miércoles, 24 de octubre de 2012

ELECCIONES GALLEGAS: UN FRAUDE ESTADÍSTICO



El domingo, como tantos otros ciudadanos, estaba atento a las noticias que los medios de comunicación ofrecían sobre las elecciones Gallegas y las del País Vasco. Es a las primeras a las que me quiero referir ahora.
A eso de las siete de la tarde, más o menos, nos decían que la participación a las cinco era unos siete puntos inferior a la de las elecciones del 2009, lo que pronosticaba un importante ascenso de la abstención en estos comicios.
Pues bien, una vez iniciado el recuento, a partir de las ocho, nos informan de que la participación había sido del 63,80%, 0,63 puntos inferior que en las anteriores que fue del 64,43%. Por un extraño fenómeno, que jamás se ha producido, desde las cinco de la tarde hasta las ocho, la participación recupera esos siete puntos de caída. Esto es una gran mentira del PP, como tantas otras, con el único interés de encontrar una excusa para justificar las nefastas políticas llevadas a cabo por este Gobierno, haciéndonos creer que los gallegos avalan mayoritariamente los recortes y demás medidas que están llevando a este país a un callejón sin salida.

Esta repentina recuperación de la participación, me extrañó tanto que me propuse analizar los demás datos que todos los medios nos ofrecían. El número de votantes ha sido de 1.467.657, cuando en las elecciones del 2009 fueron 1.706.198 los que acudieron a las urnas. Esta comparativa me hizo dudar de los datos de participación: o bien un número en torno a los 400.000 gallegos se habían esfumado, o los datos que nos daban eran falsos. ¿Cómo es posible una participación semejante en ambas convocatorias cuando el número de votantes es sensiblemente inferior en las del 2012?.    
Lo curioso es que ningún partido político ha reaccionado ante este hecho, a la vez que  a todos los medios informativos “se la han colado”.
 Anoche, aprovechando un hueco en mi agenda, me puse a analizar la cuestión desde un punto de vista matemático. Ahí van los datos:

Elecciones de 2009:
Censo INE: 2.691.570
Número de votantes: 1.706.198
Participación real: 63,39%
Participación oficial: 64,43%

Elecciones 2012:
Censo INE: 2.696.513 (unas 5.000 más que en las anteriores)
Número de votantes: 1.467.657
Participación real: 54,42%
Participación oficial: 63,80%

Como conclusión al análisis matemático quiero resaltar que el PP gallego representa a menos de un cuarto de la población censada con derecho a voto: el 45,72% obtenido por el PP del 54,42% de la participación supone únicamente el 24,88% de esa población con derecho a voto.

 Hoy abro Facebook, y me encuentro con un análisis llevado a cabo por “Democracia Real Ya”, idéntico al que yo hice anoche, lo que me confirma que estoy en lo cierto. ¿Qué ha ocurrido?, que han excluido a toda la población empadronada que reside fuera de Galicia, porque, por lo que parece, esta vez han decidido abstenerse casi en bloque (no han solicitado el voto por correo), lo que dice poco a favor de este modelo político en permanente declive. El PP ha manipulado los datos con el fin de reforzar la nefasta política que está llevando a cabo en todo el Estado. Y lo curioso es que pocos nos hemos dado cuenta de este fraude estadístico que se ha producido por primera vez. ¿Es posible que a partir de ahora asistamos a “pucherazos” electorales sin que los mass media se den cuenta de ello?. Evidentemente, lo que ha ocurrido potencia el desprestigio de la actual práctica política, y deja en muy mal lugar a los medios que nos informan porque, por ignorancia o por intereses, se dejan llevar por el engaño. 

lunes, 22 de octubre de 2012

ÉRASE UNA VEZ



Nos encontramos  lejos de la realidad pasada, no sabemos con certeza dónde estamos ahora. Tal vez esto sea pura fantasía, quizás estemos en una burbuja que vaga por un mundo imaginario. La inacción, la indiferencia y el miedo, sobre todo el miedo, son los motivos por los que nos encontramos así. Hemos llegado a tal situación por la vía del aturdimiento, lo que hace que gran parte de nuestra memoria haya desaparecido. Sólo queda el difuso recuerdo de aquello que nos ha traído hasta aquí, lo que permite narrar a los que no lo vieron lo que fue un mundo enloquecido dirigido por unos enfermos de codicia a los que una estúpida manera de vida se les fue de las manos.

Mirad -les dice uno de aquellos supervivientes a los que no lo vivieron- la hipocresía, junto a tantas otras miserias, impregnaba múltiples dimensiones vitales en aquel lugar, convirtiendo a la sociedad en masa,  en un conjunto de individualidades necesitado de ser guiado para malvivir. Regía aquella malintencionada regla de la psicología  según la cual la inteligencia es la capacidad de adaptación al medio, y bien que nos adaptamos. Poco a poco, se fueron perdiendo algunos valores que en tiempos muy remotos nos permitieron convivir como seres más racionales, pero la solidaridad y la conciencia social se fueron trasformando en incomunicación, en indiferencia y en cada uno a lo suyo, imitando a los que tenían el dinero.
Las capacidades intelectuales fueron decayendo, de manera que cada vez era más difícil comprender, analizar la realidad con certeza y librarse del engaño. Los medios de comunicación, con su machacona y repetitiva función, jugaron un papel fundamental en ese encargo encomendado para anular el pensamiento propio.
Algunos que se empeñaban en aportar un poco de luz  sufrían el desencanto por la imposibilidad de “calar” en las cada vez más ausentes conciencias y en ese nulo pensamiento de gran parte de los individuos de aquel tipo de sociedades. Se daban cuenta de la dificultad que tenían para romper con lo establecido, con lo que era considerado políticamente correcto. Y lo correcto era asumir un modelo político formado por truhanes que defendían los intereses de un sector minoritario, estaban ahí para eso. Pero todos los elementos que formaban parte de esa mentira se fueron corrompiendo, y las estructuras, como no podía ser de otra manera, se derrumbaron, y cuando algunos se dieron cuenta ya era tarde para reconstruirlas.
Toda aquella aceptación de lo establecido, o la búsqueda de ingenuas e ineficaces alternativas, se debía al miedo a enfrentarse a una situación real que nos asfixiaba, pero que preferíamos ignorar, escondiendo la cabeza bajo el ala, o refugiándonos  en guetos que nos aislaban de esa realidad, y  en enajenantes distracciones normalizadas que intencionadamente ponían  a nuestra  disposición.

No supimos poner remedio a esa deriva que nos ha traído hasta aquí -pensaba el narrador- ahora en solitario. El sistema generó fenómenos con vida propia que se sobrepusieron, incluso, a los que creían que tenían el control absoluto.
Tuvimos la posibilidad de caminar hacia un mundo mejor que aquel que se corrompió, aquel que  por nuestra pasividad dejamos que se corrompiera. Esta especie nuestra desbordó los límites de la irracionalidad en la que vivimos durante tanto tiempo. Estamos aquí, en esa burbuja a modo de incubadora con la confianza y el deseo de que renazca una especie renovada, una especie que de verdad pueda ser considerada, con razón, humana.

