domingo, 10 de junio de 2018

YA SOMOS DE "IZQUIERDAS"


Ya somos de “izquierdas”, en un mundo de derechas. ¿Seremos capaces de soportar esa tensión? Todo es posible si lo que llaman izquierda es, sencillamente, la derecha maquillada.

El actual estado mental e intelectual de esta especie nuestra es tal que tenemos que expresar ideas, situaciones o hechos, recurriendo a elementales esquemas para que podamos entendernos. De esta forma, hemos acuñado el binomio izquierda-derecha para resumir una compleja situación política en el mundo y, en particular, en nuestras tierras.
El uso del término izquierda, como digo, es ahora una simplificación. En ella se encuadran ciertas formaciones políticas que poco tienen que ver con un verdadero ideario o con un auténtico ejercicio de lo que debería de ser esa corriente política. Los que incluyen el vocablo izquierda en su definición lo hacen debido al prejuicio favorable que le conceden amplios sectores de la ciudadanía. 

La izquierda que soñamos
Hace ya unos años, encontré una definición de lo que debería ser la izquierda, lo que suelo llamar: la izquierda real. Una definición integrada en los estatutos de hace unos años de IU. Literalmente decía el documento que la izquierda debería luchar por la “superación  del capitalismo y el avance hacia una sociedad sin explotación y sin alienación, hacia un socialismo concebido como la plena realización de los derechos humanos y la profundización de la democracia”,  Texto que compartía en mis años de militancia, y que sigo compartiendo.
La izquierda entendida de manera parecida a lo que hemos definido sólo existe en el imaginario de algunos hombres y de algunas mujeres. Esta izquierda no se ha materializado nunca en occidente en forma de formación política con posibilidades de gobierno. Así que esta falta de concreción da lugar a multitud de formas de entender la izquierda.
El término izquierda se ha convertido históricamente en un cajón de sastre donde cabe todo. Unos y otros se identifican con una izquierda imaginaria aunque casi nunca se han dedicado a exponer su manera de entenderla. Con seguridad, por esa condición de irrealidad material, el pensamiento o la percepción de la izquierda es muy diferente en unos y en otros. Grupos y partidos políticos en uso de la mentira se autodefinen, sin razón, como de izquierdas, abusando de la confianza, la ignorancia o la ingenuidad de la mayoría social.
El PSOE es uno de esos partidos que se incluyen en esa izquierda nominal, diríamos que, incluso, se ha adueñado del término en estos últimos tiempos, hasta el punto de que, embargados por la emoción, uno de sus últimos lemas de este partido rezaba: “somos la izquierda”, aunque tardó poco tiempo en cambiarlo en aras de ese refrán que dice: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Si alguien quiere ejercer de izquierdas no necesita anunciarse, sólo actuar.

El Partido socialista, en suma, nunca se ha comportado como un partido de izquierdas, entendida ésta tal como pensamos algunos. El PSOE es un grupo que forma parte del juego político determinado por la oligarquía para mantener el  actual statu quo.

El cambio de gobierno
La rápida derrota del corrompido complejo creado en torno al partido político que ha estado gobernando los últimos seis años y medio ha dado lugar a una marcada confusión social, acentuada por los medios de comunicación, actual escaparate y guía de una ciudadanía maleable, forzada a ver cadenas de TV u oír emisoras de radio en manos de los que se encuentran al otro lado de los intereses de las clases trabajadoras. Ahora, aunque han pasado unos pocos días, es tiempo suficiente para preguntamos: ¿Cómo el pueblo  ha podido soportar durante todo este tiempo a una panda de gentuza como la que formaba el Gobierno de Rajoy, empezando por él mismo? Individuos incultos, anclados en la caverna. Visto, ahora, desde esa pequeña distancia, nos damos cuentas que han sido la auténtica continuidad de la Dictadura. Ciertos sectores de la sociedad se han alegrado del cambio de esta primavera del dieciocho, aunque hay que señalar que con más temor que entusiasmo.

