, después de las últimas elecciones generales del 26J de 2016, se inicia una carrera para buscar el apoyo del PSOE. En esta burda operación de convertir al PSOE en muleta del PP, los socialistas han destruido su propio partido, creando una profunda grieta entre el aparato conservador y aquellos que siguen reivindicando posiciones de progreso por vocación o por oportunidad.
El proceso que se inició en septiembre-octubre de 2016 es vulgar, traicionero, cobarde y torpe con unos incuestionables tintes autoritarios. Cuando P. Sánchez, a la desesperada, intenta el pacto con Podemos se disparan todas las alarmas y, en menos de dos semanas se lo quitan del medio con un evidente golpe de mano. El poder real no puede permitir un Gobierno que le dé quebraderos de cabeza.
A partir de entonces, los encargados de laminar a Sánchez emprenden una operación para colocar en la Secretaría General a alguien que esté dispuesto a todo lo que le pidan desde arriba, a alguien del ala más reaccionario que dé continuidad a las políticas neoliberales de los anteriores líderes, ahora sometiéndose a los designios de los del PP. Todavía no alcanzo a saber qué es lo que buscan los del PSOE con esta operación, más  a allá de conservar la situación privilegiada que el sistema les ha otorgado a sus  actuales y, sobre todo, a sus viejos dirigentes: A los González, a los Guerras, a los Bonos, etc., etc. Hasta donde alcanza la vista, o la imaginación, el PSOE no conseguirá ser el partido más votado. Tal vez, tampoco consiga ser el segundo más votado. De cualquier forma, toda alternativa futura de progreso pasaría por la alianza de varios grupos entre los que podrían encontrarse los socialistas. Por lo tanto, surge una disyuntiva. O los dirigentes actuales del PSOE han enloquecido o, como he dicho, se me escapa cuáles son los ocultos objetivos políticos que pretenden alcanzar, eso sí, manipulando y utilizando a las bases del partido y a los ingenuos votantes.
Para jugar ese sucio papel de traición han elegido a una “predicadora” andaluza de baja talla intelectual, dispuesta a tragar con lo que sea con tal de ser protagonista y, de paso, arramplar con lo que pueda. Un espectáculo montado por todo lo alto, arropada la lideresa por todo el aparato, por la reacción, aplaudiendo. Pero no está todo el pescado vendido. Sánchez sigue adelante contra viento y marea. Esperemos que lo de P. López no sea un montaje y busque la limpieza de su partido para lo que sería conveniente que se aliara con Sánchez. De lo contrario, el camino queda expedito a la predicadora. Si ésta consiguiera ganar, el poder habría logrado lo que pretenden: sustituir la alternancia bipartidista por el partido único con el PSOE como muleta.


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