viernes, 21 de septiembre de 2012

EL ACTUAL MODELO POLÍTICO YA NO ES VÁLIDO


Hace unos días vimos por televisión la entrevista que en un programa de La Sexta (TV) le hacían al excoordinador general de IU, Julio Anguita; entrevista que ahora circula por todas las redes sociales de Internet. En un momento dado la conversación discurre de la siguiente manera:  “No hay fuerza política que lo arregle, ninguna, absolutamente ninguna” (sic), haciendo referencia el entrevistado a la actual situación económica y social de este país. El entrevistador le dice: “ ¿Izquierda Unida?”, a lo que Anguita responde:  “he dicho ninguna” (sic). Que el entrevistado lo tenga tan claro entra en franca contradicción con su actual militancia en el grupo político al que pertenece, pero él es el único que tiene la potestad para justificar esa  contradicción.
Por esta vez coincido plenamente con Anguita: nada podemos esperar de los partidos políticos actuales. Para entender de dónde arranca este convencimiento es conveniente remontarse a la gestación de la situación política que hoy sufrimos.
El modelo político actual, tildándolo generosamente de modelo, tiene su origen en eso que se llamó la transición que se inicia, más o menos, a raíz de la muerte del Dictador. Las trasformaciones para el lavado de imagen del sistema socioeconómico fueron protagonizadas, única y exclusivamente,  por los dirigentes políticos de los partidos tanto de la derecha como de la izquierda. La lucha reivindicativa y antifranquista de la ciudadanía fue intencionadamente silenciada y despreciada. El pueblo, como en tantas ocasiones, fue utilizado para, más tarde, ser abandonado a su suerte. Es ya en esos momentos cuando comienza a gestarse lo que más tarde hemos denominado casta política. El ingenuo deseo por parte de las bases de los partidos de izquierdas de aspirar por entonces a una democracia participativa se fue esfumando y, en su lugar, se optó, como no podía ser de otra manera, por un modelo representativo que, poco a poco, deja de serlo para convertirse en ese sucio juego de la descalificación entre pares con la única intención de acaparar el poder político. Poco a poco ha ido despareciendo la representatividad parlamentaria para convertirse en una guerra partidista de supervivencia. La cuestión política se resume hoy día a tirarse los trastos los unos a los otros con la impúdica intención de vivir cómodamente sin “dar un palo al agua” (valga la expresión tan vulgar como gráfica).
La corrupción y el tráfico de influencias que ahora padecemos comienzan a fraguarse a raíz de este modelo, de tal manera que al día de hoy es posible asociar sin equivocación democracia (este tipo de democracia) a corrupción, clientelismo y endogamia, de la misma manera que ocurría en el régimen anterior en el que la Dictadura era corrupción en sí misma.
En estos momentos tenemos que soportar en los órganos de gobierno a un grupo mentiroso, reaccionario y antipopular, que utiliza demagógicamente unas siglas para encubrir su actividad de acoso y derribo de los más débiles, engañando a los ignorantes tanto con su nombre como con sus actos. Pero ¿qué podemos esperar de la oposición? Cada vez se homogeniza más el papel que juegan cada uno de los grupos que se sientan en los sillones del Parlamento.
Hay pocas posibilidades de que algo pueda cambiar desde dentro. Lo que algunos tildaban de joven democracia a lo que surgió de esa confusa  e indeterminada transición, se ha convertido en una anquilosada fórmula a la que los políticos se han encaramado. Las únicas críticas que les oímos se limitan a solicitar el cambio de la ley electoral, pero esto sólo lo hacen los partidos de menor rango con el único interés de meter más colegas en el garito donde se encuentran tan cómodos. Por eso el simple cambio de la proporcionalidad electoral parece imposible porque debería surgir de los propios partidos, y los grupos mayoritarios no están dispuestos a perder su posición de privilegio. Por desgracia la acción popular es débil y poco se puede hacer, tanto en este asunto como en otros tantos.
Las actuales instituciones públicas están para lo que están, para lo que han estado siempre en el marco del actual sistema. Por ese motivo cabe la siguiente pregunta con un carácter entre retórico y aclaratorio: ¿Por qué los políticos defienden los intereses de los verdaderamente poderosos?, de eso que antes se llamaba clase dominante (con perdón), y que ahora se ha ampliado con otras castas y otros grupos privilegiados. A mi modo de ver hay tres razones: a) porque los políticos son conscientes de que los poseedores del dinero son el poder real y, en caso de cuestionar su posición, o desviarse del camino marcado, serían, de forma fulminante, acosados, defenestrados y sustituidos por otros, perdiendo así todas las ventajas de las que gozan; b) porque les envidian por su dinero y quieren ser como ellos, por eso se corrompen con el único fin de tener cuanto más mejor, es esta una deformación muy propia de esta especie nuestra, la de arrimarse al que más tiene; c) porque el modelo político actual es, en suma, una estrategia que parapeta al sistema para que el poder económico haga y deshaga a su antojo.
 Decimos que estamos asistiendo a los estertores del sistema capitalista porque son muchos los síntomas que lo avalan. (Ver http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pág. 29 y 30). El descrédito del modelo político, y el comportamiento de los que lo integran es uno de ellos.  Tendrá que pasar algún tiempo más para que las mayorías silenciosas lleguen a la misma conclusión a la que hemos llegado determinados sectores sociales, pero todo se andará. Deberemos esperar a que, a la vez, se vaya fraguando una alternativa popular que venga a remediar esta impúdica situación marcada por esa casta política que se limita a utilizar a sus votantes en beneficio propio. Pero una cosa está clara: la práctica política al uso se debilita, y cada día pierde fuerza en esa función encomendada para mantener la “paz social”.

jueves, 30 de agosto de 2012

BREVE RELATO DE LA HISTORIA MÁS RECIENTE


El 20 de noviembre de 2011, con el adelanto de unos meses, se celebran elecciones generales. Cumpliéndose todos los pronósticos, el PP obtiene una holgada  mayoría absoluta. El PSOE, como era de esperar,  se derrumba, e IU mejora considerablemente su posición parlamentaria. Otros grupos de corte amarillista también consiguen elevar el número de diputados. Los nacionalistas se mantienen, e irrumpe una nueva fuerza política: Amaiur, formada por organizaciones de la izquierda  abertzale del País Vasco.   
El PP se presenta como el salvador de todos los males con un programa en el que anuncia que acabará con el paro, que no subirá los impuestos y que no habrá recortes. Con estas mentiras consigue engañar a una masa ingenua a la vez que ignorante, además de conseguir los votos de los incondicionales ligados a la iglesia católica o a las ideas del Régimen anterior.
Si bien es cierto que los anteriores gobiernos socialistas iniciaron el camino marcado por los mercados, también lo es que intentaron contener las medidas que se solicitaban desde la UE. Sin embargo, los del PP, con el miserable Rajoy a la cabeza, se han lanzado a tumba abierta haciendo todo lo contrario de lo que decían, como era de esperar.
Ya advertíamos algunos antes de la convocatoria que la victoria de ese grupo tan reaccionario supondría un importante retroceso para las clases populares, pero la tozudez, y a veces la falta de luces de algunos, en ese empeño de ser fieles a un ideario que ellos consideran próximo a su pensamiento, dispersaron el voto de la izquierda real, dejando el camino expedito a los del PP. Le resulta muy difícil entender a la ciudadanía que es necesario apoyar a una fuerza política de corte moderado, como lo es el PSOE, hasta que otra alternativa más progresista tenga la suficiente fuerza como para intervenir en las tareas de gobierno. Más pronto que tarde hemos comprobado que la presencia de IU en el Parlamento es irrelevante. Que ese apoyo electoral que ha tenido sólo ha servido para que unos cuantos más vivan del cuento. Por otro lado, el grupo abertzale vasco tampoco ha satisfecho las expectativas que algunos habíamos depositado en ellos. Es una vergüenza que en estos precisos momentos el Parlamento esté tomado por la policía para impedir que ese “pueblo soberano” que ha votado se acerque a él, y vergonzoso también que los diputados que se consideran de izquierdas se escondan bajo ese blindaje.
Desde la óptica netamente socioeconómica la situación sufre un progresivo deterioro a lo largo de las tres últimas décadas, hasta llegar a nuestros días. La explosión  inmobiliaria de comienzos de siglo supuso un crecimiento artificial que vino luego a incrementar bruscamente esa deriva hacia la inestabilidad y la pérdida de lo que se conoce como estado de bienestar. Es como si se tratara de los últimos coletazos de un sistema que se ahoga en sus propias contradicciones. Las tesis de K. Marx están ahora más vigentes que nunca. La riqueza se encuentra en manos de unos pocos. El desarrollo tecnológico y la búsqueda de mayor productividad conllevan la disminución de fuerza de trabajo. En esa carrera por incrementar las ganancias, la actividad productiva es sustituida por la especulación y el mercado del dinero. La juventud no encuentra trabajo y, cuando lo tiene, la precariedad y los bajos salarios constituyen la tónica general. El acceso a una vivienda se hace ahora casi imposible para ellos. Todo esto empobrece a la clase trabajadora, de manera que cada vez son más las capas sociales que se ven afectadas. De este estado general de pobreza sólo se salvan algunas castas que son protegidas por el poder real. Los políticos forman una barrera de contención para los poderosos. Los medios de comunicación intoxican y distraen a la masa. Los deportes y los deportistas constituyen el opio de la modernidad. Todos ellos son instrumentalizados en beneficio de la clase dominante. Todos ellos se libran de ese deterioro social que afecta a las clases populares.

En los ocho meses de gobierno del PP los recortes que comenzaron con el gobierno de Zapatero se han multiplicado y los impuestos han sufrido un importante incremento. El paro no sólo no se ha reducido, sino que ha aumentado, y los pronósticos no son nada halagüeños; se espera que el número de parados sea de seis millones al final de este año 2012.

¿Cómo está reaccionando la población frente a la situación que padecemos? Las clases populares han ido  perdiendo de manera progresiva ese espíritu rebelde de los años setenta hasta  llegar en la actualidad a la indiferencia y a la perdida absoluta de conciencia. Sin embargo, la presión que estamos sufriendo es fuerte, de manera que, en el futuro, puede ocurrir cualquier cosa.
Pienso que los poderosos y sus gestores están jugando con fuego. De momento, los actos llevados a cabo (manifestaciones, huelgas, etc.) no están produciendo efecto alguno, pero llegado el momento, los individuos se verán obligados a realizar acciones de mayor calado, habrá cada vez más agitación social que influirá en la vida de todos: ricos y pobres. El poder político, que ya es fuertemente cuestionado por amplios sectores, resultará inservible para contener a la masa y mantener la “paz social”, función que ahora tiene encomendada. Pero ante la actual ausencia de un agente transformador que organice las revueltas, la agitación social sólo puede convertirse en confusión y desorden con todas las consecuencias que ello pueda acarrear.
De los actuales partidos políticos de la oposición poco podemos esperar. Tal como estamos comprobando, la política, como institución endogámica, se ha convertido, tal como hemos señalado anteriormente, en una pugna entre rivales con el único propósito de acceder al poder y vivir de ello. Se han esfumado los grupos revolucionarios con consistencia que podrían ofrecer alternativas al sistema capitalista. El derrumbe de la URSS ha supuesto un antes y un después en la correlación de fuerzas en los estados capitalistas. Los Partidos Comunistas de occidente han ido perdiendo fuerza revolucionaria hasta integrarse plenamente en el actual sistema. Lo mismo ha ocurrido con los sindicatos.
Aparecen movimientos de oposición, pero sin la firmeza que se requiere para combatir contra un sistema que se agota, pero que se resiste a su desaparición.
La ausencia de ideas entre aquellos que pueden ser oídos es una realidad. Los “intelectuales” se venden por un plato de lentejas  y prefieren convertirse en tertulianos en lugar de crear una corriente de pensamiento crítico o de encabezar esas revueltas callejeras. Los potentes medios de comunicación  se encargan de filtrar cualquier iniciativa que ponga en cuestión el modelo político o el sistema, por muy tocado del ala que se encuentre. Todo ello nos sitúa en un tiempo de incertidumbre e inestabilidad como nunca se había vivido en estos últimos sesenta y tantos años que me ha tocado vivir. La actual situación nos puede devolver a una sociedad de corte feudal semejante a la vivida en épocas pasadas, sometiéndonos y aceptando la miseria y el hambre, o revelarnos eficazmente contra la injusticia y el abuso, y luchar para conquistar un fututo mejor que este tiempo que vivimos y que vamos dejando atrás. Todo depende del despertar de la sociedad para que recupere la conciencia y actúe de manera contundente y organizada en contra de todo lo que nos está pasando ahora. Faltan elementos para hacer un pronóstico certero. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

NOTAS ENTRESACADAS PARA UN OTOÑO INCIERTO



El verano trascurre entre el calor y el desconcierto. De entre las noticias que circulan destaca una a modo de quimera que anima a unos y confunde a otros, pero, de momento, no asusta a nadie. No cabe la menor duda de que la situación política en este país es demencial y que la económica es altamente preocupante. Al hilo de los futuros acontecimientos, o intentonas poco meditadas, se me ocurre recuperar algunas notas entresacadas de otros artículos anteriores.