Llegado el momento, como he dado a entender, el Gobierno del PP era insostenible. La corrupción generalizada, los casos pendientes que serán juzgados y la primera sentencia de la Gürtel, como detonante, han dado al traste con la permanencia del partido conservador. Por lo tanto, era obligatorio tomar una decisión. ¿Habrá tenido algo que ver el poder económico en el reciente cambio? ¿Y la Unión Europea? Si así fuera, habrá que entender que han optado por Sánchez en detrimento de Rivera. De lo que sí hay muestras evidentes es de que, en esta tercera etapa de gobierno, como en las dos anteriores, el IBEX, y lo que representa, se muestra complaciente.
Por el lado positivo,  esta es la primera vez tendremos un Presidente de Gobierno que habla otros idiomas, así como la mayoría de los Ministros nombrados. Así será más fácil comunicarse en la UE. Un equipo renovado con personas mayoritariamente más dinámicas frente al estancado del PP. 
Sin embargo, a pesar de las múltiples alabanzas al nuevo Gobierno, las políticas de “izquierdas” que podamos esperar del PSOE se resumirán, en el mejor de los casos, en una serie de gestos (ya ha comenzado, nombrando a 2/3 de Ministras) para contentar a ciertos movimientos reivindicativos, pero su política económica será la de siempre: la defensa de los intereses de los ricos. Esto se va confirmando conforme vamos conociendo algo más de los perfiles e ideología de los nuevos ministros. La nueva ministra de economía, por ejemplo, es aplaudida por Ana Botín y goza de la aprobación de la UE.
Por otro lado, el nombramiento de Grande-Marlaska, un juez marcadamente conservador, nos hace dudar de la política que se llevará a cabo desde el Ministerio del Interior. En una situación de inestabilidad, marcada por la desigualdad, es conveniente, desde el poder, mantener, de una u otra manera, las medidas represivas impuestas por el PP.

¿Qué nos espera en el terreno netamente político?
El PSOE, al menos en su definición, camina contracorriente en un espacio europeo diferente a la reciente situación que se ha producido en este país nuestro. Los partidos socialistas o socialdemócratas que han gobernado desde la segunda guerra mundial han ido perdiendo fuerza o han desaparecido como es el caso de Italia. En la mayor parte de los países de Europa dominan las corrientes más conservadoras. En algunos países con la participación en los gobiernos de fuerzas de corte fascista.

Hasta ahora todo daba a entender que en España el recambio del PP sería protagonizado por Ciudadanos, pero la operación a la que hemos asistido contradice esa idea. Algo hay que ha dado lugar a este giro, aunque no está todo el pescado vendido, por eso digo que quienes preferimos esta opción lo vemos con más temor que entusiasmo. Todo dependerá de lo que ocurra en los próximos meses. Tal vez, ese nuevo partido, C’s, no ofrezca todavía todas las garantías que se desean para la deseada estabilidad aunque, por mucho que se empeñen, y gobierne quien gobierne,  será efímera. Tal vez crean que su posición política, la de Ciudadanos, sea exageradamente extremista. Quizás su líder no muestre la madurez política que se requiere.

El futuro del PP depende de algunas variables. Por una parte, será definitivo el devenir de los procesos judiciales en marcha y de los nuevos que pudieran aparecer. Por otra, dependerá de la manera de reorganizarse, si es que lo consiguen. Pero lo más determinante es su rivalidad con Ciudadanos. Si en algún momento el poder real retoma sus primitivas intenciones de derivar el voto hacia C’s, el PP puede quedar reducido a un grupo testimonial.

Tal y como están las cosas, las expectativas de Podemos se resumen a su apoyo al PSOE y, en el mejor de los casos, a su participación en el gobierno, todo esto si es que los socialistas consiguen ser el partido más votado o, entre ambos, superan a lo que se conoce como fuerzas de la “izquierda”.
Pero lo que sí está garantizado es un largo periodo de “volatilidad” como consecuencia del agotamiento del actual modelo político y de la ausencia de soluciones a las contradicciones del sistema capitalista.

Tras el análisis, pasados unos días, y aplacada esa euforia en las líneas progresistas, sobre todo por la expulsión del partido corrupto, es legítimo que podamos concluir con aquella vieja sentencia popular de que “todo es mentira”. Desearíamos que esa mentira cada vez encontrara menos acomodo en nuestra sociedad.


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