1. La falta de respaldo internacional
Con el derrumbe de la URSS en 1991, y la hegemonía del mundo capitalista con EEUU a la cabeza, llega a su fin un ciclo histórico. Los grandes capitales, sin ningún tipo de freno, emprenden un camino enloquecido hasta llevarnos a la situación actual, con un futuro que se nos ofrece poco alentador. La dinámica capitalista muestra hoy su cara más irracional y alienante. Los autores de las salvajes  fórmulas de enriquecimiento que ahora funcionan no cesarán en su empeño porque la pobreza humana es un excelente caldo de cultivo; de manera que, a modo de espiral, cuanto más dinero se tiene mayor es el deseo de multiplicarlo.

2.  La falta de respaldo nacional
Los aparatos de los partidos comunistas en la Europa actual han perdido totalmente el protagonismo que llegaron a tener hasta la década de los años 70 del anterior siglo. En algunos casos como Italia o España han ido abandonando de forma progresiva el tinte revolucionario que les caracterizó en épocas anteriores y, recurriendo a múltiples transformaciones (IU en España, el Olivo y las refundaciones en Italia, o coaliciones parecidas), se han integrado plenamente en el sistema, formando parte del espectro parlamentario, en franca minoría y sin posibilidad alguna de lograr una mayoría representativa a corto, medio y largo plazo.

3. La ausencia de agente trasformador
Pienso que los poderosos y sus gestores están jugando con fuego. Llegado el momento, los individuos se verán obligados a salir a la calle masivamente, habrá agitación social, el poder político resultará inservible para contener a la masa y mantener la “paz social”, función que tienen encomendada. Ante la ausencia de un agente transformador, la agitación social sólo puede convertirse en confusión y desorden.

4. Advertencia (con perdón)
Cuando se lleva a cabo una acción reivindicativa sin éxito, refuerza el poder de aquellos contra los que va dirigida. El posible conato de miedo de los poderosos al ser cuestionado su poder  se diluye ante el fracaso o la inacción de los de la propuesta, lo que permite que ese poder aumente al comprobar que no pueden con ellos.


5. Cambio de táctica
La salida de la situación en la que nos encontramos pasa por abandonar la táctica basada en actos inocuos como las manifestaciones pacíficas, las huelgas insustanciales y demás acciones al uso, y acometer actos que de verdad dañen a los que ahora se empeñan en someternos a toda costa, es decir, perder el temor para meter miedo a los de arriba.

lunes, 2 de julio de 2012

¿PARA QUÉ SOMOS MAYORÍA COMPAÑERO ANGUITA?




“Somos mayoría” para ver la final de fútbol de este último campeonato. Eso sí, pero para poco más. Somos mayoría para sentarnos ante el televisor y tragarnos todos los acontecimientos deportivos que nos ofrecen, sutilmente encadenados para que no tengamos tiempo ni de respirar: tenis, fútbol, ciclismo, olimpiadas, etc., etc.
A Julio Anguita, a pesar de su edad y de su trayectoria le faltan conocimientos de la ciencia de la historia, del materialismo histórico y del análisis llevado a cabo por tantas personas a lo largo del tiempo.
Cuando Anguita propone esa movilización en torno a un programa, algo que se ha convertido para él en una obsesión, ignora bastantes cosas. La primera es que ninguna revolución de los de abajo, que es lo que procedería ahora, se ha llevado a cabo al amparo de un documento escrito al estilo del que él muestra, ni de nada que se le parezca. El recurso del programa con propuestas no pasa de ser una medida de carácter reformista en el marco del actual sistema, algo que, en el supuesto de conseguir lo que se pide, no iría más allá del logro de unos simples intereses inmediatos, nunca de clase.
La segunda cosa que ignora, con ese ímpetu rebelde que manifiesta, es el análisis de los clásicos cuando hablan de las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para el cambio. En estos momentos, no hay ni agitación social, ni debilidad en la política de los que dominan, ni penuria o hambre generalizado, pero, sobre todo, no existe una clase organizada, como agente transformador, que obligue a caer al poder vigente, y esto no se improvisa de la noche a la mañana, los truhanes y la sinrazón nos han ganado la partida.
Por el contrario, lo que si hay es ignorancia, ingenuidad, indiferencia y miedo, sobre todo miedo, y con el miedo no se va a ninguna parte. El miedo es antagonista del poder, a más miedo menos poder y a más poder menos miedo, y ahora las mayorías están cagadas de miedo.
Cuanto me gustaría aplaudir y apoyar la nueva propuesta de Julio Anguita, pero este será un intento fallido más de los que se están sucediendo en los últimos tiempos. A mi modo de ver, como ya he manifestado en repetidas ocasiones, se confunde lo deseable con lo posible, y fracasará porque, además, esas propuestas no se sustentan en los cimientos de la realidad social que vivimos. Lo que parece que también ignora J. Anguita es que cuando se intenta llevar a cabo una acción sin éxito, refuerza el poder del que lo tiene. El posible conato de miedo de los poderosos al ser cuestionado su poder  se diluye ante el fracaso o la inacción de los de la propuesta, lo que permite que ese poder aumente al comprobar que no pueden con ellos.
El 15 M nace como fruto de la ignorancia y de la ingenuidad. Parecía  que se iban a comer el mundo, pero poco a poco aquello se ha ido convirtiendo en agua de borrajas, es decir, en un fiasco. Muchos teóricos, en esa confusión de lo deseable con lo posible, se han dedicado a elaborar propuestas que sólo han servido para incrementar su currículo personal o su promoción política. Hace unos meses apareció un libro que se titulaba algo así como “Hay alternativas” escrito por tres economistas. ¿Alguien se acuerda ahora de esas 115 propuestas que se incorporaban al texto? ¿Ha provocado alguna variación en el ritmo de los acontecimientos socioeconómicos? Ninguna; sin embargo, uno de sus autores ha conseguido ser elegido diputado por IU, y ahí está como uno de tantos.
Desde el riguroso análisis no es difícil concluir en que esta intentona de Anguita está llamada al fracaso desde el mismo momento de su anuncio. Esto sólo supondrá una muesca más en su reputación o en su prestigio personal, aunque no sea esto lo que vaya buscando.
Hay una cita de L. Trotsky de 1937, que forma parte del prólogo al Manifiesto Comunista de 1848, que dice así: “El error de Marx y Engels, respecto a los plazos históricos, provenía, por una parte, del menosprecio de las posibilidades ulteriores inherentes al capitalismo, y por el otro lado, de la sobreestimación de la madurez revolucionaria del proletariado”. Dejemos de lado lo del menosprecio de las posibilidades de trasformación del capitalismo para centrarnos en la otra condición, la de la sobrestimación de la madurez revolucionaria del proletariado. Inmadurez que yo hago extensiva a todas las demás dimensiones intelectuales de esta especie nuestra. Inmadurez de los “arriba” por manifestar ese afán de enriquecimiento sin poner límites, inmadurez de las clases más o menos “acomodadas” por imitar a los que más tienen. Inmadurez de las clases más oprimidas por no ser capaces de luchar, cuando las circunstancias lo permiten, para subvertir el sistema en el que esos sectores son los perdedores; inmadurez por no haber mantenido los logros alcanzados en algún momento; inmadurez por aceptar y adoptar los esquemas y la ideología de las clases dominantes, y por dejarse embaucar por los poderosos a través de los políticos y los medios de comunicación. Inmadurez, en suma, de la sociedad en su conjunto por estar como estamos, cuando cabría la posibilidad de vivir y convivir con arreglo a los dictados de unos determinados valores, descubiertos hace ya bastante tiempo, cuya puesta en práctica nos haría de verdad humanos y, por otro lado, de mantener la conveniente armonía con el entorno natural (http://www.gilpadilla.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico).
Por lo tanto, mientras no se contemple la realidad social y la capacidad intelectual de los individuos que conforman este tipo de sociedades, será totalmente estéril llevar a cabo propuestas que se traduzcan en algo positivo para esas mayorías. Partiendo de esas premisas es necesario, además, analizar esa realidad social para ir construyendo una verdadera alternativa que se soporte sobre las contradicciones del sistema, con la posibilidad de que esas contradicciones vayan generando rechazo entre la ciudadanía, por ejemplo, que la asfixia y la reiteración informativa de los medios provoque rechazo en una amplia mayoría, pero eso se ve lejano cuando un total de 15,5 millones de españoles y españolas vieron la final de fútbol en la que el equipo español vencía al italiano, eso que despierta la euforia de las masas y que escapa a mi reducida pasión por algo que me viene tan de lejos.   

jueves, 21 de junio de 2012

CRISIS DEL PENSAMIENTO


Con frecuencia me pregunto quién o quiénes de los que formamos parte de las generaciones que convivimos ahora pasarán a la historia del pensamiento, al estilo de los pensadores que, antes o después, han adquirido fama, aunque nunca sabremos si fueron los mejores. El poder y, tal vez, la casualidad hayan jugado un papel determinante en esa selección. Una especie como la nuestra, con una inevitable inclinación a la simplificación, ha acuñado el término “intelectual” para referirse a los que por su esfuerzo, por los servicios prestados a los que mandan o por el azar, adquieren o han adquirido esa fama. En unas sociedades en la que todo se compra y se vende es difícil discernir cuáles son los verdaderos motivos por los que hemos conocido la obra de Platón, de Kant, de Descartes, de K. Marx o de E. Fromm, por poner algunos ejemplos.  
En una afirmación simplista, cierto día escuché decir, en el uso de esa tendencia a la reducción,  que una persona adquiere la condición de “intelectual” cuando ha elaborado una obra y ese trabajo es socialmente reconocido. A mi entender, se le olvidaba lo fundamental, es decir, que esa obra debe incorporar elementos renovadores, por no tildarlos con mayor precisión como revolucionarios. De esa manera, Marx en su obra “Las tesis sobre Feuerbach” desmonta la concepción del materialismo de este último, dando un giro trascendental en el terreno de las ideas.
El pensamiento es pieza clave en cualquiera de los acontecimientos que han supuesto un avance en la trayectoria de la humanidad. F. Engels afirma que “en la Alemania del siglo XIX, la revolución filosófica fue el preludio de la política”. Por lo general, los cambios socioeconómicos han estado precedidos de un debate entre defensores de unas ideas conservadoras y las de otros que han roto con lo establecido hasta entonces.

Pero ¿qué podemos esperar ahora de aquellos que, con mayor o menor acierto,  piensan, analizan, escriben o hablan sobre las causas o las consecuencias de los acontecimientos que estamos viviendo? Por descarte, iremos despejando el panorama en estos tiempos en los que el sistema, con todos los resortes a su alcance, se ha encargado de transformar lo que se conoció como pensamiento único en pensamiento nulo, lo que, en aras de mantener la actual correlación de fuerzas a favor de los ostentan el poder, da lugar a uno más de los estrangulamientos o contradicciones del propio sistema al evitar que, con la irrupción de nuevos análisis, tenga lugar un auténtico debate ideológico que dé salida a esta situación de agotamiento.

Para enmascarar lo que pudiera ser un espacio del pensamiento serio y riguroso, se ponen en marcha esperpentos como las tertulias y los tertulianos que tienen su origen en la más rancia manera de hacer radio encabezada por un locutor torpe y reaccionario que se vanagloria de haber establecido esta fórmula. Unas cuantas decenas de pseudotertulianos a sueldo recorren las diferentes cadenas de radio y TV, sin discriminar las públicas de las privadas, las de corte moderado de las de extrema derecha, etc., convirtiendo sus intervenciones en “realities” más que en discusiones de interés. Hablan de todo sin tener idea de nada. El plantel que con tanta frecuencia nos presentan suele estar compuesto por un sector verdaderamente reaccionario y de otro que en apariencia es más progresista, pero, en sintonía con los anteriores, comparten un bajo nivel intelectual. Además, a todos ellos les une una jugosa retribución por el sucio papel que desempeñan.
Por otro lado, nos torturan con las declaraciones de los supuestos “expertos” que son entrevistados individualmente dando lugar a esa ceremonia de la confusión a la que los sufridos espectadores asistimos atónitos. Sus intervenciones se reducen a una especie de verborrea confusa e imprecisa para salir del paso, en la que ponen de manifiesto su incapacidad para comprender, para analizar con rigor y para dar respuesta a una situación de agotamiento. Aunque convenientemente recompensados, son víctimas del sistema y, la mayoría, somos víctimas de todos ellos.
Los “filósofos” de procedencia docente, han entrado a formar parte de este negocio, asistiendo a estos pseudodebates o entrevistas en los medios. No existe ningún trabajo, tratado o estudio de este grupo que innove o remueva los pilares de una tendenciosa ideología al servicio del poder.
 Por último, las mayorías, convertidas en masa, se mueven entre el miedo y la confusión, esperando cualquier acontecimiento deportivo para olvidarse, aunque sea de esa manara tan efímera, de su triste realidad. Por ese carácter de eventualidad, el sistema se encarga de encadenar unos actos con otros sin dar respiro. El interés cultural de algunos queda satisfecho con la lectura de esos best seller que narran un mundo absurdo e irreal, sin que esta simple actividad tenga una proyección eficaz en el desarrollo intelectual o cultural de los lectores. Es esta una manera más de entretener y embelesar a una sociedad que interesa mantener inactiva.

Por lo tanto, en los momentos de incertidumbre en los que vivimos ahora,  que sin lugar a dudas son tiempos de agotamiento del sistema en su conjunto, se echa en falta la existencia de corrientes de pensamiento que, alejado de la dogmática, la metafísica o las disquisiciones filosóficas analicen la situación y pronostiquen el cambio o la transformación hacia una nueva forma de vida. Se observa un tremendo vacío en el terreno de la reflexión y el análisis, que, como he señalado, es suplantado por la banalidad y el mercantilismo de la palabra y la discusión. Por esa razón, los individuos de este tipo de sociedades vagan aturdidos sin saber con certeza hacia donde nos dirigimos.

A pesar de esa ausencia generalizada del pensamiento, hay quienes tienen algo interesante que decir, pero el sistema, a través de los potentes medios de comunicación,  manipulación y enajenación, anula la publicación o difusión de los trabajos de esos que, a título personal, buscan salidas de progreso e igualdad, o que intentan crear conexiones con otros para establecer verdaderos debates.
Por fortuna, las grandes redes informáticas juegan a favor de esas minorías que se enfrentan al sistema. La difusión de escritos y textos a través de este medio es imparable  y pone en cuestión la política clientelista y sectaria de los mass media, convertidos en una potente herramienta de embelesamiento.

lunes, 11 de junio de 2012

UN NEGOCIO REDONDO



El rescate de la UE al Estado español es un negocio redondo para los bancos, tal como muestro gráficamente en la Figura. Ese extraño organismo conocido con el estúpido palíndromo Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF), concede un préstamo al Estado español, que lo añade al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), otro acrónimo repetido por los medios de comunicación, como es de costumbre, hasta el aburrimiento. El Estado, a través de este otro organismo, se lo da a los bancos, con lo que la Deuda Privada que pudieran haber contraído los bancos pasa a ser Deuda Pública, incrementando la que ya tiene, y de la que cada vez le costará  más desprenderse. Los Bancos, en lugar de cancelar la supuesta deuda, invertirán el dinero que les viene en la compra de Deuda Pública, o Deuda Soberana, tal como la suelen nombrar los actores de la confusión, de los  que tanto abundan en esta España nuestra. 


El rescate, como señalo,  incrementará la Deuda Pública de este país de una manera significativa. El pago de los intereses, que se estima entre un 3% y un 4%,  correrá a cargo del Estado, lo que supondrá una desviación del déficit. Pero esto no es lo peor porque los bancos devolverán el dinero cuando ellos mismos consideren que ya están “saneados” y, para colmo de males, se estima que una parte importante podría entregarse a fondo perdido, lo que obligaría al Estado a reponer no sólo los intereses sino, además, el nominal, o parte de ese nominal que va a ser prestado.
¿Qué harán los bancos con ese dinero que les vendrá como el “maná”?. Pues lo que vienen haciendo con la mayor parte de los ahorros de sus clientes: como digo, comprar Deuda Pública de países en recesión, incluido el nuestro, con unos  intereses del orden del 6%. Un negocio redondo, repito; dinero gratis para invertir sin riesgo ya que en caso de impago vendría un nuevo rescate para reponer las “pérdidas”. Por otro lado, los gestores, esos inútiles que, según nos informan, han llevado a las entidades que dirigen a la ruina, pueden seguir gozando de esos desorbitados sueldos, ahora que llega dinero fresco.

De todas formas, yo pienso que todo esto de las macrocifras y de sus movimientos es una  mentira, que el dinero es una ficción, una serie de dígitos, de apuntes que no responde a la realidad monetaria o productiva. Pienso que son tácticas para eliminar derechos adquiridos por la ciudadanía o para buscar nuevos nichos en los que enriquecerse, aunque el resultado de ese enriquecimiento solo sea papel mojado, es decir, dinero virtual que se mueve de un ordenador a otro por esas amplias y potentes redes de comunicación.
Todo este fenómeno que estamos sufriendo sólo se puede entender si lo analizamos a partir de la hipótesis de que las crisis se anuncian cuando los beneficios del capital son decrecientes. En estos tiempos que corren, la conjunción de una serie de circunstancias dan pie a una situación de incertidumbre y locura que denota el final de un sistema, un hecho que va mucho más allá de una simple crisis.  

viernes, 1 de junio de 2012

Un modelo para un sistema, ¿es posible otro modelo educativo en el marco de este sistema?


Hace algún tiempo, tenía dudas sobre la posibilidad de coexistencia de un nuevo modelo educativo, que mejorara la actual situación, con el vigente sistema socioeconómico. Adelanto que después de un periodo de  observación, de reflexión y de análisis esas dudas se han disipado por completo.
En el marco de ese mar de dudas, comprobaba, y sigo comprobando ahora, que son evidentes las grandes contradicciones entre la actual forma de enseñanza y lo que el sistema solicita de la sociedad: “(…) el encorsetamiento del actual modelo no puede resistir por mucho más tiempo. La necesidad de formar a los ciudadanos para que intervengan en un mundo cada vez más complejo y sofisticado en cuanto a la producción, al consumo y a la interrelación social; la falta de interés del alumnado en un medio que cada vez les resulta más distante y extraño respecto del resto de sus actividades; el creciente desencanto y desmotivación del profesorado y el desencuentro entre las familias de los alumnos y los docentes ponen en evidencia las contradicciones del sistema. Por lo tanto, con la anuencia del actual sistema o en confrontación con él, será imprescindible, mejor antes que después, abordar nuevas formas y nuevas prácticas que permitan un mejor y más completo desarrollo intelectual. (…)”. En consecuencia, mi pronóstico se basaba en que la mejora de la práctica educativa se produciría por efecto de esas contradicciones, independientemente de otros factores: (…) “el cambio que se requiere solo podrá sobrevenir como consecuencia de las contradicciones que se generan en el propio sistema (…).  Sabiendo que: (…) en la actualidad el sistema potencia un modelo de corte netamente transmisivo del saber, siendo consciente de que pierde potencial humano e intelectual en la producción (…). Ya por último, en el capítulo de las posibles soluciones apuntaba que: (…) solo caben dos soluciones frente a la situación actual de la práctica educativa: o camina a este ritmo hasta su degeneración total (lo que no sería del todo malo desde una óptica de progreso)  o tiene que producirse algún cambio que permita su permanencia en el marco del actual sistema (…).  He aquí mi mayor error de entonces, pensar que puede haber cambios sustanciales o transformaciones importantes en educación en el marco del actual sistema. La esperanza de un cambio provocado desde dentro del sistema vendría a ser la consecuencia de la desesperanza de un cambio global, a medio y corto plazo,  del sistema socioeconómico, pensando, además, que una mejor manera de formar a hombres y mujeres pudiera ser la puerta a una nueva etapa que de manera progresiva influyera sobre las demás estructuras que mantienen con vida al sistema actual.
Ahora, con algún dato más, y un mayor tiempo de reflexión, me atrevo a decir con rotundidad que no son posibles cambios aislados de  cualquiera de las estructuras que sustentan al sistema, a saber: el modelo político, la función de los medios de comunicación (que hoy se emplean sólo para alienar) y el modelo educativo y cultural, así como la propia organización productiva y social. El cambio debe de ser global y simultaneo; en consecuencia, las propuestas que aquí se hagan tendrían verdadero significado y eficacia en el marco de un sistema distinto.
La historia y la propia experiencia avalan lo que digo, reformas y más reformas desde las administraciones no han variado en lo más mínimo la práctica docente. Con la LOGSE, ley de 1990, se hizo un intento para cambiar, al menos, la forma de presentar los procesos de aprendizaje. Después de un cierto periodo de confusión en las aulas, las aguas volvieron a su primitivo cauce, cauce primitivo, ineficaz, anquilosado y arcaico. El profesorado se ha erigido en un  “rodillo” que aplasta cualquier intento de mejora. Pero, ¿por qué ocurre esto?, ¿por qué todo este colectivo no se moviliza para adquirir una profesionalidad de la que carece?, ¿cuáles son las verdaderas razones?. El profesorado, como tantos otros colectivos, como la sociedad en su conjunto, está enajenado, conducido. En el terreno laboral, sus  “propios actos se convierten para él [para el(la) profesor(a)] en una fuerza extraña, situada sobre él y contra él, en vez de ser gobernada por él” (K. Marx, el Capital). Se trabaja al dictado, aplicando programas definidos por otros sin que él o ella intervengan, los órganos de control de las administraciones se encargan de presionar para que esto sea así, las editoriales hacen el resto. A ellos(as) les resulta cómodo seguir esta regla. Las consecuencias son evidentes, entran en clara contradicción, su trabajo se convierte en algo rutinario que les viene impuesto, pero esa extrañeza se les vuelve en contra generando una repulsión por el alumnado e, incluso, por la tarea en sí misma. Por otra parte, el alejamiento entre sus acciones y sus sentimientos, su energía particular y su personal aportación, provoca un evidente rechazo de una amplia mayoría de los receptores de un mensaje absurdo, frío e impersonal.
Por lo tanto, un colectivo enajenado de su propia función, de su trabajo, no puede influir de manera positiva para formar a los jóvenes y niños en libertad, no propician el desarrollo intelectual al que el género humano puede tener alcance. Su función, instrumentalizada por el poder, se convierte en una tarea de represión, angustia y reproductor de la enajenación en la que ellos están embebidos.
¿Por qué otros colectivos progresan en su trabajo, adaptándose al cambio tecnológico, y adquieren o desarrollan capacidades a lo largo de su vida laboral?, ¿cómo interviene el sistema para que la práctica educativa sea como es y se mantenga?. Como hemos apuntado, pocas personas escapan de las condiciones alienantes que el sistema impone, tanto en el terreno laboral como en lo cotidiano. Sin embargo, existe una nota diferencial entre ciertos grupos de profesionales y los profesores, de tal manera que esos grupos, como por ejemplo los ingenieros, los abogados, los arquitectos evolucionan y adquieren verdadera profesionalidad a lo largo de su actividad laboral aunque su trabajo y su energía vital esté al servicio del poder o condicionado por el dinero.
Es bien sabido que los profesionales de los niveles altos de cualificación proceden, por lo general, de las escuelas técnicas o de las facultades universitarias, es bien sabido que el paso por estos centros es un mal que irremediablemente hay que sufrir, pero que no forma en capacidades generales ni profesionales. La formación superior, como el resto de los niveles, forma parte de la absurda e ineficaz práctica educativa con el agravante de que ésta tiene una enorme influencia en las etapas más elementales.  
Quizás dando razones de cómo interviene el sistema en los colectivos docentes demos respuesta a las dos preguntas anteriores. Además de la enajenación general de la que escapan pocos en sociedades como la nuestra, el sistema se encarga de hacer de los docentes un colectivo inmovilista y falto de profesionalidad actuando de la siguiente forma:
  • “Desregula” la tarea de enseñar permitiendo ejercer como tal y legitimando a cualquiera que haya alcanzado un determinado nivel formativo. He ahí las múltiples academias y la infinidad de “profesores particulares”.
  • Las administraciones carecen de organismos que se encarguen del estudio de nuevas formas de aprendizaje. Se limitan a cambiar los programas y poco más, nunca entran en el fondo del asunto, ofreciendo nuevas formas, estrategias o  nuevos modelos de aprendizaje.
  • El acceso a la enseñanza pública es relativamente sencillo en todos los niveles.
  • Se legitima y valora en positivo la acción transmisora del saber.
  • La enseñanza es la salida laboral, casi exclusiva, de un gran número de carreras universitarias. Hay una selección natural de manera que la enseñanza es un refugio para quienes no pueden optar a otras tareas.
  • Por lo general, los docentes no conocen ningún otro tipo de trabajo, pasando directamente de la universidad, donde adquieren todos los vicios que arrastrarán toda su vida laboral, al aula como profesores.
  • El trabajo es individual y autónomo. No existen estructuras profesionales que permitan la organización y promoción profesional. Las únicas exigencias, tal como hemos señalado antes, son de carácter burocrático que nada tienen que ver con la labor técnica o la eficacia y aplicación en la neta tarea educativa.

Diremos, para consuelo de algunas(os) con talante más conservador, que muchos de los males que aquejan a los docentes son comunes a otros tantos colectivos integrados en las administraciones: jueces y fiscales, técnicos superiores de la administración, inspectores e interventores fiscales, etc. Merece una especial consideración lo que ellos mismos autodefinen como “clase política” en donde no existe ni la más elemental medida de la eficacia de su función. Donde lo único que se les exige es el “brazo de madera” para levantarlo a petición del jefe de grupo. En este caso, el sometimiento y la enajenación de su función vienen a ser compensadas con una vida cómoda y una situación de privilegio haciendo bueno el dicho de “dame pan y llámame tonto”.


Nota: Los párrafos en letra cursiva están extraídos de otros documentos anteriores del mismo autor:
  • “Un nuevo modelo educativo para la superación de un sistema socioeconómico en crisis” (enero 2008).
  • “Crítica a la actual  práctica docente y directrices para la elaboración de un nuevo modelo” (Cuadernos de Pedagogía, septiembre 2008)
  • “Hacia una verdadera tecnología educativa como herramienta para la transformación del actual modelo” (intervención en el ciclo Complejidad y modelo pedagógico).
· “El desarrollo del proceso de aprendizaje en el aula: aplicación del diseño” (intervención en el ciclo Complejidad y modelo pedagógico).

lunes, 28 de mayo de 2012

DE CÓMO EL SISTEMA CREA FENÓMENOS QUE ADQUIREN VIDA PROPIA



Algunos hablamos con frecuencia de aquellos que controlan el sistema, que nos controlan, y no nos faltan razones para hacerlo, pero hay algo más que se nos escapa, que se les escapa, incluso, a esos que nos controlan.

El otro día me convocó el director de la agencia bancaria donde tengo la cuenta corriente. Reconozco que no sé muy bien lo que quería, tal vez le hayan dado alguna consigna para que nos “líen”, y nos intenten vender algo a los sufridos clientes que no tenemos más remedio que mantener una cuenta en los bancos por aquello de que las nóminas y todos los pagos están domiciliados. El caso es que en esa conversación que mantuvimos, en la que inevitablemente hablamos de la actual situación económica, llegamos a la conclusión compartida de que el sistema crea fenómenos  que se le vuelven en su contra. Es como que adquieren vida propia, de manera que, como decimos, escapan al control, incluso, de los que ostentan el poder.
Hace unos años ya lo apuntaba en uno de mis libros con el título “En los límites de la irracionalidad" (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico). Decía lo siguiente: Hemos intentado dibujar de manera global lo que hoy acontece en este tipo de sociedades para más adelante analizar en detalle todos los aspectos que configuran un sistema socioeconómico que se ha mantenido durante tantos años, pero que ahora se encuentra agotado, agónico, tambaleante, ahogado en sus propias contradicciones, perdido entre las tinieblas que él mismo, como fenómeno con vida propia, y sus defensores han creado. Ahora es el momento de esclarecer algunos de esos fenómenos parciales que dan lugar a ese fenómeno global al que entonces hacíamos referencia.

Fenómeno 1: El papel imparable de los medios
Los medios de comunicación  nacieron con el ánimo de informar de acontecimientos próximos o lejanos, al calor de algunos descubrimientos como son la imprenta y la retransmisión de la palabra (luego la imagen) a través de las señales electromagnéticas, pero inmediatamente se convirtieron en un instrumento fabuloso en manos de los que tienen el poder y el dinero para defender sus propios intereses. El progreso tecnológico ha convertido a esos medios en un monstruo a cuya influencia social es imposible ponerle límites.
Los mass media se han convertido en la mejor y mayor herramienta enajenante en nuestros días, más aún que las religiones y las sectas, aunque estas siguen teniendo una influencia nada despreciable. Están manejados para alienar, para propagar la mentira, para angustiar, para intoxicar y para meter miedo a la masa en nombre de otros. Evidentemente aquellos que hoy perduran están respaldados por potentes grupos financieros o por los gobiernos de turno. Su función sigue siendo la misma que cuando fueron capturados, pero ahora ya no necesitan recibir consignas: funcionan de manera autónoma. Sus actores convertidos en “estrellas” de radio o TV, tertulianos o redactores, constituyen una nueva clase privilegiada que goza de una elevada posición económica.
Dadas las dimensiones que los medios han adquirido, se han convertido en un fenómeno con vida propia que asfixian y que se repiten hasta la saciedad. Debido a ese enorme tamaño, ya consolidado, no les queda más remedio, para su propia supervivencia, que seguir con esa dinámica. Y esta es la parte negativa para ellos y para sus mentores. El desencanto, el lento descubrimiento de la mentira, el progresivo hartazgo de la noticia manipulada y la TV basura, puede acarrear cansancio sin que los que mandan puedan evitarlo.

Fenómeno 2: Las acciones imparables de los gestores del dinero
La fuerza de trabajo ejercida por tantos y tantas durante tanto tiempo, ha permitido acumular dinero no sólo entre los propietarios de los medios de producción, sino entre otros tantos sectores de una sociedad compleja, incluido el de los trabajadores de mediana y alta cualificación. En estos momentos nadie sabe con certeza cuál es la masa dineraria que se mueve por los circuitos financieros, ni que parte del dinero responde a la economía productiva o a la economía especulativa. La deuda, las nuevas emisiones de moneda y la especulación han generado una burbuja de dinero virtual que responde a la suma de los dígitos  que cada cual, ricos o pobres, tienen en sus cuentas corrientes y en los refugios o paraísos fiscales (en este caso sólo los ricos), pero sólo son eso, dígitos que no están respaldados por ningún elemento con valor real o tangible, por lo que es una realidad palmaria  que si cada uno de nosotros quisiera disponer del dinero contante y sonante de lo que aparece en nuestras cuentas o cartillas no habría ni para abonar el 1% del total.
En esa enorme masa de dinero, en su mayoría ficticia, se encuentran, además de las grandes fortunas, los ahorros en forma de planes de pensiones, o en otro tipo de depósitos, de gentes modestas. Los movimientos del capital están ahora en manos de gestores de los que algunos dicen que son más peligrosos que los propios psicópatas.
El afán de enriquecimiento de la mayoría de una sociedad enferma conlleva la optimización de las ganancias, lo que genera todo ese vendaval de movimientos de dinero llevados a cabo por individuos (profesionales o particulares) afectados de ludopatía. Esa delegación en este tipo de personas permite que ellos jueguen, incluso, con los ahorros de la población llana, pero este papel de los gestores es imparable e incuestionable porque su tarea sintoniza con la codicia de esta especie nuestra. He aquí otro fenómeno con vida propia. Los poderes políticos, incluso el poder real, nada pueden hacer para frenar este destructivo proceso que, sin lugar a dudas, nos lleva hacia un final poco halagüeño.
Los políticos y los “expertos”, sin ninguna posibilidad de intervención, nos distraen de esa cruda realidad hablándonos de la “crisis” como máscara de una situación que ni ellos mismos entienden, lo que nos lleva a la conclusión de que esto es algo más grave y más extenso que una simple crisis.

domingo, 20 de mayo de 2012

DEL CLIENTELISMO AL DESPRECIO Y A LA INDIFERENCIA


Los comportamientos destructivos llevados a cabo por una buena parte de los individuos de esta especie nuestra tienen su origen en la pobreza humana, o en el aún incipiente desarrollo intelectual. La desigualdad, la mentira o la venganza, por ejemplo, se han instalado en sociedades como la nuestra en espera de que las actuales capacidades mentales mejoren.
El poder es el refugio de quienes no encuentran otra mejor forma de relación con su entorno. El poder es la antítesis de la entrega o el servicio a los demás cuando, por ejemplo, se tiene que llevar a cabo una tarea de dirección o coordinación de grupos sociales, pero sólo son aquellos con mayor capacidad intelectual lo que así lo entienden. La mayor parte de quienes asumen una parcela de poder, por muy pequeña que sea, la ejercen, lo que les define como seres inferiores. La otra cara de la moneda de esa manera de enajenación, la complementaria, es la sumisión de quienes se someten a los poderosos. Ambas dimensiones son una manera fácil de caminar para sobrevivir, pero no para vivir intensamente.
Del poder cuelgan, entre muchos otros, comportamientos tales como el clientelismo, y sus antitéticos: la indiferencia y el desprecio; tan vigentes todos ellos en estos tiempos que corren.
El clientelismo se extiende a cualquiera de las actividades en las que se establece una relación de dependencia de unos que se someten a los que tienen algún poder. Estos les acogen con la condición de ser permanentemente controlados para que no se salgan del papel que les marcan. En cualquier caso, se trata de una especie de casino, como en tantas otras cosas, en el que algunos son agraciados, pero siempre con la comprobación previa de que serán personas dóciles a la vez que interesadas. Ese es el juego.
Lo que distingue a la indiferencia  del desprecio se resume a que en el segundo caso hay una manifestación de palabra o alguna acción de uno de los agentes implicados, el que desprecia, contra el despreciado. Sin embargo, en el caso de la indiferencia no se produce ningún tipo de manifestación o acción, lo que, a mi modo de ver, es un comportamiento más inhumano que el mero desprecio. La indiferencia mutila la comunicación, entorpece el progreso hacia posiciones intelectualmente más avanzadas y favorece a quienes desean mantener relaciones de poder y dominio. La indiferencia degrada como persona al sujeto que ignora y no al ignorado. En el marco de este sistema, no hay término medio, se pasa de la indiferencia al clientelismo, alimentando esa regla del casino en el que algunos son agraciados, aunque siempre suele recaer la suerte, como señalo, entre los más conservadores, entre los más maleables, entre aquellos que puedan hacer alarde del éxito, alimentando la ambición, la codicia, la envidia o el engaño. Al sistema actual le interesa que haya individuos distinguidos que constituyan una referencia para que el resto de los mortales crean que pueden alcanzar el estado del que gozan esos agraciados, lo que permite que desde posiciones, aparentemente inofensivas, se potencien esos vicios que alimentan al modelo.

El mundo al revés: el deseo de escribir “de gratis”
En la actualidad, tal vez siempre, un número incalculable de personas se ofrecen para escribir sin remuneración o compensación alguna, lo que me abre una puerta a la reflexión. Ante esta situación de “voluntariado”: ¿cuáles son los motivos por los que se actúa de esta manera?, ¿qué efecto produce entre quienes controlan los medios de difusión e, incluso, las editoriales?, todo ello cabe ubicarlo dentro del vasto campo de los comportamientos de los de nuestra especie.
Antes que nada quiero señalar que yo mismo soy ahora de esos que escriben por “amor al arte” y, por lo tanto, me veo en la obligación de justificar el porqué, o, lo que es lo mismo, explicar las razones de por qué lo hago, admitiendo que otros lo hagan por los mismos motivos.
En tiempos pasados, en ejercicio de mi profesión, he escrito, y mucho, para grandes editoriales, para organismos públicos o, incluso, para entidades privadas por lo que he recibido una contraprestación dineraria, a veces, muy elevada.  Ahora, rompiendo con la línea que llevaba a cabo en aquellos tiempos, me dedico a recoger en papel o, más intensamente, en registros digitales escritos que son el resultado del análisis de las situaciones que nos toca vivir, nada que ver con mis trabajos anteriores, aunque siempre ha permanecido de manera latente en mi pensamiento la idea de hacer lo que vengo haciendo ahora. Pues bien, en mi caso, al menos, el hecho de escribir, con el esfuerzo que ello supone, sin ningún tipo de recompensa material, se debe a un compromiso adquirido con la sociedad en la que me encuentro con el ánimo de aportar algún granito de arena que pueda ayudar a mejorar las actuales condiciones de vida. Es una manera de lucha como otras tantas por la igualdad, por la solidaridad y por el progreso bien entendido. Desencantado de la acción política en lo que conocemos, para entendernos, como izquierda, convencido de que la ayuda al desarrollo de otros mundos lejanos no resuelve los problemas, salvo el de  tranquilizar la conciencia  de uno o de una, me dedico a esto, abriéndome a los demás,  en lugar de buscar alivio en “refugios” evasivos.
Sin el ánimo de dar un diagnóstico certero, tengo que pensar que una parte de quienes bloquean la sección de colaboradores o de opinión, de las múltiples publicaciones en papel o digitales, sin que sean remunerados, lo hacen en busca de protagonismo inmediato, del futuro éxito o, lo que es lo mismo, por la posibilidad remota de incorporarse más tarde a ese exclusivo sector que se hace rico vendiendo su obra. El fenómeno del exceso de manuscritos tiene lugar también en las editoriales que, en contraposición, cada vez se van reduciendo en número, hasta que solo queden las más potentes, respaldadas siempre por otro tipo de negocios. Soy consciente de que existe una fina línea entre ese afán de protagonismo o deseo de éxito, y mi postura personal, pero así son las cosas, luego está el asunto de la “fe”, que en tantas ocasiones desplaza a la razón. El que no quiera creer que mi comportamiento no encierra ese afán de protagonismo, o de hacer “hucha”, que no lo crea, eso ya queda fuera de mi capacidad de convencimiento.
Frente a esa avalancha de noveles, aficionados o voluntariosos se encuentran quienes se encargan de admitir, seleccionar o dar curso a los escritos cortos  o a los manuscritos. Tal vez por ese desbordamiento de papel, o de bits debidamente ordenados, la flaqueza humana dé lugar a ese tipo de conductas que ponen de manifiesto lo más vil de este género, como es la indiferencia o el desprecio, lo que les convierte en mal educados, prepotentes, autoritarios o faltos de la humanidad que se requiere para convivir entre iguales. Porque enterarse se enteran de que algo les ha llegado cuando algún ingenuo les envía su misiva. Alguna experiencia tengo en esto porque cuando, a modo de ensayo, he comunicado con alguna persona, por lo general para dar y no para recibir, y ha hecho oídos sordos, basta con que vuelvas a la carga con algo de agresividad controlada y comedida para que rápidamente “salten” para defenderse de ese nimio ataque en el que le señalas simplemente que no responde a tus mensajes. En fin esto daría de sí para un extenso tratado.

Lo que se hace gratis no interesa
El otro día hablaba de estos asuntos con un amigo que me abrió los ojos, no había caído en la cuenta de que las cosas pudieran ser como él me decía con claridad meridiana.
Yo le decía que  en otros tiempos estaba acostumbrado a que las editoriales o los organismos para los que escribía me “exigieran” que publicara con fechas señaladas y cumpliendo plazos. Continuaba diciéndole que no entendía esto de que, en apariencia, te hacen un favor cuando te publican algún artículo a pesar de que se hace  sin ningún tipo de remuneración. Además, me quejaba de que socialmente este tipo de trabajo se valora poco aunque lo que se diga tenga interés (en estimación  del que lo escribe), se esfuerce el autor en   profundizar en el contenido o se esmere en la forma de comunicarlo.
A lo largo de la conversación mi amigo me dijo, intentando buscar el motivo de mis quejas, que tal vez esto ocurre porque lo que se hace gratis no interesa. Sabias palabras que recogen de manera sencilla la idiosincrasia de una sociedad acostumbrada a pagar por lo que consume o utiliza.
No cabe duda de que ese comentario ha influido en mi “afición” por trabajar de esta manera, lo que me lleva a escribir este artículo y a replantearme todo este asunto.
En esa línea que llevo a cabo, mediante la cual cada vez reduzco más el número de personas a las que me dirijo, haré el envío a título individual en función del contenido de lo que escriba. No obstante, cada vez que se me ocurra algo lo “colgaré” en ese modesto Blog en el que permanecerá hasta que la técnica dé un cambio radical a la manera de almacenamiento de datos.
En una última reflexión, sólo me queda decir con cierta tristeza que este mundo de la literatura, en sus variadas acepciones y formas, queda reducido en este tipo de sociedades, totalmente mercantilizadas, a un selecto número de agraciados que viven de ello, siendo conscientes, o no, de que son instrumentalizados por los que tienen el poder y el control sobre un colectivo en el que cada día se potencia más y más esa indiferencia que tanto perjudica a unos y a otros. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

ENCUENTROS O DESENCUENTROS EN LA QUINTA FASE


Por nuestra cuenta, aunque no nos faltan razones para ello, hemos establecido cuatro fases previas a lo que puede suceder a corto plazo, o a lo que ya, de alguna forma, estamos viviendo. En un artículo anterior (http://www.nuevatribuna.es/opinion/antonio-jose-gil-padilla/2011-06-12/evolucion-del-capital-y-conflictos-sociales/2011061218101200127.html) decíamos que la evolución del capital ha pasado por cuatro etapas, a las que de forma esquemática denominábamos: Plusvalía, consumismo, deuda privada y deuda pública. En cada una de ellas, el propósito casi exclusivo es el de la obtención de beneficio individual rápido. Las diferentes etapas han sido marcadas fundamentalmente por la evolución del poder económico.
La, por entonces, burguesía naciente, con un potencial económico considerable, fue maquinando un modelo político que le diera cobertura. Por este motivo, el poder político siempre ha estado y estará sometido al poder económico que es el poder real, salvo en el hipotético caso de un sistema de economía estatalizada donde ambos poderes se confundieran. A lo largo de la Ilustración se fue fraguando ese modelo basado inicialmente en el Concepto Racional Normativo que dio pie a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, porque el nuevo sistema económico necesitaba hombres que se sintieran libres, a diferencia de la dependencia del plebeyo o del esclavo.
El actual modelo "democrático", a pesar de estar configurado para establecer una  clasificación social, adquirió credibilidad entre las capas populares. Por una parte, era una alternativa a los modelos autoritarios de comienzo del siglo XX; por otra, los políticos, por lo general, solían ser gentes ilustradas, lo que les concedía credibilidad entre las masas. A finales del siglo anterior se inicia un proceso de descrédito de los partidos políticos y de sus dirigentes. Berlinguer como líder comunista o Miterrant como representante de la Socialdemocracia marcan el final de una etapa de políticos comprometidos o de cierto calado intelectual. Ahora nos encontramos con peleles como este que nos gobierna en España que en una misma frase dice una cosa y la contraria: “No subiré el IVA, pero si tengo que hacerlo lo haré”. En Alemania una mujer de corte hitleriano se empeña torpemente en arruinar las vidas de la clase trabajadora de toda Europa. Los gobernantes son eliminados a pesar de haber vencido en elecciones “democráticas”, es el caso de Berlusconi y Papandreu. En Francia pierde un acomplejado y gana un funcionario del Partido Socialista. En Grecia el reparto de escaños hace de aquello un país ingobernable. Tanto en Grecia como en Francia la extrema derecha se convierte en una fuerza política a tener en cuenta. El modelo político, pues, vemos como sufre un deterioro galopante. Una parte importante de los individuos de sociedades como la nuestra aún participa, votando a los que antes eran oposición para que pierdan los que antes gobernaban, es decir, que se vota a la contra. En nuestro país, un tanto peculiar, el PP mantiene una franja del electorado que vota incondicionalmente por ideología, porque en ese partido está incluida la extrema derecha, y, además, porque mantiene una estrecha relación con la Iglesia católica, herencia adquirida de la Dictadura.
Si nos fijamos, a la vez que el sistema de explotación capitalista se agota, dando lugar a una etapa, que pienso es de transición, las superestructuras que lo sostiene también han entrado en un proceso de descomposición. En estos momentos tan inciertos, la situación económica camina al margen de la organización política, es decir, ese modelo “democrático” ya no les hace falta para mantener la “paz social”, aunque los gobiernos de turno hacen todo lo posible para contentar a los de arriba.
En esta situación de caos ya da igual hacer o decir lo que se quiera, se ha perdido esa prudencia de los poderosos para preservar su poder, su posición o su riqueza. Hoy día se puede decir sin miedo que un tipo se ha jubilado con una indemnización de 54 millones de euros y que, además sigue activo dirigiendo otra entidad financiera distinta. Esa vacuna a la que me refiero en otros artículos, nos ha inmunizado, la sociedad está preparada para todo lo que se nos venga encima. Pero este estado de cosas tiene un peligro para los desaforados, para los ambiciosos. En algún momento, pienso yo, la calma, esa paz social que nos ha mantenido mansos durante tanto tiempo, se puede romper, porque los acontecimientos se desencadenan a tal velocidad que cada vez son más los sectores que pasan al terreno de la exclusión. La ausencia de organizaciones políticas que canalicen un proceso de cambio hará que la reacción, de producirse, sea desordenada. Una juventud sin futuro, un paro galopante, una clase trabajadora asfixiada y depauperada y unas pensiones de miseria frente a la acumulación de la riqueza en unos cuantos tiene que  desembocar, antes o después, en algún tipo de reacción. Las guerras con armamento hoy día no son viables porque el mundo quedaría hecho un solar en el que no cabría la subsistencia de nadie, por eso la guerra actual es una guerra económica, una acción del poder para eliminarnos por la vía de la pobreza, pero deberían tener presente que en una guerra siempre hay dos bandos que tarde o temprano entrarán en juego. Los poderosos deberían tener en cuenta que también son mortales, vulnerables a la acción de justicia de los que les sirven o de aquellos de quienes se aprovechan  sin pudor.
A los ricos, a los ambiciosos, a los que muestran ese desmedido afán de enriquecimiento no les queda mucho más margen de maniobra en el marco de este sistema porque han quemado todas las etapas posibles. El mercado del dinero que ahora funciona  no puede consolidarse, no es viable en un mundo de más de 7.000 millones de habitantes.
En consecuencia, a mi entender, sólo quedan dos posibles salidas de esta situación de transición. La primera, a imagen de los que ocurre ya en ciertas zonas del planeta, se materializaría en la desaparición de lo que se conoce como clase media, dando lugar a la bipolarización de clases. Por un lado una clase pudiente con un alto nivel de consumo, de un consumo sofisticado de productos fabricados en esos nuevos países de economía emergente; por otro, unos amplios sectores depauperados, sin capacidad adquisitiva para sobrevivir con un mínimo de dignidad. En estas circunstancias no es necesaria una estructura política al estilo de lo que tenemos ahora, el modelo “democrático” sería innecesario. El orden social se mantendrá a basa de un aparato represor potente pagado por los de esas clases privilegiadas. En este caso los posibles brotes de violencia, por insignificantes, serían sofocados sin consecuencias para los de arriba.
 La segunda posibilidad, la que gran parte de la sociedad desearíamos, sería consecuencia del abandono de actos inocuos como las manifestaciones pacíficas, las huelgas insustanciales y demás acciones al uso, por actos que de verdad dañen a los que ahora se empeñan en someternos a toda costa, es decir, perder el temor para meter miedo a los de arriba. De alguna forma, debido a la inseguridad, a la inestabilidad y al desasosiego ya se ha iniciado  una cierta la agitación social que irá en aumento. Si esa agitación social se potencia y se canaliza podría dar lugar a un cambio a favor de los menos privilegiados. Si se fuera capaz de llegar a tiempo se podría parar este proceso de desatinos y de abusos. Para ello, sería necesario un rechazo generalizado del modelo político actual, aprovechando el camino de descrédito que él mismo ha emprendido,  elegir a unos verdaderos representantes del pueblo cuyo ideario se basara en la igualdad y en la solidaridad y reaccionar ante unos medios de comunicación alienantes.
En nuestras manos está. Si dejamos que esto continúe, retrocederemos en el tiempo, aterrizando en un sistema de corte estamental. Por el contrario, si fuéramos capaces de reaccionar, enfrentándonos con eficacia a la situación que sufrimos, podríamos caminar hacia una verdadera democracia del pueblo y para el pueblo.
Que el propio  lector valore cuál de las dos opciones tiene ahora más posibilidades.

sábado, 5 de mayo de 2012

DE QUÉ SIRVEN LOS LAMENTOS


La proliferación de medios de comunicación de toda índole, y la facilidad de acceso a todos ellos, tiene ahora más que nunca una influencia capital en el modo de vida de los individuos de sociedades como la nuestra. La multitud de acontecimientos de carácter económico o político, por ejemplo, conviven en perfecta simbiosis con todos esos medios. La abrumadora información llega por todos los lados y a todas horas, es casi imposible aislarte.  Te despiertas por las mañanas con la radio y antes de bostezar un par de veces ya te han contado en varias ocasiones aquello que se repetirá hasta la saciedad antes de que regreses por la noche de nuevo a la cama. Luego echas un vistazo a la prensa escrita que te cuenta las mismas cosas. Vuelves a oírlo de nuevo en los informativos de varias cadenas de TV. Abres Internet y más de lo mismo. Desde una óptica esperanzadora, pienso que a la larga una buena parte de la sociedad terminará harta, yo ya lo estoy. Cuando la radio comienza a sonar a eso de las ocho me apresuro para darle al botón de “stop”; no compro periódicos en los quioscos; ya apenas veo TV; dedico un tiempo discreto a seleccionar las noticias en algunos diarios digitales de Internet. Y, sobre todo, elimino sin abrir los mensajes que por  email me llegan cargados de lamentos. Se me antoja que pueda ser ésta la manera más eficaz de combatir contra las intenciones de aquellos a los que se les ha encomendado que nos  adocenen y nos distraigan de nuestra realidad, o de huir de la ingenuidad de algunos que se conforman con propagar la inmoralidad o la desdicha.
¿De qué sirven tantos lamentos, o tanta información ante la que el espectador, oyente o lector nada puede hacer? ¿Alguien se ha parado a pensar que función cumple tanta queja a través de algunos medios de comunicación y, en particular, vía mensajes del correo electrónico? Que si el director de RTVE será nombrado directamente por el Gobierno del PP (es el último que me ha llegado, del que sólo he leído la cabecera), que si una carta de un funcionario denunciando las agresiones y los recortes, que si los hijos de los políticos ocupan puestos por enchufe, que si las cacerías del monarca cuestan una “pasta”, que si Urdangarín se ha apropiado indebidamente de un montón de millones, que si los políticos deberían rebajarse el sueldo, que si los actuales gobernantes mienten, etc., etc., etc.
Bien, todo ello es cierto, pero qué valor tiene que se nos recuerde con tanta asiduidad, sobre todo a quienes ya lo sabemos, a los que sabemos que estas sociedades están montadas sobre la injusticia y la desigualdad. ¿Qué se puede hacer cada vez que se te muestra una información de este estilo?, porque nunca te lo dicen, nunca te dicen qué acciones hay que llevar a cabo para combatir lo que se censura. ¿Saben los autores que lo más positivo que pueden originar es la frustración y la desesperación de unos cuantos?
¿Cuál es la otra cara de este tipo de actuaciones? ¿Perjudica esto a los que tienen el poder, a los que llevan a cabo todo tipo de tropelías? La respuesta a la última pregunta: en absoluto. Si así fuera buscarían la forma de evitar su difusión o de perseguir a los que lo generan. Los que gobiernan ahora se curan en salud con un factor de seguridad exagerado. Por ejemplo: tienen decidido, por lo visto, establecer normas para castigar a los que convoquen cualquier tipo de acto por las “redes”, algo tan aparentemente inocuo. Los desordenes callejeros, dicen, serán equiparables a actos terroristas.
Sin embargo, todo esto que se hace desde una doble vertiente, la simple información o la mera denuncia, sí que tiene consecuencias de lo más negativo. Supone la aceptación progresiva de esos impúdicos hechos, sin ir más allá de la ingenua satisfacción del receptor por el exclusivo conocimiento de lo que se cuenta. Es como una vacuna con la que nos vamos autoinmunizando, que nos va preparando para que vayamos asumiendo acontecimientos cada vez más escandalosos. A este tipo de información, a modo de denuncia, los periódicos de mayor tirada, todos en manos de la derecha, lo convierten en noticias sensacionalistas con el motivo principal de vender más ejemplares. Los programas televisivos supuestamente más críticos se regodean y se burlan, aunque de una manera “dulce”, de los actores de los desatinos y de las corrupciones,  con el ánimo de aumentar o consolidar una particular audiencia. La abundancia de mensajes de lamentos vía Internet es el consuelo de quienes se autoerigen en defensores de causas justas, pero desde el desconocimiento del suelo que pisan. A estas alturas aburren y, en ocasiones, se reenvían por la facilidad de la tarea, pero no despiertan ningún tipo de rebeldía; a lo sumo, como he dicho, generan frustración e impotencia, aunque, bien es cierto, que  cada vez menos. Son simples válvulas de escape. Yo, en mi línea, ya me niego al reenvío.
Los lamentos, junto a otras actuaciones, como las manifestaciones en la calle, no producen  ningún tipo de inquietud entre los que mandan; las admiten porque no hacen ningún daño, ni atenta contra sus intereses. Es la concesión de un espacio acotado y vigilado para el desahogo y el desfogue de la “plebe”. Las acciones deberían caminar por otras vías que fueran más agresivas contra los que abusan de una sociedad mansa. Mientras tanto habrá que recurrir a los clásicos: “Cuando la tristeza por la condición humana te conduzca a la oscuridad, suaviza tu ánimo y piensa que más merece quien se ríe del género humano que quien de él se lamenta” (Lucio Anneo Séneca, 0035).
Cuando lees estas cosas escritas hace casi 2000 años, junto a la actual falta de alternativas a una situación tan sangrante como la que padecemos, es inevitable pensar que el determinismo juega un relevante papel en la trayectoria de esto que se conoce como humanidad. ¿Habrá que esperar mucho tiempo a que las leyes naturales nos ayuden a mejorar nuestras actuales condiciones de vida?

miércoles, 2 de mayo de 2012

PINTURAS





De vez en cuando es conveniente abandonar la lectura y recrearte con la simple mirada. Estos son algunos dibujos míos. Los cuadros de un aficionado que hace bastante que no coge los pinceles, aunque a veces se sienta la pulsión de hacerlo. 






Godoy (Villaviciosa de Odón)
Imagen de Brujas (Bruselas)

Una calle de Toledo

Panorámica de Toledo

Fachada de Santiago

Canales de Brujas

Palacio de mi pueblo

Pueblo y cielo imaginario